La plataforma intenta desactivar la ofensiva de Paramount

Netflix sube la apuesta por Warner Bros.: propuesta de 83.000 millones pagados íntegramente en efectivo

La guerra por el control de Warner Bros. Discovery ya se libra en el terreno del efectivo. Netflix ha transformado su oferta de 83.000 millones de dólares en una propuesta íntegramente en metálico, eliminando la parte en acciones y enviando un mensaje directo al mercado y a su rival Paramount. El precio por título se mantiene en 27,75 dólares por acción, pero el cambio simplifica la ecuación para los accionistas de Warner y acelera el camino hacia una votación decisiva. La operación seguirá dejando fuera la división de canales lineales —Discovery Global—, que se escindirá como compañía independiente y cuyos títulos se repartirán entre los actuales accionistas de Warner. Para financiar el movimiento, la compañía de ‘streaming’ combinará caja, líneas de crédito y financiación comprometida, en una de las mayores operaciones corporativas recientes del sector del entretenimiento.

Netflix sube la apuesta por Warner Bros.: propuesta de 83.000 millones pagados íntegramente en efectivo
Netflix sube la apuesta por Warner Bros.: propuesta de 83.000 millones pagados íntegramente en efectivo

Una jugada para neutralizar la ofensiva de Paramount

La decisión de Netflix tiene un destinatario claro: Paramount Skydance. La compañía resultante de la fusión de Paramount Global con el estudio de David Ellison lanzó en diciembre una oferta hostil de 30 dólares por acción, íntegramente en efectivo, que valoraba el conjunto de Warner Bros. Discovery en 108.400 millones de dólares, alrededor de un 30% más que la propuesta inicial de Netflix por la división de estudios y ‘streaming’.

Hasta ahora, el principal argumento de Paramount era precisamente la “superioridad” de su oferta en términos de efectivo y certidumbre regulatoria frente a un esquema mixto de efectivo y acciones de Netflix. La respuesta ha llegado: la plataforma elimina el componente en papel —unos 4,5 dólares por título en acciones propias— y convierte la propuesta en un cheque contante y sonante, sin riesgo de volatilidad bursátil para los accionistas de Warner.

En un comunicado, Ted Sarandos ha subrayado que «our revised all-cash agreement will enable an expedited timeline to a stockholder vote and provide greater financial certainty». Traducido al lenguaje corporativo, la dirección de Netflix asume que el terreno decisivo será la rapidez y la seguridad de cobro, más que la última décima en el precio. El movimiento tensa aún más a un consejo de Warner que, tras recomendar el acuerdo con Netflix, debe demostrar que está cumpliendo su deber fiduciario al analizar seriamente la contraoferta de Paramount.

El diseño financiero: deuda, caja y riesgo de apalancamiento

Convertir una oferta de 83.000 millones en efectivo no es una cuestión menor. Netflix planea financiar la adquisición con una combinación de caja disponible, facilidades de crédito y financiación comprometida por la banca, una estructura que la acerca peligrosamente al territorio de las grandes ‘leveraged deals’ clásicas de Wall Street.

Warner Bros. Discovery llega a la operación con una deuda significativa y una estructura de activos compleja, fruto de la integración entre WarnerMedia y Discovery cerrada en 2022. En 2025, el grupo registró unos ingresos de 37.860 millones de dólares, un resultado operativo de 2.500 millones y unas pérdidas netas de 148 millones, con activos totales superiores a los 100.000 millones. El comprador no está adquiriendo una máquina de generar caja sin fricciones, sino un conglomerado que todavía digiere fusiones, recortes de costes y una industria en plena disrupción.

El diagnóstico de los analistas es inequívoco: la operación elevará de forma notable la deuda neta combinada del nuevo grupo, que podría superar con holgura los 60.000 millones de dólares si se suman los pasivos de Warner y el nuevo endeudamiento necesario para cerrar el trato. La consecuencia es clara: Netflix, que hasta ahora presumía de disciplina en su balance, se expone a un ciclo prolongado de presión sobre su rating crediticio y de menor capacidad para recomprar acciones o lanzar nuevas inversiones de crecimiento orgánico.

Qué ganan realmente los accionistas de Warner Bros. Discovery

Detrás de las cifras gruesas se esconde una pregunta clave: ¿qué obtienen exactamente los accionistas de Warner si aceptan la propuesta de Netflix en lugar de la de Paramount?

