András Baka asume la presidencia de Hungría y abre una nueva etapa institucional
Hungría acaba de protagonizar uno de los giros políticos más simbólicos de su historia reciente. El Parlamento eligió este martes a András Baka como nuevo presidente de la República por 140 votos frente a seis, mientras Fidesz, el partido de Viktor Orbán, boicoteó la votación. Baka no ejercerá formalmente el cargo hasta el 19 de agosto, cuando comenzará su mandato.
La elección tiene una carga política difícil de ignorar. Baka fue presidente del Tribunal Supremo y acabó apartado anticipadamente durante la etapa de Orbán después de criticar sus reformas judiciales. Ahora regresa a la cúspide institucional de la mano de la nueva mayoría de Tisza encabezada por Péter Magyar.
140 votos para cerrar una época
La votación parlamentaria terminó con 140 apoyos, seis votos en contra y ninguna abstención. Fidesz decidió no participar, denunciando la transformación institucional emprendida por el nuevo Gobierno, mientras Tisza sostiene que las reformas son necesarias para reconstruir los contrapesos erosionados durante los 16 años de Orbán.
La Presidencia húngara tiene funciones fundamentalmente representativas, pero no es irrelevante. El jefe del Estado puede devolver leyes al Parlamento o remitirlas al Tribunal Constitucional antes de su promulgación.
En un país que atraviesa una profunda reorganización institucional, esas atribuciones pueden adquirir mucho más peso del habitual.
El regreso de un juez incómodo
Baka, de 74 años, conoce bien el choque entre Justicia y poder político. Fue juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos entre 1991 y 2008 y presidió el Tribunal Supremo húngaro desde 2009 hasta 2011.
Su mandato terminó tres años antes de lo previsto después de que el Gobierno de Orbán reorganizara el sistema judicial. Baka había criticado públicamente varias de aquellas reformas.
El asunto llegó a Estrasburgo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos determinó que la terminación prematura de su mandato vulneró sus derechos y estuvo relacionada con sus críticas institucionales. La Gran Sala dictó sentencia definitiva en 2016.
De víctima institucional a jefe del Estado
Ese pasado convierte su elección en algo más que una renovación presidencial.
El magistrado que perdió la presidencia del Supremo durante la etapa de Orbán ocupará ahora la jefatura del Estado después de la caída política de Orbán.
Baka ha intentado, sin embargo, alejar su llegada de cualquier mensaje de revancha. Tras su elección defendió que los posibles abusos legales y financieros deben investigarse, pero advirtió de que el cambio político no puede convertirse en una persecución del adversario.
Ese discurso será determinante para establecer si su mandato funciona como factor de reconciliación o como otra pieza de una batalla institucional mucho más profunda.
Tisza acelera su revolución institucional
Baka llega después de que el Gobierno de Péter Magyar emprendiera una transformación acelerada tras asumir el poder en mayo. Entre las medidas adoptadas aparecen reformas judiciales, cambios en organismos vinculados a la etapa anterior y nuevas estructuras destinadas a investigar posibles irregularidades financieras.
También ha impuesto un límite de ocho años para los primeros ministros y de 12 para los parlamentarios, dentro de una agenda destinada a reducir la concentración prolongada de poder.
Fidesz considera estas actuaciones una utilización de la nueva mayoría para desmontar el legado conservador. Magyar las presenta como una restauración del equilibrio democrático.
Bruselas observa con atención
El cambio político tiene además consecuencias económicas. La Comisión Europea acordó en mayo desbloquear 16.400 millones de euros previamente congelados después de las primeras reformas institucionales del Gobierno de Magyar.
La propia Comisión ha vinculado parte de los fondos europeos destinados a Hungría con mejoras en independencia judicial, lucha contra la corrupción y contratación pública.
Por eso, la Presidencia de Baka puede tener una importancia que trasciende Budapest: la credibilidad institucional vuelve a estar directamente conectada con miles de millones de financiación europea.
El símbolo que deja Orbán
La salida del anterior presidente, Tamás Sulyok, abrió finalmente el camino. Después de negarse inicialmente a dimitir, una reforma constitucional aprobada por Tisza puso fin a su mandato.
Baka heredará ahora una institución diseñada para situarse por encima de la confrontación partidista justo cuando Hungría vive una de sus mayores transiciones políticas en décadas.
Su elección encierra una poderosa imagen: quien fue apartado del máximo tribunal durante el sistema de Orbán regresa 15 años después como presidente del país. La cuestión ya no es si Hungría ha cambiado de Gobierno. Es hasta dónde llegará la transformación del Estado.