El espejismo de paz con Irán reabre Ormuz, pero deja intacta la crisis nuclear

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La jornada que cierra estas últimas veinticuatro horas será recordada como una de esas bisagras —discretas en la forma, sísmicas en el fondo— en que un conflicto que amenazaba con incendiar la economía mundial encuentra, no su solución, pero sí su tregua. El anuncio de un memorando de entendimiento (memorandum of understanding) entre los Estados Unidos y la oligarquía dictatorial y mafiosa de Teherán, con la consiguiente reapertura del Estrecho de Ormuz, ha bastado para que los mercados de Asia abrieran la semana en estado de euforia y para que el barril aflojara la soga que llevaba meses apretando el cuello del crecimiento global. Conviene, sin embargo, no confundir el alivio con la victoria: lo que se ha cerrado es la crisis del estrecho, no la cuestión nuclear; lo que se ha pactado es un calendario, no una arquitectura.

Este analista viene describiendo el episodio iraní como un caso de manual de fractura sistémica contenida —una de esas guerras de temperatura variable que nadie puede ganar del todo ni permitirse perder— y nada en el texto conocido invita a revisar el diagnóstico. El acuerdo desactiva el chantaje energético (energy blackmail) que la dictadura de los ayatolás había convertido en su última arma eficaz, pero deja para una ventana de sesenta días lo verdaderamente arduo. Mientras tanto, el frente libanés sigue siendo el cable pelado de toda la región, Ucrania se petrifica en un desgaste sin horizonte, China cobra en silencio los dividendos de la crisis y Europa —fiel a su miopía— contempla cómo se evapora su programa de caza de sexta generación justo cuando más necesitaría tomarse en serio su propia defensa. De todo ello damos cuenta, con hechos verificados y juicio sin anestesia, en las páginas que siguen.

 

II. LAS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Acuerdo Estados Unidos-Irán: memorando de entendimiento y reapertura del estrecho de Ormuz

Hechos. El 14 de junio, el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif —mediador principal— anunció que Washington y Teherán habían finalizado el texto de un memorando de entendimiento que se firmará el viernes 19 de junio en una ceremonia en Suiza. El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, confirmó el cierre del articulado; negociadores del Emirato de Qatar viajaron a Teherán y mantuvieron diecisiete horas de conversaciones para rematar el acuerdo. Minutos después del anuncio, el presidente Trump comunicó el levantamiento inmediato del bloqueo naval estadounidense y autorizó la reapertura «sin peajes» del estrecho. El borrador de catorce puntos difundido por la agencia iraní Mehr contempla el cese inmediato y permanente de hostilidades en todos los frentes —incluido el Líbano—, la suspensión de las sanciones petroleras y de parte de las financieras, la liberación de unos 24.000 millones de dólares en fondos iraníes congelados (la mitad antes del inicio de la negociación final), la reafirmación por parte de Teherán de su compromiso de no producir armamento nuclear bajo el Tratado de No Proliferación, la presentación por los Estados Unidos y sus aliados de planes de reconstrucción y una reducción de la presencia militar norteamericana en la región. Los sesenta días siguientes quedan reservados a lo más espinoso: enriquecimiento, sanciones residuales y resoluciones del Consejo de Seguridad y del Organismo Internacional de Energía Atómica. Macron exigió la reanudación del tráfico marítimo sin restricción ni peaje como condición indispensable de estabilidad; Starmer se ofreció a apoyar las conversaciones técnicas; el Emirato de Qatar saludó el pacto como paso hacia una paz sostenible.

Implicaciones. Estamos ante una victoria de gestión de crisis, no de diseño estratégico. La Administración norteamericana ha conseguido lo que se propuso de manera inmediata —arrancar a la dictadura de los ayatolás el control del punto de estrangulamiento (chokepoint) por el que transita cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado del planeta— y lo ha hecho, hay que reconocerlo, cuando ha actuado con la prudencia que le insufla el secretario de Estado Marco Rubio y no cuando se deja llevar por el exabrupto y el plazo improvisado. Pero el acuerdo confirma nuestra tesis: la política exterior transaccional, guiada más por la intuición que por un plan, puede cerrar una crisis y dejar abierto el problema. Aquí se ha comprado tiempo y se ha devuelto a Teherán oxígeno financiero —24.000 millones no son una bagatela para un régimen cósmicamente corrupto— a cambio de promesas verificables sólo sobre el papel. La paradoja del descabezamiento sigue operando en toda su crudeza: tras la eliminación de la cúspide del régimen, los duros supervivientes carecen de la autoridad ideológica, del rango jerárquico y de la personalidad dominante para imponerse a sus pares y hacer aceptar concesiones; no es una paradoja de moderación —no quedan moderados—, sino de gobernanza. Quien firme el 19 no tiene garantizado poder cumplir lo firmado.

