El Memorando de Islamabad convierte Ormuz en el gran triunfo estratégico de Irán
|
Rompo hoy con el formato habitual de cinco o seis noticias para consagrar el informe entero a un solo expediente, porque un solo expediente lo merece: el Memorando de Entendimiento (MOU, en sus siglas inglesas) que esta misma semana han rubricado por vía electrónica los Estados Unidos y la República Islámica de Irán —el que ya se conoce como «Memorando de Islamabad»— y, dentro de él, la cláusula que Washington menos desea airear y que, sin embargo, encierra la concesión más grave de cuantas se han hecho a Teherán en una generación: el estrecho de Ormuz. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Lo escribí hace apenas cinco días, en mi artículo semanal en La Razón: «El acuerdo que aún no existe», y perdonen la auto cita, porque la realidad acaba de darme la razón con una rapidez tan inquietante como reveladora. Sostuve entonces que celebrar esto como paz era, lisa y llanamente, el wishful thinking (pensamiento desiderativo, la ilusión tomada por realidad, algo imperdonable en política y letal en geopolítica) que ha dado al traste con cada aproximación occidental previa al régimen iraní. Advertí que «reabrir» Ormuz no equivalía a una garantía vinculante y exigible de paso libre y seguro, y que el texto dejaba la puerta entornada para que Teherán impusiera peajes, tasas o «cánones de inspección» a los buques en tránsito. Pues bien: en apenas cinco días, el propio régimen ha confirmado mi peor pronóstico. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, ha declarado —sin rubor alguno— que Irán establecerá, junto con el Sultanato de Omán (que desde la muerte del sabio y prudente Sultán Qabu ha perdido el norte), un nuevo régimen para «administrar» el estrecho y que cobrará «tasas por servicios» (charge fees for services) a la navegación. Lo que vendían como la reapertura de Ormuz es, en rigor, la inauguración de una «Autoridad del Estrecho» que cobrará peaje a medio planeta. Este analista no estima que ello sea un detalle técnico: estimo que es el centro de gravedad de todo el acuerdo, y que la opinión pública occidental, hipnotizada por la palabra «paz», no ha comprendido aún que se le ha entregado al régimen terrorista de Irán un arma de coerción económica más versátil, más reutilizable y, a la postre, más peligrosa que cualquier ojiva nuclear. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Este monográfico se asienta sobre tres pilares que se refuerzan entre sí: mi propio análisis previo del memorando; el ensayo del historiador Niall Ferguson en The Times de Londres del pasado 6 de junio, cuyas lúcidas conclusiones comparto; y la tesis, que hago mía y amplío, de que Occidente —por su falta de coordinación, de coraje y de capacidad de sacrificio— ha entregado a Teherán el control de facto sobre Ormuz. Lo diré con la rotundidad que el momento exige: no asistimos al final de una guerra, sino a la aceptación e institucionalización de un chantaje. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
II. ANÁLISIS MONOGRÁFICO: EL MEMORANDO DE ISLAMABAD Y LA ENTREGA DE ORMUZ |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Hechos |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Conviene fijar primero, con frialdad notarial, lo que sabemos con certeza esta mañana, separando el grano del hecho de la paja de la propaganda. El memorando ha sido firmado electrónicamente por ambos presidentes: el presidente Trump lo rubricó en Versalles, al margen de la cumbre del G-7 celebrada en Francia, mientras el presidente iraní Masoud Pezeshkian exhibía el documento ante las cámaras de la televisión estatal. El siniestro portavoz del MAE iraní Esmail Baghaei lo ha resumido con una frase que debería helar la sangre de los optimistas: el texto «ha quedado finalizado con las firmas de los presidentes; ahora toca poner a prueba su implementación». Es decir: no hay acuerdo cumplido, hay un compromiso de empezar a negociar el acuerdo. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Se trata de un memorando de catorce puntos que cabe en una sola página y que, por su propia naturaleza, no es un acuerdo final: solo se convertirá en «acuerdo» —si es que llega a convertirse— al término de un periodo de negociación de sesenta días, y ambas partes conservan hasta entonces la facultad de levantarse de la mesa. La ceremonia formal de firma estaba prevista para el viernes 19 de junio en Suiza, pero no se llevará a cabo finalmente. Supongo que la parte estadounidense ni puede ni quiere sacar mucho pecho a la luz de las inquietantes consecuencias que docenas de analistas esán sacando de este nefasto acuerdo. El texto ha sido negociado por los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner, enviando mensajes a través del canal de Pakistán —que no ha sido en absoluto negociador, tan sólo en “cartero” y que lo da por «cerrado»— y del Emirato de Qatar, que sigue puliéndolo con ambas partes para tratar de que la negociación importante que empieza el sábado 20 de junio, no acabe descarrilando. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
