Trump reta a Texas: los centros de datos superarán al petróleo

El presidente de Estados Unidos sostiene que ganar la carrera de la inteligencia artificial exige multiplicar los centros de datos, aunque su descomunal consumo eléctrico amenaza con convertir la energía en el gran cuello de botella.

Centro de datos
Centro de datos

Donald Trump ha situado los centros de datos en una categoría hasta ahora reservada a las grandes industrias estratégicas de Estados Unidos. El presidente asegura que estas instalaciones podrían llegar a convertirse en un negocio mayor que el petróleo y ha resumido la batalla tecnológica en una frase: «Quien gane la IA, simplemente gana».

Su mensaje llega en pleno choque sobre el crecimiento de estas infraestructuras en Texas. El problema ya no es únicamente tecnológico. Es energético, fiscal y político. Y los números explican por qué: ERCOT, el operador eléctrico texano, llegó a registrar en marzo solicitudes de conexión de grandes consumidores por unos 410 gigavatios, de las que aproximadamente el 87% correspondía a centros de datos.

La nueva carrera por el petróleo digital

Trump considera los centros de datos una infraestructura imprescindible para que Estados Unidos conserve el liderazgo mundial en inteligencia artificial. Su tesis económica es sencilla: cada nueva generación de modelos requiere más capacidad informática, servidores, chips y electricidad.

El resultado es una carrera inversora que recuerda, salvando las distancias, al despliegue de refinerías, oleoductos y grandes complejos industriales durante el siglo XX.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos puede más que duplicarse hasta alcanzar unos 945 TWh en 2030, aproximadamente el consumo actual de electricidad de Japón.

La economía digital ha dejado así de ser virtual. Necesita suelo, centrales eléctricas, redes de transmisión y miles de millones en infraestructura física.

Texas descubre el precio de la IA

Precisamente Texas representa mejor que ningún otro estado la contradicción que plantea este crecimiento.

Durante años ha atraído inversión tecnológica gracias a energía relativamente abundante, suelo disponible y una fiscalidad competitiva. Ahora, sin embargo, el volumen de proyectos está obligando a revisar hasta dónde puede crecer el sector sin tensionar la red.

ERCOT publicó en abril una previsión preliminar que situaba la demanda potencial del sistema en 367.790 MW para 2032, frente a un récord histórico de consumo de 85.508 MW registrado en 2023. El propio operador advirtió de que esa estimación probablemente sería superior al crecimiento finalmente materializado.

La distancia entre ambas cifras permite entender el tamaño del desafío.

Una factura eléctrica gigantesca

Trump sostiene que las compañías tecnológicas pueden resolver buena parte del problema construyendo sus propias instalaciones de generación y evitando trasladar el coste a los consumidores.

Esa idea ya forma parte de la estrategia energética de su Administración. El denominado Ratepayer Protection Pledge busca precisamente que las empresas vinculadas al despliegue de centros de datos financien o construyan la infraestructura eléctrica necesaria para abastecerlos. Más de 220 empresas, eléctricas, administraciones y organizaciones participaban en la iniciativa en julio.

El objetivo es políticamente sensible: impulsar la IA sin que hogares y pequeñas empresas terminen financiando mediante su factura eléctrica las inversiones necesarias para alimentar gigantescos complejos tecnológicos.

Centros que consumen como ciudades

La escala energética explica las resistencias. El Departamento de Energía estadounidense ya advertía de solicitudes de conexión para instalaciones hyperscale de entre 300 y 1.000 MW, con plazos de desarrollo de apenas uno a tres años.

Una instalación situada en el extremo superior de ese rango puede requerir una potencia comparable a la de una gran central eléctrica.

Además, el problema no consiste únicamente en producir energía. También hay que transportarla. El Departamento de Energía señaló en julio que el crecimiento de los centros de datos, la fabricación industrial y otras grandes cargas está aumentando la necesidad de nuevas líneas de transmisión en Estados Unidos.

La batalla por la inteligencia artificial empieza así a convertirse también en una batalla por los megavatios.

La polémica fiscal que viene

Trump ha añadido otro elemento al debate: los impuestos. El presidente considera que los estados deberían reducirlos para atraer estos proyectos y aprovechar lo que define como una «tremenda fuente de ingresos».

Sin embargo, el retorno económico de los incentivos comienza a discutirse en algunos territorios. En Texas ha aumentado la presión política para revisar las ventajas concedidas al sector ante las dudas sobre consumo eléctrico, agua, infraestructuras y creación permanente de empleo.

Ese será uno de los grandes dilemas económicos de los próximos años: determinar cuánto debe ofrecer una región para captar inversiones multimillonarias sin acabar socializando una parte excesiva del coste energético y de infraestructura.

La energía decidirá quién gana

La frase de Trump sobre el petróleo contiene una advertencia más profunda. Durante décadas, disponer de hidrocarburos baratos fue una ventaja decisiva para las grandes potencias industriales. En la economía de la inteligencia artificial, la electricidad abundante y fiable puede desempeñar un papel parecido.

Estados Unidos posee capital, empresas tecnológicas, chips avanzados y una enorme capacidad de innovación. Pero cada nuevo centro de datos obliga a coordinar generación, transmisión y almacenamiento a una velocidad poco habitual para el sector energético.

La paradoja es evidente: la industria que promete automatizar buena parte de la economía depende de una de las infraestructuras más tradicionales.

Trump quiere acelerar. Texas empieza a calcular el coste. Y detrás de ambos movimientos aparece la misma realidad: la carrera mundial por la IA se decidirá tanto en los centros de datos como en las centrales eléctricas que sean capaces de mantenerlos encendidos.

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