Los chips reaniman Wall Street mientras el petróleo pierde miedo y el Dow Jones en verde

El Nasdaq lidera las subidas por la inteligencia artificial y el crudo vuelve a niveles previos a la guerra con Irán, pero los resultados empresariales serán la verdadera prueba

 

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Wall Street volvió a comprar tecnología y a vender miedo geopolítico. El Dow Jones cerró con una subida del 0,29%, el S&P 500 avanzó un 0,72% y el Nasdaq repuntó un 1,12%, impulsado por el regreso del apetito inversor hacia los chips y la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, el petróleo se mantuvo estable en niveles previos a la guerra con Irán: el WTI en 68,69 dólares y el Brent en 72,10 dólares. El mercado celebró una doble señal de alivio: los semiconductores recuperan fuerza antes de los resultados y el estrecho de Ormuz no ha trasladado nuevas tensiones al precio del crudo. Sin embargo, la calma puede ser engañosa.

La sesión confirmó que la inteligencia artificial sigue siendo el principal motor psicológico y financiero de Wall Street. Broadcom subió cerca de un 3,7% tras ampliar con Apple su acuerdo para desarrollar y suministrar chips personalizados hasta 2031, una alianza que refuerza la tesis de que la carrera tecnológica será larga, intensiva en capital y dominada por pocos actores.

El movimiento llega en un momento clave. El mercado se prepara para una temporada de resultados en la que las empresas vinculadas a la IA deberán demostrar que las valoraciones actuales tienen respaldo en ingresos, márgenes y contratos reales. Ya no basta con prometer futuro; ahora hay que convertir la inteligencia artificial en beneficios recurrentes. Esa es la frontera que marcará el verano bursátil.

Wall Street compra crecimiento

El avance de los tres grandes índices estadounidenses no fue menor. El Dow Jones cerró en positivo, pero el liderazgo correspondió al Nasdaq, más expuesto a tecnología, software, semiconductores y plataformas de crecimiento. El índice global MSCI avanzó un 0,41%, lo que indica que el optimismo no se limitó a Estados Unidos, aunque el epicentro siguió claramente en Silicon Valley.

Este hecho revela una pauta persistente: los inversores siguen buscando empresas capaces de capturar productividad futura. La expectativa de que la IA aumente eficiencia, reduzca costes y abra nuevos mercados sostiene buena parte del apetito por riesgo. Sin embargo, el contraste resulta evidente. El rally se apoya en sectores muy concretos, mientras otras áreas del mercado avanzan con más cautela.

Microsoft enfría la euforia

La otra cara de la tecnología llegó desde Microsoft. La compañía anunció el recorte de unos 4.800 empleos, aproximadamente el 2,1% de su plantilla global. La noticia encaja en una tendencia cada vez más visible: las grandes tecnológicas invierten cantidades masivas en inteligencia artificial, pero al mismo tiempo ajustan costes laborales para preservar márgenes.

Lo más grave no es el número de despidos, sino el mensaje de fondo. Si incluso los gigantes más rentables necesitan recortar plantilla mientras aumentan gasto en centros de datos, chips y capacidad computacional, el mercado tendrá que preguntarse por la rentabilidad real de esta nueva fase. La IA promete eficiencia, pero también exige una factura inicial gigantesca. Esa tensión empezará a aparecer con más claridad en los resultados trimestrales.

El petróleo deja de asustar

El crudo ofreció una tregua inesperada. Tras semanas de tensión por la guerra con Irán, los precios volvieron a moverse en niveles previos al conflicto. El Brent quedó prácticamente plano en 72,10 dólares y el WTI se mantuvo en 68,69 dólares, mientras el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz recuperó normalidad relativa, con 160 buques transitando entre lunes y sábado de la semana pasada.

El mercado energético ha descontado, por ahora, que el conflicto no ha derivado en una interrupción severa del suministro. Este alivio también tiene efectos macroeconómicos. Un petróleo contenido reduce presión sobre transporte, costes empresariales e inflación de servicios, justo cuando la economía estadounidense empieza a mostrar señales de moderación.

La Fed entra en una etapa más opaca

La Reserva Federal vuelve a ocupar el centro de la escena. Esta semana se publicarán las actas del Comité Federal de Mercado Abierto, las primeras bajo la presidencia de Kevin Warsh. Los analistas esperan menos pistas sobre futuros movimientos de tipos, un cambio relevante frente a etapas anteriores de comunicación más explícita.

El rendimiento del bono estadounidense a diez años bajó ligeramente hasta el 4,471%, mientras el dólar apenas se movió en el índice DXY, situado en 100,86. Sin embargo, frente al yen avanzó hasta 162,08, cerca de máximos de cuatro décadas, lo que aumenta la presión sobre las autoridades japonesas. El mercado no solo vigila a la Fed; también mide hasta dónde pueden aguantar otros bancos centrales la fortaleza del dólar.

Delta Air Lines y PepsiCo abrirán una semana importante para medir consumo, márgenes y demanda. Pero el foco internacional estará también en Samsung Electronics, donde los analistas esperan un aumento de beneficios de hasta 18 veces, una cifra que, de confirmarse, reforzaría la narrativa de recuperación del ciclo de semiconductores. Wall Street ha vuelto a confiar en la tecnología porque el petróleo se ha calmado y la inflación no ha dado un susto adicional. Pero la siguiente prueba será más exigente. La Bolsa ya ha comprado la historia de la inteligencia artificial; ahora necesita que los balances la confirmen.

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