Las tecnológicas y el consumo discrecional lideran las caídas mientras Trump redobla el pulso al Supremo y la Fed mantiene la incógnita de los tipos

Trump aprieta con aranceles y el Dow Jones paga la factura

La sesión de este lunes en Wall Street ha sido un recordatorio de que la política comercial de Estados Unidos vuelve a dictar el rumbo de los mercados. Tras la decisión del presidente Donald Trump de anunciar un nuevo arancel global del 15% durante cinco meses, los principales índices han girado a la baja, con el Dow Jones cediendo hasta un 1,3%, el S&P 500 alrededor de un 0,6% y el Nasdaq en torno al 0,5%. El movimiento llega apenas días después de que el Tribunal Supremo, por 6 votos a 3, tumbara la mayor parte de los gravámenes aprobados el año pasado al considerar inadecuada la base legal invocada por la Casa Blanca. Trump ha respondido recurriendo a otra norma y prometiendo explorar “otros poderes y licencias arancelarias”, sin ofrecer detalles ni calendario, lo que ha disparado la incertidumbre regulatoria. El resultado inmediato ha sido una recogida de beneficios en los sectores más expuestos al comercio global, con las tecnológicas y el consumo discrecional en el epicentro del ajuste, mientras los inversores recalculan el impacto sobre beneficios, inflación y estrategia futura de la Reserva Federal.

Trump aprieta con aranceles y el Dow Jones paga la factura
Trump aprieta con aranceles y el Dow Jones paga la factura

Un arancel improvisado que reabre la guerra comercial

El nuevo arancel del 15% anunciado por Trump tiene, por ahora, más interrogantes que certezas. El Tribunal Supremo anuló el viernes la mayoría de los gravámenes aprobados en 2025 al concluir que la ley de emergencia utilizada no habilitaba al Ejecutivo a imponer esa batería de tarifas. Lejos de replegarse, la Casa Blanca ha reaccionado activando otra base legal para justificar primero un arancel global del 10% y, pocas horas después, elevarlo al 15% durante un periodo provisional de cinco meses.

Este encadenamiento de decisiones ha dejado a las empresas sin un marco claro sobre qué productos, países y plazos quedarán finalmente afectados. La Casa Blanca habla de una medida “transitoria”, pero en los parqués se asume que el nuevo arancel podría convertirse en la línea de partida de una negociación más amplia, no en un techo.

Trump ha redoblado la presión sobre el Supremo con declaraciones públicas en las que promete recurrir a “otros poderes”, sin precisar si contempla nuevas órdenes ejecutivas o reformas legislativas. El mensaje que recibe el mercado es que la guerra arancelaria no solo no ha terminado, sino que vuelve a estar en fase ascendente, con un riesgo evidente: que empresas y consumidores paguen la factura vía precios, márgenes y menor inversión.

Índice Dow Jones Industrial Average

Tecnológicas y consumo, en el punto de mira

La reacción más visible ha sido el castigo a las compañías que concentran buena parte del crecimiento esperado de beneficios. El índice de consumo discrecional S5COND cae alrededor de un 2,3%, con Amazon y Tesla dejándose en torno a un 2% cada una. El argumento es doble: son grupos altamente expuestos al ciclo global y, al mismo tiempo, cotizan con múltiplos de beneficio muy superiores a la media histórica del mercado.

El índice de tecnología de la información retrocede en torno a un 0,3%, pero el ajuste es mucho más severo en el segmento de software. El S&P 500 de software y servicios acumula una caída cercana al 23% en lo que va de año, y en la sesión llega a perder cerca de un 3%, lastrado por los temores a la disrupción que la propia inteligencia artificial puede provocar en los modelos de negocio de firmas como Salesforce o Intuit.

El gestor Thomas Hayes, de Great Hill Capital, resume el nuevo equilibrio de fuerzas con un diagnóstico duro: “El mercado solo está experimentando cierta recogida de beneficios a medida que los operadores se dan cuenta de que el rally de alivio del viernes puede ser prematuro. Simplemente no se puede apostar contra Trump. Él quiere aranceles, y va a encontrar una manera de implementarlos”. La consecuencia es clara: las megacaps tecnológicas dejan de ser refugio automático cada vez que sube la tensión política y vuelven a ser tratadas como activos de riesgo pleno.

El castigo al crédito privado y a las finanzas

No solo las tecnológicas sufren el giro arancelario. El sector financiero del S&P 500 cae en torno a un 1,5%, con un foco especial de presión sobre los gigantes del crédito privado, como Ares Management o KKR. Estos vehículos, que se han beneficiado en los últimos años de tipos altos para ofrecer rentabilidades atractivas fuera del circuito bancario tradicional, empiezan a mirar con preocupación el cóctel de aranceles, posible repunte de la inflación y retraso de los recortes de tipos.

Un escenario de tarifas generalizadas puede tensar las cadenas de suministro, elevar los costes de producción y aumentar el riesgo de impago en determinados sectores industriales y de consumo. Eso implica que el capital privado exija primas de riesgo más elevadas, lo que presiona a la baja la valoración de los fondos ya existentes y encarece nuevas operaciones. En paralelo, los grandes bancos cotizados ven cómo se estrecha la ventana para reactivar con fuerza el negocio de salidas a bolsa y fusiones y adquisiciones, clave para sus comisiones.

Lo más grave para el mercado es que el mensaje de Trump llega justo cuando la narrativa dominante apuntaba a un aterrizaje suave de la economía estadounidense. Si la guerra arancelaria obliga a la Fed a mantener los tipos altos durante más tiempo, la banca se enfrenta al peor de los mundos: más morosidad potencial y menos crecimiento del crédito rentable.