La versión norteamericana, austera, promete: exenciones inmediatas de sanciones para la exportación de crudo iraní; el desbloqueo de fondos congelados durante la negociación; un fondo de reconstrucción de al menos trescientos mil millones de dólares aportado por «socios regionales»; el compromiso iraní de no buscar jamás el arma nuclear; un régimen de inspecciones reforzado con inspecciones por sorpresa; la discusión de la prohibición de instalaciones subterráneas y la retirada del uranio altamente enriquecido del país —con la opción, se dice, de trasladarlo a los Estados Unidos—; y la apertura «inmediata» de Ormuz, «libre de peajes durante sesenta días». |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
La versión iraní es la imagen invertida, y es la que importa porque es la que Teherán cuenta a los suyos: difunde que se liberarán de inmediato entre doce mil y veinticinco mil millones de dólares en activos —Reuters cifra la cantidad en torno a los veinticinco mil millones; la versión vista por Bloomberg no contiene tal estipulación—, que lo nuclear se aplaza a «fases posteriores», y —esto es lo decisivo— que Irán y Omán cobrarán «tasas por servicios» en Ormuz, con una recaudación destinada a la «reconstrucción» del régimen. Es decir: dos relatos sobre un mismo texto, diseñados cada uno para narrar la victoria ante la propia audiencia. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Conviene subrayar con la máxima contundencia y horror que provoca que un régimen asesino y terrorista tenga 25.000 millones de dólares de fondos descongelados por los EE. UU y 300.000 millones de fondo de reconstrucción (¡¡¡nos llevamos las manos a la cabeza cuando Biden descongeló 6000 millones, que nunca llegaron en su totalidad a Teherán!!! Parte de los Fons que si llegaron sirvieron para financiar los ataque de Hamas y Yihad islámica contra Israel el 7 de octubre de 2022). El régimen abyecto de Irán liderado hoy por hoy por un asesino en serie el General Ahmed VAHIDI comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria y responsable directo de miles de muerte en atentados terroristas en cuatro rincones del mundo y con orden de busca y captura internacional de la INTERPOL por el atentado contra el centro judío de Buenos Aires AMIA el 18 de julio de 1994. También está en busca y captura por el mismo atentado el general Mohsen Rezaí actual asesor militar del líder de la revolución Mojtabá Jamenei. ¿Podemos siquiera imaginar lo que podría hacer este régimen con esta ingente cantidad de dinero a la que debe sumarse lo que obtendría anualmente en “peajes” (extorsión terrorista) por el paso del estrecho de Ormuz (entre 100.000 y 200.000 de dólares)’ |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Tres hechos más completan el cuadro, y los tres son demoledores. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Primero: Israel no es parte del memorando; su ministro de Defensa ha proclamado que no retirará sus fuerzas del sur del Líbano y que ello «no es condición del acuerdo». |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Segundo: mientras se anunciaba la «reapertura», lo que queda de la Marina de la Guardia Revolucionaria mantenía Ormuz en «paso cero», sin autorizar el tránsito de un solo buque durante más de noventa y seis horas, y difundía un «mapa» para guiar a los barcos entre las minas que ella misma había sembrado. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Tercero: la comunidad de inteligencia estadounidense ha despertado de su letargo y ha evaluado que Irán puede volver a cerrar el estrecho cuando le plazca —ha adquirido, en suma, una capacidad asimétrica implacablemente efectiva y duradera—. Sobre este último hecho gira todo lo demás. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Implicaciones |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
