Geopolítica al límite: la conjunción de amenazas de Irán, Ucrania, Gaza y la caída del príncipe Andrés sacuden el tablero global

Donald Trump
Donald Trump

El 20 de febrero de 2026 se presenta como una jornada de extraordinaria densidad geopolítica. Mientras la humanidad asiste a uno de los períodos de mayor tensión internacional de las últimas décadas, confluyen simultáneamente sobre la mesa global cinco focos de máxima intensidad: la crisis diplomático-militar con Irán, que ha entrado en su fase más aguda con un ultimátum presidencial de diez a quince días; las negociaciones de paz ruso-ucranias varadas en Ginebra, con Moscú mostrando su habitual talante maximalista; la inauguración del Consejo de la Paz (Board of Peace) en Washington, nueva arquitectura diplomática impulsada por Trump para Gaza y otros conflictos; el arresto histórico del ex príncipe Andrés del Reino Unido en el contexto del expediente Epstein, con implicaciones que trascienden lo judicial; y el ruido político interior que genera en España —y deterioro exterior que provoca— la errática política exterior del presidente Sánchez, señalada nada menos que por la agencia Reuters. Un día, en suma, que condensa con particular nitidez las tensiones y transformaciones del orden internacional.

 

I. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Irán: Trump impone un ultimátum de 10-15 días bajo la amenaza militar más seria desde Irak en 2003

Hechos

El presidente Donald Trump anunció el 19 de febrero, en el marco de la sesión inaugural del Consejo de la Paz (Board of Peace) en Washington, que Irán dispone de entre diez y quince días para alcanzar un acuerdo nuclear significativo con los Estados Unidos, o se enfrentará a consecuencias que calificó de "muy serias". A bordo del Air Force One, Trump precisó: "O llegamos a un acuerdo, o va a ser muy pernicioso para ellos. Diez o quince días es tiempo más que suficiente." Esta advertencia se produce en el contexto del mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Próximo desde la invasión de Irak en 2003: dos grupos de combate de portaaviones —el USS Abraham Lincoln y la inminente llegada del USS Gerald Ford, el buque de guerra más poderoso del mundo—, decenas de cazas de quinta generación, plataformas de defensa antimisil y aviones cisterna, se concentran en el Golfo Pérsico y el mar de Arabia. La CNN, citando fuentes del Departamento de Defensa, informó que el Pentágono podría estar en condiciones de atacar instalaciones iraníes tan pronto como este fin de semana. Apenas dos días antes, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, había declarado en Ginebra que ambas partes habían alcanzado un entendimiento sobre los "principios orientadores" de una negociación. Sin embargo, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, desmintió esa descripción optimista, señalando que las posiciones permanecen "muy alejadas" en cuestiones nucleares fundamentales. Irán respondió acusando a Washington de correr el riesgo de generar una "crisis" y amenazó con represalias contra bases estadounidenses en la región si fuera atacado. Polonia se convirtió en el último país europeo en aconsejar a sus ciudadanos abandonar Irán, advirtiendo de que podrían tener solo horas para hacerlo.

Implicaciones

Nos encontramos ante el momento de mayor peligro de escalada bélica en Oriente Próximo desde la Segunda Guerra del Golfo, con el añadido de que ahora el escenario incorpora armas nucleares. El régimen de los ayatolás —una oligarquía yihadista que ha exportado terrorismo, desestabilización y muerte desde 1979— comprende un único idioma: el de la firmeza y la fuerza. Décadas de apaciguamiento occidental no han producido otra cosa que un programa nuclear más avanzado y una red terrorista de proxies más extensa: Hizbulá, los Hutíes, Hamás y las milicias proiraníes de Irak y Asia Central. Trump, al contrario que sus predecesores, ha comprendido esta realidad. El ultimátum no es un ejercicio de retórica: es la expresión de una doctrina de presión máxima que ya demostró cierta eficacia en el primer mandato. La clave estará en si Teherán, atrapado entre sus propias tensiones internas —alentadas por una oleada de protestas que el régimen ha tratado de sofocar con represión brutal— y la presión exterior, tiene margen político real para hacer concesiones creíbles. Los mercados petroleros ya han reaccionado: el Brent superó los 71 dólares por barril, reflejando el temor a una perturbación del Estrecho de Ormuz, por el que transita el 31 por ciento del petróleo crudo que circula por mar en todo el mundo.