Perspectivas y escenarios. Escenario A (45%): la firma del 19 se materializa, el estrecho se normaliza en semanas y la ventana de sesenta días produce un marco nuclear imperfecto pero operativo. Escenario B (40%): cumplimiento parcial —reapertura efectiva del estrecho, pero negociación nuclear encallada y acuerdo frágil sembrado de incidentes y prórrogas, que es el desenlace más coherente con la naturaleza errática del poder iraní pos-descabezamiento—. Escenario C (15%): un incidente en el frente libanés o una facción del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria descontenta hacen descarrilar la firma y devuelven la región a la casilla de la fractura abierta. La probabilidad acumulada de que el estrecho permanezca operativo a medio plazo es alta; la de que la cuestión nuclear quede resuelta de verdad, baja.

 

2. Reacción de los mercados: euforia bursátil en Asia y desplome del crudo

Hechos. La apertura de los parqués asiáticos este lunes 15 de junio tradujo en cifras el alivio diplomático. El índice Nikkei 225 de Tokio subió alrededor del 5,5% en las primeras horas; el Kospi surcoreano avanzó hasta un 5,7%; el Taiex taiwanés ganó cerca del 2,7% y el ASX 200 australiano en torno al 1,5%. El Hang Seng de Hong Kong llegó a subir un 1% antes de ceder buena parte del impulso. Los futuros (futures) de los índices estadounidenses S&P 500 y Nasdaq cotizaron también al alza fuera del horario regular. El petróleo, que durante la crisis había llegado a marcar máximos no vistos desde 2022 —con el barril Brent por encima de los 100 dólares y el referente estadounidense rozando los 117 en los peores momentos—, retrocedió con fuerza ante la perspectiva de que vuelva a fluir el crudo del Golfo.

Implicaciones. El desplome del crudo es, en términos macroeconómicos, la noticia más tangible de la jornada para el ciudadano de a pie. Una caída sostenida del precio del petróleo alivia la inflación importada, reabre la puerta a recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal y de otros bancos centrales, y descomprime las cuentas de los grandes importadores —de la India a la propia España—. Conviene, no obstante, no embriagarse: lo que los mercados están descontando (pricing in) es un escenario de cumplimiento, y los mercados, como la diplomacia, tienen memoria corta. La prima de riesgo geopolítica no se ha extinguido; simplemente se ha adormecido, y bastaría un incidente en Ormuz o en el Dahieh beirutí para despertarla con violencia.

Perspectivas y escenarios. Escenario base (60%): estabilización del Brent en una horquilla moderada y continuidad del rally (repunte) bursátil mientras se consuma la firma. Escenario de recaída (25%): un tropiezo en la implementación reaviva la volatilidad y devuelve al crudo a la senda alcista. Escenario de sobrerreacción a la baja (15%): el alivio se desborda y el mercado descuenta una normalización demasiado optimista, exponiéndose a una corrección. La suma de los tres agota el cien por cien de los desenlaces plausibles.

 

3. El Líbano dentro del acuerdo: cese “permanente” sobre el papel, terrorismo de Hizbollah en la práctica

Hechos. El borrador del memorando incluye, de manera expresa, el cese inmediato y permanente de las operaciones militares «en todos los frentes, incluido el Líbano». Pero el terreno desmiente al texto. El 7 y de nuevo el 14 de junio, la aviación israelí bombardeó el Dahieh —el suburbio meridional de Beirut—, en respuesta a ataques con drones de la organización terrorista Hizbollah; la represalia iraní quedó abortada in extremis por la intervención de Washington para no descarrilar el acuerdo. En las conversaciones de principios de junio en la capital estadounidense, Israel y el Líbano habían pactado un alto el fuego condicionado que exigía el «cese completo» del fuego por parte de Hizbollah; la organización terrorista, por boca de su dirigente Naim Qassem, lo rechazó de plano y supeditó cualquier tregua a la retirada previa israelí del sur libanés. El presidente Joseph Aoun calificó aquel marco de «última oportunidad». Las próximas conversaciones israelo-libanesas están previstas para la semana del 22 de junio.