a) Ormuz: la concesión disfrazada, el arma más poderosa que cualquier bomba nuclear. El estrecho fue cerrado por Irán en los primeros días de la guerra y no se ha reabierto desde entonces, asfixiando al mundo entero con sus consecuencias económicas: por su gollete transitaba cerca del veinte por ciento del petróleo y del gas natural licuado del planeta. Que el memorando «reabra» lo que Irán cerró no es una concesión de Teherán; es Teherán revendiendo lo que robó. Y peor aún: el régimen no se limita a devolver lo sustraído, sino que anuncia que cobrará por devolverlo, erigiendo junto a Omán una «autoridad» que monetizará un derecho que jamás le perteneció. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Aquí el derecho internacional es inequívoco, y conviene recordarlo porque el memorando, al callar, consiente una ilegalidad palmaria. El régimen de paso en tránsito por los estrechos utilizados para la navegación internacional, codificado en el artículo 38 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Montego Bay, 1982), establece que dicho paso «no será obstaculizado» y que el Estado ribereño no puede suspenderlo. Y la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia en el asunto del Canal de Corfú (1949) fijó, hace ya tres cuartos de siglo, que ningún Estado ribereño puede impedir el paso por los estrechos que sirven a la navegación internacional. Ormuz jamás ha sido objeto de peaje; el mundo entero lo consideró siempre una vía de agua internacional. Lo que Teherán propone es, sencillamente, ilegal —pero el memorando, al guardar silencio, lo blanquea. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Sopese el lector lo que está en juego en términos puramente crematísticos. Si se acepta que el régimen imponga peajes, la oligarquía yihadista llenaría sus exiguas arcas con entre cien mil y doscientos mil millones de dólares anuales: dinero que no irá a hospitales ni a escuelas, sino a misiles balísticos, a la represión de su propio pueblo y al rearme de sus organizaciones terroristas satélites. Y no es una hipótesis de este analista: es el propio Ministerio de Exteriores iraní el que ha declarado que la recaudación se destinará a la «reconstrucción». El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, en sus siglas inglesas) lleva semanas advirtiendo de que Teherán aspira a constituir una «Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico» y a forzar a los países importadores de petróleo a suscribir acuerdos de tránsito so pena de peajes elevados o de exclusión; lo que parecía análisis prospectivo es ya, esta semana, política declarada. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Pero la dimensión más grave no es la económica, sino la doctrinal, los principios de imperio del derecho internacional y de ceder ante terroristas y son los que inspiran el título de este informe. Nosotros, los occidentales, por nuestra falta de coordinación, de coraje, de resiliencia y de capacidad de sacrificio, hemos confirmado a Irán —y el régimen, que de aprender estas lecciones sabe mucho— que puede emplear ataques dirigidos contra la infraestructura energética del Golfo como una capacidad asimétrica de primer orden. Tras haberlos utilizado con eficacia durante la guerra y sin grandes consecuencias, dispone ahora de otra herramienta que podrá emplear a su favor en el futuro, incluso de forma recurrente, porque está convencido de que sus vecinos no tendrán el valor de responder, atacar objetivos civiles y económicos de sus vecinos y/o cerrar el estrecho de Ormuz. Brillante jugada la nuestra oiga. Hemos entregado a Teherán una mano permanente sobre la tráquea de la economía global: negable, reutilizable y ahora, además, semi-legitimada por un texto que firmamos nosotros. Esa, y no la centrifugadora de gas para el enriquecimiento de uranio, es el arma más poderosa que cualquier bomba nuclear. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Permítaseme una analogía histórica que no es retórica, sino diagnóstico. Parecemos, nosotros los occidentales y las monarquías del Golfo, el Imperio romano en decadencia, ofreciendo oro y pagando a los bárbaros para comprar una seguridad efímera —el viejo danegeld que solo compra la certeza del siguiente chantaje—. Ya sabemos cómo terminó aquella historia. Y debemos prepararnos, en un futuro próximo, para bloqueos simultáneos del estrecho de Ormuz y del estrecho de Bab el-Mandeb —que conecta el mar Rojo con el océano Índico—, otro punto de estrangulamiento del comercio mundial que el régimen puede activar mediante la instigación de sus proxies hutíes, organización terrorista que ya ha demostrado su capacidad y su impunidad. Dos gargantas del comercio planetario cerradas a la vez, a voluntad de Teherán: ese es el precio diferido de la euforia de este fin de semana. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