Perspectivas y escenarios

Escenario A (moderadamente probable): Irán acepta negociar sobre la base de los principios orientadores acordados en Ginebra, logrando una extensión del plazo que Teherán presentaría internamente como una victoria táctica. Escenario B (probable): el ultimátum expira sin acuerdo significativo, Washington lanza ataques quirúrgicos selectivos contra instalaciones nucleares y de misiles, en coordinación o con luz verde de Israel. Escenario C (menos probable pero no descartable): Iran inicia represalias contra bases norteamericanas en la región, lo que desencadenaría una respuesta devastadora y el colapso del régimen islámico tal y como lo conocemos. Este tercer escenario, paradójicamente, podría ser el que muchos iraníes oprimidos esperan.

 

2. Consejo de la Paz (Board of Peace): Trump lanza su nueva arquitectura diplomática global con 7000 millones para Gaza

Hechos

El 19 de febrero se celebró en el Instituto de la Paz de los Estados Unidos —renombrado en honor al presidente Trump— la reunión inaugural del Consejo de la Paz, una nueva organización internacional creada por iniciativa de la Administración Trump para supervisar la paz en Gaza y, según su diseño, actuar como mecanismo de respuesta en otros conflictos internacionales. A la cumbre asistieron representantes de más de cuarenta países, incluidos jefes de Estado y de Gobierno. Trump anunció que los países miembros han comprometido 7.000 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza, y que Estados Unidos contribuirá con otros 10.000 millones adicionales. Albania, Indonesia, Kazajistán, Kosovo y Marruecos se comprometieron a aportar tropas para una Fuerza Internacional de Estabilización de 20.000 efectivos, mientras que Egipto y Jordania acordaron entrenar fuerzas policiales palestinas. Arabia Saudí anunció una contribución de 1.000 millones de dólares del rey Salmán. Trump designó asimismo a su yerno Jared Kushner como "enviado de paz", situándole al mismo nivel que Steve Witkoff. Entre las ausencias notables figuran Francia, Alemania, Italia (que asistió como observadora), Reino Unido, España y la mayoría de los aliados europeos tradicionales de Washington, así como el Vaticano, que declinó alegando "ciertas cuestiones críticas." El Papa León XIV no se incorporó al Consejo.

Implicaciones

El Consejo de la Paz constituye la apuesta más ambiciosa de Trump por construir un nuevo orden multilateral paralelo a las Naciones Unidas, con quienes el presidente norteamericano ha mantenido una relación de hostilidad declarada. La iniciativa recoge el espíritu de los Acuerdos de Abraham y los amplía a una plataforma de intervención global. Con moderado optimismo, cabe señalar algunos logros concretos y verificables: compromisos de financiación tangibles, una fuerza de estabilización en proceso de formación y la participación de potencias regionales árabes clave. No es poco. La ausencia de los grandes aliados europeos —a excepción de Hungría, Bulgaria, Polonia, Italia— refleja la fractura transatlántica en la gestión del conflicto de Gaza y la persistente desconfianza hacia una eventual incorporación rusa al mecanismo. Trump ha logrado, sin embargo, construir una coalición funcional con actores del mundo árabe, del Indo-Pacífico, Asia Central y de América Latina que representa una masa crítica de voluntad política. La próxima reunión, que Noruega ha ofrecido albergar, determinará si el Consejo puede ir más allá de los compromisos declarativos.

