Trump impulsa el auge del Bitcoin y tecnológicas mientras la FED planea cambios clave
El Dow Jones cerró por primera vez por encima de los 53.000 puntos, pero el verdadero motor de la sesión volvió a estar en la inteligencia artificial. Wall Street terminó el lunes con ganancias generalizadas: el Dow avanzó un 0,3%, el S&P 500 subió un 0,7% y el Nasdaq repuntó un 1,1%, impulsado por chips, centros de datos y grandes tecnológicas. El mercado celebró las declaraciones optimistas de Donald Trump sobre la Bolsa, pero el fondo es más complejo: deuda pública en máximos, tipos todavía cerca del 4,5%, petróleo más débil y una batalla tecnológica con China que ya condiciona las valoraciones.
El rally no fue homogéneo
La sesión dejó una lectura muy clara: la tecnología volvió a mandar. El S&P 500 se situó a menos del 1% de su máximo histórico, aunque la subida no fue amplia. De hecho, buena parte del impulso procedió de los grandes nombres vinculados a semiconductores, centros de datos e inteligencia artificial. El Dow cerró en récord, pero el Nasdaq fue el índice que mejor reflejó el apetito por riesgo.
Este hecho revela una fragilidad conocida. Wall Street no está subiendo porque todo mejore al mismo ritmo, sino porque un grupo reducido de compañías concentra la promesa de productividad, márgenes y liderazgo tecnológico. El mercado sigue confundiendo amplitud con potencia. Y esa diferencia importa cuando los tipos siguen altos.
Trump activa el relato cripto
Donald Trump volvió a mover el mercado cripto al definirse como “un gran tipo cripto” y sugerir que los activos digitales podrían tener un papel en sus nuevas cuentas fiscales para menores nacidos entre 2025 y 2028. Bitcoin rebotó hasta el entorno de los 63.822 dólares, después de una caída previa provocada por ventas relevantes de Strategy.
Lo relevante no es solo el precio. Trump está convirtiendo las criptomonedas en una pieza del relato estratégico estadounidense frente a China. La tesis es sencilla: si Pekín compite en tecnología, pagos digitales e infraestructura financiera, Washington no puede ceder el terreno simbólico ni regulatorio. Bitcoin pasa así de activo especulativo a bandera geopolítica.
La deuda como contrapeso
El problema es que la euforia bursátil convive con una realidad fiscal difícil de maquillar. La deuda bruta federal alcanzaba los 39,20 billones de dólares a comienzos de junio, con 31,60 billones en manos del público y un aumento de casi 3 billones en apenas un año.
La consecuencia es clara: Estados Unidos financia su liderazgo tecnológico con una base fiscal cada vez más pesada. Las letras del Tesoro, con rentabilidades cercanas o superiores al 4%, ya no son un activo irrelevante frente a la renta variable. De hecho, los T-bills han superado en el último año a 39 compañías del ETF QQQ, que replica el Nasdaq 100.
Cuando la renta fija sin riesgo compite con la IA, las valoraciones dejan de ser un detalle técnico.
La Fed habla menos
La nueva etapa de la Reserva Federal también añade incertidumbre. Kevin Warsh ha reducido la comunicación prospectiva y el mercado espera unas actas de la Fed menos explícitas que en la era anterior. Según analistas de Standard Chartered, el comunicado de junio fue recortado a solo 132 palabras, frente a las 345 de abril.
El diagnóstico es inequívoco: la Fed quiere que los datos hablen más que sus ruedas de prensa. Sin embargo, esa austeridad comunicativa puede elevar la volatilidad. Los inversores han reducido la probabilidad de una subida en julio hasta el entorno del 22%-23%, pero no han eliminado el riesgo. Wall Street sube porque espera estabilidad monetaria; no porque la tenga garantizada.
El mercado energético aportó algo de oxígeno. El Brent retrocedió hacia el entorno de los 71-72 dólares tras la mejora del tráfico por el estrecho de Ormuz y la expectativa de mayor oferta. Citi incluso prevé que el crudo pueda caer hacia los 60 dólares a finales de año si el mercado entra en superávit.
Sin embargo, el alivio tiene letra pequeña. Las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos han caído a niveles no vistos desde 1983, lo que reduce el colchón ante futuros shocks geopolíticos.
La paradoja es evidente: baja el petróleo, pero no baja el riesgo energético.
La IA vuelve a mandar
La jornada confirmó que la inteligencia artificial sigue siendo el gran motor de Wall Street. Broadcom subió tras ampliar con Apple su acuerdo de suministro de chips hasta 2031, mientras TeraWulf avanzó después de cerrar un contrato de 19.000 millones de dólares a 20 años con Anthropic para infraestructura de IA.
AMD también refuerza su narrativa al entrar en la japonesa Turing, que busca desplegar coches autónomos y robotaxis hacia 2028 utilizando chips de la compañía para reducir dependencia de Nvidia.
El contraste resulta demoledor. La economía estadounidense exhibe deuda récord, tipos aún elevados y reservas energéticas debilitadas, pero el mercado sigue comprando futuro tecnológico. Wall Street no está apostando por una economía perfecta; está apostando por que la IA compense sus desequilibrios.