Netanyahu desafía a Estados Unidos y reafirma presencia indefinida en Líbano, Siria y Gaza

Netanyahu desafía a Estados Unidos y reafirma presencia indefinida en Líbano, Siria y Gaza
El gobierno de Israel anuncia que mantendrá presencia militar permanente en Líbano, Siria y Gaza, generando rechazo internacional especialmente por parte de Estados Unidos y Turquía, y aumentando la tensión geopolítica en el Medio Oriente con implicaciones para Europa e Irán.

Israel acaba de colocar una nueva piedra en el camino de la diplomacia estadounidense en Oriente Medio. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha asegurado que las Fuerzas de Defensa de Israel no abandonarán las zonas de seguridad que mantienen en Líbano, Siria y Gaza, y ha ordenado al Ejército prepararse para una presencia prolongada.

La declaración ha provocado una reacción especialmente dura de Washington. El problema inmediato está en Líbano: Estados Unidos recuerda que Israel firmó el 26 de junio un marco que contempla una retirada progresiva ligada al desarme de Hezbolá. Katz ha matizado ahora su posición, pero mantiene una condición inequívoca: no habrá retirada mientras persista la amenaza de la milicia chií.

Israel convierte las zonas de seguridad en una línea roja

«Bajo ninguna circunstancia nos retiraremos». El mensaje de Katz durante su visita al sur del Líbano fue difícil de interpretar como una simple advertencia táctica. El ministro aseguró que el Ejército debe estar preparado para permanecer sobre el terreno durante un periodo prolongado y vinculó esa decisión directamente con las lecciones extraídas del ataque del 7 de octubre de 2023.

Israel sostiene que controlar físicamente esas zonas permite impedir incursiones y mantener las amenazas lejos de sus comunidades fronterizas. La estrategia supone abandonar, al menos temporalmente, la idea de que la seguridad pueda garantizarse exclusivamente mediante acuerdos diplomáticos o fuerzas locales.

Washington marca distancias con Netanyahu

La reacción estadounidense ha sido inmediata. Un alto funcionario del Departamento de Estado recordó que una «presencia militar permanente» israelí en el sur del Líbano no es compatible con los compromisos incluidos en el acuerdo trilateral alcanzado entre Washington, Beirut y Jerusalén.

Ese pacto establece que el Ejército libanés debe asumir progresivamente el control del sur y que Israel podrá replegarse conforme se verifique el desarme de Hezbolá. Además, Israel declaró expresamente que no posee ambiciones territoriales sobre Líbano.

La discrepancia revela algo poco habitual: Trump e Israel coinciden en el objetivo de neutralizar a Hezbolá, pero empiezan a separarse en el método y en los plazos.

Katz introduce ahora una condición

Tras las críticas estadounidenses, Katz rebajó parcialmente el alcance de sus primeras palabras. Este jueves aclaró que Israel no abandonará su zona de seguridad en Líbano «mientras Hezbolá no sea desarmado» y mientras continúe existiendo una amenaza procedente de la organización respaldada por Irán.

El matiz es importante. Ya no se plantea formalmente una ocupación sin final posible, sino una presencia condicionada a un objetivo que puede tardar meses o años en cumplirse.

Ahí está precisamente el bloqueo: Hezbolá rechaza discutir sus armas antes de una retirada israelí, mientras Israel rechaza retirarse antes de que Hezbolá entregue las armas.

El sur del Líbano paga el precio

La discusión diplomática tiene consecuencias muy materiales. Israel controla una franja de seguridad que penetra varios kilómetros dentro del territorio libanés, mientras las operaciones militares han provocado una destrucción extraordinaria en numerosas localidades del sur.

Una investigación del Financial Times y Lighthouse Reports estima que alrededor de 85.000 viviendas han resultado destruidas y que cerca de un millón de personas llegaron a ser desplazadas durante el conflicto. Israel afirma que sus operaciones tienen como objetivo eliminar infraestructura militar de Hezbolá.

La permanencia de tropas complica ahora el retorno de población y la reconstrucción de una de las regiones más castigadas.

Gaza abre otra brecha con Trump

Líbano no es el único desacuerdo. Netanyahu rechazó recientemente una hoja de ruta de 15 puntos impulsada por Trump para Gaza y reiteró que Israel no retirará sus fuerzas hasta que Hamás quede completamente desarmado.

La Unión Europea, por el contrario, respaldó el 6 de agosto un plan que incluye tanto el desarme permanente de Hamás como la retirada completa de las fuerzas israelíes de Gaza y una transición hacia una administración civil.

El desacuerdo, por tanto, ya no gira únicamente alrededor de cómo terminar los combates. La cuestión fundamental es quién controlará físicamente el territorio cuando terminen.

Siria completa el cinturón militar

Katz tampoco ha mostrado intención de retroceder en Siria. Israel mantiene posiciones en territorio sirio y defiende una zona desmilitarizada que reduzca cualquier amenaza sobre su frontera norte. El propio ministro ya había advertido anteriormente de que Israel «no se moverá ni un milímetro» mientras considere insuficientes las garantías de seguridad ofrecidas desde el exterior.

Para Turquía, que aspira a ejercer una influencia decisiva sobre la nueva arquitectura siria, la presencia israelí constituye otro motivo de confrontación. Erdogan acusó esta misma semana al Gobierno de Netanyahu de alimentar deliberadamente la inestabilidad regional.

La doctrina que cambia Oriente Medio

Detrás de Líbano, Siria y Gaza aparece una misma transformación estratégica. Israel parece haber concluido que una frontera ya no basta para garantizar su seguridad y pretende mantener espacios de profundidad militar desde los que detectar o neutralizar amenazas antes de que alcancen territorio israelí.

El coste diplomático puede ser considerable. Estados Unidos intenta convertir el desarme de Hezbolá y Hamás en acuerdos que permitan retirar tropas y estabilizar la región. Netanyahu y Katz, en cambio, exigen resultados verificables antes de abandonar posiciones militares.

El choque no está tanto en el objetivo como en el orden de los acontecimientos: Trump quiere que los acuerdos conduzcan a la retirada; Israel quiere que la retirada solo llegue cuando los acuerdos hayan demostrado funcionar.