Claves del

Claves del día: Trump, Venezuela y el nuevo ajedrez geopolítico global

Análisis profundo de la intervención de EE. UU. en Venezuela, la renovación de la doctrina Monroe y el papel estratégico de China en el 2026. Un contexto global cambiante donde la soberanía y las alianzas se disputan en un tablero geopolítico cada vez más complejo.

Miniatura del vídeo con la imagen del logotipo de Negocios TV y un fondo alusivo a la crisis entre EE. UU. y Venezuela.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Claves del 2026: Trump, Venezuela y el nuevo ajedrez geopolítico global

El arranque de 2026 ha convertido a Venezuela en el epicentro de un terremoto geopolítico. La operación militar estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro ha sido calificada por analistas y medios internacionales —incluido The New York Times— como una maniobra “ilegal e imprudente”, con ecos inmediatos de Irak. Lejos de cerrar un conflicto, el movimiento abre una cadena de interrogantes: ¿ha cometido Washington un error estratégico? ¿Estamos ante una Doctrina Monroe 2.0 aplicada sin tapujos? ¿Y cómo encaja China, socio clave de Caracas, en este nuevo tablero?

En esta entrega de Claves del Día, Negocios TV traza el mapa de un movimiento que no solo sacude la política venezolana, sino que reordena equilibrios en todo el hemisferio occidental y acelera la competencia sistémica entre Estados Unidos y la potencia asiática.

Una operación “rápida y letal” que reabre viejas heridas

La intervención en Venezuela se ha presentado desde la Casa Blanca como una acción “rápida, letal y quirúrgica”, ejecutada en cuestión de horas y respaldada por un despliegue que algunas fuentes cifran en más de 150 aeronaves y varios miles de efectivos. El objetivo declarado: detener a Maduro, trasladarlo a Nueva York y ponerlo ante la justicia estadounidense por narcotráfico y terrorismo.

El problema es que la operación se ha desarrollado sin mandato explícito de Naciones Unidas, sin autorización formal del Congreso y dentro del territorio de un Estado soberano. De ahí que voces influyentes en Washington hablen ya de un movimiento que “recuerda peligrosamente a 2003”, cuando la invasión de Irak se justificó sobre bases jurídicas y de inteligencia luego puestas en cuestión.

El paralelismo no es solo retórico. Igual que entonces, el riesgo es que una intervención concebida para proyectar fuerza y liderazgo termine derivando en un proceso largo, costoso y desgastante, con efectos sobre la imagen de Estados Unidos y sobre la estabilidad de toda la región.

El “Corolario Trump”: regreso explícito a la hegemonía hemisférica

La operación en Venezuela no puede leerse aisladamente. Está insertada en una narrativa que en Washington algunos asesores ya llaman de forma informal el “Corolario Trump”: una reinterpretación agresiva de la vieja Doctrina Monroe (1823), resumida en la idea de que “América es para los americanos”… pero liderada desde la Casa Blanca.

En la práctica, esto se traduce en tres vectores:

  • Reafirmación de que ninguna potencia extrahemisférica —China, Rusia, Irán— puede transformarse en actor dominante en América Latina.

  • Disposición a emplear fuerza militar, sanciones financieras y presión judicial de forma combinada.

  • Mensaje directo a gobiernos percibidos como díscolos: de Caracas a La Habana, pasando por Ciudad de México o Bogotá.

La novedad respecto a etapas anteriores es el grado de explicitud. Si en décadas pasadas la Doctrina Monroe operaba como marco implícito, hoy el discurso se formula abiertamente: Estados Unidos se reserva el derecho de intervenir preventivamente cuando considere que su seguridad o su influencia estratégica están en juego.

@realDonaldTrump
@realDonaldTrump

Soberanía latinoamericana: entre la resistencia y el pragmatismo

Para buena parte de América Latina, este regreso sin filtros de la lógica Monroe supone una alerta de máximo nivel. En las últimas dos décadas, muchos países habían intentado diversificar alianzas —abriendo la puerta a inversión china, rusa o europea— como vía para ganar margen frente a Washington.

La intervención en Venezuela reaviva miedos antiguos:

  • Que proyectos considerados “autónomos” puedan ser desmantelados por la fuerza si chocan con los intereses de Estados Unidos.

  • Que la soberanía formal no garantice la inmunidad frente a operaciones especiales, sanciones extraterritoriales o procesos judiciales en tribunales estadounidenses.

  • Que episodios de inestabilidad interna —crisis sociales, avance del narcotráfico, gobiernos polarizados— sirvan de pretexto para acciones cada vez más intrusivas.

