Deutsche Bank frena en bolsa pese a doblar beneficio en 2025
La mayor entidad alemana ha firmado el mejor ejercicio de su última década, pero el mercado ha reaccionado con frialdad. Deutsche Bank cerró 2025 con un beneficio neto de 7.100 millones de euros, más del doble que un año antes, y unos ingresos de 32.100 millones, un 7% más, cumpliendo todos los objetivos financieros que se había marcado para ese ejercicio. Pese a ello, el título llegó a caer cerca de un 2% en bolsa en las primeras horas posteriores a la presentación de sus cuentas, en un momento en el que la acción venía de revalorizarse más de un 70% en los últimos doce meses y cotizar muy cerca de máximos de 52 semanas. La entidad ha anunciado un dividendo de 1 euro por acción con cargo a 2025 y un nuevo paquete de recompras que eleva hasta 8.500 millones las distribuciones de capital al accionista desde 2022.
Un año récord para el ‘Global Hausbank’
El banco que dirige Christian Sewing ha culminado en 2025 la fase más visible de su reestructuración. Según la propia entidad, el beneficio antes de impuestos alcanzó los 9.700 millones de euros, un 84% más que en 2024, mientras que el beneficio neto se disparó hasta los citados 7.100 millones.
Los ingresos del grupo crecieron un 7%, hasta 32.100 millones, lo que supone una tasa de crecimiento anual compuesta del 6% desde 2021, en línea con los objetivos estratégicos presentados hace cuatro años.
El banco presume de haber entregado una rentabilidad sobre el capital tangible por encima del 10%, un umbral que durante años parecía inalcanzable para las grandes entidades europeas, todavía lastradas por el legado de la crisis financiera y de los tipos negativos. Al mismo tiempo, mantiene un ratio de capital CET1 en el entorno del 14%, lo que le permite combinar crecimiento, dividendos y recompras sin tensionar su colchón regulatorio.
En palabras del propio Sewing, «hemos cumplido todos nuestros objetivos financieros de 2025 y, con 8.500 millones en distribuciones de capital entregadas o propuestas desde 2022, superaremos el compromiso inicial con los accionistas». Esta combinación de disciplina de costes, mayor eficiencia y apetito por retribuir al inversor explica buena parte del cambio de narrativa sobre Deutsche: de problema sistémico de la banca europea a historia de recuperación acelerada.
Una acción en máximos que corrige tras las cuentas
El matiz clave está en el punto de partida. La acción de Deutsche Bank en Xetra se mueve hoy en el entorno de los 32-33 euros, con un rango de 52 semanas entre 16,6 y 34,3 euros, lo que implica una revalorización superior al 70% en un año.
En la negociación ligada a la presentación de resultados, el banco llegó a caer cerca de un 2% tras la publicación de las cifras, pese a que la filial que cotiza en Nueva York seguía muy próxima a su máximo anual de 40,4 dólares.
Este comportamiento no es una anomalía, sino casi un clásico de la temporada de resultados: cuando el listón de expectativas está muy alto, incluso unos números récord pueden decepcionar al mercado. El consenso ya descontaba un fuerte salto del beneficio y una retribución al accionista al alza. Además, parte de los analistas habían ido revisando al alza sus valoraciones en los últimos meses, con precios objetivo que, en algunos casos, se acercan a los 48 euros por acción a doce meses vista.
La consecuencia es clara: con la acción cotizando ya a múltiplos más cercanos a los de sus rivales europeos y tras un rally de doble dígito, cualquier duda sobre la sostenibilidad del crecimiento o sobre el entorno regulatorio se traduce en ventas. No se trata de un giro estructural, sino de una toma de beneficios en un valor que, por primera vez en años, ha vuelto al radar de los grandes fondos internacionales.
Dividendos, recompras y 8.500 millones para el accionista
Si algo busca subrayar la dirección de Deutsche es el giro en la política de retribución. El banco propondrá a la junta de mayo un dividendo de 1 euro por acción, el más alto desde antes de la crisis financiera, y ha anunciado un nuevo programa de recompra de alrededor de 1.000 millones de euros.
Con esta decisión, el total de distribuciones de capital —entre dividendos y recompras— alcanzará los 8.500 millones de euros desde 2022, por encima del compromiso inicial que el banco había comunicado al mercado.
En términos de ‘pay-out’, la entidad se mueve ya en una horquilla que se aproxima al 50% del beneficio, una ratio más cercana a la de los grandes bancos estadounidenses que a la de las entidades alemanas tradicionales. El mensaje implícito es contundente: la reestructuración está hecha, el balance está saneado y ahora es el turno del accionista.
Este cambio tiene implicaciones importantes para el resto del sector europeo. Durante años, Deutsche fue el ejemplo de banco atrapado entre un negocio de inversión volátil, litigios multimillonarios y una base de ingresos insuficiente. Hoy, presentar un perfil de retribución comparable al de sus pares más sólidos obliga al mercado a replantearse los descuentos históricos aplicados al valor. El riesgo, claro, es que un giro del ciclo o un repunte de las provisiones obligue a ajustar de nuevo esa generosidad.