Implicaciones. Permítaseme, por razones que el lector de estos informes conoce, una palabra de cautela personal: ninguna región del mundo me resulta más cercana ni más dolorosa que el Líbano, ese Estado mártir cuya tragedia he seguido de cerca toda mi vida. Y precisamente por ello insisto en llamar a las cosas por su nombre. Hizbollah no es una «milicia» ni un «grupo de resistencia»: es una organización terrorista, brazo armado y proxy de la oligarquía dictatorial y mafiosa de Teherán, y cada uno de sus integrantes es un terrorista. La cláusula libanesa del acuerdo es, sobre el papel, su pieza más ambiciosa y, sobre el terreno, su eslabón más débil: presupone que Teherán puede ordenar a su proxy lo que su proxy se niega a aceptar mientras Israel ocupe posiciones en el sur. Aquí reside el cable pelado de toda la arquitectura. Que Hizbollah no haya sido parte de las conversaciones y rechace su resultado convierte al Líbano en el escenario más probable de una recaída.

Perspectivas y escenarios. Escenario de contención tutelada (50%): la presión combinada de Washington, Teherán —interesado ahora en cobrar el deshielo— y el Estado libanés mantiene la calma a trompicones, con violaciones esporádicas. Escenario de recaída localizada (35%): un nuevo intercambio de fuego en el Dahieh o en la frontera rompe la cláusula sin arrastrar a toda la región. Escenario de reapertura del frente (15%): la negativa de la organización terrorista y un error de cálculo israelí reabren la guerra abierta. El conjunto suma el cien por cien.

 

4. Ucrania: el frente de petrifica mientras la diplomacia hiberna

Hechos. Mientras la atención mundial se concentraba en Oriente Próximo, la guerra de agresión rusa contra Ucrania prosiguió su rutina sangrienta. El Estado Mayor ucraniano cifró en torno a 118 los choques de combate registrados hasta la noche del 14 de junio, con los ejes de Pokrovsk y Huliaipole como los más calientes. Un ataque ruso sobre Járkov incendió el museo de arte de la ciudad y dejó varios heridos; en Dnipró, la cifra de muertos de un bombardeo previo ascendió a diecisiete. En el otro platillo de la balanza, los ataques ucranianos de largo alcance continuaron golpeando la retaguardia energética rusa, con la refinería de Kúibyshev entre los objetivos detenidos. Las evaluaciones independientes coinciden en un diagnóstico: Rusia conserva la capacidad de atacar, pero le resulta cada vez más difícil convertir las ganancias tácticas en éxito operativo. Las treguas tanteadas en la primavera —la de Pascua ortodoxa en abril, la del «Día de la Victoria» en mayo— no cuajaron en armisticio alguno.

Implicaciones. Ucrania ilustra la otra cara de las guerras de temperatura variable: un conflicto que ya nadie sabe ganar y que ninguna de las partes puede permitirse perder, instalado en la meseta del desgaste. El riesgo inmediato para Kíiv no es militar, sino de atención: que el deshielo en el Golfo desplace el foco diplomático y afloje la presión sobre el Kremlin justo cuando el frente ruso muestra fatiga. Nuestra posición es la de siempre y no admite matices cómodos: somos contrarios sin reservas a la agresión rusa y al uso de la fuerza como medio de adquirir territorios, y sólo moderadamente críticos con la Administración norteamericana en lo tocante a su trato con Moscú, confiando en que la sensatez de quienes rodean al presidente acabe imponiéndose a la tentación transaccional.

