Ormuz vuelve a ser la palabra que puede mover el petróleo y asustar a Wall Street
Estados Unidos e Irán han intercambiado una nueva ronda de ataques durante la madrugada de este 13 de julio, elevando de nuevo el riesgo de una guerra regional abierta.
El Mando Central estadounidense asegura haber alcanzado defensas aéreas, radares costeros y sistemas de misiles y drones iraníes.
Teherán ha respondido contra instalaciones militares de Washington y mantiene que el estrecho de Ormuz está cerrado.
La Casa Blanca lo niega. Los barcos, sin embargo, ya están evitando la zona.
El petróleo ha reaccionado con una subida cercana al 5%.
Otra noche de ataques
El Mando Central de Estados Unidos —Centcom— confirmó una nueva oleada de bombardeos contra decenas de objetivos en distintos puntos de la costa iraní. La operación empleó aviones de combate, buques de guerra y drones aéreos y marítimos de ataque contra sistemas de defensa, radares, lanchas rápidas y capacidades de lanzamiento.
Washington sostiene que su objetivo es reducir la capacidad de la Guardia Revolucionaria para amenazar a los buques comerciales. En una operación anterior, las fuerzas estadounidenses aseguraron haber alcanzado aproximadamente 140 instalaciones militares. Durante tres noches de ofensiva, el número acumulado superaría los 300 objetivos.
La intensidad de los ataques revela que ya no se trata de una represalia limitada. Estados Unidos está intentando desmantelar la infraestructura con la que Irán controla la entrada al golfo Pérsico.
— U.S. Central Command (@CENTCOM) July 13, 2026
Dos versiones sobre Ormuz
La principal disputa no afecta únicamente al resultado de los bombardeos, sino a una cuestión decisiva: si el estrecho continúa abierto.
Irán sostiene que ha establecido restricciones al tráfico y que únicamente podrán cruzar los barcos autorizados. Estados Unidos, por el contrario, afirma que la navegación continúa por una ruta meridional próxima a las aguas de Omán. El problema es que ninguna declaración política puede obligar a una naviera a atravesar una zona de combate.
Solo seis embarcaciones cruzaron el paso durante el domingo, el nivel más bajo de las últimas cinco semanas. La caída del tráfico demuestra que Ormuz puede estar formalmente abierto y, al mismo tiempo, permanecer comercialmente bloqueado.
La arteria del petróleo mundial
El estrecho concentra más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y aproximadamente una quinta parte del consumo global de crudo y derivados. También canaliza cerca del 20% del gas natural licuado transportado por mar, principalmente desde Qatar.
La consecuencia es clara: cualquier ataque contra un petrolero, una terminal o una instalación costera puede elevar inmediatamente las primas de los seguros y los costes del transporte.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos alternativos, pero su capacidad no basta para sustituir todo el volumen que cruza Ormuz. Kuwait, Qatar, Irak y Bahréin presentan una dependencia todavía mayor. La geografía convierte a Irán en un actor capaz de alterar el mercado energético sin necesidad de cerrar físicamente cada ruta.
El crudo roza los 80 dólares
El Brent llegó a avanzar un 4,7%, hasta los 79,59 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate superaba los 74 dólares. El movimiento refleja una prima geopolítica creciente, aunque los mercados todavía no descuentan una interrupción completa del suministro.
Lo más grave aparecería si la crisis se prolonga. Un petróleo persistentemente caro elevaría el coste del transporte, los fertilizantes, la producción industrial y los alimentos. También podría dificultar las bajadas de tipos de interés de los grandes bancos centrales.
La inflación energética que parecía controlada volvería así por una vía conocida: una crisis militar en Oriente Próximo trasladada directamente a las facturas de empresas y hogares.
El Dow Jones acusa la incertidumbre
Los futuros del Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq retrocedieron antes de la apertura de Wall Street. La presión fue mayor sobre las compañías tecnológicas, las aerolíneas y otros sectores sensibles al precio de la energía, mientras las petroleras se beneficiaban del encarecimiento del crudo.
El Dow refleja una preocupación más amplia. Las grandes empresas industriales estadounidenses soportan costes logísticos, energéticos y financieros superiores cuando el petróleo repunta y las rentabilidades de la deuda permanecen elevadas.
El mercado no teme únicamente una guerra. Teme que el conflicto obligue a la Reserva Federal a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo, justo cuando las valoraciones bursátiles vuelven a encontrarse en niveles exigentes.
Una tregua cada vez más remota
La escalada amenaza el memorando de entendimiento alcanzado el 18 de junio, que debía facilitar la reapertura progresiva del estrecho y preparar nuevas conversaciones entre Washington y Teherán. La Administración de Información Energética había elevado sus previsiones de producción confiando precisamente en esa normalización.
Ahora, cada ataque reduce el margen político de los negociadores. Irán necesita demostrar que conserva capacidad de respuesta. Estados Unidos pretende garantizar la navegación sin reconocer autoridad iraní sobre el paso.
El contraste resulta demoledor: mientras ambas partes aseguran defender la libertad y la seguridad marítimas, las navieras retiran sus barcos y el petróleo vuelve a encarecerse. Ormuz permanece abierto en los comunicados, pero cada vez más cerrado para la economía real.