Con el esquema actual, cada acción de Warner Bros. Discovery daría derecho a 27,75 dólares en efectivo procedentes de Netflix, más los títulos de Discovery Global una vez completada la escisión de los negocios de televisión lineal. En la práctica, el inversor recibe liquidez inmediata por la parte de estudios y ‘streaming’ y conserva exposición a un conjunto de canales y redes que, aunque en declive estructural, siguen generando caja.

La oferta de Paramount, por el contrario, es un “todo en uno”: 30 dólares por acción en efectivo por la totalidad del grupo, incluidos los canales de cable y las participaciones en cadenas conjuntas. No hay piezas sueltas ni opcionalidad futura, pero tampoco upside si el mercado revalorizase el negocio lineal tras la escisión.

La cotización manda una señal nítida. Con el valor de Warner alrededor de los 28,58 dólares por título, el mercado descuenta que existe una probabilidad razonable de que el precio final suba —bien por una mejora de Netflix, bien por un ajuste de Paramount—, pero no cree plenamente en los 30 dólares. El consejo de Warner se mueve así en una cuerda floja: cualquier decisión será escrutada en detalle en términos de creación de valor frente a las alternativas reales encima de la mesa.

Discovery Global: el activo separado que marca la diferencia

La gran singularidad de la propuesta de Netflix es la separación de Discovery Global, la futura compañía que agrupará los canales lineales y redes internacionales heredadas de Discovery y Turner. Hablamos de marcas como Discovery Channel, HGTV, Eurosport o CNN, articuladas en una división (Global Linear Networks) que seguirá cotizando por separado.

Esta arquitectura busca dos objetivos. Por un lado, aligera el perímetro de la compra de Netflix, que se concentra en los activos más alineados con su negocio —los estudios de cine y televisión, HBO/HBO Max y la biblioteca de contenidos— y evita cargar con una televisión lineal sometida a la erosión del cable y la publicidad tradicional. Por otro, permite a los accionistas de Warner conservar un activo que, pese a la caída estructural de audiencias, sigue siendo relevante en mercados como Europa y Latinoamérica y podría ser objeto de futuras consolidaciones regionales.

El contraste con la oferta de Paramount resulta demoledor. Su propuesta absorbe todo el grupo, sin spin-offs ni separación de negocios, lo que facilita las sinergias pero reduce la posibilidad de jugar con la “suma de las partes”. Si el mercado termina valorando Discovery Global con múltiplos atractivos, los accionistas que opten por Netflix podrían, en conjunto, acercarse o incluso superar el valor facial de los 30 dólares por acción de la oferta rival.

La presión de los reguladores sobre el nuevo gigante del ‘streaming’

Más allá del precio, el gran interrogante es regulatorio. El eventual matrimonio entre el mayor servicio global de ‘streaming’ y uno de los estudios históricos de Hollywood concentra tanto poder de catálogo y distribución que ya ha encendido las alarmas de autoridades y sindicatos. Las primeras reacciones apuntan a una investigación intensa por parte del Departamento de Justicia y de la Comisión Federal de Comercio en Estados Unidos, así como de los reguladores europeos de competencia.

La Writers Guild of America y otros sindicatos han instado abiertamente a bloquear la operación, alertando de que la combinación podría suponer menos competencia por proyectos, más presión a la baja sobre salarios y menos diversidad de ventanas de explotación en salas y televisión. Las grandes plataformas ya han sido señaladas por su impacto sobre las condiciones laborales de guionistas y técnicos; un “Netflix+Warner” reforzado acentuaría ese desequilibrio.

Netflix estima que el cierre del acuerdo podría demorarse entre 12 y 18 meses, frente a los 10-12 meses que Paramount asegura que necesitaría para culminar su opa hostil sobre todo el grupo. Es precisamente en este terreno —tiempos y riesgos regulatorios— donde el argumento de la “mayor certidumbre” se vuelve delicado: un cheque al contado no garantiza que el supervisor no imponga desinversiones dolorosas o condiciones que reduzcan drásticamente las sinergias esperadas.

