Israel alerta de otro plan iraní para asesinar a Trump

La reciente advertencia de Israel sobre un supuesto complot iraní para asesinar a Donald Trump ha tensado aún más la ya frágil relación entre Washington y Teherán. Con el alto el fuego roto y mercados globales afectados, el diálogo entre Trump y Netanyahu cobra mayor relevancia en medio de acusaciones y movimientos estratégicos en el Medio Oriente.
Captura del vídeo mostrando a Donald Trump y Benjamín Netanyahu en un contexto de alta tensión geopolítica<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Trump teme ser asesinado, Irán en el ojo del huracán y Netanyahu advierte

Israel ha trasladado a Estados Unidos nueva información de inteligencia sobre un presunto plan iraní para asesinar a Donald Trump. La amenaza, que no ha sido confirmada públicamente por Washington ni por Teherán, aparece en el peor momento posible: los ataques se han reanudado, la tregua está prácticamente rota y el estrecho de Ormuz vuelve a condicionar los mercados energéticos. Trump asegura haber dejado instrucciones para responder con una fuerza sin precedentes. El riesgo ya no se limita a la seguridad presidencial. Una acción contra el mandatario estadounidense podría desencadenar una escalada militar inmediata.

La información fue revelada por The Wall Street Journal, que cita a personas conocedoras del intercambio entre los servicios israelíes y estadounidenses. Según esas fuentes, Irán estaría considerando un nuevo intento para acabar con la vida del presidente.

Por ahora, no se conocen objetivos operativos, fechas ni posibles responsables. Tampoco existe una confirmación independiente del supuesto complot. Este matiz resulta esencial: se trata de inteligencia atribuida a Israel, no de una conclusión pública de las agencias estadounidenses.

La alerta, sin embargo, ha sido tomada con seriedad debido al historial de amenazas iraníes contra Trump y otros antiguos altos cargos vinculados a la muerte del general Qasem Soleimani.

La sombra de Soleimani

El origen de la hostilidad se remonta a enero de 2020, cuando Trump ordenó el ataque estadounidense que mató en Bagdad a Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria. Desde entonces, dirigentes iraníes han prometido vengar su muerte.

La amenaza no es únicamente retórica. Un tribunal estadounidense declaró culpable en 2026 al ciudadano paquistaní Asif Merchant, acusado de actuar para la Guardia Revolucionaria y tratar de organizar asesinatos de políticos y funcionarios norteamericanos.

Merchant llegó a Estados Unidos en abril de 2024 y contactó con supuestos sicarios que, en realidad, eran colaboradores de las fuerzas de seguridad. Fue detenido en julio de aquel año antes de que pudiera ejecutarse ningún ataque.

La orden más drástica

Trump ya había advertido en febrero de 2025 de que Irán sería “aniquilado” si lograba asesinarle. Ahora ha reiterado que dejó instrucciones precisas para responder incluso después de su muerte.

«Si lo hacen, serán aniquilados. He dejado instrucciones», afirmó entonces el presidente.

El mensaje pretende actuar como elemento disuasorio, pero incorpora un riesgo evidente. Una orden de represalia automática puede reducir el margen para verificar la autoría de un atentado y aumentar la posibilidad de una reacción precipitada.

La amenaza personal queda así vinculada a la doctrina militar estadounidense. Un complot frustrado sería un asunto de seguridad nacional; un atentado consumado podría convertirse en un detonante bélico.

La tregua salta por los aires

La alerta coincide con el deterioro del acuerdo provisional entre Washington y Teherán. Trump ha declarado que la tregua está “acabada” después de los ataques iraníes contra buques comerciales y posiciones estadounidenses en el Golfo.

Estados Unidos respondió golpeando 90 objetivos en territorio iraní. Teherán lanzó después misiles contra Baréin, Jordania, Kuwait y Catar, aunque ambos gobiernos mantienen abiertos los canales de negociación.

El contraste es revelador: las partes siguen hablando mientras intercambian ataques. Esta diplomacia bajo fuego dificulta cualquier pacto duradero y concede un peso creciente a los sectores que defienden una solución exclusivamente militar.

El petróleo vuelve a temblar

El primer impacto económico se produjo en el mercado energético. El Brent se aproximó a los 79 dólares por barril, frente a los 71,80 dólares registrados al terminar la semana anterior. El crudo estadounidense alcanzó los 75,80 dólares, su nivel más alto en más de dos semanas.

La causa es el estrecho de Ormuz, por donde circulaba antes de la guerra alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas comercializados mundialmente. El número de buques que atravesaron la zona cayó de 41 a 22 en apenas dos jornadas.

Una interrupción prolongada encarecería el combustible, los seguros marítimos y el transporte de mercancías. La consecuencia es clara: el conflicto puede trasladarse rápidamente desde el Golfo hasta la inflación europea.

Netanyahu amplía el frente

Trump y Benjamín Netanyahu han mantenido una conversación para coordinar los movimientos estadounidenses en el Golfo. El primer ministro israelí también trasladó su inquietud por las declaraciones del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y reiteró su oposición a que Washington venda cazas F-35 a Ankara.

Netanyahu considera que esa operación podría alterar el equilibrio militar regional. Trump, por su parte, todavía no ha anunciado una decisión definitiva.

El pulso con Irán empieza así a mezclarse con la rivalidad entre Israel y Turquía. Cada nueva disputa reduce el espacio para la contención y multiplica las posibilidades de que un incidente local active alianzas, represalias y sanciones cruzadas.

La presunta conspiración contra Trump eleva la tensión, pero no demuestra por sí sola que Irán haya adoptado una decisión operativa. Washington tendrá que separar la inteligencia verificable de los intereses estratégicos de cada aliado.

Lo más grave es la acumulación de detonantes: ataques marítimos, bombardeos, amenazas personales y disputas por el control de Ormuz. Cualquiera de ellos podría romper definitivamente la negociación. Estados Unidos, Israel e Irán siguen dejando abierta la puerta diplomática mientras se preparan para atravesar la militar. En ese equilibrio cada vez más frágil, un error de atribución puede resultar tan peligroso como un ataque deliberado.

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