Netanyahu rechaza el plan de Gaza respaldado por Trump y rompe la vía de la Junta de Paz
El plan que Donald Trump había presentado como un avance «histórico» para Gaza acaba de encontrarse con su principal obstáculo: Benjamin Netanyahu. El primer ministro israelí ha anunciado este domingo que Israel rechaza el documento de 15 puntos de la Junta de Paz y que el Ejército no iniciará ninguna retirada hasta que Hamás esté completamente desarmado.
La ruptura no está tanto en el objetivo final —el desarme de Hamás— como en quién debe moverse primero, qué armas deben desaparecer y cuándo puede retirarse Israel. Como ha advertido José Vizner al destacar la noticia, el rechazo golpea precisamente el mecanismo que debía convertir el alto el fuego en una solución más estable.
🚨 Urgente: Netanyahu rechaza el plan de Gaza, respaldado por Trump, para el desarme de Hamás y la retirada israelí.
— Jose Vizner (@Josevizner) August 9, 2026
El presidente estadounidense había presentado el plan de la Junta de Paz como un paso hacia una solución duradera.
«Israel no acepta el documento de 15 puntos»,… pic.twitter.com/Nrm1rLRa1w
Netanyahu dice «no» a los 15 puntos
La declaración no deja demasiado espacio para interpretaciones. Netanyahu aseguró ante su Consejo de Ministros que Israel rechaza formalmente la hoja de ruta y añadió que las Fuerzas de Defensa israelíes «no realizarán ninguna retirada hasta que Hamás esté genuinamente desarmado».
Para el primer ministro, desarme significa entregar no solo las armas pesadas, sino también las ligeras. Israel mantiene además que debe conservar capacidad para actuar militarmente contra cualquier amenaza.
El anuncio supone una excepcional discrepancia pública con Trump después de meses de diferencias gestionadas principalmente entre bastidores.
El gran choque está en el calendario
El documento diseñado por la Junta de Paz planteaba otra secuencia. Una vez completadas las obligaciones pendientes del alto el fuego, debía entrar en Gaza el Comité Nacional para la Administración de Gaza, desplegarse una fuerza internacional y comenzar un proceso gradual para inutilizar y almacenar armas pesadas, instalaciones militares, depósitos y túneles.
Ese desarme debía estar vinculado a una retirada israelí por fases, bajo supervisión de un comité internacional.
Netanyahu invierte la ecuación: primero desarme completo; después, retirada.
Ese matiz aparentemente técnico cambia todo el acuerdo.
Las armas ligeras abren otra brecha
El plan establece que las armas personales quedarían sometidas a la legislación palestina y que la nueva administración sería responsable de registrarlas, conceder licencias y controlar su utilización. Al final del proceso, únicamente esa autoridad podría controlar armamento en Gaza.
Israel considera insuficiente esa fórmula.
Netanyahu exige que Hamás abandone «todas las armas», incluidas las ligeras, antes de mover las posiciones israelíes. El problema es que verificar un desarme absoluto puede convertirse en una tarea extremadamente larga y ofrecer argumentos para mantener indefinidamente las tropas sobre el terreno.
Israel controla más del 60%
La disputa cobra todavía más importancia porque Israel mantiene actualmente el control de más del 60% de Gaza, según las informaciones publicadas sobre la negociación. Netanyahu había llegado a ordenar que esa presencia alcanzara aproximadamente el 70%.
El documento de 15 puntos aspiraba, en cambio, a una retirada completa por fases, acompañada por una Fuerza Internacional de Estabilización encargada de separar las posiciones israelíes de las zonas administradas por la nueva autoridad palestina.
Si Israel no acepta el calendario, la segunda fase queda prácticamente paralizada.
Trump pierde su gran avance
El golpe diplomático es especialmente incómodo para Washington porque Trump había celebrado previamente el acuerdo con Hamás como un paso hacia una «paz y seguridad duraderas».
La hoja de ruta necesitaba la aprobación de las partes para activar un plazo inicial de 14 días destinado a definir el calendario concreto de aplicación. Sin el visto bueno israelí, ese reloj ni siquiera puede comenzar a correr.
Hamás, por su parte, sostiene que continúa comprometido con el acuerdo y reclama a los mediadores estadounidenses que presionen al Gobierno israelí para aplicarlo.
La política israelí también pesa
El rechazo llega además en un momento políticamente sensible para Netanyahu. Parte de su coalición exige que Hamás desaparezca completamente como fuerza militar y política antes de permitir una reconstrucción significativa de Gaza.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha celebrado públicamente la negativa y sostiene que la hoja de ruta contradice el objetivo israelí de destruir a Hamás tanto militarmente como como autoridad de gobierno.
Netanyahu también ha reiterado que mientras permanezca como primer ministro no habrá un Estado palestino ni en Gaza ni en Cisjordania, otra diferencia importante con un documento que contempla una futura vía hacia la autodeterminación y la estatalidad palestina.
El acuerdo no está muerto todavía
La ruptura es grave, pero todavía no equivale al final definitivo de las conversaciones. Netanyahu ha confirmado que Israel continúa dialogando con Estados Unidos sobre el desarme y ha afirmado que algunas propuestas estadounidenses son aceptables y otras no.
Ahí reside ahora la negociación decisiva. Washington necesita encontrar una fórmula que garantice a Israel un desarme verificable sin convertir la retirada militar en una promesa indefinida.
El objetivo sigue siendo compartido. Lo que acaba de romperse es el mecanismo para alcanzarlo. Y mientras nadie resuelva quién entrega primero su principal instrumento de presión —Hamás las armas o Israel el territorio ocupado—, los 15 puntos de Trump corren el riesgo de quedarse sobre el papel.