b) La paradoja del descabezamiento y el problema de la contraparte. La deficiencia estructural de todo el edificio brota directamente de lo que vengo describiendo desde hace meses como la paradoja del descabezamiento. Los ataques del 28 de febrero no eliminaron a los moderados —no quedaba ninguno—; la tragedia para este acuerdo mil veces frustrado es que cada uno de los ultra-radicales que sobrevivieron carece de la autoridad ideológica, del rango jerárquico y de la personalidad dominante necesarios para imponer su voluntad a sus conmilitones y forzarles a aceptar las concesiones que cualquier acuerdo razonable hubiese exigido. Claro que al final no ha hecho falta por los EEUU no han podido imponer ninguna condición verdadera dura y difícil de tragar a los carniceros que permanecen al frente del régimen. Ésos mismos a los que Trump inexplicablemente tilda “de muchísimo más razonable que los que los de antes”. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Alí Jameneí, que a pesar de haber hecho trampas para ser nombrado líder supremo sí que era el heredero ideológico del imam Jomeini, sí que podía imponer disciplina interna; sus sucesores son iguales sin un primus inter pares claro que arbitre entre ellos, si bien Vahidi adquiere cada vez más peso en la cúspide del régimen. No es una paradoja sobre la moderación: es una paradoja sobre la gobernanza. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Y aquí la realidad de las últimas semanas ha venido a confirmar, con una precisión casi quirúrgica, mi diagnóstico. El nuevo «supremo», Mojtaba Jameneí —herido, invisible, sin aparición pública desde las primeras horas de la guerra que eliminó a su padre—, vive recluido tras un cordón de seguridad de la Guardia Revolucionaria que filtra cuanto llega a sus oídos, hasta el extremo de que la información del gobierno civil le llega, según se ha publicado, mediante mensajeros en motocicleta. El triunvirato de facto que gobierna Irán —el general Ahmed Vahidi, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria; el general Mohamed Bagher Zolghadr, secretario del Consejo Nacional de Seguridad; y Mohsen Rezaei, nexo visible y consejero militar— está compuesto por iguales sin árbitro. El presidente Pezeshkian, del ala reformista, ha sido sistemáticamente bloqueado: llegó incluso a presentar —y luego a desmentir— una carta de dimisión en la que denunciaba una «toma de control completa» por parte de la Guardia y una «fractura profunda y sin precedentes» en la cúpula del poder. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Pongamos hoy el ojo, como anuncié, sobre el ascenso del sanguinario general (y terrorista buscado por la INTERPOL) Ahmed Vahidi, porque es la pieza que desnuda la farsa entera. Vahidi —que no ha sido visto en público desde el 8 de febrero— es un brutal halcón que dirige la fuerza más poderosa de Irán; un hombre reclamado por la Interpol desde 2007 por su presunta participación en el atentado contra el centro judío AMIA de Buenos Aires en 1994, en el que fueron asesinadas ochenta y cinco personas, y vinculado al atentado de 1983 contra el cuartel de los marines estadounidenses en Beirut y al de las Torres Khobar de 1996. Es él quien ha declarado, sin ambages, que «en tiempo de guerra es la Guardia, y no el presidente, quien designa a los dirigentes». Es él, y no Pezeshkian, quien se ha convertido en el principal punto de contacto de los mediadores. He aquí la paradoja en estado puro: los Estados Unidos firman con quienes no pueden hacer cumplir el acuerdo —Pezeshkian, Ghalibaf, Araghchi—, mientras que quien sí podría hacerlo, Vahidi, es un terrorista internacionalmente reclamado que se opuso al acuerdo. Una firma arrancada a una oligarquía acéfala no obliga a nadie. No es una teocracia la que firma; es una oligarquía yihadista, dictatorial y mafiosa que alquila su consentimiento por sesenta días. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