Índice Nasdaq 100

Sanidad y ‘big pharma’ se refugian del ruido

Frente al tono negativo generalizado, el sector sanitario logra nadar a contracorriente. El índice S5HLTH avanza alrededor de un 1%, impulsado por la subida de Eli Lilly, que se dispara en torno a un 3,4% después de que el fármaco contra la obesidad de su rival Novo Nordisk quedara por detrás en un ensayo en Copenhague. Los inversores interpretan que Lilly consolida su ventaja en un mercado que algunos analistas valoran en más de 100.000 millones de dólares anuales a medio plazo.

Este comportamiento refuerza la condición de la sanidad como sector defensivo de alta calidad, capaz de atraer flujos en episodios de volatilidad política y macroeconómica. Los grandes fondos globales, que en los últimos trimestres habían rotado parte de sus posiciones hacia tecnología y consumo, vuelven a mirar a la “big pharma” como una forma de proteger cartera sin renunciar por completo al crecimiento de beneficios.

Además, la naturaleza global de los ingresos de estas compañías —con un reparto relativamente equilibrado entre Estados Unidos, Europa y mercados emergentes— mitiga el impacto directo de un arancel que, por ahora, se percibe más como un instrumento de presión política que como un rediseño estructural de la política comercial. En un entorno de ruido regulatorio, el mercado paga más por cada dólar de beneficio que ofrece visibilidad y estabilidad.

Nvidia y la prueba de fuego para la narrativa de la IA

Otra excepción al rojo dominante es Nvidia, que sube alrededor de un 1,8% antes de presentar sus resultados trimestrales el miércoles. La compañía, que se ha convertido en la mayor del mundo por capitalización bursátil, es el barómetro de la narrativa de la inteligencia artificial. Sus cifras y, sobre todo, sus previsiones de ventas de chips para centros de datos son seguidas como una guía de facto del ciclo inversor en IA.

En lo que va de año, el mercado ha empezado a cuestionar si el gasto masivo en IA, que algunos bancos de inversión estiman en más de 300.000 millones de dólares acumulados hasta 2027, se está traduciendo en retornos tangibles para el conjunto del sector tecnológico. Las recientes caídas del índice de software reflejan el temor a que muchos modelos de suscripción y servicios corporativos queden desbordados por nuevas soluciones basadas en IA generativa, más baratas y difíciles de monetizar.

En este contexto, la posición de Nvidia es paradójica: se beneficia directamente de la fiebre inversora pero, al mismo tiempo, depende de que sus grandes clientes —las mismas ‘big tech’ hoy bajo presión— mantengan sus presupuestos de capital. Si la combinación de aranceles e incertidumbre regulatoria lleva a una normalización del capex en IA, el mercado podría empezar a cuestionar unas valoraciones que ya descuentan varios años de crecimiento casi perfecto. El dictamen del miércoles será, en la práctica, un referéndum sobre la credibilidad de la burbuja de la IA.

La Fed, el mercado laboral y el calendario de recortes

Mientras los inversores digieren el nuevo frente arancelario, la Reserva Federal sigue muy presente en los cálculos de las mesas de trading. El gobernador Christopher Waller ha dejado la puerta abierta a mantener los tipos sin cambios en la reunión de marzo si los datos de empleo de febrero muestran un mercado laboral más fuerte tras el débil arranque de 2025. El mensaje se lee como una confirmación de que el banco central no tiene prisa por recortar.

Según la herramienta FedWatch de CME, los futuros de fondos federales asignan ya la mayor probabilidad al primer recorte en junio, con expectativas acumuladas de entre 50 y 75 puntos básicos de bajada para el conjunto de 2026. Sin embargo, la reactivación de la guerra arancelaria introduce un matiz incómodo: si las nuevas tarifas elevan la inflación importada, la Fed puede verse obligada a elegir entre proteger el crecimiento o salvaguardar su credibilidad frente a los precios.

El contraste con la reacción relativamente calmada del viernes, cuando los índices cerraron con ligeras ganancias pese al fallo del Supremo, resulta demoledor. Lo que entonces se interpretó como un alivio ante el freno judicial a los aranceles se percibe ahora como un espejismo. El diagnóstico es inequívoco: la política monetaria y la comercial vuelven a avanzar en direcciones potencialmente contradictorias, y el mercado ya no puede dar por sentado un ciclo ordenado de recortes.

Un déjà vu de 2018 y los riesgos para Europa

El episodio actual evoca inevitablemente el ciclo arancelario de 2018-2019, cuando las disputas comerciales entre Washington y Pekín desencadenaron una oleada de represalias y reconfiguraciones de cadenas de suministro. Entonces, la combinación de tarifas sobre el acero, el aluminio y una amplia lista de productos tecnológicos se tradujo en un repunte de la volatilidad y en episodios de correcciones superiores al 10% en los principales índices.

La diferencia ahora es que el punto de partida de las valoraciones es mucho más exigente. El S&P 500 cotiza en torno a 18-19 veces beneficios futuros, frente a niveles más cercanos a 15 veces en el anterior ciclo arancelario. Esto deja menos margen de seguridad en caso de que los beneficios se vean afectados por costes más altos o por un descenso del comercio mundial.

Para Europa —y, por extensión, para España— el riesgo no es menor. Un arancel global de Estados Unidos puede desviar flujos comerciales, alterar precios relativos y obligar a Bruselas a reaccionar, ya sea con contramedidas o con nuevas políticas industriales. Sectores como el automóvil, la maquinaria industrial o los bienes de consumo duradero, donde muchas empresas europeas mantienen posiciones relevantes en el mercado estadounidense, podrían verse atrapados en una dinámica de subvenciones cruzadas y barreras crecientes que encarezca el acceso a ambos mercados.

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