Perspectivas y escenarios

El éxito del Consejo de la Paz dependerá de tres variables: la capacidad de la Fuerza Internacional de Estabilización para desplegarse efectivamente en Rafah en el plazo de sesenta días anunciado; la concreción de los 7.000 millones en flujos reales de inversión y no en meras promesas; y la incorporación progresiva de los grandes ausentes europeos, cuya participación legitimaría políticamente el mecanismo ante la opinión pública occidental. Con moderado optimismo, el escenario más probable es que el Consejo alcance resultados parciales pero tangibles en Gaza durante los próximos seis meses, consolidando su credibilidad como alternativa pragmática al bloqueo del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

3. Ucrania-Rusia: las negociaciones de Ginebra se rompen sin avance sobre el fondo territorial

Hechos

La tercera ronda de negociaciones tripartitas entre Rusia, Ucrania y los Estados Unidos, celebrada en Ginebra los días 17 y 18 de febrero en el hotel InterContinental, concluyó sin ningún avance sustancial en las cuestiones de fondo, particularmente las territoriales. La delegación rusa, encabezada por Vladímir Medinski —el mismo que en pasadas negociaciones utilizó lecciones de historia como coartada para justificar la agresión— describió las conversaciones como "difíciles pero propias de los negocios." La parte ucraniana, representada por Rustem Umerov, señaló que Rusia estaba "tratando de alargar las negociaciones que ya podrían haber alcanzado su fase final." El segundo día de conversaciones duró apenas dos horas, circunstancia que los expertos consultados en Ginebra calificaron como señal negativa. Los únicos avances reales se produjeron en la pista militar: cierto progreso sobre los mecanismos de monitoreo de un eventual alto el fuego, con participación americana garantizada. La gran cuestión territorial permanece sin solución: Moscú exige que Ucrania ceda el veinte por ciento de Donetsk que las fuerzas rusas no han logrado conquistar —lo que Kyiv rechaza categóricamente— y pide simultáneamente la retirada de tropas ucranianas de posiciones estratégicas que tardarían años en recuperar. Trump, en un tono que no ha pasado inadvertido, instó a Ucrania a "que venga a la mesa de negociación rápido", lo que provocó la réplica de Zelenski, quien declaró en Axios que “no es justo" que la presión recaiga exclusivamente sobre Kyiv.

Implicaciones

El patrón de comportamiento ruso en estas negociaciones es idéntico al de todos los procesos diplomáticos en los que el Kremlin ha participado desde la Guerra de Chechenia: negociar para ganar tiempo, nunca para llegar a un acuerdo equitativo. Putin sabe que el tiempo juega a su favor en la medida en que la fatiga occidental y la presión de Washington sobre Kyiv aumentan. La postura maximalista rusa —exigir territorios que ni siquiera controlan militarmente— no es una posición de apertura negociadora: es la expresión de una doctrina imperial que considera Ucrania como un territorio histórico ruso. Desde nuestra perspectiva atlántica y europeísta inequívoca, cualquier acuerdo que implique concesiones territoriales bajo coacción militar sentaría un precedente catastrófico para el orden internacional basado en normas que tanto ha costado construir. El leve desequilibrio en la presión que ejerce Trump sobre Kyiv respecto a Moscú es el único aspecto en el que cabe una crítica moderada a la Administración, que en todo lo demás ha tenido una actitud firme ante la agresión rusa.

Perspectivas y escenarios

Con la aproximación al cuarto aniversario de la invasión a gran escala —el 24 de febrero— sin fecha fijada para una nueva ronda, la perspectiva más probable es la continuación del conflicto armado en paralelo a negociaciones intermitentes y sin resultado. La próxima ronda, que podría celebrarse en Noruega, enfrentará los mismos obstáculos si Moscú no abandona sus exigencias territoriales máximas. Zelenski tiene razón en un punto fundamental: la paz no puede construirse sobre la recompensa a la agresión.

