CENTCOM castiga radares, lanchas y misiles iraníes mientras Teherán golpea bases del Golfo

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Escribo esta entrega en una de esas jornadas en las que la actualidad confirma, con una nitidez casi didáctica, cuanto vengo describiendo desde hace meses. El alto el fuego provisional entre los Estados Unidos y el régimen oligárquico-yihadista de Irán ha saltado por los aires, y lo ha hecho con el presidente Trump proclamándolo «terminado» desde la cumbre de la OTAN en Ankara, entre dos noches consecutivas de castigo aéreo norteamericano y represalias iraníes sobre las bases del Golfo. La guerra de temperatura variable ha vuelto, pues, a subir de grado justo cuando parecía enfriarse.

En el flanco oriental, Ucrania perfecciona su estrangulamiento energético de la maquinaria bélica rusa. Y por si faltara tensión, la prensa norteamericana amanece con la advertencia israelí de un complot iraní para asesinar a Trump, mientras Washington rehabilita a la Siria de posguerra. Cuatro asuntos, un mismo hilo conductor: la desproporción creciente entre la capacidad de destruir y la incapacidad de ordenar el día después. He aquí las cuatro noticias que, a mi juicio, mejor explican las últimas veinticuatro horas.

 

II. LAS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. El alto el fuego con Irán, “terminado”: segunda noche de ataques y represalias sobre el Golfo

Hechos. — Desde Ankara, y al cierre de la cumbre aliada del 7 y 8 de julio, el presidente Trump declaró «terminado» el memorando de entendimiento de Islamabad y calificó a los dirigentes iraníes de «escoria». El Mando Central norteamericano (CENTCOM) ejecutó dos noches seguidas de ataques —en torno a ochenta objetivos el martes y unos noventa el miércoles— contra defensas antiaéreas, nudos de mando y control, radares costeros, capacidades de misiles antibuque y más de sesenta lanchas rápidas de los Guardianes de la Revolución en las inmediaciones del estrecho de Ormuz. Irán respondió golpeando bases estadounidenses en Kuwait y Baréin —Kuwait dice haber interceptado diez drones, tres misiles balísticos y uno de crucero, con daños por caída de restos y un herido—, con alertas además en Qatar y Jordania. El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Bagher Ghalibaf, avisó con su habitual bravuconería de que Ormuz solo se abrirá «con arreglos iraníes», no con amenazas norteamericanas. Ya el jueves 9 la temperatura bajó: pese a tener lista de objetivos y al portaaviones USS Abraham Lincoln preparado, Washington renunció a un nuevo golpe y dejó actuar a la diplomacia —con Pakistán y Qatar como mediadores— con la vista puesta en un acuerdo nuclear para mediados de agosto. El tráfico por Ormuz se desplomó a una decena escasa de buques en veinticuatro horas, frente a los ciento diez diarios previos a la guerra, con interferencias deliberadas de posicionamiento por satélite (GPS).

Implicaciones. — Estamos ante el arquetipo de lo que denomino guerras de temperatura variable: conflictos de baja resolución pero altísima destrucción, que nadie puede ganar ni permitirse perder. La secuencia golpear-pausar-golpear no es titubeo, sino una escalada calibrada en la que Washington conserva la lista de blancos como palanca de negociación —una fractura sistémica contenida, en mis términos—. La guerra, iniciada el 28 de febrero, ha degradado seriamente al aparato militar iraní, pero deja dos incógnitas envenenadas: el paradero del uranio altamente enriquecido y la supervivencia de la línea más dura del régimen. Es la ilustración perfecta de mi diagnóstico sobre esta Administración: planificación militar, un diez; planificación geoestratégica del día después, la gran asignatura pendiente. Y Ormuz, convertido en arma, recuerda que la seguridad energética global sigue rehén de una oligarquía cósmicamente corrupta.

Perspectivas y escenarios. — Escenario A (35 %): la diplomacia soterrada prevalece y se recompone un alto el fuego remendado que conduzca a un marco nuclear hacia mediados de agosto. Escenario B (40 %): se instala una «temperatura variable» prolongada —golpes intermitentes sin guerra abierta, con Ormuz como cuello de botella crónico y primas de riesgo disparadas—. Escenario C (25 %): un error de cálculo, una represalia desmedida o un atentado reabren la guerra total. La suma es del cien por cien; y, como vengo advirtiendo, el escenario intermedio es el más probable y el más corrosivo.

