Feltsense: la fábrica de CEOs de silicio que quiere jubilar a Silicon Valley

La startup de San Francisco levanta 5,1 millones para desplegar agentes de IA capaces de fundar y gestionar empresas sin intervención humana

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El ecosistema de capital riesgo de San Francisco ha asistido este febrero de 2026 a una operación que amenaza con dinamitar las bases del emprendimiento tal y como lo conocemos. Feltsense, una startup que opera bajo el radar desde 2019, ha cerrado una ronda semilla de 5,1 millones de dólares liderada por pesos pesados como Draper Associates, Precursor Ventures y Liquid 2 Ventures. Su propuesta no es una herramienta de productividad, sino un cambio de paradigma ontológico: el desarrollo de agentes de IA como fundadores totalmente autónomos. El diagnóstico es inequívoco: estamos ante el nacimiento de una factoría de empresas donde la ideación, la construcción del producto y la captura del mercado recaen en algoritmos, desplazando al ser humano de la cúspide de la toma de decisiones corporativas y situando al mercado de las startups en un escenario de automatización absoluta.

El asalto de los agentes autónomos

La irrupción de Feltsense en la escena tecnológica de California marca el inicio de la era de la IA agéntica de ciclo completo. Mientras que la industria se ha centrado hasta ahora en asistentes que ejecutan órdenes, el equipo de Feltsense —una estructura mínima de apenas 10 personas— ha diseñado un sistema capaz de detectar vacíos en el mercado y actuar por iniciativa propia. Este hecho revela que la startup no busca ayudar al emprendedor, sino sustituirlo. La consecuencia es una aceleración del ciclo de vida empresarial: un agente de silicio puede identificar una necesidad, programar una solución y lanzar una campaña de captación de clientes en una fracción del tiempo que requeriría un equipo humano.

La inyección de los 5,1 millones de dólares por parte de figuras como Tim Draper revela un voto de confianza en un modelo que muchos calificaban de ciencia ficción hace apenas dos años. El diagnóstico de los inversores es que el cuello de botella del crecimiento no es el capital, sino el talento y la falibilidad del juicio humano. Al eliminar al fundador biológico, Feltsense pretende industrializar la creación de valor, transformando la startup en un producto manufacturado en serie por algoritmos de aprendizaje profundo. Este hecho representa una amenaza directa para los modelos tradicionales de incubación y aceleración que han dominado Palo Alto durante las últimas dos décadas.

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Una fábrica de fundadores artificiales

La arquitectura de Feltsense opera bajo una lógica de propiedad vertical que desafía los estándares de equity en Silicon Valley. La compañía actúa como una «nave nodriza» que despliega miles de agentes-fundadores. Cada uno de estos agentes tiene autonomía para crear su propia estructura jurídica y operativa, pero Feltsense mantiene el control mayoritario de las empresas generadas. Sin embargo, la sofisticación del modelo permite que estos agentes artificiales acudan de forma independiente a rondas de financiación externa, negociando con inversores humanos a cambio de participación en el capital.

Este hecho revela un escenario de «capitalismo algorítmico» sin precedentes. La consecuencia es que la propiedad de los activos productivos del futuro podría quedar concentrada en manos de quienes controlen el código fuente de estos agentes. «Nuestra ambición es superar a Y Combinator no en valoración, sino en capacidad de despliegue; aspiramos a lanzar decenas de miles de fundadores autónomos que operen sin descanso, sin sesgos y con una eficiencia de costes inalcanzable para cualquier humano», sugieren fuentes cercanas a la dirección de la compañía. El contraste con el modelo romántico del emprendedor de garaje resulta demoledor: la creatividad ha sido reducida a una variable estadística optimizable por fuerza bruta.

El capital riesgo ante el espejo

La participación de Draper Associates y Liquid 2 Ventures en esta ronda semilla no es casual. El capital riesgo (VC) está buscando desesperadamente formas de reducir el riesgo de ejecución, que históricamente ha sido la principal causa de fracaso en las startups. El diagnóstico es que los agentes de IA no sufren de agotamiento, no tienen conflictos de socios y no se ven afectados por el ego, factores que destruyen miles de millones de dólares en valoración anualmente. Este hecho revela que el sector VC está dispuesto a sacrificar el «factor humano» en favor de una rentabilidad previsible y una escalabilidad lineal.

Lo más grave es la desintermediación del ecosistema. Si una IA puede fundar y gestionar una empresa, ¿qué papel le queda al analista junior o al consultor estratégico? La consecuencia es un efecto dominó que afectará a toda la cadena de valor de los servicios profesionales. Las startups generadas por Feltsense no necesitan abogados para sus contratos iniciales (usarán IA legal) ni agencias de marketing (sus propios agentes gestionarán el growth hacking). El diagnóstico final de los observadores del Nasdaq es que nos encaminamos hacia un mercado de startups de coste marginal cero, donde la ventaja competitiva residirá exclusivamente en la capacidad de computación y en el acceso a datos propietarios para el entrenamiento de los agentes.