Un giro histórico en la estrategia de crecimiento de Netflix

La ofensiva sobre Warner marca un punto de inflexión estratégico para Netflix. Durante años, la compañía defendió un modelo de crecimiento apoyado en la producción propia y la expansión orgánica, evitando las grandes compras que caracterizaron a sus rivales. El propio consejo se definía como “builders, not buyers”, constructores, no compradores.

La realidad del mercado ha impuesto otro guion. La desaceleración del crecimiento de suscriptores, el aumento de los costes de contenido y la presión de actores como Disney, Amazon o Apple han dejado claro que, en la nueva fase de madurez del ‘streaming’, el tamaño y el catálogo pesan tanto como la innovación tecnológica. La compra de Warner —que incluye estudios de cine, televisión, videojuegos, HBO y el universo DC— da a Netflix de golpe un arsenal de IPs y marcas que habría tardado años en construir desde cero.

Lo más grave, desde el punto de vista financiero, es que este salto llega en un momento en el que el capital ya no es gratis. Un entorno de tipos altos convierte cualquier apalancamiento agresivo en una apuesta arriesgada: si las sinergias no se materializan o la integración se atasca, el coste será un lastre duradero sobre la cuenta de resultados. La compañía pasa de ser el disruptor ligero a convertirse en un conglomerado pesado, con todas las inercias y rigideces que pretendía desafiar.

Impacto en Hollywood: poder de mercado y riesgo para la competencia

En Hollywood, la lectura es inmediata: la combinación de Netflix y Warner crearía un supergigante del contenido con un poder de negociación formidable frente a productores independientes, salas de cine y plataformas rivales. El nuevo grupo controlaría desde sagas históricas de Warner hasta las franquicias premium de HBO, integradas en una única ventana global con más de 250 millones de suscriptores.

Este hecho revela un cambio de equilibrio en la industria. Estudios medianos y plataformas emergentes quedarían obligados a definirse: o se alinean como socios de distribución de los grandes o buscan consolidaciones defensivas entre ellos. La historia reciente muestra que operaciones de este tamaño suelen desencadenar efectos dominó, como ocurrió tras la compra de Fox por Disney o la adquisición de Time Warner por AT&T.

Al mismo tiempo, Europa observa la operación con lentes propias. Un Netflix reforzado podría endurecer sus condiciones de adquisición de derechos en los mercados locales, tensionando a productoras y televisiones en abierto. Los reguladores comunitarios tendrán que decidir si exigen compromisos en materia de cuotas de producción local, ventanas de cine y preservación de catálogos para evitar que el contenido europeo quede relegado en una macroplataforma dominada por IPs estadounidenses.

Los escenarios que se abren si el acuerdo naufraga

Aunque la narrativa dominante es la de una carrera entre dos pretendientes —Netflix y Paramount—, el escenario en el que ninguna de las dos operaciones llega a buen puerto es algo más que una hipótesis académica. Un veto regulatorio duro, condiciones de desinversión inasumibles o una caída abrupta de las valoraciones tecnológicas podrían forzar a las partes a retirarse.

En ese caso, Warner Bros. Discovery se enfrentaría a un futuro complejo. El grupo ya ha anunciado su división en dos compañías —Warner Bros. (estudios y ‘streaming’) y Discovery Global (canales lineales)— para 2026. Sin un comprador de referencia, podría verse obligado a replantear su estrategia en solitario, con más recortes de costes, desinversiones selectivas y posibles alianzas puntuales en mercados clave.

Para Netflix, un fracaso a estas alturas tendría un coste reputacional evidente. El mercado interpretaría que la compañía ha mostrado sus cartas —reconociendo que la escala de su catálogo no era suficiente— sin conseguir cerrar la jugada. Y Paramount, tras desplegar una ofensiva pública cuestionando el proceso y la independencia del consejo de Warner, quedaría igualmente expuesta si no logra demostrar que su oferta era realmente ejecutable.

El diagnóstico es contundente: la batalla por Warner Bros. Discovery no es solo una puja más, sino el momento de verdad del modelo del ‘streaming’. Si el desenlace es un gigante ultraconcentrado, la industria entrará en una fase de oligopolio explícito. Si la operación naufraga, la fragmentación actual podría prolongarse, pero con grupos debilitados y más dependencia de la financiación cara. En ambos casos, el riesgo de que el espectador termine pagando la factura —en precios, en menor diversidad y en menos elección real— es hoy más que evidente.

Comentarios