 

4. El expríncipe Andrés, detenido: el caso Epstein sacude a la monarquía británica y apunta a redes de inteligencia

Hechos

El 19 de febrero de 2026, coincidiendo con su 66.º cumpleaños, Andrew Mountbatten-Windsor —expríncipe Andrés, duque de York, despojado de sus títulos reales— fue arrestado por la policía del Valle del Támesis en la finca de Sandringham (Norfolk), residencia del rey Carlos III, donde habitaba en su retiro forzado de Wood Farm. La detención se produjo en horas de la mañana con seis vehículos sin identificación y agentes de paisano. Fue trasladado a la comisaría de Aylsham y liberado bajo investigación en la tarde del mismo día. La policía practicó simultáneamente registros en Wood Farm (Norfolk) y en Royal Lodge (Berkshire), su antigua residencia de más de dos décadas, que aún continuaban este viernes. El cargo: sospecha de "mala conducta en el ejercicio de un cargo público" (misconduct in public office), delito de derecho consuetudinario que en sus manifestaciones más graves podría suponer una condena a cadena perpetua. La investigación se centra en la presunta transmisión de informes comerciales confidenciales a los que Andrés tenía acceso como enviado comercial del Reino Unido (2010-2011) al pedófilo y financiero Jeffrey Epstein. El arresto se produjo tras la publicación por parte del Departamento de Justicia estadounidense de tres millones de documentos del expediente Epstein, en los que el nombre de Andrés aparece centenares de veces, incluyendo correos electrónicos que revelan una relación de dependencia desconcertante con el condenado. Nueve fuerzas policiales británicas están actualmente evaluando si abrir investigaciones propias en el marco del mismo expediente.

Implicaciones

La detención de un miembro de la familia real —el primero en la era moderna, según señalan los historiadores con referencia al duque de Monmouth en el siglo XVII— tiene una dimensión que va más allá del escándalo personal. El expediente Epstein, cuanto más se estudia en profundidad, menos parece la historia de un pedófilo adinerado y más la de un sofisticado instrumento de reclutamiento, extorsión e inteligencia. La presencia en sus archivos de material comprometedor sobre líderes políticos, figuras del mundo financiero y miembros de casas reales de Europa, junto con la documentación de sus vínculos con los servicios de inteligencia internacionales, sobre todo sospechas de contactos con el KGB y su sucesor el FSB, apuntan a que Epstein era, ante todo, una operación de influencia geopolítica, manipulación, desinformación  y espionaje de extraordinaria eficacia. El interés de Epstein en la información privilegiada que podía proporcionar Andrés sobre la política comercial británica encaja perfectamente en ese patrón. La institución monárquica, ya debilitada, afronta su peor crisis desde la muerte de Diana. El rey Carlos, que ha colaborado con la investigación y ha apoyado los registros, hace bien en no proteger a quien no merece protección.

Perspectivas y escenarios

La liberación bajo investigación no implica el fin del proceso. El análisis del material incautado en los registros determinará si existen pruebas suficientes para formular cargos formales. Si el proceso avanza, el juicio sería histórico. Si se archiva, la institución monárquica ganará tiempo pero no rehabilitará a quien la ha manchado durante años. En cualquier escenario, la apertura del expediente Epstein continúa su imparable avance, y sus revelaciones sobre redes de influencia y espionaje no han hecho más que comenzar.

