Las hipotecas dejan de bajar: el euríbor amenaza con encarecerlas

El giro del BCE y el repunte del índice hipotecario reducen las posibilidades de nuevas rebajas durante la segunda mitad de 2026.

Vivienda

Foto de Jakub Żerdzicki en Unsplash
Vivienda Foto de Jakub Żerdzicki en Unsplash

El euríbor cerró junio en el 2,798%, prácticamente estable frente a mayo, pero muy por encima de los niveles registrados un año antes. La señal es inequívoca: el ciclo de abaratamiento de las hipotecas se ha frenado.

Después de varios meses de alivio, el Banco Central Europeo elevó sus tipos en 25 puntos básicos el 11 de junio. La inflación y las tensiones energéticas han alterado el escenario. Para los compradores, la consecuencia es clara: las ofertas hipotecarias difícilmente recuperarán las condiciones agresivas de comienzos de año.

El euríbor cambia de dirección

El euríbor a 12 meses, referencia de la mayoría de las hipotecas variables españolas, pasó del 2,221% en febrero al 2,798% en junio. El movimiento supone una subida cercana a seis décimas en apenas cuatro meses.

Aunque junio interrumpió tres meses consecutivos de incrementos, el índice continúa descontando una política monetaria más restrictiva. El mercado ya no espera grandes recortes del precio del dinero, sino un periodo prolongado de estabilidad con riesgo de nuevas subidas.

El giro del BCE

El BCE decidió subir sus tres tipos oficiales en junio para contener unas presiones inflacionistas que amenazan con alejar a la eurozona del objetivo del 2%. La institución no ha comprometido una trayectoria concreta y seguirá tomando sus decisiones reunión a reunión.

Sin embargo, el cambio resulta relevante. Durante buena parte de 2025, las familias confiaron en una sucesión de recortes. Ahora, el escenario se ha invertido: cualquier deterioro energético o geopolítico puede obligar a mantener elevados los tipos durante más tiempo.

Las cuotas volverán a subir

Los hipotecados a tipo variable que revisen su préstamo durante el verano pueden encontrarse con cuotas superiores. Para una hipoteca de 150.000 euros, a 25 años y con un diferencial de un punto, el encarecimiento puede rondar los 50 o 60 euros mensuales, dependiendo de la fecha exacta de revisión.

La comparación interanual juega ahora en contra del consumidor. Aunque el euríbor continúa lejos de los máximos de 2023, el nivel actual supera claramente el registrado durante buena parte de 2025.

Las ofertas fijas pierden atractivo

Las entidades financieras han comenzado a trasladar el cambio monetario a sus escaparates. Muchas hipotecas fijas vuelven a situarse por encima del 3%, especialmente cuando el cliente no contrata seguros, tarjetas, planes de pensiones o domiciliaciones.

La banca mantendrá cierta competencia por captar perfiles solventes, pero dispone de menos margen para rebajar precios. Los préstamos mixtos pueden ganar protagonismo: ofrecen un tipo inicial contenido durante varios años y trasladan posteriormente al cliente el riesgo del euríbor.

Una bajada limitada

El escenario más probable para la segunda mitad del año no es un desplome de las hipotecas, sino una estabilización. Los analistas sitúan al euríbor dentro de una horquilla aproximada del 2,6% al 2,9%, salvo que la inflación vuelva a sorprender al alza.

Una moderación hacia la parte baja de esa banda permitiría pequeñas mejoras comerciales. Pero serían rebajas de décimas, no el regreso al crédito prácticamente gratuito de la pasada década.

El precio de la vivienda pesa más

El tipo de interés no es el único obstáculo. El encarecimiento de la vivienda puede neutralizar cualquier eventual reducción de las cuotas. Una rebaja hipotecaria de 20 o 30 euros al mes pierde relevancia cuando el inmueble cuesta decenas de miles de euros más que un año antes.

Este hecho revela el verdadero problema de acceso: poca oferta, elevada demanda en las grandes ciudades y un ahorro previo que suele superar el 30% del precio, al sumar entrada, impuestos y gastos.

Esperar puede salir caro

Retrasar una compra únicamente con la esperanza de conseguir una hipoteca más barata entraña riesgos. Los tipos podrían bajar ligeramente, pero también podrían mantenerse estables mientras el precio de la vivienda continúa aumentando.

La decisión debería depender de la solvencia, la estabilidad laboral y el esfuerzo financiero. Una cuota superior al 30% o 35% de los ingresos netos deja poco margen ante imprevistos. Más que adivinar el próximo movimiento del BCE, conviene negociar varias ofertas y comparar el coste total de vinculaciones y seguros.

La nueva normalidad hipotecaria

Las hipotecas podrían registrar alguna rebaja puntual durante el otoño, especialmente si la inflación se modera. Sin embargo, no existe una base sólida para esperar un descenso intenso y generalizado.

El diagnóstico es inequívoco: la gran fase de bajadas ha terminado, al menos temporalmente. La segunda mitad de 2026 estará marcada por cuotas variables más exigentes, ofertas fijas menos agresivas y una banca selectiva. El crédito seguirá disponible, pero será más caro de lo que muchos compradores anticipaban al comenzar el año.

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