Última hora: Irán acelera juicios y ejecuciones a manifestantes: la represión ya supera 2.500 muertos
Irán acelera el paso hacia los juicios sumarísimos y las ejecuciones, mientras el cerco internacional se estrecha. Teherán ha dejado claro que quiere enviar un mensaje rápido y contundente a quienes han salido a las calles en las últimas semanas, al tiempo que lanza una advertencia directa a Estados Unidos e Israel: cualquier intervención exterior recibirá una “respuesta decisiva”. Sobre el terreno, los datos son ya escalofriantes: miles de muertos, más de 18.000 detenidos, embajadas occidentales cerrando o reduciendo personal y un país parcialmente desconectado del mundo.
Juicios rápidos y ejecuciones: el mensaje del régimen
Las amenazas de la cúpula iraní no dejan margen a la ambigüedad. El jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni-Ejei, ha pedido “juicios rápidos y ejecuciones” para más de 18.000 detenidos, insistiendo en que, si el castigo se demora “dos o tres meses”, pierde efecto. En paralelo, el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour, repite la línea oficial: Estados Unidos e Israel serían los verdaderos instigadores de las protestas y “responsables de las muertes” tanto de manifestantes como de fuerzas de seguridad. No aporta pruebas, pero sí una amenaza: la respuesta llegará “en el momento oportuno”.
El detonante de esta oleada de protestas fue el desplome del rial y el deterioro acelerado de la economía bajo sanciones internacionales, especialmente ligadas al programa nuclear iraní. Lo que empezó como protesta por el coste de la vida se transformó rápidamente en un desafío directo al régimen, con una represión que recuerda, por su intensidad, a los momentos más oscuros desde la Revolución Islámica de 1979. La organización Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos, cifra ya en al menos 2.586 los muertos: 2.417 manifestantes, 147 miembros de las fuerzas de seguridad y doce menores de edad entre las víctimas. Más de 18.400 personas habrían sido detenidas. La cifra exacta es imposible de verificar de forma independiente por los cortes de comunicaciones, pero todas las estimaciones apuntan a una represión masiva.
Trump amenaza con “acción muy contundente” y la región teme una guerra
El temor a una escalada militar añade una capa más de inseguridad. Ante las advertencias de Donald Trump sobre posibles acciones militares si Teherán ejecuta a manifestantes, parte del personal de una base estadounidense clave en Catar ha recibido orden de evacuar. El propio presidente ha advertido que, si Irán procede con las ejecuciones, “tomaremos medidas muy contundentes” y ha subrayado que “un gran número no es necesariamente una buena noticia” cuando se habla de muertos en la represión.
Gobiernos del Golfo, sin embargo, intentan frenar el impulso belicista: un diplomático árabe ha admitido que varias capitales de la región presionan en privado a Washington para evitar una guerra abierta con Irán que podría tener “consecuencias sin precedentes” y derivar en un conflicto regional de gran escala.
Guerra de información: apagón digital y Starlink como vía de escape
En el frente tecnológico se libra otra batalla silenciosa. Teherán ha cortado el acceso a internet y las llamadas internacionales desde principios de enero, tratando de ahogar la coordinación de las protestas y el flujo de información hacia el exterior. Pese a ello, activistas confirman que Starlink ha comenzado a ofrecer servicio gratuito en el país y que algunos terminales ya operan con éxito, permitiendo sortear parcialmente el apagón digital.
Las fuerzas de seguridad, conscientes de ese riesgo, han intensificado las redadas en edificios con antenas y plataformas satelitales, buscando también terminales de internet por satélite camuflados entre las clásicas parabólicas de televisión. Mientras tanto, muchos ciudadanos describen una sensación de miedo constante, con disparos esporádicos, escuelas cerradas y la duda de si es seguro siquiera enviar a los hijos al colegio.
Europa cierra embajadas y eleva al máximo la alerta consular
Europa responde con pies de plomo, pero con señales claras. Reino Unido ha anunciado el cierre temporal de su embajada en Teherán y la retirada de su personal diplomático como “medida de precaución”, desaconsejando cualquier viaje al país y advirtiendo de que la situación “puede escalar rápidamente”. Italia recomienda a sus ciudadanos abandonar Irán y ha retirado al personal no esencial de su embajada. Polonia va aún más lejos y llama a la “salida inmediata” de sus nacionales. En la práctica, varias capitales europeas colocan a Irán en el máximo nivel de alerta consular, anticipando que el escenario puede empeorar de forma súbita, bien por una nueva oleada de represión interna, bien por un choque militar externo.
El G7, por su parte, ha elevado el tono político. Los ministros de Exteriores del grupo han expresado su “profunda alarma” por el número de muertos y heridos y amenazan con nuevas sanciones si Teherán continúa reprimiendo las protestas en violación de sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos. En su comunicado condenan “con firmeza” la intensificación de la represión y piden a la República Islámica que ejerza “máxima contención”, se abstenga de la violencia y respete las libertades fundamentales de sus ciudadanos. Sobre la mesa están nuevas rondas de sanciones financieras, restricciones comerciales y medidas dirigidas contra individuos y entidades clave del aparato de seguridad iraní.
Teherán habla de “calma” mientras crece el aislamiento
Frente a este cerco, la diplomacia iraní busca proyectar calma y control. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, ha asegurado que la situación en el país está “en calma” y “bajo pleno control” tras “tres días de operación terrorista”, minimizando la dimensión de las protestas y acusando de nuevo a actores externos. En una entrevista con Fox News, todavía por emitirse íntegramente, ha instado a Trump a “no repetir el mismo error de junio” —en referencia a los bombardeos estadounidenses sobre instalaciones nucleares iraníes durante la guerra relámpago lanzada por Israel en verano— y ha pedido que se opte por la vía diplomática.
La realidad, sin embargo, es que el país se adentra en una fase de máxima tensión: con miles de detenidos, amenazas explícitas de juicios sumarísimos, un recuento de víctimas opaco y una comunidad internacional dividida entre los que piden contención y los que reclaman una respuesta más dura. En medio de ese tablero, la población civil vuelve a ser el eslabón más frágil, atrapada entre la represión interna, el riesgo de sanciones adicionales que golpeen aún más a la economía y el fantasma de una escalada militar que nadie en la región parece ser capaz de controlar del todo.
