TSMC dispara un 35% su beneficio gracias a la IA
La fiebre global por la inteligencia artificial ha convertido a Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC) en una máquina de beneficios sin precedentes en la industria de los chips. En el cuarto trimestre de 2025, el mayor fabricante mundial por encargo elevó su beneficio neto un 35% interanual, hasta NT$505,4 billones (unos 16.300 millones de dólares), muy por encima de lo que esperaba el mercado.
En el mismo periodo, sus ingresos consolidados avanzaron un 20,5%, hasta NT$1,046 billones (unos 33.100 millones de dólares), con un crecimiento trimestral del 5,7% y un margen neto cercano al 50%, una cifra inhabitable para la mayoría de sectores.
Para el conjunto de 2025, la compañía alcanzó una facturación récord de NT$3,809 billones (122.400 millones de dólares), un 31,6% más que en 2024, mientras el beneficio por acción se disparó un 46,4%, hasta NT$66,25. La consecuencia es clara: TSMC se consolida como el pivote económico de la era de la IA, con una capitalización que roza ya los 1,4 billones de dólares, por encima de Samsung y muy por delante de Intel.
Sin embargo, tras el brillo de las cifras se acumulan interrogantes: inversiones colosales, amenazas de tarifas desde Washington, dependencia extrema de unos pocos clientes y un mapa geopolítico cada vez más inestable en torno a Taiwán.
Un trimestre récord en plena fiebre de la IA
El cuarto trimestre de 2025 era el primer gran examen del llamado “ciclo IA” para la industria de semiconductores. TSMC lo ha superado con nota. El beneficio neto de NT$505,4 billones supone no solo un salto del 35% interanual, sino también un avance del 11,9% respecto al trimestre anterior, lo que confirma una aceleración del crecimiento a final de año.
Los ingresos llegaron a NT$1,046 billones, dentro de la parte alta de la guía que la propia compañía había dado al mercado y por encima de las previsiones de los analistas. En dólares, esto se traduce en unos 33.000 millones trimestrales, equivalentes a más de 130.000 millones anualizados si se mantuviera el ritmo.
Lo más relevante no es solo el volumen, sino la calidad de los beneficios. Con un margen neto que roza el 50% y un margen operativo por encima del 50%, TSMC funciona más como una plataforma de rentas cuasi-monopolística que como un mero fabricante industrial. Pocas compañías en el mundo combinan esta escala, esta rentabilidad y un poder de fijación de precios que, lejos de moderarse, va a más.
En paralelo, la empresa encadena ya siete trimestres consecutivos de crecimiento a doble dígito del beneficio, lo que indica que el boom de la IA no es un destello puntual, sino un ciclo estructural que ha cogido tracción.
La máquina de beneficios del ‘foundry’ global
TSMC no diseña chips: los fabrica para terceros. Pero en la práctica se ha convertido en el “peaje obligatorio” para todo el ecosistema de computación avanzada. Clientes como Nvidia, Apple, AMD o Qualcomm dependen de sus nodos de 3 y 5 nanómetros para alimentar centros de datos de IA, móviles de gama alta y procesadores de alto rendimiento.
Este modelo de foundry puro, unido a una disciplina férrea de inversión y a una posición tecnológica de liderazgo sostenida durante más de una década, explica márgenes que superan el 59% a nivel bruto y el 50% a nivel operativo, muy por encima de los de rivales integrados como Samsung o Intel.
La fotografía de 2025 es elocuente: con 122.400 millones de dólares de ingresos y un crecimiento del 31,6%, TSMC se ha distanciado aún más del resto de foundries, que en conjunto solo representan alrededor del 30% del mercado mundial. El diagnóstico es inequívoco: el negocio global de chips avanzados se ha concentrado en una sola empresa.
Esa concentración tiene consecuencias económicas profundas. Por un lado, asegura a TSMC un flujo de caja masivo y recurrente, que le permite financiar sin pestañear proyectos de decenas de miles de millones. Por otro, incrementa el riesgo sistémico: cualquier problema operativo, político o geopolítico en torno a sus fábricas impacta de inmediato en toda la cadena tecnológica mundial.
La hegemonía del nodo de 3 nanómetros
El origen inmediato de este salto de beneficios está en la plena utilización de la capacidad de 3 nanómetros (3 nm), el nodo más avanzado que TSMC tiene hoy en producción masiva. Según datos de mercado, los chips de 3 nm ya suponen más de una cuarta parte de los ingresos de obleas del grupo, frente a un peso todavía dominante de 5 nm y 7 nm, que juntos rondan el 50%.
La combinación es explosiva: mayores precios por oblea, mayor densidad de transistores y una demanda aparentemente insaciable de GPUs para entrenar modelos de IA y de procesadores para centros de datos. Las grandes big tech compiten por asegurar capacidad futura, lo que permite a TSMC aplicar subidas de precios selectivas en los nodos más avanzados a partir de 2026, del orden del 5%-10% en procesos por debajo de 5 nm, según estimaciones del sector.
En paralelo, el negocio móvil se ha reactivado. La división de smartphones ha pasado a aportar en torno al 32% de la facturación de obleas, frente al 30% del trimestre previo, apoyada en el lanzamiento del iPhone 17 con nuevos chips fabricados por TSMC. Aun así, el alto rendimiento computacional (HPC) sigue siendo el principal motor, con cerca de la mitad de los ingresos de obleas, impulsado por GPUs, CPUs de servidor y aceleradores específicos de IA.
“Mientras la demanda de chips de IA siga por delante de la oferta, TSMC seguirá capturando la mayor parte del valor añadido del ecosistema”, resumen los analistas consultados en los informes previos a resultados.