Perspectivas y escenarios. Escenario de continuidad del desgaste (60%): el frente sigue petrificado durante el verano, sin avances decisivos ni negociación seria. Escenario de presión diplomática renovada (25%): el éxito en Ormuz envalentona a Washington para reactivar una mediación, con resultados inciertos. Escenario de escalada rusa (15%): Moscú aprovecha la distracción global para una ofensiva concentrada. Los tres desenlaces agotan el espectro.

 

5. China, la gran beneficiaria silenciosa de la crisis de Ormuz

Hechos. El alza de los parqués asiáticos tuvo su epicentro en una Asia que respira aliviada, y nadie respira con más disimulo que Pekín. A lo largo de la crisis, China —primer importador mundial de crudo— exhibió una resiliencia energética notable: sólo en torno al 10% de su petróleo transita ya por Ormuz, gracias a una red de oleoductos terrestres y a una cartera diversificada de cerca de medio centenar de proveedores. En la cumbre de mediados de mayo en Pekín, el presidente Xi Jinping se comprometió ante Trump a comprar más crudo estadounidense y a no suministrar equipamiento militar a Irán. La diplomacia china repitió su mantra —«el uso de la fuerza es un callejón sin salida»— mientras evitaba implicarse en la reapertura del estrecho que Washington le reclamaba.

Implicaciones. Aquí debemos ser especialmente vigilantes, fieles a nuestra lectura de un expansionismo chino que avanza por sustracción tanto como por presencia. La llamada Operación Epic Fury, concebida como demostración de fuerza ante el mundo, ha tenido un efecto colateral incómodo: como ha observado Ali Wyne, del International Crisis Group, ha pinchado la ilusión de omnipotencia estadounidense, al evidenciar que Washington no podía reabrir Ormuz por sí solo y necesitaba, siquiera de forma tácita, la colaboración de su principal competidor estratégico. China no ha movido un solo barco y, sin embargo, sale reforzada: confirma su narrativa multipolar, mejora su factura energética y se permite el lujo de la equidistancia retórica. Es el manual del «jardín pequeño, valla alta» aplicado a la inversa —dejar que el rival se desgaste en el patio ajeno mientras uno blinda el propio—. Rusia e Irán son, para Pekín, socios transaccionales, nunca aliados verdaderos; y esa es precisamente la frialdad que le permite ganar sin jugar.

Perspectivas y escenarios. Escenario de consolidación de ventaja (55%): China capitaliza el deshielo, compra crudo barato y profundiza su penetración en el Golfo sin asumir costes de seguridad. Escenario de fricción comercial (30%): el compromiso de comprar petróleo estadounidense choca con las tensiones arancelarias y se cumple a medias. Escenario de implicación reticente (15%): Pekín se ve arrastrado a un papel de garante que no desea. El conjunto suma cien.

 

6. Europa y su defensa: del colapso del FCAS a la ambivalencia española ante la cumbre de Ankara

Hechos. El reverso europeo de la jornada es tan elocuente como deprimente. El pasado 8 de junio, en el salón aeronáutico ILA de Berlín —el mismo escenario donde el programa fue presentado en 2018—, el canciller Friedrich Merz certificó la muerte del Futuro Sistema Aéreo de Combate (Future Combat Air System, FCAS/SCAF), el proyecto franco-germano-español de caza de sexta generación valorado en torno a 100.000 millones de euros. Nueve años y unos 4.000 millones gastados sin un solo aparato en vuelo, sepultados por la disputa de gobernanza entre Airbus y Dassault sobre el reparto de trabajo y el liderazgo del diseño («mejor atleta», best-athlete). El colapso pone en cuestión también el programa de carro de combate MGCS. Mientras tanto, el programa rival GCAP —Reino Unido, Italia y Japón— avanza, los Estados Unidos corren con su F-47 y China ha hecho volar ya dos prototipos de sexta generación. A las puertas de la cumbre de la OTAN prevista en Ankara para julio, el Gobierno español mantiene su ambivalencia: el presidente Sánchez había escrito al secretario general Rutte calificando de «poco razonable» el objetivo del 5% del PIB, pese a que el gasto de defensa español creció el año pasado un 50% hasta superar por primera vez en tres décadas el umbral del 2%.