 

5. Sánchez contra Trump: Reuters retrata la irresponsabilidad de una política exterior convertida en herramienta de consumo interno

Hechos

La agencia Reuters publicó hoy un análisis firmado desde Madrid que recoge, con la objetividad propia de una agencia que no puede ser acusada de simpatías trumpistas, el patrón de comportamiento del presidente del Gobierno Pedro Sánchez en materia de política exterior: críticas sistemáticas a la Administración Trump en Venezuela, rechazo a los objetivos de gasto en defensa de la OTAN, impulso a restricciones sobre las plataformas de redes sociales en un discurso destinado a contrastar con "los líderes de estilo MAGA", negativa a incorporarse al Consejo de la Paz, y exclusión resultante de un bloque promovido por los Estados Unidos para el comercio de minerales críticos y de las reuniones preparatorias del G-20. Una encuesta de YouGov publicada el mes pasado revela que el 66 por ciento de los españoles tiene una visión "desfavorable" de los Estados Unidos, doce puntos más que al inicio del segundo mandato de Trump, lo que indica que la estrategia tiene un rendimiento electoral doméstico. La propia Agencia Reuters recoge el comentario de un diplomático europeo, que declinó ser identificado: "Sánchez está excitando a una parte de la opinión pública antitrumpista y antiamericana, desafiando gravemente tanto la solidaridad transatlántica como la europea."

Implicaciones

Lo que está haciendo Sánchez con la política exterior española no es ni nuevo ni inocente: es la continuación de una estrategia que inició el presidente Zapatero, quien también utilizó los desacuerdos con Washington como moneda de cambio en el tablero de la política interior. El problema es que el mundo de 2026 no es el de 2004: las tensiones geopolíticas son de una magnitud que no admite el lujo del postureo. España tiene bases militares de la OTAN en su territorio, es miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante este bienio, y tiene intereses estratégicos de primer orden en América Latina, el Magreb y el Sahel. Convertir la política exterior en un instrumento de política interior —cuando hay una guerra en Europa, una crisis nuclear con Irán en gestación y un orden internacional en plena recomposición— es una irresponsabilidad de proporciones cósmicas que ya le está costando a España la exclusión de foros decisivos. La consecuencia más grave no es la imagen internacional: es que España pierde influencia real en el momento en que más la necesita.

Perspectivas y escenarios

Sánchez continuará con esta estrategia mientras le rinda dividendos electorales, que según las encuestas seguirá haciéndolo. El riesgo —que él parece dispuesto a correr— es que la acumulación de fricciones con Washington acabe costando a España activos estratégicos concretos: acceso a inteligencia, influencia en negociaciones transatlánticas, o presencia en mecanismos informales de toma de decisiones en los que la lealtad aliada cuenta. Cuando ese coste se materialice, será demasiado tarde para reclamarlo.

 

6. Expedientes X: Trump ordena la desclasificación de archivos ovni y acusa a Obama de revelar información clasificada

Hechos

El presidente Trump firmó el 19 de febrero una orden ejecutiva por la que instruye a todas las agencias del Gobierno federal a proceder a la desclasificación y publicación de archivos relacionados con objetos volantes no identificados y la posible existencia de vida extraterrestre. La decisión fue presentada por la Casa Blanca como una respuesta al "enorme interés" que suscita el tema entre los ciudadanos. La orden llegó inmediatamente después de que Trump criticara públicamente al ex presidente Barack Obama por haber revelado presuntamente información clasificada en un podcast en el que Obama insinuó que los extraterrestres podrían ser reales. Trump advirtió que dicha declaración podría constituir un delito de divulgación de información clasificada. Los medios de comunicación contrarios a Trump no tardaron en caracterizar la iniciativa como una maniobra de distracción, argumento que presenta la paradoja —que el propio Trump destacó con ironía— de que si Obama es quien ha filtrado la información, Obama sería un aliado de la maniobra distractora.

Implicaciones

Más allá de una cierta teatralidad mediática, la cuestión de los Fenómenos Aéreos No Identificados, OVNI  (FANI, o UFO en la nomenclatura anglófona) ha adquirido una seriedad institucional creciente en los últimos años en el Congreso de los Estados Unidos, con audiciones formales ante el Senado y testimonios de personal militar en activo y en retiro. La desclasificación podría revelar datos relevantes sobre capacidades de vigilancia de potencias extranjeras —particularmente China y Rusia— más que sobre vida extraterrestre en sentido estricto. La ofensiva de Trump contra Obama en este terreno sirve múltiples propósitos: alimenta la narrativa de la "justicia" frente al Estado profundo (deep state), moviliza a su base electoral y, accesoriamente, distrae la atención de asuntos más graves. La ironía que señala el propio Trump —si Obama revelara información clasificada, sería cómplice de la distracción— es un ejercicio de lógica política que sus críticos se apresuran a ignorar porque les incomoda.