c) Dos acuerdos que se contradicen y lo nuclear aplazado sine die. Lo que el alto cargo norteamericano describió como «desmantelamiento» y como la «retirada y destrucción» del material resulta ser, en el texto operativo, una mera promesa de negociar el programa en una fase posterior, mientras la desactivación del arsenal existente se deja, asombrosamente, en manos de los propios iraníes bajo nada más firme que una gaseosa obligación de «cooperar» con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Quiero que el lector sopese lo que se concede: cerca de mil libras —unos cuatrocientos cincuenta kilogramos— de uranio enriquecido por encima del 60 %, más una cantidad no revelada enriquecida más allá del 83,7 %, un nivel peligrosamente próximo al 90 % del grado militar, que habrían de neutralizarse por el propio régimen. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Confiar al zorro la desactivación del gallinero, y verificarlo a través de un Organismo al que el régimen lleva años obstruyendo con su doctrina del «acceso gestionado» (managed access), no es control de armamentos: es el blanqueo de una capacidad nuclear de umbral, travestida de desarme. Ronald Reagan, que de negociar con dictaduras sabía algo, hizo célebre el proverbio ruso «confía, pero verifica»; este texto invierte la máxima hasta el absurdo, pues confía sin verificar y entrega la verificación al verificado. El propio director general del OIEA, Rafael Grossi, lleva meses recordando ante la Junta de Gobernadores que sin un acceso pleno, continuo y sin cortapisas no hay garantía técnica posible de que Irán no rearme su programa. He aquí el ejemplo más peligroso de hacerse trampas al solitario. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
d) Los tres atronadores y gravísimos silencios: misiles, terrorismo y la falsa garantía de Ormuz. El texto nada dice, en términos vinculantes, sobre el programa de misiles balísticos de Irán —los mismos vectores que se abatieron sobre la región durante la guerra y que constituyen el instrumento de agresión más mortífero de Teherán—: no serán desmantelados ni congelados; es que ni siquiera se mencionan. Un acuerdo que pretende desnuclearizar a Irán mientras deja intacto el cañón capaz de portar la cabeza nuclear que mañana podría fabricar regula la pólvora y olvida el arma. Nada dice tampoco sobre el patrocinio iraní de sus organizaciones terroristas satélites: no hay obligación alguna de cesar la financiación, el armamento y el adiestramiento de Hizbulá, los hutíes, Hamás y el resto de la constelación, cada uno de cuyos miembros sigue siendo, individualmente, un terrorista. Y el tercer silencio, el de Ormuz, ha dejado ya de ser silencio para convertirse en estruendo: la «garantía» de paso libre era, como advertí, su exacto contrario. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
e) Secuencia y palanca: el régimen juega mejor. El núcleo duro de todo acuerdo verdadero se aplaza a la fase técnica de sesenta días, mientras que la concesión inmediata y tangible —el levantamiento del bloqueo, las exenciones de sanciones, el desbloqueo de fondos y la promesa de un fondo de reconstrucción de trescientos mil millones de dólares— se entrega por adelantado. El régimen obtiene así la única mercancía que ha perseguido en todas las rondas desde 2025: tiempo. Peor aún, esa ventana de sesenta días funciona como una cláusula de extinción por diseño —el régimen negocia contra el reloj que precisamente prefiere—, y la tan invocada exigibilidad se afirma en lugar de instrumentarse: no hay reactivación automática y creíble de las sanciones, no hay disparador (snapback) pactado de antemano, nada que convierta el incumplimiento iraní en un coste inevitable en lugar de en una nueva ronda de súplicas. Quien concede la palanca antes de obtener el cumplimiento ha perdido la negociación antes de empezarla. Estamos pagando al bárbaro por adelantado y fiando su buena fe. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