Implicaciones. He aquí, condensada en un solo expediente, la crítica que vengo formulando a la mediocre y miope clase política europea del siglo XXI: incapaz de tomarse en serio su propia defensa, su seguridad y su destino. Que el mayor proyecto de autonomía estratégica del continente naufrague en una reyerta de consejo de administración (boardroom), en el preciso instante en que Washington adelgaza su presencia en Oriente Próximo y cuestiona el reparto de cargas (free-riding, parasitismo defensivo) dentro de la Alianza, es un sarcasmo histórico. Europa nunca ha tenido más razones para cooperar en defensa y nunca ha demostrado menos voluntad de hacerlo. El caso español encierra una incoherencia particular: una postura pública de neutralidad que bordea la irresponsabilidad, más hostil a Washington que a las verdaderas amenazas, conviviendo con unas bases —Rota y Morón— plenamente operativas en la arquitectura de seguridad atlántica. No criticamos la cooperación: criticamos la incoherencia entre la realidad militar y el discurso.

Perspectivas y escenarios. Escenario de realineamiento (50%): España y Alemania gravitan, con retraso y a regañadientes, hacia fórmulas alternativas o hacia el GCAP, asumiendo dependencia tecnológica. Escenario de parálisis (35%): el vacío se prolonga sin sustituto, debilitando la base industrial de defensa europea. Escenario de reacción galvanizadora (15%): el doble golpe —repliegue estadounidense y fracaso del FCAS— espolea por fin una iniciativa europea seria. La suma cierra el cien por cien.

 

III. RACK DE MEDIOS

Síntesis del tratamiento que las principales cabeceras internacionales y los gabinetes de análisis han dado a la noticia dominante de la jornada —el acuerdo entre los Estados Unidos y la oligarquía dictatorial y mafiosa de Teherán y la reapertura del Estrecho de Ormuz— y a sus derivadas energéticas, libanesas y europeas.

Medio

Ángulo dominante de la cobertura

The New York Times

Encuadra el memorando como triunfo táctico de presión máxima, pero subraya que lo esencial —el programa nuclear— queda diferido a una ventana de sesenta días sin garantías de verificación.

The Wall Street Journal

Lectura de mercados y energía: la reapertura del estrecho como punto de inflexión (turning point) para la inflación global y la política monetaria de la Reserva Federal.

The Washington Post

Pone el foco en la fragilidad del frente libanés y en la incógnita del «día después», recordando que el régimen iraní firma debilitado pero no derrotado.

Financial Times

Análisis sobrio del desplome del crudo y del repunte de los índices asiáticos; advierte de que la prima de riesgo geopolítica no desaparece, sólo se adormece.

The Times / The Telegraph

Realzan el papel mediador anglosajón y la disposición británica a apoyar las conversaciones técnicas; tono de alivio contenido.

The Guardian

Insiste en el coste humanitario libanés y en las dudas de legalidad internacional; escéptico ante el relato de victoria.

Le Monde / Le Figaro / Libération

París reivindica protagonismo: Macron exige tránsito marítimo sin peajes y se ofrece para el capítulo nuclear y balístico. Figaro celebra; Libération matiza.

FAZ / Die Welt / Die Zeit

La prensa alemana enlaza el repliegue estadounidense con el vacío estratégico europeo y el reciente colapso del FCAS; autocrítica sobre la dependencia.

Corriere della Sera

Encuadre mediterráneo y energético; atención al impacto sobre los precios y sobre la diplomacia vaticana de paz.

L'Osservatore Romano

Saluda el cese de hostilidades en clave de reconciliación, en la estela del mensaje de León XIV en su reciente viaje a España.

Reuters / AP / AFP / DPA

Cobertura factual y cronológica: finalización del texto, firma prevista en Suiza el 19, levantamiento del bloqueo naval y reapertura del estrecho.

Bloomberg / CNBC

Datos en tiempo real: Nikkei y Kospi disparados, crudo a la baja, futuros estadounidenses al alza; foco en la cadena energética asiática.

BBC / CNN / CBS

Relato de continuidad informativa con cautela: el acuerdo «se ha alcanzado» pero «aún no se ha firmado»; recuerdan los plazos incumplidos previos.

Fox News / Washington Times

Presentan el desenlace como vindicación de la política de mano dura y de la firmeza presidencial; elogio a Marco Rubio como artífice prudente.