 

2. Ucrania perfecciona sus “sanciones de largo alcance” y arranca la licencia Patriot; Rusia castiga a los civiles

Hechos. — El 9 de julio, las fuerzas ucranianas intensificaron lo que el presidente Zelenski denomina «sanciones de largo alcance»: drones alcanzaron una docena de petroleros rusos, un remolcador y un carguero en el mar de Azov —buques que abastecen al ejército ruso y que sirven a la flota fantasma para eludir sanciones—, además de depósitos de crudo en Tver, Ufá (Baskortostán) y la región de Stávropol, agravando la escasez de combustible en Rusia. Moscú, por su parte, lanzó esa misma noche 94 drones y dos misiles balísticos; la defensa ucraniana derribó 72, pero hubo impactos, con un edificio residencial golpeado en Járkov y víctimas civiles. En Ankara, Trump se comprometió a conceder a Kiev una licencia para fabricar sistemas antiaéreos Patriot —aunque Kiev advierte de que producir los interceptores llevará un año o más—, y Polonia acordó coproducir y mantener los misiles PAC-3.

Implicaciones. — Ucrania ha comprendido que la vía para doblegar a un agresor que se niega a detener la guerra pasa por asfixiar su economía bélica. Los golpes a la flota fantasma y a la industria de refino son legítimos, necesarios y largamente debidos; son la excepción saludable a la pasividad con que Occidente ha contemplado durante demasiado tiempo el chantaje energético del Kremlin. Somos, sin matices, contrarios a la agresión rusa y al uso de la fuerza para adquirir territorios, y la represión de Moscú contra la población civil —un edificio de viviendas en Járkov— no admite equidistancias. La licencia Patriot es un acierto pragmático de Trump; ahora bien, la financiación europea debe ser, como reza la propia Declaración de Ankara, equitativa, previsible y sostenible, y no un brindis al sol.

Perspectivas y escenarios. — La guerra de infraestructuras energéticas se recrudecerá en el verano; la variable decisiva no es ya la voluntad ucraniana, sino la constancia industrial europea. Otra guerra de temperatura variable que se prolonga porque a Europa le falta determinación para acortarla.

 

3. Israel alerta a Washington de un nuevo complot iraní para asesinar a Trump

Hechos. — The Wall Street Journal reveló el jueves 9 —y lo confirmaron dos fuentes a la CNN— que Israel compartió con los Estados Unidos inteligencia sobre un nuevo y específico plan iraní para asesinar al presidente Trump; el aviso habría llegado «esta semana». Washington venía captando un goteo de indicios sobre amenazas, pero este dato era nuevo y no lo había verificado por su cuenta. Con notable honestidad profesional, varios responsables estadounidenses advierten de que el informe israelí podría formar parte de un esfuerzo por condicionar la decisión de Trump sobre si intensificar o no la campaña contra Irán; hay, dicen, quien en la comunidad de inteligencia recela por sistema de los datos israelíes. El propio Trump declaró ser «el número uno de la lista de objetivos» iraní. En Mashhad se desplegó una pancarta con el lema «Mataremos a Trump» y se corearon consignas contra los Estados Unidos. Trump y Netanyahu hablaron por teléfono el jueves —con la relación tensada por el Líbano— y el presidente abandonó Ankara en un Air Force One antiguo, negando que fuera por seguridad.

Implicaciones. — La amenaza es verosímil en su naturaleza: el régimen de Teherán lleva prometiendo vengar a Soleimani desde 2020, y no faltan precedentes judiciales —una trama de sicariato en 2024, la condena en marzo de 2026 de un ciudadano paquistaní vinculado a los Guardianes—. Que Irán exporta terrorismo e inestabilidad es tesis que sostengo sin eufemismos. Ahora bien, precisamente porque el régimen es siniestro conviene leer este episodio con ojos fríos: instrumentalizar la inteligencia para forzar decisiones ajenas es un juego tan viejo como la diplomacia. Lo sensato es blindar la protección del presidente sin dejarse arrastrar a una escalada por cálculo de un tercero. Ni ingenuidad ante Teherán, ni docilidad ante quien busca empujar a Washington a la guerra que le conviene.

Perspectivas y escenarios. — Cabe esperar un refuerzo de la protección presidencial y un uso político del relato. La incógnita es si prevalecerá la sensatez del sistema —y la mano firme del secretario de Estado, Marco Rubio— sobre el impulso y el exabrupto. En esa pugna entre la institución y la intuición me sigo jugando buena parte de mi optimismo.

