El crudo ahoga al IBEX 35, pero Inditex firma otro rally histórico

El selectivo cede en torno a un 0,3% con el petróleo en 87 dólares, la guerra con Irán en su segunda semana y la posible mayor liberación de reservas de la AIE como telón de fondo.

IBEX 35
IBEX 35

La bolsa española ha arrancado la sesión con el freno echado. El IBEX 35 retrocede alrededor de un 0,3%, hasta la zona de los 17.400 puntos, pese al fuerte tirón de Inditex, disparada en torno al 4,5% tras presentar resultados récord. El foco del mercado ya no está en los bancos centrales, ni siquiera en el dato de inflación de Estados Unidos, sino en un viejo conocido: el petróleo.

El barril se mantiene estable en torno a los 87 dólares, pero la estabilidad es engañosa. El crudo se ha convertido en la verdadera vara de medir del riesgo global en plena segunda semana de guerra con Irán, con el estrecho de Ormuz en el centro del tablero geopolítico.

En este contexto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sopesa una liberación masiva de reservas estratégicas que podría superar los 182 millones de barriles de 2022 y alcanzar los 300-400 millones, según barajan algunos analistas.

Un arranque en rojo con Wall Street de telón de fondo

La apertura de la bolsa española ha calcado el tono visto la víspera en Wall Street, donde los principales índices cerraron en negativo arrastrados por el temor a un nuevo shock energético global. El IBEX 35 cede en torno a un 0,2%-0,3%, hasta la franja de los 17.392-17.408 puntos, mientras el EuroStoxx 50 y el FTSE Eurofirst 300 registran descensos similares, de alrededor del 0,6%-0,7%.

No se trata de un movimiento exclusivamente local. La jornada amanece marcada por una aversión al riesgo transversal: caen los índices europeos, se tensionan las primas de riesgo en la deuda periférica y el dinero vuelve a refugiarse en el dólar y en los bonos del Tesoro estadounidense. La correlación entre el crudo y prácticamente todos los activos de riesgo se ha estrechado al máximo en los últimos días, según reconocen varias casas de análisis.

En este escenario, el IBEX se enfrenta a una combinación incómoda: dependencia energética elevada, un peso relevante del sector financiero —muy sensible a cambios en expectativas de tipos— y una exposición creciente a emergentes a través de sus grandes bancos. El diagnóstico es inequívoco: cada subida del petróleo no sólo aprieta los márgenes de las empresas intensivas en energía, sino que reaviva el fantasma de una inflación más persistente en la zona euro, con el BCE obligado a mantener las condiciones financieras más restrictivas durante más tiempo.

Índice IBEX 35

El crudo marca el paso: 87 dólares que lo condicionan todo

El dato que obsesiona hoy al mercado no es un PIB ni un IPC, sino un número que parece pequeño, pero lo cambia todo: 87 dólares por barril. Ese es el nivel en el que se estabiliza el crudo en el arranque de la sesión europea, y a partir del cual se recalculan beneficios empresariales, previsiones de inflación y curvas de tipos.

En las últimas jornadas, “todos somos traders de crudo”, ironiza el estratega Michael Brown, al describir un mercado en el que las pantallas se mueven al ritmo de cada titular relacionado con el petróleo. Cuando el barril se acerca a los 90 dólares, repuntan las expectativas de inflación futura y se descuentan menos bajadas de tipos. Cuando retrocede algunos dólares, los índices respiran.

Este efecto se amplifica en economías como la española, que sigue importando más del 70% de la energía que consume. Cada incremento sostenido de 10 dólares por barril puede suponer, según estimaciones de los analistas, una merma de entre 0,2 y 0,3 puntos de crecimiento anual para la zona euro, además de un repunte adicional de la inflación de entre 0,3 y 0,5 puntos. El contraste con la narrativa de “inflación controlada y aterrizaje suave” que dominaba hace apenas unas semanas resulta demoledor.

Ormuz, minas y la amenaza de un nuevo shock energético

Lo que convierte estos 87 dólares en algo mucho más inquietante es la geografía. La guerra de Irán entra en su segunda semana sin señales claras de desescalada y con el estrecho de Ormuz como epicentro del riesgo. Por esa franja de mar, de apenas 40 kilómetros en su punto más estrecho, transita en condiciones normales cerca del 20% del petróleo mundial y una parte sustancial del gas natural licuado (GNL) que abastece a Europa y Asia.

Informes de inteligencia estadounidenses apuntan a que Irán podría estar desplegando minas navales en la zona, lo que retrasaría durante semanas —o meses— una reapertura plena del tráfico marítimo incluso si se alcanzara un alto el fuego. A ello se suma la confusión sobre el papel de Estados Unidos: informaciones sobre una supuesta escolta sistemática de petroleros por parte de la Marina estadounidense fueron rápidamente desmentidas, aumentando la sensación de vacío de garantías.

En este contexto, cualquier incidente —un buque retenido, un impacto en un carguero, un cierre temporal de un canal de navegación— puede desencadenar un repunte instantáneo de 10 o 15 dólares en el precio del petróleo. La memoria del shock de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, sigue muy presente en las mesas de negociación. Entonces, el crudo superó los 120 dólares, forzando a gobiernos y bancos centrales a una respuesta acelerada que terminó en la mayor subida de tipos en décadas.