Al Jazeera / Al Arabiya

Doha y los emisores del Golfo subrayan la mediación catarí y la inminente reanudación del tráfico; tono de protagonismo regional.

Asharq Al-Awsat / Arab News / Al Riyadh

La prensa saudí enmarca el acuerdo como estabilización del Golfo y oportunidad de reconstrucción; cautela sobre las verdaderas intenciones de Teherán.

An-Nahar / L'Orient-Le Jour

Beirut vive el «cese permanente» con esperanza desconfiada: el texto promete, pero los bombardeos sobre el Dahieh siguen frescos.

The Peninsula / Gulf News / Times of Oman

Los medios del Emirato de Qatar y del Golfo celebran la apertura del estrecho y la garantía de libre navegación como bien público regional.

Jerusalem Post / Israel Hayom / Haaretz

Israel lee el acuerdo con recelo: alivio por el frente iraní, inquietud por la cláusula libanesa y por la continuidad de la amenaza de Hizbollah.

Yedioth Ahronoth / Maariv

Debate interno sobre si el cese «en todos los frentes» ata de manos a las Fuerzas de Defensa frente a la organización terrorista en el sur del Líbano.

Russia Today / TASS / Vesti

Moscú relativiza el éxito estadounidense y lo presenta como prueba de un orden multipolar; silencio sobre el desgaste propio en Ucrania.

Kyiv Independent / Ukrainska Pravda / Ukrinform

Temor a que el foco diplomático sobre Oriente Próximo deje a Ucrania huérfana de atención y de presión sobre el Kremlin.

South China Morning Post / China Daily

Pekín minimiza su papel y exhibe «suficiencia energética»; presenta la negociación como confirmación de que «el uso de la fuerza es un callejón sin salida».

The Times of India / WION / Hindustan Times

Nueva Delhi celebra el alivio del precio del crudo —vital para su balanza— y destaca la mediación de Islamabad con ironía contenida.

The Economist / Foreign Affairs / Newsweek / TIME

Análisis de fondo: distinguen entre el fin de la crisis del estrecho y la ausencia de arquitectura duradera; advierten del riesgo del «día después».

RUSI / IISS / CSIS / IFRI / EIU

Los gabinetes estratégicos coinciden: victoria de gestión de crisis, no de diseño; subrayan la beneficiaria silenciosa china y la atrofia europea.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

Lectura por colores del nivel de riesgo y de la presión sobre cada teatro en las próximas semanas: 🔴 crítico · 🟠 elevado · 🟡 vigilancia · 🟢 favorable.

Luz

Ámbito

Lectura del riesgo

🔴

Estrecho de Ormuz / energía

El acuerdo reabre la vía, pero la desactivación física —retirada de minas, normalización de seguros y tránsito— exige semanas; cualquier incidente reavivaría la prima de riesgo y el precio.

🟠

Líbano — Hizbollah

El cese «permanente» figura sobre el papel; la organización terrorista exige la retirada israelí previa y rechaza el alto el fuego del 4 de junio. Foco de recaída inmediata.

🟠

Irán — programa nuclear

La ventana de sesenta días concentra lo difícil: enriquecimiento, sanciones residuales y resoluciones del Consejo de Seguridad y del OIEA. Sin árbitro interno, la decisión iraní es errática.

🟠

Defensa europea / FCAS

El colapso del programa franco-germano-español deja a Europa sin caza de sexta generación propio justo cuando Washington adelgaza su presencia. Incapacidad estructural agravada.

🟡

Ucrania

Frente petrificado y diplomacia hibernada; Rusia ataca sin convertir y Ucrania golpea en profundidad. Desgaste sin horizonte de armisticio.

🟡

Indo-Pacífico / China

Pekín emerge como beneficiaria silenciosa de la crisis de Ormuz; gris-zona persistente frente a Taiwán en las Pratas. Vigilancia alta, riesgo diferido.

🟡

España — Santa Sede

Tras la visita apostólica de León XIV (6-12 de junio), el contraste entre el gesto institucional y la ambivalencia del Gobierno ante el 5% de la OTAN tensiona el relato exterior español.