Un 2025 de crecimiento desbocado — y difícilmente repetible
El año 2025 será recordado como el ejercicio en que TSMC pasó de ser un gigante industrial a convertirse en pieza sistémica de la nueva infraestructura de IA. Los NT$3,809 billones de ingresos (+31,6%) y el salto del 46,4% en el beneficio por acción reflejan un cambio de escala: no se trata solo de vender más chips, sino de vender chips mucho más caros en nodos donde apenas tiene competencia.
A esto se suma un contexto excepcional: según estimaciones del mercado, las grandes tecnológicas y los hyperscalers han anunciado ya más de un billón de dólares en inversiones planificadas en centros de datos de IA para los próximos años. TSMC aparece en todos esos planes como el proveedor natural de los procesadores que alimentarán esa capacidad.
El contraste con otros segmentos de la electrónica resulta demoledor. Mientras el mercado de PC y smartphones apenas crece a un dígito, el negocio de aceleradores de IA y de servidores de alto rendimiento avanza a tasas de 30%-40% anual, arrastrando consigo a los foundries de nodos avanzados.
La gran incógnita es cuánto de este crecimiento es estructural y cuánto responde a un sobreequipamiento de capacidad por parte de los grandes grupos tecnológicos. Si 2025 ha sido el año de las “carreras armamentísticas” en IA, 2026 será el año en que se verá si toda esa capacidad se utiliza de forma rentable.
Inversiones gigantescas y la apuesta por Estados Unidos
El músculo financiero generado por este ciclo se está traduciendo en un plan inversor sin precedentes. Solo en 2025, TSMC gastó 40.900 millones de dólares en capital (capex), en la parte alta de la horquilla de 40.000-42.000 millones que había prometido.
A esta cifra se suma un compromiso adicional de 100.000 millones de dólares de inversión en Estados Unidos, anunciado en la Casa Blanca en marzo del año pasado, que se añaden a los 65.000 millones ya comprometidos en sus tres fábricas de Arizona. Una de ellas está operativa y las otras dos se encuentran en distintas fases de construcción y equipamiento.
En Europa, Japón y Alemania también se levantan nuevas plantas, apoyadas por fuertes subvenciones públicas, mientras que en Taiwán avanzan las fábricas de 2 nm cuyo volumen de producción previsto para 2026 —unos 100.000 wafers al mes— está prácticamente reservado de antemano por clientes como Apple, Qualcomm, AMD o Nvidia.
El diagnóstico es doble. Por un lado, el mundo intenta desconcentrar geográficamente la producción de chips críticos para reducir el riesgo de una crisis en caso de conflicto sobre Taiwán. Por otro, TSMC utiliza ese mismo mapa de incentivos para blindar su liderazgo tecnológico, ampliando capacidad en varios continentes a costa de un nivel de inversión que muy pocas compañías podrían asumir.
Tarifs, geopolítica y la peligrosa concentración de clientes
Lo más grave para el equilibrio del sector no está en los números de TSMC, sino en lo que no controlan sus ingenieros: la política. Las nuevas amenazas de la Administración Trump de aplicar aranceles específicos a semiconductores han introducido una capa adicional de incertidumbre en un mercado que depende de cadenas globales altamente integradas.
Aunque los chips siguen, de momento, excluidos de algunas rondas de tarifas, el mensaje es claro: Washington quiere repatriar parte de la producción estratégica y reducir la exposición a Asia. Esa estrategia se combina con restricciones de exportación a China en determinados nodos avanzados, lo que coloca a TSMC en una posición delicada entre sus dos principales mercados.
A ello se suma la concentración de ingresos en unos pocos clientes. Nvidia y Apple figuran entre los mayores contratistas de TSMC; en algunos trimestres, analistas estiman que tres o cuatro compañías pueden explicar más de la mitad de la facturación en nodos avanzados. Si una de ellas ralentiza sus pedidos, el impacto en utilización de capacidad y márgenes sería inmediato.
Por último, el riesgo geopolítico en el Estrecho de Taiwán sigue siendo la “variable oculta” de todos los modelos financieros. Cada escalada retórica o militar reaviva el debate sobre hasta qué punto el mundo ha permitido que una sola isla se convierta en el eslabón crítico de la economía digital.
Qué esperan ahora los mercados
Tras un año de cifras excepcionales, la gran pregunta es si TSMC puede volver a crecer a ritmos similares. La compañía no ha dado aún una guía detallada para 2026, pero la mayoría de casas de análisis sitúan el crecimiento de ingresos entre el 20% y el 30%, claramente por debajo del 31,6% de 2025, pero todavía muy por encima de la media histórica del sector.
Algunos bancos, como Morgan Stanley, apuntan a un patrón clásico de TSMC: guiar en la parte baja de la horquilla —crecimientos “de mediados de los 20” en porcentaje— y luego ir revisando al alza a medida que avanza el año si la demanda de IA sigue superando a la oferta.
El foco del mercado se desplaza ahora del mero volumen de ingresos a la capacidad de mantener márgenes extraordinarios en un entorno de costes crecientes (salarios, energía, construcción de fábricas en EE UU y Europa) y de posibles tensiones comerciales. La entrada plena en producción del nodo de 2 nm en 2026, con precios por oblea que podrían superar los 30.000 dólares, será el siguiente catalizador.
Si la tesis de que la IA es una inversión estructural se confirma, TSMC seguirá siendo, durante años, la infraestructura invisible que sostiene la economía digital. Si, por el contrario, las grandes tecnológicas han sobredimensionado sus planes de centros de datos, 2027 podría traer consigo la primera resaca seria del ciclo IA… y poner a prueba hasta dónde llega realmente el poder de fijación de precios del gigante taiwanés.

