González Veracruz impulsa la IA como clave para derechos y competitividad en DigitalES Summit 2026
La inteligencia artificial ya no se presenta solo como una tecnología emergente, sino como una infraestructura esencial para la vida cotidiana. Ese fue el mensaje central con el que María González Veracruz, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, inauguró en Madrid la primera jornada del DigitalES Summit 2026. Ante representantes institucionales y líderes empresariales, la responsable pública defendió que España dispone de una posición sólida para convertir la digitalización en crecimiento, cohesión y oportunidad. El foro situó en el centro del debate la autonomía tecnológica europea, las redes críticas, el cloud, los centros de datos, el 5G, el 6G y la conectividad satelital. El diagnóstico compartido fue nítido: la competitividad futura dependerá de quien controle, despliegue y democratice las infraestructuras digitales.
Una IA al servicio de las personas
González Veracruz reivindicó la inteligencia artificial como una “infraestructura de ciudadanía”, una expresión que resume el cambio de enfoque que atraviesa la agenda digital española. La IA deja de verse únicamente como una herramienta empresarial para convertirse en un elemento básico de acceso, similar a la luz o el agua, capaz de mejorar servicios públicos, productividad y calidad de vida.
La secretaria de Estado defendió que “detrás de cada innovación hay una oportunidad de mejorar la vida de alguien”, una frase que marcó el tono del arranque del congreso. Su intervención vinculó tecnología, derechos y crecimiento económico. España, sostuvo, ha realizado un “gran ejercicio de país” para diseñar una agenda digital y verde que aporta una diferencia competitiva real.
España gana peso en el mapa digital
Uno de los datos más relevantes expuestos durante la jornada fue la posición española en el ámbito de la IA. González Veracruz aseguró que España es ya el séptimo país del mundo en adopción de inteligencia artificial, según un estudio de la Universidad de Stanford. La cifra refuerza una idea central: el país no parte de cero, sino desde una base tecnológica cada vez más visible.
A ello se suma su fortaleza en conectividad y supercomputación. Infraestructuras, talento, grandes empresas y visión estratégica configuran un ecosistema que permite competir mejor en la nueva economía digital. Lo relevante, según la secretaria de Estado, es que la IA contribuya a hacer la economía más competitiva, pero también “más humana y altruista”.
Europa busca autonomía sin cerrarse
El liderazgo tecnológico europeo fue otro de los grandes ejes del DigitalES Summit 2026. En un escenario de competencia geopolítica, cadenas de suministro tensionadas y dependencia de proveedores globales, Europa trata de reforzar su soberanía tecnológica sin renunciar a la cooperación internacional.
Daniel Calleja y Crespo, director de la Representación de la Comisión Europea en España, resumió el dilema con precisión: “la cuestión no es elegir entre apertura o soberanía”, sino impedir que la apertura se convierta en vulnerabilidad. Su planteamiento apuntó a una estrategia de fondo: desarrollar, producir y escalar tecnologías críticas dentro del espacio europeo para que la interdependencia no derive en dependencia.
Regulación inteligente para innovar
El debate también desmontó una falsa dicotomía habitual: innovación frente a regulación. José Ignacio Torreblanca, jefe de la oficina de Madrid del European Council on Foreign Relations, defendió que Europa necesita ganar tiempo y espacio para que su política industrial tenga impacto. Su tesis fue clara: la regulación puede ser un instrumento de competencia si evita posiciones dominantes y abre mercado.
Este enfoque conectó con las intervenciones de empresas como Cellnex, Cisco, Fujitsu, Ericsson y Huawei, que coincidieron en la necesidad de combinar inversión, seguridad y confianza. Juan Olivera Urquijo, presidente de Ericsson España, subrayó que Europa y España pueden marcar el ritmo de la revolución digital si la construyen sobre redes confiables.
Las infraestructuras invisibles toman protagonismo
La jornada dejó una idea especialmente poderosa: lo que no se ve sostiene casi todo. Cables submarinos, centros de datos, cloud, redes inteligentes, satélites, torres, 5G y futuras tecnologías 6G forman la arquitectura silenciosa de la economía digital. Sin ellas, no hay inteligencia artificial escalable, administración avanzada ni empresas competitivas.
Matías González, secretario general de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, lo expresó con una fórmula rotunda: “lo invisible no puede ser secundario”. Su intervención defendió una regulación capaz de habilitar inversión, proteger activos críticos, escalar innovación y reforzar resiliencia. El mensaje de fondo fue optimista: España dispone de capacidades para avanzar, pero debe cuidarlas con visión industrial.
Redes, satélites y edge computing
Las grandes compañías concretaron esa visión en proyectos tangibles. Borja Ochoa, presidente de Telefónica España, destacó que “las redes son críticas para el país y la base de su soberanía digital”. La compañía anunció que ya ha completado el despliegue de 17 nodos de Edge Computing en España, acercando la capacidad de procesamiento a empresas y administraciones.
Vodafone España, por su parte, presentó un acuerdo con Satellite Connect Europe para ofrecer conectividad satelital directa al móvil. Esta tecnología permitirá ampliar cobertura en zonas complejas y reforzar comunicaciones en emergencias o catástrofes. El avance ilustra una transformación decisiva: la conectividad pasa de ser un servicio a convertirse en una garantía estratégica.
Un futuro digital compartido
El cierre de la primera jornada del DigitalES Summit 2026 dejó una conclusión clara sin necesidad de solemnidad: la próxima etapa digital se construirá mediante colaboración. Administraciones, empresas, centros de conocimiento y operadores deberán coordinar inversión, talento e innovación para reforzar la posición europea en la economía global.
Bruselas prepara, además, nuevas negociaciones regulatorias para principios de 2027, con el objetivo de armonizar el sector, reducir dependencias y elevar la competitividad. España llega a ese horizonte con activos relevantes: liderazgo en conectividad, impulso público, empresas tractoras y una adopción creciente de la IA. La oportunidad consiste ahora en convertir esa ventaja en bienestar, productividad y autonomía tecnológica real.