Antonio Alonso: "Es una humillación para EEUU tener que sentarse a negociar con Irán"

Antonio Alonso Marcos sostiene que Washington e Israel buscan ganar tiempo mientras crece el riesgo de una escalada en Oriente Medio y Europa del Este.

Antonio Alonso: "Es una humillación para EEUU tener que sentarse a negociar con Irán"

La negociación entre Estados Unidos e Irán se ha convertido, según Antonio Alonso Marcos, en una señal de debilidad estratégica para Washington. El profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad CEU San Pablo considera que la actual pausa en Oriente Medio no debe interpretarse como una desescalada real, sino como una “tregua trampa”. A su juicio, el alto el fuego permite recomponer capacidades militares, ganar margen político y preparar el terreno para una fase más peligrosa. La advertencia llega en un momento de fuerte tensión global: Irán resiste bajo sanciones, Israel mide sus tiempos, EEUU afronta límites materiales y Rusia observa el comportamiento europeo tras los ataques con drones en Moscú.

Una negociación incómoda para Washington

Antonio Alonso Marcos resume el momento con una frase contundente: “Es una humillación para EEUU tener que sentarse a negociar con Irán”. La expresión no alude solo al plano diplomático, sino al cambio de jerarquías que atraviesa el sistema internacional. Una superpotencia que durante décadas ha fijado las reglas en Oriente Medio se ve ahora obligada a tratar con una potencia regional sancionada, presionada y, aun así, capaz de condicionar el tablero.

El dato político es relevante. Irán lleva años sometido a restricciones económicas, aislamiento financiero y presión militar indirecta, pero conserva capacidad de influencia en varios frentes. Para Alonso Marcos, que Washington acepte negociar bajo esas condiciones revela una pérdida de margen. No es una concesión menor: es el reconocimiento de que la vía de la presión máxima no ha logrado todos sus objetivos.

La tregua que no desactiva el conflicto

El experto define el alto el fuego como una “tregua trampa”. La clave está en que una pausa no siempre equivale a una solución. En ocasiones, solo sirve para reorganizar fuerzas. En este caso, Alonso Marcos interpreta que Estados Unidos e Israel necesitan tiempo para recomponer inventarios, revisar estrategias y evitar una guerra abierta sin garantías de control.

Lo más grave es que la tensión no desaparece; queda suspendida. Los próximos 60 días aparecen como una ventana crítica, en la que cualquier error de cálculo podría acelerar una escalada regional. El diagnóstico es inequívoco: el conflicto no está cerrado, solo administrado. Y cuando una crisis se administra sin resolver sus causas, el riesgo se desplaza hacia escenarios más extremos.

Inventarios bajo presión

Uno de los elementos más sensibles del análisis es la situación del armamento defensivo. Alonso Marcos apunta a una escasez global de misiles Patriot, un factor que condiciona la capacidad de respuesta de Estados Unidos y sus aliados. La guerra moderna no depende solo de voluntad política, sino de existencias, producción y logística.

Este hecho revela una vulnerabilidad incómoda. Las potencias occidentales han sostenido varios frentes al mismo tiempo: Ucrania, Oriente Medio y la defensa de sus socios estratégicos. La consecuencia es clara: si los inventarios críticos se reducen, la disuasión también se debilita. En ese contexto, una tregua puede funcionar como respiración táctica, no como apuesta por la paz.

Irán como potencia regional resistente

El contraste resulta especialmente delicado para Washington. Irán no compite con Estados Unidos en términos económicos, tecnológicos o militares globales. Sin embargo, conserva una posición regional suficientemente sólida para imponer costes, resistir sanciones y obligar a negociar.

Alonso Marcos subraya que esa resistencia altera la percepción de poder. Una potencia regional sancionada puede forzar a una superpotencia a sentarse en la mesa, y ese gesto tiene consecuencias simbólicas. En geopolítica, la imagen importa. La negociación no solo busca acuerdos: también transmite quién aguanta, quién cede y quién necesita ganar tiempo.

Moscú y el flanco oriental europeo

El análisis del profesor del CEU San Pablo no se limita a Oriente Medio. También advierte sobre el deterioro del frente europeo tras los ataques con drones en Moscú. La posición rusa, según Alonso Marcos, debe leerse con frialdad: Vladímir Putin no dejará sin respuesta lo que considere provocaciones directas o indirectas contra territorio ruso.

La advertencia afecta especialmente a Europa y, en particular, al Reino Unido. Alonso Marcos sostiene que la implicación europea en acciones contra suelo ruso eleva el riesgo de represalias. Su frase es nítida: “Rusia responderá a las provocaciones de Europa”. El problema es que una respuesta limitada puede dejar de serlo si se encadena a una nueva acción de represalia.

El cambio de época

El fondo del análisis apunta a una transformación más amplia. Estados Unidos ya no opera en un mundo unipolar. Rusia desafía el orden europeo, Irán resiste en Oriente Medio e Israel calcula cada movimiento bajo presión militar y política. El reparto de poder se ha vuelto más fragmentado, más competitivo y menos previsible.

Antonio Alonso Marcos describe, en definitiva, un tablero donde las pausas diplomáticas pueden ocultar preparativos militares, y donde los gestos de negociación no siempre implican fortaleza. El riesgo principal no está solo en una guerra abierta, sino en la acumulación de crisis simultáneas. Oriente Medio y Europa del Este avanzan en paralelo. Y esa coincidencia multiplica el margen de error.

Comentarios