 

4. Trump retira a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo

Hechos. — Entre el 8 y el 9 de julio, el presidente Trump firmó la directiva para revocar la designación de Siria como Estado patrocinador del terrorismo. El ministro de Exteriores sirio difundió una fotografía, junto al presidente Ahmad al-Sharaa, mostrando el documento firmado; el Congreso dispone ahora de cuarenta y cinco días para revisar la decisión.

Implicaciones. — Es una pieza más del realineamiento pragmático que caracteriza a esta política exterior cuando la guía la prudencia y el consejo de Rubio, y no el exceso: apostar por la estabilización de la Siria de posguerra y sustraerla a las órbitas de Moscú y Teherán. Aplaudo el pragmatismo, pero con la reserva que impone el oficio: al-Sharaa procede del yihadismo, y la vigilancia contra DAESH y Al Qaeda en sus múltiples ramas no admite vacaciones. Levantar sanciones a cambio de comportamiento verificable es razonable; hacerlo por mero voluntarismo, imprudente. Doy prioridad, aquí, a la cautela.

Perspectivas y escenarios. — Se abre la puerta a un alivio de sanciones y a la normalización, con el riesgo latente de que la transición siria descarrile. Conviene seguir el trámite en el Congreso y, sobre todo, los hechos —no las musas— del nuevo poder en Damasco.

 

III. RACK DE MEDIOS

Recojo a continuación, por bloques geográficos y con el debido contraste, el enfoque dominante de las cabeceras y centros de análisis efectivamente consultados en las últimas veinticuatro horas. Prescindo deliberadamente de atribuir tesis a medios que no he podido verificar hoy, fiel al principio de no inventar nada.

Prensa estadounidense de referencia

The Washington Post / NBC News / The Hill — Centran el foco en la segunda noche de ataques cruzados y en el «se acabó» de Trump sobre el memorando, subrayando el carácter calibrado de la escalada norteamericana y la retaliación iraní sobre Kuwait y Baréin.

CNN — Documenta el desplome del tráfico por Ormuz y la mediación de Pakistán y Qatar, y adelanta —con dos fuentes— la advertencia israelí sobre el complot contra Trump, matizando el escepticismo de parte de la inteligencia estadounidense.

The Washington Times / Fox / Newsmax — Enfatizan la firmeza presidencial y el coste para Teherán, en clave más favorable a la mano dura; recogen el pesimismo de Trump sobre la utilidad de seguir negociando.

Newsweek — Publica el análisis más fino sobre la dirección colegiada de cinco miembros y la primacía de Ghalibaf y Vahidi, con la tesis de un Irán que se «militariza» tras Jamenei.

Prensa británica, financiera y centros de análisis

Financial Times (vía sindicación) / Bloomberg — El primero disecciona el poder del nuevo comandante Vahidi sobre seguridad, política exterior y economía; el segundo cuantifica los golpes ucranianos a los petroleros rusos y la escasez de combustible que provocan.

Forbes / CEPA / Congressional Research Service — Coinciden en el diagnóstico de una OTAN que pacta un suelo de gasto del 5 % sin acordar cuál es la amenaza prioritaria, y en el reproche a los rezagados —España entre ellos—.

The Economist / EIU — Mantienen la lectura de un segundo semestre de 2026 dominado por el «caos gestionado» de Trump, China y los mercados de energía.

Prensa europea continental

Euronews / Defense News — Reconstruyen el naufragio del caza franco-alemán FCAS y la fractura Airbus-Dassault, y relatan el choque de Ankara: el «socio terrible» España, la reclamación de Groenlandia y el enojo danés.

Prensa de Oriente Próximo e Israel

The Times of Israel / The Jerusalem Post / JNS — Amplifican la exclusiva del WSJ sobre el complot iraní, recogen las pancartas de Mashhad y la conversación Trump-Netanyahu, y encuadran la retirada de Siria de la lista negra.

Al Jazeera — Ofrece el contrapunto regional: las víctimas en el Líbano meridional, las condiciones del presidente Aoun sobre la retirada israelí y la lectura árabe del pulso en Ormuz.