 

Perspectivas y escenarios

La publicación masiva de archivos OVNI generará un ciclo mediático de corto alcance, con hallazgos de menor importancia de lo que la expectativa inicial sugería. Lo más probable es que los documentos confirmen la existencia de fenómenos aéreos inexplicados con tecnologías superiores a las conocidas públicamente, sin que esto resuelva la pregunta sobre su origen. El efecto político más duradero será la presión sobre el ex presidente Obama, cuya posible revelación de información clasificada quedará bajo escrutinio público y oficial en los próximos meses.

 

III. RACK DE MEDIOS

El panorama mediático internacional de las últimas 24 horas muestra el siguiente tratamiento de los grandes temas del día:

Irán — Ultimátum de Trump y despliegue militar

Bloomberg, Financial Times y CNBC lideran la cobertura del aspecto económico y energético: el incremento del precio del Brent, el temor a un cierre del Estrecho de Ormuz y las implicaciones para los mercados de materias primas. The Times of Israel y Haaretz profundizan en la dimensión de seguridad regional, con énfasis en la posición israelí: Netanyahu advirtió que cualquier ataque iraní contra Israel recibirá "una respuesta inimaginable." Al Jazeera y Al-Arabiya ofrecen perspectivas divergentes: Al Jazeera acentúa el riesgo de "agresión militar" estadounidense, Al-Arabiya refleja la posición de los estados del Golfo, más incómodos con Irán que con Washington. The Economist avanzó en su edición digital un análisis titulado "América se prepara para atacar Irán", señalando la combinación de presión diplomática y preparación operativa real. The Guardian enfatiza los riesgos humanitarios. Fox News y Washington Times celebran la firmeza de Trump. Le Monde y Le Figaro muestran preocupación por las consecuencias para la estabilidad del Golfo y los suministros energéticos europeos. La FAZ advierte sobre el impacto económico en Alemania de una eventual crisis energética.

Consejo de la Paz (Board of Peace)

CNN ofrece cobertura en tiempo real desde Washington, destacando los compromisos financieros y la Fuerza de Estabilización. NPR y NBC News hacen hincapié en las ausencias europeas. The Wall Street Journal analiza la dimensión económica: el potencial de reconstrucción de Gaza valorado por Marc Rowan, CEO de Apollo, en 115.000 millones de dólares. WION y Hindustan Times destacan la participación indonesia como señal del peso del Indo-Pacífico en la nueva arquitectura de paz. Al Jazeera cubre la posición árabe, con énfasis en los llamamientos a la solución de dos estados. Le Monde y Libération critican la ausencia francesa. The Hill y Politico analizan las implicaciones domésticas para Trump de cara a las elecciones de mitad de mandato. The National Interest valora positivamente la construcción de una coalición funcional.

Negociaciones Rusia-Ucrania en Ginebra

Foreign Policy y Washington Post ofrecen los análisis más completos y críticos con la postura rusa, señalando que Moscú no ha abandonado sus exigencias maximalistas. Kyiv Independent y Ukrinform reflejan la frustración ucraniana y el escepticismo ante las tácticas dilatorias de Medinski. The Guardian y BBC ponen el foco en la continuación de los ataques con misiles y drones durante las propias negociaciones —29 misiles y 396 drones la noche del 17 de febrero, 7 muertos en Zaporizhzhia el día 18—, que ilustran la doble vara de medir del Kremlin. TASS y Russia Today presentan las conversaciones como "constructivas" y atribuyen el fracaso a la intransigencia ucraniana. Gazeta Wyborcza (Polonia) y Helsingin Sanomat (Finlandia) reflejan la creciente preocupación de los países del flanco oriental de la OTAN. Euronews destaca el único avance real: el progreso técnico en la pista militar sobre mecanismos de monitoreo del alto el fuego.

