Nike recorta 1.400 empleos y sacrifica su tecnología

La multinacional acelera su plan Win Now para simplificar la organización, reordenar la cadena de suministro y acercar operaciones clave a fábricas y mercados.

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Nike vuelve a sacar la tijera. La compañía anunció este jueves el recorte de 1.400 puestos en su división global de operaciones, con el golpe principal concentrado en tecnología.

No es un ajuste menor: es el segundo movimiento relevante del año tras la eliminación de 775 puestos en centros de distribución de EEUU, en plena reorganización logística.

El mensaje interno es nítido: menos capas, menos complejidad y decisiones más rápidas. Y, de fondo, una pregunta incómoda para el mercado: ¿cuánto cuesta —en talento y ejecución— arreglar una máquina global que se había vuelto demasiado pesada?

La segunda poda de 2026 y el patrón que se consolida

Los 1.400 recortes se enmarcan en una reestructuración presentada como “fase final” del plan Win Now, diseñado para recuperar agilidad y crecimiento rentable. En términos relativos, Nike admite que el ajuste es inferior al 2% de su plantilla global, pero su ubicación es significativa: afecta a equipos transversales que sostienen procesos, sistemas y coordinación internacional.

El precedente inmediato añade contexto. En enero, la firma ya comunicó la eliminación de 775 roles vinculados a centros de distribución, un paso ligado a la consolidación operativa y a la automatización de su cadena logística. Y, mirando más atrás, la compañía había ejecutado otra ronda de recortes en 2024 de alrededor de 1.600 puestos. El diagnóstico es inequívoco: Nike está rediseñando su “back office” para sostener un giro comercial que aún avanza más lento de lo deseado.

Tecnología: del “centro de coste” al volante del negocio

Lo más relevante no es solo el volumen, sino el foco. Nike reconoce que la mayoría de los recortes se concentran en su departamento tecnológico, con impacto distribuido entre Norteamérica, Europa y Asia. La compañía justifica el movimiento con una idea repetida en su comunicación interna: “afilar la alineación con el negocio”.

Traducido: menos desarrollos periféricos, menos duplicidades y un mapa de prioridades más pegado a ventas, producto y suministro. En una multinacional donde la tecnología atraviesa desde el comercio electrónico hasta la planificación de inventarios, el riesgo está en el corto plazo: reestructurar sistemas en marcha sin romper la continuidad operativa. Pero también hay una oportunidad: si Nike consigue simplificar arquitectura y gobernanza, podría recortar tiempos de lanzamiento y mejorar disponibilidad de producto, dos palancas críticas cuando la demanda se enfría y los errores de stock se pagan caros.

Air, Converse y la fábrica: la modernización que no sale en la foto

Nike no se limita a “quitar capas”. El recorte llega acompañado de una reorganización industrial que busca acelerar cómo se trabaja en Air Manufacturing Innovation y reubicar parte de recursos de Converse —fabricación e ingeniería— “más cerca” de sus socios fabriles.

La lógica es operativa: cuando diseño, ingeniería y proveedor están demasiado separados, los ciclos se alargan, la iteración cuesta más y el margen se erosiona. En un sector donde la competencia aprieta por ambos lados —marcas técnicas y moda rápida deportiva—, cada semana cuenta. Además, Nike ha venido reforzando su narrativa de innovación, integrando equipos de diseño, producto e innovación en un “motor” más unificado.

“Estos cambios buscan que la compañía sea menos compleja y más receptiva”, trasladó el COO Venkatesh Alagirisamy, en una formulación que suena a manual… hasta que se mira el organigrama: simplificar aquí implica tocar sistemas, cadenas de decisión y poder interno.

Cadena de suministro: integrar materiales para ganar velocidad

Otro punto clave es el “cómo” de la cadena de suministro. Nike ha anunciado que traerá parte del trabajo de materials supply chain “más directamente” dentro de los equipos de suministro de calzado y textil. Es un cambio técnico con consecuencias comerciales: materiales, disponibilidad y coste son el corazón de la ejecución.

La consecuencia es clara: se busca reducir fricción entre áreas que históricamente operan con incentivos distintos. Cuando materiales depende de una lógica y producto de otra, los cuellos de botella aparecen justo donde más duele: en el lanzamiento.

El contraste con los años de expansión del canal directo también es significativo. Parte de la industria está reequilibrando su dependencia del canal propio y reconstruyendo relaciones mayoristas. En el caso de Nike, la ronda previa de recortes en distribución encaja con esa racionalización logística: menos infraestructura propia, más eficiencia, y una cadena preparada para vender sin acumulaciones.

El mercado compra el anuncio, pero la debilidad sigue ahí

La reacción bursátil fue tibia pero positiva: las acciones subieron alrededor de un 0,7% tras conocerse el recorte, aunque el valor acumula cerca de un 30% de caída en el año. El inversor interpreta estas decisiones como disciplina de costes, pero no olvida el problema de fondo: Nike ha advertido que espera descensos de ventas en lo que queda de ejercicio.

En China —uno de sus mercados más estratégicos— se ha llegado a proyectar un retroceso cercano al 20%, un dato que subraya la fragilidad del ciclo de consumo y la presión competitiva local.

El ajuste, por tanto, no es solo “ahorro”: es un intento de recuperar tracción con menos lastre interno. Y aquí aparece el riesgo reputacional y de ejecución: cada recorte en tecnología, si se hace con machete, puede traducirse en más incidencias, más dependencia de proveedores y menos capacidad de reaccionar justo cuando la compañía exige velocidad.

Hubs, talento y la batalla por no perder el futuro

Nike señala dos polos como “hubs” estratégicos: su campus Philip H. Knight y el Nike India Technology Center. Es un mensaje doble. Por un lado, concentración de recursos donde la compañía cree que puede escalar mejor; por otro, una apuesta por talento tecnológico en mercados donde la competencia salarial y de captación es distinta.

La pregunta que queda es si este rediseño preserva el conocimiento crítico. En grandes reorganizaciones, el coste oculto no siempre está en la indemnización, sino en la pérdida de expertise y en la curva de aprendizaje posterior. De hecho, Nike ya ha deslizado que celebrará un Investor Day en otoño para retomar guía anual completa, señal de que el relato aún necesita puntos de apoyo y métricas sólidas.

Por ahora, la compañía abre una nueva etapa con una promesa clásica —ser menos compleja— y un desafío moderno: conseguirlo sin romper la columna vertebral digital que sostiene su operación global.

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