Trump publica un vídeo de si mismo junto a George Washington

El presidente publica un vídeo generado con IA en el que muestra a George Washington su futuro salón de baile de la Casa Blanca justo cuando pelea ante el Supremo por salvar una obra que empezó costando 200 millones de dólares y que los tribunales consideran que necesita autorización del Congreso.
Donald Trump
Donald Trump

Donald Trump ha decidido recurrir a George Washington para defender uno de los proyectos más controvertidos de su segundo mandato. El presidente estadounidense publicó en Truth Social un vídeo generado mediante inteligencia artificial en el que aparece recorriendo junto al primer presidente de Estados Unidos el futuro salón de baile de la Casa Blanca, una estancia monumental que todavía no existe tal y como aparece en las imágenes.

La escena llega en un momento especialmente delicado. Una corte federal de apelaciones ha respaldado la orden que impide avanzar libremente con la parte del salón de baile sin autorización del Congreso, mientras la Administración Trump acaba de recurrir de urgencia al Tribunal Supremo. La prohibición está prevista para entrar plenamente en vigor el 21 de agosto si los jueces no intervienen antes.

Un vídeo imposible

En la pieza difundida por Trump, el mandatario aparece enseñando el nuevo espacio a Washington como si ambos estuvieran recorriendo juntos la Casa Blanca del futuro. Es una construcción artificial, pero políticamente muy calculada: vincula el proyecto personal de Trump con el fundador de la Presidencia estadounidense.

El vídeo se publicó después de una batería de mensajes en los que Trump atacó al National Trust for Historic Preservation, la organización que llevó el proyecto a los tribunales, y acusó a sus responsables de poner en peligro información relacionada con instalaciones militares.

La batalla por el salón ya no es arquitectónica. Se ha convertido en una disputa sobre los límites del poder presidencial.

La Justicia le pone límites

El conflicto comenzó después de que la Administración demoliera el antiguo Ala Este para levantar un salón de aproximadamente 90.000 pies cuadrados, unos 8.400 metros cuadrados, pensado para albergar alrededor de 1.000 invitados.

Los tribunales han considerado que una transformación de esa dimensión no puede ejecutarse únicamente por decisión presidencial.

Dos instancias judiciales han sostenido que Trump necesita autorización expresa del Congreso. La mayoría de la corte de apelaciones fue especialmente contundente al recordar que el presidente ocupa temporalmente la Casa Blanca, pero no es su propietario.

El Gobierno rechaza esa interpretación y sostiene que anteriores presidentes también realizaron reformas sin pasar por un procedimiento legislativo específico.

De 200 a 400 millones

La dimensión económica tampoco ha dejado de crecer. Cuando la Casa Blanca presentó inicialmente el proyecto, calculó un coste de aproximadamente 200 millones de dólares, financiados mediante aportaciones privadas. Trump ha elevado posteriormente la estimación hasta unos 400 millones.

Sin embargo, documentos analizados por The Washington Post sitúan el coste potencial total del salón cerca de 600 millones de dólares. La Casa Blanca mantiene que la construcción del propio salón no necesitará dinero del contribuyente.

El incremento resulta políticamente relevante porque la obra ya no se limita a un gran espacio para cenas de Estado. El proyecto se ha mezclado con una profunda remodelación de la infraestructura de seguridad presidencial.

El salón esconde mucho más

La Administración asegura ahora que debajo y alrededor del futuro salón existe un complejo militar y de seguridad integrado.

Los documentos presentados ante el Supremo mencionan refugios antiaéreos, instalaciones médicas, comunicaciones protegidas, materiales resistentes a explosiones y estructuras preparadas frente a ataques con drones. Las obras subterráneas vinculadas directamente a la seguridad pueden continuar pese a la disputa judicial.

Ese argumento se ha convertido en la principal baza de Trump: detener el proyecto, sostiene su Gobierno, podría incluso generar nuevos problemas estructurales y de protección para la Casa Blanca.

Un 65% ya construido

La estrategia también consiste en presentar el proyecto como demasiado avanzado para volver atrás.

En su petición de emergencia ante el Tribunal Supremo, la Administración asegura que el complejo está aproximadamente al 65%, con unos 200 millones de dólares ya gastados o comprometidos. Añade que trabajan alrededor de 250 personas, hasta 20 horas diarias y siete días por semana.

Un responsable de la Casa Blanca ha llegado a describir la estructura como «más allá del punto de no retorno», argumentando que dejar determinados muros y elementos de acero sin completar podría crear riesgos adicionales.

El Supremo tiene ahora la llave

Hay además un matiz importante: afirmar que todas las obras están ya completamente paralizadas sería impreciso.

La corte de apelaciones ha respaldado el bloqueo, pero suspendió temporalmente sus efectos para permitir que Trump acudiera al Supremo. La orden está prevista para entrar en vigor el 21 de agosto, y las actuaciones estrictamente relacionadas con seguridad pueden continuar incluso después.

Mientras los jueces deciden, Trump ha optado por enseñar cómo imagina el resultado final. Y para hacerlo no ha recurrido a arquitectos ni planos técnicos, sino al presidente que inauguró la historia institucional de Estados Unidos.

George Washington nunca pudo ver ese salón. Trump ya lo ha llevado hasta allí mediante inteligencia artificial antes de saber si la Justicia le permitirá terminarlo.

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