f) Una paz regional sin Israel y un Líbano abandonado. Se anuncia como una paz regional —que abarcaría el Líbano, los países del Golfo, Irán e Israel— y, sin embargo, Israel no es parte del memorando y así lo ha dicho sin ambages, negándose además a retirarse del sur libanés. Un arreglo regional cuyo actor decisivo no ha firmado, y que descansa sobre el supuesto de que Jerusalén se abstendrá de golpear, es frágil por construcción. Y el Líbano desnuda la hipocresía más honda del diseño: el texto hace un gesto hacia Beirut, pero brinda un apoyo del todo insuficiente —militar, financiero y político— a las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL), única institución nacional capaz de desarmar a Hizbulá y de restaurar la soberanía plena del Estado libanés sobre su propio territorio. Dejar intacto ese arsenal terrorista es mantener en rehén, a perpetuidad, al Estado mártir libanés, y confundir un alto el fuego sobre el Líbano con la liberación del Líbano. No hay soberanía libanesa posible mientras una milicia responda a Teherán y no a Beirut. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Perspectivas y escenarios |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Terminemos este análisis con los escenarios, porque la aritmética de las probabilidades es ya, en sí misma, la advertencia. (A) Firma formalizada el viernes y cumplimiento creíble y verificable, con una garantía real de paso por Ormuz sin peajes y un desmantelamiento nuclear efectivo: en torno al 20 %. (B) Firma seguida de ambigüedad y empantanamiento en la fase técnica de sesenta días, con el congelamiento sosteniéndose precariamente y los peajes de Ormuz consolidándose como un hecho consumado e irreversible: 40 %. (C) No hay acuerdo final, o el memorando desemboca en ruptura y re-escalada —alimentada por las soflamas de Ghalibaf, por los golpes israelíes en el Líbano o por un incidente en el estrecho—: 40 %. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
El camino más probable, por tanto, no es la paz, sino una especie de coma inducido por las peligrosas drogas de las concesiones sin contrapartida, que la próxima provocación puede certificar como definitivo, sin capacidad alguna de reanimación. Y en los tres escenarios —repárese bien— el peaje sobre Ormuz tiende a quedarse, porque ningún negociador occidental parece dispuesto a librar la batalla diplomática que costaría revertirlo. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
III. RACK DE MEDIOS |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
La prensa internacional ofrece, sobre este memorando, un mosaico revelador en el que el triunfalismo de unos contrasta con la cautela de otros y con el realismo descarnado de los mejores. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
The Times (Londres). Niall Ferguson firma el ensayo de fin de semana más penetrante de cuantos he leído: con una cita de Camus por divisa, describe estos meses como una montaña rusa presidencial de declaraciones oscilantes y «casi-acuerdos» de paz, y se pregunta cuántos hemos «casi» tenido ya: ¿cuatro?, ¿cinco? Recoge la filtración de Barak Ravid en Axios sobre los elementos del MOU y contrapone las dos lecturas posibles: la del comentarista Patrick Bet-David, según la cual Trump habría triunfado donde fracasaron Bush, Obama y Biden; y la de Robert Kagan en The Atlantic, para quien los términos iraníes «son los de un vencedor» y la aceptación de Trump es «un reconocimiento tácito de la derrota». Suya es también la observación, demoledora por certera, de que lo más convencional que Trump ha hecho en su vida ha sido ir a la guerra en Oriente Próximo. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Axios. Barak Ravid mantiene la primicia documental: el memorando de catorce puntos, negociado por Witkoff y Kushner, el fondo de reconstrucción de trescientos mil millones y la secuencia de recompensas escalonadas. Es la fuente que ha permitido al resto del mundo leer un texto que sus propios firmantes preferían mantener en penumbra. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Al Jazeera, IRNA y Tasnim. La maquinaria iraní vende la victoria sin pudor: Baghaei confirma las «tasas por servicios» en Ormuz administradas con Omán; el viceministro Gharibabadi atribuye el «progreso» a las amenazas de las Fuerzas Armadas iraníes. El corresponsal de Al Jazeera advierte, no obstante, del malestar interno en los Estados Unidos, donde incluso algunos republicanos consideran que Irán ha sido tratado con excesiva indulgencia y donde la Administración «se esfuerza por persuadir a la opinión pública de que esto no es una derrota». |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Prensa israelí (The Times of Israel, Jerusalem Post, Haaretz, Yedioth Ahronoth). Subraya con inquietud que Israel no es parte del acuerdo y que no abandonará el sur del Líbano, y titula con acritud reveladora: mientras Trump proclama la victoria, Irán emerge magullado pero resistente, con una palanca sobre Ormuz. La imagen del «monte de piedad de Ormuz» —el régimen empeñando la paz a cambio de tasas— circula ya como síntesis del desenlace. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