La AIE y la mayor liberación de reservas de la historia

Para tratar de frenar esa espiral antes de que se desencadene, los ojos del mercado están puestos en la Agencia Internacional de la Energía. Según adelanta la prensa económica, la organización habría propuesto una liberación coordinada de 300 a 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, lo que supondría entre el 25% y el 30% de sus inventarios actuales.

La referencia inmediata es 2022, cuando la AIE lanzó al mercado 182 millones de barriles en dos tramos para amortiguar el impacto de la guerra en Ucrania. Aquella intervención consiguió moderar temporalmente los precios, pero dejó un nivel de reservas más ajustado que ahora obliga a calibrar con mucho cuidado cuánto se puede gastar y durante cuánto tiempo. Incluso con una liberación histórica, las reservas actuales cubrirían en torno a 25 días de producción.

Los analistas recuerdan que este tipo de medidas tiene un efecto psicológico tan importante como el físico: el simple anuncio de una actuación contundente puede recortar varios dólares la prima de riesgo incorporada en los precios del crudo. Sin embargo, el margen de maniobra es limitado. Si el conflicto en Ormuz se prolonga, el mercado tenderá a descontar que estas reservas son un colchón temporal, no una solución estructural, y volverá a poner a prueba los niveles de resistencia del petróleo.

La inflación de EEUU pasa a segundo plano… de momento

En un escenario habitual, el dato de inflación de Estados Unidos de febrero sería el gran catalizador de la semana. Hoy, sin embargo, llega prácticamente en segundo plano. El consenso espera un IPC general del 2,4% interanual y una inflación subyacente del 2,5%, cifras que encajan con la narrativa de una Fed que podría empezar a recortar tipos en la segunda mitad del año.

Pero estos datos reflejan un mundo previo al shock energético actual. Las cifras se recopilaron antes de la escalada bélica en Oriente Medio y, por tanto, antes de que el mercado empezara a descontar un petróleo más caro y un posible repunte de los costes de transporte. Por eso, muchos gestores ven en esta publicación más un punto de referencia del “viejo escenario” que una guía fiable de lo que está por venir.

La consecuencia es una mayor volatilidad en la curva de tipos estadounidense. Cualquier desviación al alza de una o dos décimas puede llevar al mercado a reducir el número de bajadas de tipos previstas para 2026, presionando al alza el rendimiento del Treasury a 10 años y encareciendo las condiciones financieras a nivel global. En Europa, el BCE se encuentra en una encrucijada similar: si el petróleo desata una nueva oleada inflacionista, la ventana para aliviar la política monetaria se estrecha drásticamente.

Inditex, el gran ganador de la jornada

En medio de este contexto enrarecido, el gran protagonista positivo del día en el IBEX es Inditex. El grupo textil gallego se dispara alrededor de un 4,6%-4,7% en bolsa después de presentar unos resultados que vuelven a marcar récords. La compañía ha obtenido un beneficio neto cercano a los 6.220 millones de euros, un 6% más, con unas ventas que rozan los 40.000 millones y un crecimiento a tipo de cambio constante del 9% entre el 1 de febrero y el 8 de marzo.

El mercado premia no solo las cifras, sino la capacidad de la empresa para seguir ganando cuota de mercado en un entorno de consumo más frágil y de presión de costes. Frente a otros minoristas europeos, Inditex mantiene márgenes robustos gracias a su control de la cadena de suministro, a la rapidez en la rotación de colecciones y a una estrategia omnicanal que le permite ajustar inventarios casi en tiempo real.

En términos de índice, el efecto es relevante: el tirón de Inditex se convierte en el principal freno a las caídas del IBEX, compensando en parte el castigo al sector financiero. Sin embargo, incluso este comportamiento pone de relieve la fragilidad del mercado: sin el motor de la textil gallega, el retroceso del selectivo sería sensiblemente mayor, lo que revela la creciente dependencia del índice de un puñado de grandes valores.

Banca en rojo y utilities en compás de espera

El reverso de la moneda lo encarna la banca, que vuelve a situarse entre los peores sectores del día. BBVA cae cerca de un 1,9%, Santander se deja en torno a un 1,2%-1,3%, mientras que CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja registran descensos más moderados, de entre el 0,1% y el 0,7%. El mercado teme que un shock energético prolongado deteriore el crecimiento y la morosidad, al tiempo que alarga la fase de tipos altos más allá de lo previsto.

En el otro extremo, la reacción de las empresas más sensibles al precio de la energía es desigual. Repsol avanza en torno a un 0,4%, beneficiada por el repunte del crudo, mientras que Iberdrola cede aproximadamente un 0,6%-1,2%, penalizada por la percepción de mayores costes regulados y un entorno de tipos todavía restrictivo. Telefónica también se sitúa en negativo, con caídas próximas al 1%, en un contexto en el que el sector telecom europeo sigue sin convencer al mercado.

Otros valores del IBEX muestran un comportamiento más defensivo. Solaria sube alrededor del 2%, apoyada en la narrativa de transición energética y menor dependencia de combustibles fósiles, mientras que Amadeus y Banco Sabadell anotan avances más modestos, de en torno al 0,2%-0,3%. El contraste es claro: el índice se mueve por bloques, con una banca presionada, algunas energéticas en terreno mixto y un puñado de valores de crecimiento sosteniendo el conjunto.

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