JAPÓN

La alerta que llega desde Japón preocupa al mundo

Japón 

Foto de Colton Jones en Unsplash
Japón Foto de Colton Jones en Unsplash

Durante décadas, Japón ha sido el símbolo mundial del dinero barato. Mientras Estados Unidos y Europa alternaban ciclos de subidas y bajadas de tipos de interés, el Banco de Japón mantenía una política monetaria extraordinariamente expansiva, convirtiendo su mercado de deuda en el gran ancla de estabilidad del sistema financiero internacional. Esa situación acaba de cambiar. El bono japonés a 30 años ha superado el 4% de rentabilidad, su nivel más elevado desde la década de los noventa, una señal que muchos analistas interpretan como el inicio de una nueva etapa para los mercados globales.

El fin del dinero casi gratis

Durante más de veinte años, Japón convivió con tipos de interés próximos a cero e incluso negativos.

Ese entorno permitió que el Estado financiara una deuda pública superior al 250% del PIB sin que el coste de los intereses se disparara. También favoreció que grandes fondos japoneses buscaran rentabilidad comprando deuda estadounidense, europea o activos de riesgo en todo el mundo.

Japón exportó capital durante décadas porque dentro de sus fronteras apenas existía rentabilidad.

Ahora esa dinámica comienza a cambiar.

El bono rompe una barrera histórica

La rentabilidad del bono japonés a 30 años ha alcanzado el 4,03%, un nivel que no se veía desde hace más de tres décadas.

Aunque esa cifra pueda parecer moderada comparada con algunos países emergentes, para Japón supone un cambio enorme.

Cuando la rentabilidad de un bono sube significa que su precio cae y que el Estado deberá ofrecer mayores intereses para financiarse en futuras emisiones.

En otras palabras, el coste del dinero empieza a aumentar incluso para una economía acostumbrada durante años a financiarse prácticamente gratis.

El Banco de Japón cambia el tablero

Uno de los factores que explica este movimiento es la progresiva retirada del apoyo extraordinario del Banco de Japón.

La institución ha comenzado a reducir sus compras masivas de deuda pública, permitiendo que el mercado determine en mayor medida los precios y las rentabilidades.

Ese cambio, aunque gradual, elimina parte del respaldo que durante años mantuvo artificialmente bajos los intereses de los bonos japoneses.

El resultado es un mercado mucho más sensible a cualquier cambio en la oferta y la demanda.

El yen sigue bajo presión

A este escenario se suma la evolución de la moneda japonesa.

El yen continúa mostrando debilidad frente al dólar y otras divisas importantes, mientras los mercados mantienen importantes posiciones bajistas apostando por nuevas depreciaciones.

Una moneda débil favorece las exportaciones, pero también encarece las importaciones de energía y materias primas, aumentando la presión inflacionista.

El Banco de Japón se enfrenta así a un complicado equilibrio entre controlar la inflación, sostener el crecimiento y evitar una escalada excesiva de los costes financieros.

¿Por qué afecta al resto del mundo?

La importancia de Japón va mucho más allá de su economía nacional.

Los inversores japoneses gestionan billones de dólares invertidos en bonos estadounidenses, deuda europea, acciones internacionales y todo tipo de activos financieros.

Si los bonos japoneses comienzan a ofrecer rentabilidades más atractivas, parte de ese dinero podría regresar al mercado doméstico.

Ese movimiento reduciría la demanda de deuda en otros países y podría provocar un aumento de las rentabilidades también en Estados Unidos o Europa.

Es el conocido efecto contagio de los mercados globales.

Una decisión incómoda para Tokio

El Banco de Japón afronta ahora una disyuntiva compleja.

Puede permitir que las rentabilidades continúen aumentando para normalizar definitivamente la política monetaria o volver a intervenir comprando deuda si considera que el mercado está reaccionando de forma excesiva.

Ambas opciones tienen costes. Más intervención prolongaría las distorsiones acumuladas durante años. Menos intervención podría provocar nuevas tensiones sobre la deuda pública y sobre el sistema financiero japonés.

Las grandes crisis financieras rara vez comienzan donde todo el mundo las espera.

En muchas ocasiones, las primeras señales aparecen en mercados aparentemente tranquilos, donde pequeños cambios terminan alterando el equilibrio del conjunto del sistema.

Eso no significa que Japón esté al borde de una crisis financiera ni que vaya a desencadenarse automáticamente un episodio de inestabilidad global.

Sin embargo, el movimiento del bono japonés representa una advertencia de que uno de los pilares más estables del sistema financiero internacional está dejando de comportarse como lo había hecho durante los últimos treinta años.  Los mercados seguirán observando cada decisión del Banco de Japón. Si las rentabilidades continúan escalando o el banco central se ve obligado a intervenir nuevamente, el impacto podría sentirse mucho más allá de Tokio, afectando a los costes de financiación, las divisas y los mercados de deuda de todo el mundo.

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