WSJ, Financial Times, Bloomberg y Fortune. La prensa económica documenta la existencia de al menos tres textos en circulación que divergen en lo esencial —sobre todo en cuánto dinero recibe Irán y cuándo—, y constata la euforia de los mercados: el crudo cayó más de cuatro dólares por barril con el anuncio. Euforia que este analista juzga prematura, porque celebra el cese del síntoma e ignora la metástasis. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Prensa del Golfo (Asharq Al-Awsat, Arab News, Gulf News, Times of Oman). Refleja la ansiedad de las capitales árabes, atrapadas entre el alivio del cese de hostilidades y el temor —fundado— a quedar a merced de un vecino al que se acaba de premiar con una nueva capacidad de coerción sobre la arteria de su propia prosperidad. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
IV. SEMÁFORO DE RIESGOS |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Evaluación de los principales vectores de riesgo derivados del memorando, ordenados por gravedad: |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
V. COMENTARIO EDITORIAL |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Conviene decirlo sin circunloquios, porque la hora no es de matices cobardes: lo que este fin de semana se vende al mundo como un entendimiento histórico no es un acuerdo, sino un anuncio en busca de una firma que sus propios autores describen de forma mutuamente incompatible. Y su cláusula más peligrosa no es la nuclear —con serlo—, sino la marítima. Hemos entregado a la oligarquía yihadista de Teherán el control de facto del estrecho de Ormuz, y lo hemos hecho, además, pagándolo: el danegeld -el tributo bajo la amenaza de la violencia que franceses e ingleses pagaban a los invasores vikingos- del siglo XXI. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
La paradoja del descabezamiento explica por qué esta firma no obligará a nadie. El régimen que ha de cumplirla es una oligarquía acéfala en la que el hombre que de verdad manda —Vahidi, reclamado por la Interpol por el asesinato de ochenta y cinco personas en Buenos Aires— ni firma ni cree en lo firmado, mientras los que firman no mandan. Confundir la disposición a hablar con la voluntad de cambiar ha sido el error repetido de toda la diplomacia occidental hacia Teherán desde el espejismo del JCPOA de 2015; volvemos a cometerlo, y esta vez con el agravante de haber armado al adversario con una capacidad de chantaje de la que antes carecía. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Soy, lo he sido siempre, partidario de una política exterior pragmática y realista, y he elogiado los aciertos diplomáticos del presidente Trump cuando ha actuado con prudencia y aconsejado por la sensatez del secretario de Estado Marco Rubio. Pero aquí no veo prudencia: veo improvisación transaccional, presidida por la intuición y el exabrupto, sin plan para el día después y sin la firmeza que exige una negociación con un Estado terrorista. Como ha escrito el profesor Nial Ferguson, Trump busca ahora, igual que Nixon en su día, una salida que le salve la cara; y la estupidez, advertía Camus, tiene la pésima costumbre de salirse con la suya: una guerra puede ser «demasiado estúpida» y durar igualmente. Confío en que el sistema y la sensatez de quienes le rodean acaben imponiéndose; temo que, en Ormuz, ya sea tarde. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Raymond Aron definió la Guerra Fría con una fórmula que aquí recobra plena vigencia —«paz imposible, guerra improbable»—, y es exactamente el limbo de fractura sistémica contenida al que este memorando nos conduce: una guerra de temperatura variable, un enfrentamiento de baja resolución y altísima destrucción que nadie puede ganar y nadie puede permitirse perder. Conviene recordar, con Clausewitz, que la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios: lo que se firma este fin de semana no clausura esa política, solo le cambia el instrumento. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
No confundamos, pues, la ausencia de bombas con la consecución de la paz. Y no confundamos la reapertura de Ormuz con su liberación: lo que se ha reabierto no es un estrecho, sino una caja registradora a nombre de la Guardia Revolucionaria. La estupidez, en efecto, se ha salido con la suya —pero la factura, esta vez, la pagaremos todos, y durante mucho tiempo. |