Del 'Focusing' a la inteligencia agéntica

Resulta una ironía histórica que el nombre Feltsense comparta raíz con uno de los conceptos más profundos de la psicología humanista del siglo XX. El término «felt sense», acuñado por el psicoterapeuta Eugene Gendlin, describe una sensación corporal interna de significado, una conciencia previa a las palabras que permite al ser humano navegar la ambigüedad. Mientras que en psicología el «felt sense» es el epicentro de la intuición y la vivencia encarnada, en la startup de San Francisco se utiliza para bautizar a la entidad que pretende erradicar dicha intuición en favor de la lógica algorítmica.

Este contraste revela la ambición de la industria tecnológica por colonizar hasta el último reducto de la experiencia humana: el sentido de la oportunidad. Para Gendlin, el «felt sense» permitía un alivio físico y un cambio de comprensión personal; para la startup Feltsense, el éxito se mide en la capacidad de un agente para ignorar las emociones y centrarse en la maximización del valor para el accionista. La consecuencia de este divorcio entre el nombre y el concepto es una deshumanización del entorno de negocios que, bajo una pátina de sofisticación tecnológica, oculta una visión puramente mecánica del progreso económico.

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El mapa global de una marca en disputa

A medida que Feltsense gana tracción en los mercados financieros, emerge una vulnerabilidad jurídica: la disputa por la marca y el territorio semántico. A nivel internacional, el término se encuentra fragmentado. En Singapur, «felt sense» es la enseña de un espacio dedicado a las terapias somáticas y el bienestar, donde el cuerpo y la creatividad son los protagonistas. En el Reino Unido, FELTSENSE LIMITED figura en el registro mercantil de Londres como una sociedad de actividad opaca. Este hecho revela que la startup de San Francisco podría enfrentarse a un laberinto de propiedad intelectual si decide expandir su modelo de agentes fuera de la jurisdicción estadounidense.

El diagnóstico de los expertos en propiedad industrial es preocupante para la startup. El uso generalizado del término en el ámbito del focusing y las terapias experienciales dificulta la protección exclusiva del nombre como marca tecnológica. La consecuencia podría ser una costosa batalla legal o un cambio de branding forzoso justo en el momento de mayor crecimiento. Este hecho revela que, a pesar de su potencia algorítmica, Feltsense sigue sujeta a las leyes analógicas del comercio mundial, donde los nombres y los significados no siempre son tan dóciles como las líneas de código de sus agentes autónomos.

¿La muerte del 'entrepreneur' romántico?

La propuesta de Feltsense supone, en última instancia, el certificado de defunción del emprendimiento como acto de voluntad individual. Al transformar la fundación de empresas en un proceso automatizado, se corre el riesgo de vaciar de propósito la actividad empresarial. El diagnóstico económico es claro: si las empresas son creadas por IA para vender a otras IA o a humanos manipulados por algoritmos de marketing, el sistema económico entra en un bucle de autorreferencia que podría desconectarse de las necesidades reales de la sociedad.

Lo más grave es el impacto social de este modelo. El emprendimiento ha sido históricamente una vía de movilidad social y realización personal. La consecuencia de que Feltsense logre desplegar «decenas de miles» de fundadores autónomos es la creación de un muro infranqueable para los humanos que intenten competir en sectores de baja barrera de entrada. El diagnóstico es nítido: la startup de San Francisco está diseñando un oligopolio de la innovación donde solo aquellos con capacidad para financiar la «fábrica de agentes» podrán participar en el reparto de la riqueza generada por la nueva economía del silicio.

El efecto dominó en el Nasdaq

El éxito de la ronda de 5,1 millones de dólares atraerá previsiblemente a nuevos competidores en el ámbito de la «agentic AI». El escenario más probable para 2027 es una saturación del mercado con startups fundadas íntegramente por IA, lo que provocará una caída drástica en las valoraciones ante la falta de escasez de proyectos. Este hecho revela que el capital riesgo podría estar cavando su propia fosa: si fundar una empresa no tiene coste, el valor de invertir en ella también tiende a reducirse.

Feltsense representa la culminación del proceso de automatización industrial aplicado a la capa de gestión. El diagnóstico final es que el mundo de los negocios se asoma a una transformación que no admite retorno. Mientras en Singapur el «felt sense» sigue siendo una herramienta para conectar con lo humano, en San Francisco se ha convertido en el nombre de la máquina que pretende sustituirnos. La lección del mercado es implacable: en la carrera por la autonomía total, el primer activo que se ha liquidado es el sentido común de que las empresas, para ser útiles, deben tener alma.

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