Caso Andrés-Epstein

The Times y The Telegraph de Londres ofrecen la cobertura más exhaustiva y constitucionalmente informada del arresto, señalando que es el primero de un miembro de la familia real en la era moderna. The Guardian contextualiza el caso en el marco del #MeToo tardío y la responsabilidad institucional. El Daily Mail despliega su habitual tratamiento sensacionalista con amplia documentación gráfica. BBC News mantiene un tono de sobria objetividad informativa. The Washington Post confirma la detención con fuentes independientes. Al Jazeera ofrece una cronología detallada del vínculo entre Andrés y Epstein. Israel HaYom y Jerusalem Post observan el caso con particular interés dado el componente de inteligencia en el expediente Epstein. WION recoge la dimensión diplomática internacional. Vesti y medios rusos guardan un llamativo silencio sobre los aspectos de potencial conexión con el KGB.

Sánchez y la política exterior española

Reuters protagoniza hoy el análisis más completo e incómodo para La Moncloa: no es un medio de la derecha alternativa norteamericana, sino la principal agencia de noticias anglosajona. El análisis de Victoria Waldersee es un retrato sin anestesia de las contradicciones de la estrategia de Sánchez. ABC España y La Razón recogen el análisis de Reuters con satisfacción y lo enmarcan en el historial de política exterior errática del presidente. El País, como era de esperar, minimiza el impacto y presenta la postura de Sánchez como "independencia estratégica". Politico Europe apunta que la ausencia de España de varios foros ligados a Washington tiene costes concretos ya materializados. El Mundo destaca que la exclusión del bloque de minerales críticos puede perjudicar la industria española de baterías.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

🔴 ROJO — Ataque militar contra Irán

Probabilidad: ALTA en los próximos 10-15 días. El mayor despliegue militar en la región desde 2003, combinado con un ultimátum presidencial con fecha límite y la postura iraní inamovible sobre enriquecimiento nuclear, configura el escenario de mayor riesgo geopolítico inmediato.

🔴 ROJO — Cierre del Estrecho de Ormuz

Probabilidad: MEDIA-ALTA en caso de ataque. Los ejercicios navales iraníes con bloqueo parcial del Estrecho son un ensayo real. Un cierre prolongado elevaría el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, con consecuencias recesivas para la economía mundial.

🟠 NARANJA — Fracaso definitivo de las negociaciones Rusia-Ucrania

Probabilidad: ALTA. La cuarta ronda sin resultado y sin fecha fijada consolida la perspectiva de continuación del conflicto. El riesgo es que la fatiga occidental erosione el apoyo a Ucrania antes de que Rusia haga concesiones reales.

🟠 NARANJA — Crisis institucional en el Reino Unido por el caso Andrés-Epstein

Probabilidad: MEDIA. El impacto sobre la institución monárquica es real pero manejable mientras el rey Carlos mantenga su distancia y cooperación con la justicia. El riesgo aumenta si otros miembros de la familia real quedan implicados en fases ulteriores de la investigación.

🟡 AMARILLO — Deterioro de las relaciones España-EE.UU.

Probabilidad: MEDIA. Las fricciones actuales no han alcanzado aún el nivel de ruptura diplomática. El riesgo real es la pérdida silenciosa de influencia en foros decisivos y el coste en términos de inversión estadounidense en España. Grave deterioro de nuestra imagen internacional más allá de los EEUU o los aliados de Trump dentro y fuera de los EEUU.