Prensa ucraniana

The Kyiv Independent / Ukrinform / Ukrainska Pravda — Detallan las «sanciones de largo alcance» contra la flota fantasma y las refinerías rusas, el balance del bombardeo nocturno sobre Járkov y la luz verde de Trump a la fabricación de Patriot.

Medios estatales rusos (síntoma, nunca fuente)

TASS / RT y agregadores afines — Circulan el apodo «Operation Bitch Slap» atribuido al New York Post y rumores no verificados sobre una reventa de S-400 turcos a un país del Golfo. Los consigno como termómetro de la propaganda del Kremlin, jamás como información fiable.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

🔴  Golfo Pérsico y estrecho de Ormuz: alto el fuego roto, riesgo real de reanudación de la guerra abierta y de estrangulamiento del tráfico marítimo.

🔴  Irán interno: orfandad de mando, ocultación del «líder supremo» y ascenso de los halcones más despiadados; imprevisibilidad máxima.

🟠  Seguridad del presidente Trump: complot iraní denunciado por Israel, con la cautela debida sobre su instrumentalización.

🟠  Cohesión trasatlántica: ruptura Washington-Madrid, reclamación sobre Groenlandia y erosión de la confianza aliada.

🟠  Flanco oriental: guerra energética Ucrania-Rusia en ascenso y castigo ruso a la población civil.

🟡  Europa de la defensa: naufragio del caza franco-alemán y contagio al carro MGCS; autonomía estratégica en entredicho.

🟡  Siria: realineamiento con Washington cargado de incógnitas sobre la fiabilidad del nuevo poder en Damasco.

🟢  Diplomacia de retaguardia: la mediación de Pakistán y Qatar y la contención del jueves 9 mantienen abierta —por ahora— una rendija para el acuerdo.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay jornadas que son, ellas solas, una tesis. La de hoy lo es. Contemplo un Occidente que sabe destruir con precisión quirúrgica y que, sin embargo, no acierta a imaginar el día después —planificación militar, un diez; planificación geoestratégica, la eterna asignatura suspendida—, frente a una oligarquía yihadista descabezada que ha perdido a su árbitro y ha ganado a sus verdugos. Porque ese es el nudo de la paradoja del descabezamiento en su fase más peligrosa: cuando cae el patriarca no emerge un moderado, sino el más bestial de los pretorianos, capaz de pilotar la escalada y de firmar sobre el papel, pero incapaz —y sin voluntad— de garantizar que nadie la honre. Con un halcón como Vahidi al frente de los Guardianes y un «líder supremo» convertido en fantasma, cualquier acuerdo nacerá herido de muerte.

Y mientras Teherán se queda sin cabeza, Europa se empeña en quedarse sin brújula. Duele escribirlo, pero la humillación de España en Ankara es, en buena medida, merecida: quien aporta el mínimo, niega su espacio aéreo a sus aliados y confunde la neutralidad con la irresponsabilidad, no puede después sorprenderse de haber pasado de la irrelevancia a la sospecha. Es la misma orfandad de mando que denuncio en el Golfo, solo que aquí la silla vacía es la nuestra. Y por si el cuadro no fuera bastante elocuente, el motor francoalemán —París y Berlín, Airbus y Dassault— ha hecho saltar por los aires el caza europeo de sexta generación en un pulso de vanidades industriales y recelos de soberanía, arrastrando consigo al carro de combate y confirmando que el viejo continente prefiere el discurso de la autonomía estratégica al esfuerzo, mucho menos glamuroso, de rearmarse de verdad. Que Dios —y las fábricas europeas— nos coja confesados.

No todo es sombra, y este analista se resiste a la equidistancia cómoda. Aplaudo sin reservas las «sanciones de largo alcance» con que Ucrania asfixia la maquinaria bélica de un Kremlin que se niega a parar, y celebro que Trump —cuando le guía la sensatez de Rubio y no el exabrupto— conceda a Kiev la licencia Patriot o sustraiga a la Siria de posguerra de las órbitas de Moscú y Teherán. Ahí está la política exterior pragmática que ha cosechado éxitos reales en menos de un año. Otra cosa es el Trump errático y transaccional del corte comercial a España o del capricho groenlandés: el que confía en la intuición y el golpe de efecto más que en la estrategia. Sigo apostando, con un optimismo tozudo, a que el sistema y las voces de la razón que lo rodean acaben imponiéndose al impulso. Porque en un mundo que gira hacia los extremos, la sensatez —esa rareza— es hoy el bien más escaso y más necesario.

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