🟢

Mercados globales

Euforia bursátil asiática y alivio del crudo; reapertura de la puerta a recortes de tipos. Optimismo real, aunque condicionado a que la firma del día 19 se materialice.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Espejismo de paz con Irán

Hay días en que la diplomacia parece desmentir a los pesimistas, y el 14 de junio lo pareció. No seré yo quien escatime el reconocimiento que merece arrancar a la oligarquía dictatorial y mafiosa de Teherán el control del Estrecho de Ormuz sin que la región ardiese del todo. Pero conviene no dejarse deslumbrar por el fogonazo, porque lo que el mundo celebra como un entendimiento histórico no es, propiamente, un acuerdo. Esto no es un acuerdo: es un anuncio en busca de una firma —un anuncio que sus propios autores describen de forma contradictoria y que rubricará, si llega a rubricarse el día 19 en Suiza, un régimen incapaz de garantizar su cumplimiento—. Cinco grietas recorren el edificio de cabo a rabo, y vale la pena recorrerlas una a una.

La primera es la más elemental y la más demoledora. No es una teocracia la que firma —nunca lo fue, y por eso nos negamos a llamarla así—; es una oligarquía yihadista, dictatorial y mafiosa que alquila su consentimiento por sesenta días. Tras el descabezamiento del régimen no queda en Teherán autoridad alguna con el rango, la estatura ideológica ni la personalidad dominante para imponer a sus pares una concesión y hacerla cumplir: es la paradoja del descabezamiento en estado químicamente puro. Y de ahí se sigue lo evidente: una firma arrancada a una oligarquía acéfala no obliga a nadie.

La segunda grieta es que no hay un acuerdo: hay dos, y se contradicen. Lo que en Washington se presenta como desarme, en Teherán se vende como victoria; lo que se anunció como desmantelamiento del programa nuclear es solo la promesa de negociarlo más tarde, aplazado a una ventana de sesenta días que es, en rigor, un cheque en blanco. Llamemos a las cosas por su nombre: confiar al zorro la desactivación del gallinero no es control de armamentos; es blanquear una capacidad nuclear de umbral travestida de desarme.

La tercera son los silencios, que en diplomacia gritan más que las cláusulas. El texto calla sobre los misiles balísticos —la espada que el régimen seguirá afilando—, calla sobre su condición de primer patrocinador estatal del terrorismo y de sus proxies, y calla sobre la garantía efectiva de paso por Ormuz, fiada a la buena voluntad de quien convirtió el estrangulamiento del estrecho en su última arma. Lo que un acuerdo no dice es, con frecuencia, lo único que de verdad importa.

La cuarta grieta es la secuencia, diseñada al revés de cómo debería estarlo. Las concesiones llegan antes que las contrapartidas, los fondos se descongelan antes de que se verifique nada y no existe reactivación automática de sanciones (snapback) que ponga precio al incumplimiento. Así, el régimen obtiene la única mercancía que ha buscado desde el principio: tiempo. Tiempo para respirar, para recapitalizarse, para rearmarse y para esperar a que Occidente, fiel a su costumbre, se distraiga.

Y la quinta, que me toca de cerca y me duele: se anuncia una paz regional sin Israel y con el Líbano abandonado a su suerte. Una paz regional sin Israel y sin sanciones automáticas es una tregua con fecha de caducidad. Y dejar intacto el arsenal de Hizbollah —esa organización terrorista que no ha sido parte del pacto y que ya lo ha rechazado por boca de sus propios cabecillas— es mantener en rehén, a perpetuidad, al Estado mártir libanés. No hay arquitectura de paz que se sostenga teniendo por rehén a su eslabón más débil.

Quede claro, pues, el balance, sin triunfalismo ni derrotismo. Que callen los cañones es una buena noticia y ningún sectarismo debe empañarla. Pero no asistimos al final de un conflicto, sino a su gestión; y el camino más probable no es la paz, sino un coma inducido por las concesiones sin contrapartida —un congelamiento que cada capital se apresurará a vestir de victoria—. Por eso conviene repetirlo, aunque incomode: no confundamos la ausencia de bombas con la consecución de la paz. Lo que se firma esta semana en Suiza no es la paz con Irán; es, apenas, su espejismo. Seguiremos vigilantes.

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