🟡 AMARILLO — Escalada en el Golfo por maniobras iraníes

Probabilidad: MEDIA. Los ejercicios del CGRI en el Estrecho de Ormuz y el incremento de la actividad de los Hutíes en el Mar Rojo crean condiciones para un incidente marítimo accidental que podría precipitar una escalada no deseada.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

El 20 de febrero de 2026 será recordado, con toda probabilidad, como uno de esos días en que el mundo giró sobre su eje sin que la mayor parte de la humanidad se percatara de ello. Cinco noticias de primer orden, cada una de ellas capaz de dominar los titulares durante semanas en tiempos normales, conviven en una vorágine informativa que confunde y abruma más de lo que ilumina.

El drama iraní merece toda la atención. Después de décadas de paciencia estratégica occidental —o de cobardía disfrazada de prudencia, según se mire—, la República Islámica ha llegado a las puertas de la capacidad nuclear. El plazo de Trump no es un bluf: detrás hay dos grupos de combate de portaaviones, docenas de cazas F-35, capacidad de ataque profundo probada en junio de 2025 y una determinación presidencial que no admite la ambigüedad calculada de sus predecesores. El régimen de Teherán ha apostado siempre a que Occidente nunca se atrevería. Que el ayatolá Jamenei diga a sus seguidores que "no protesten" contra las negociaciones —mientras los vigila por si se atreven a esperanzarse con una apertura— dice mucho sobre el estado real de ese régimen moribundo que sigue asesinando a quienes sueñan con la libertad.

El Consejo de la Paz es, con todos sus defectos y ausencias notables, una iniciativa que merece ser evaluada por sus resultados y no por sus formas. La arquitectura diplomática que Trump ha construido en torno a Gaza —los Acuerdos de Abraham, el Acuerdo de Gaza, y ahora el Consejo de la Paz— ha logrado lo que parecía imposible: sentar en la misma mesa a Arabia Saudí, los Emiratos, Marruecos, Indonesia y Kazajistán comprometidos con la estabilización y la reconstrucción. No es poca cosa, aunque irrite profundamente a quienes prefieren el bloqueo burocrático de la ONU a la acción imperfecta.

Las negociaciones de Ginebra sobre Ucrania confirman lo que muchos analistas llevan años señalando: Putin no quiere la paz, quiere la capitulación. La presión desigual que ejerce Trump sobre Kyiv respecto a Moscú es el único punto de fricción genuino con una Administración que, en lo fundamental, ha sido más firme con la agresión rusa que su predecesora en los compases finales. Pero que nadie se engañe: sin presión real y simétrica sobre el Kremlin, no habrá acuerdo justo. Hasta la fecha no ha sido suficientemente intensa hacia Rusia y desde luego lo que no ha sido es simétrica.

El arresto del expríncipe Andrés es, ante todo, la demostración de que el Estado de Derecho —ese principio de raíz burkiana (de Burke) que no conoce excepciones de rango— sigue funcionando en el Reino Unido. La institución monárquica debería celebrarlo como tal. La sombra de Epstein sobre las élites occidentales no ha terminado de desplegarse, y lo que está aflorando sobre sus vínculos con servicios de inteligencia extranjeros merece una investigación seria y sin ambages.

Y finalmente, España. Lo más demoledor del análisis de Reuters de hoy no es lo que dice, sino quién lo dice: una agencia que nadie puede acusar de simpatías con el mundo MAGA. Que la política exterior española se haya convertido en una variable dependiente de las encuestas domésticas en el momento de mayor tensión internacional desde la Guerra Fría es una noticia extremadamente grave para los intereses de España en el mundo. Zapatero lo hizo convirtiendo la política exterior que siempre había sido materia de grandes consensos, en el eje central de oposición contra el gobierno del presidente José María Aznar así como  el regreso precipitado de las tropas de Irak. Sánchez lo está haciendo con todo su mandato. La historia juzgará con severidad a quienes antepusieron su supervivencia política a la posición estratégica de un gran país europeo en un momento decisivo.

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