Sin embargo, la respuesta regional no es homogénea. Países con fuerte dependencia financiera o comercial de Estados Unidos optan por la prudencia, conscientes de que un choque frontal podría tener un coste económico inmediato. Otros, con mayor peso de la inversión china o con alianzas políticas más marcadas, exploran fórmulas de coordinación diplomática para contener la nueva fase de hegemonía estadounidense.

China mueve ficha: petróleo, presencia y poder blando

En este tablero, China ocupa un lugar central. Pekín ha exigido la liberación de Maduro y ha defendido la integridad de sus contratos petroleros y financieros con Caracas. No es un detalle menor: se estima que, en la última década, más del 40% de los créditos externos estratégicos de Venezuela han tenido origen chino, frecuentemente ligados a envíos de crudo.

La gran pregunta es si China está dispuesta a pasar de la protesta diplomática a la confrontación abierta o si preferirá seguir su estrategia habitual de paciencia estratégica: evitar el choque militar directo, reforzar posiciones a través de inversiones, acuerdos energéticos y presencia tecnológica.

De momento, Pekín combina tres movimientos:

  • Condena formal de la operación y defensa del principio de no injerencia.

  • Revisión discreta de su exposición financiera y contractual en Venezuela, para minimizar daños si la arquitectura institucional cambia.

  • Mensajes hacia otros socios latinoamericanos para reforzar la idea de que China sigue siendo un socio estable frente a la volatilidad de la política estadounidense.

El resultado es que, lejos de ser un simple actor secundario, China se consolida como interlocutor imprescindible en cualquier discusión sobre el futuro económico de Venezuela y, por extensión, del equilibrio energético regional.

¿Error estratégico para la administración Trump?

A corto plazo, la operación puede presentarse en la Casa Blanca como una victoria táctica: un líder incómodo detenido, una demostración de fuerza militar impecable y un mensaje nítido al resto de la región.

Sin embargo, a medio plazo los riesgos son considerables:

  • Coste político interno, si la operación se percibe como el inicio de una “guerra infinita” más, con recursos desviados y atención dispersa.

  • Pérdida de apoyo internacional, especialmente en Europa y entre aliados que ven la intervención como un precedente peligroso.

  • Refuerzo del relato antiestadounidense en América Latina, donde la memoria de intervenciones pasadas sigue muy presente.

Analistas consultados por medios internacionales estiman que, si la crisis se prolonga más allá de 12-18 meses, el impacto reputacional para Washington podría ser comparable —salvando las distancias— al desgaste sufrido tras Irak o Afganistán, aunque el despliegue actual sea mucho más limitado en volumen.

Caracas
Caracas

Venezuela como laboratorio del nuevo orden multipolar

En el fondo, la crisis venezolana funciona como laboratorio de choque entre dos dinámicas: la persistencia de la hegemonía estadounidense y el avance de un mundo multipolar donde China, Rusia y otros actores reclaman espacio.

Venezuela condensa varios factores explosivos:

  • Recursos energéticos estratégicos, con reservas de crudo que figuran entre las mayores del mundo.

  • Un régimen que ha tejido alianzas con potencias rivales de Washington.

  • Una sociedad fragmentada, con más de 7 millones de emigrados y una economía que llegó a perder hasta el 80% de su PIB en poco más de una década.

Cómo se gestione esta crisis —si se encamina hacia una transición pactada, un protectorado de facto o una resistencia prolongada— ofrecerá pistas clave sobre la capacidad real de Estados Unidos para imponer resultados en su “patio trasero” y sobre la habilidad de China y otros actores para proteger sus intereses sin cruzar líneas rojas.

Claves del Día: un 2026 marcado por la geopolítica dura

El mensaje de fondo es claro: 2026 no arranca como un año más. La intervención en Venezuela, el retorno crudo de la Doctrina Monroe y la reacción de China marcan un escenario en el que la geopolítica deja de ser ruido de fondo para convertirse en variable central de riesgo.

Para los países latinoamericanos, el desafío será preservar su margen de maniobra entre bloques que compiten. Para Europa, entender que lo que ocurre en Caracas impacta en energía, flujos migratorios y estabilidad global. Y para los mercados, asumir que decisiones tomadas en despachos políticos pueden pesar tanto como los datos de inflación o de empleo.

En esta partida, Venezuela es hoy tablero y pieza a la vez. Y China, lejos de ser un espectador distante, se sienta cada vez más cerca del centro de la mesa.

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