ADP consolida cinco semanas de mejora del empleo en EEUU
El indicador privado señala una creación media de 15.550 puestos semanales en febrero mientras el dato oficial de febrero sigue mostrando destrucción de empleo y complica la hoja de ruta de la Reserva Federal
La fotografía del mercado laboral estadounidense vuelve a depender del ángulo con el que se mire. Según el último pulso semanal de ADP, las empresas de Estados Unidos añadieron una media de 15.550 empleos por semana en las cuatro semanas terminadas el 21 de febrero. Es la quinta semana consecutiva de mejora y supone un leve avance desde los 15.500 de la semana previa, en un movimiento que la propia firma define como una senda de fortalecimiento gradual. La cifra equivale a algo más de 60.000 puestos de trabajo al mes, en línea con los 63.000 empleos privados que ADP estima para febrero.
El contraste con la estadística oficial es, sin embargo, llamativo: el Departamento de Trabajo certificó para febrero una pérdida de 92.000 empleos en el conjunto de la economía y una tasa de paro en el 4,4 %, el nivel más alto desde 2023. Dos realidades en apariencia incompatibles que obligan a interpretar con cuidado el nuevo dato semanal. Sobre ese tablero, la guerra en Irán encarece el petróleo, las bolsas fluctúan y la Reserva Federal decide si aún puede aspirar al ansiado “aterrizaje suave” o si la desaceleración laboral va camino de algo más serio.
Un pulso semanal que marca tendencia
El dato conocido ahora procede del NER Pulse, el termómetro de alta frecuencia que ADP publica tres veces al mes. Se trata de un promedio móvil de cuatro semanas que estima la variación del empleo privado a partir de las nóminas de más de 26 millones de trabajadores gestionadas por la compañía.
Para las cuatro semanas hasta el 21 de febrero, el pulso señala una ganancia media de 15.550 puestos semanales, frente a los 15.500 de la medición anterior. El incremento es mínimo, pero da continuidad a una trayectoria ascendente que comenzó a finales de enero, cuando el mismo indicador apenas marcaba 6.500 empleos por semana, subió luego a 10.250 y después a 12.750 en las lecturas del 24 de febrero.
La propia ADP advierte de que estos datos son “preliminares y sujetos a revisión”, pero insiste en que la secuencia ya permite hablar de “cinco semanas de fortalecimiento” en la contratación privada. El mensaje es claro: después de un arranque de año flojo, el mercado laboral no se está desplomando, sino que recupera algo de tracción, aunque a velocidades muy inferiores a las vistas tras la pandemia.
Cómo lee ADP el mercado laboral
ADP publica desde hace años su conocido National Employment Report mensual, construido a partir de sus bases de nóminas y en colaboración con el laboratorio de economía digital de Stanford. En febrero, ese informe cifró en 63.000 los empleos privados creados, el mejor registro desde noviembre de 2025 y un salto notable frente a los 11.000 de enero.
El NER Pulse es un derivado más reciente de esa misma fuente: un indicador semanal, ajustado por estacionalidad, con un desfase de dos semanas para poder capturar las altas y bajas con más precisión. Su objetivo es ofrecer a economistas y mercados una señal adelantada de hacia dónde se mueve la contratación privada, sin tener que esperar al informe mensual ni, mucho menos, al dato oficial del Gobierno.
La ventaja es evidente: mayor rapidez, menos ruido estadístico en torno a una sola semana y la posibilidad de detectar cambios de tendencia de forma casi inmediata. La desventaja también: se trata de una muestra privada, centrada exclusivamente en el empleo asalariado gestionado por ADP, que deja fuera parte del sector público, del trabajo por cuenta propia y de segmentos informales. En otras palabras, es un termómetro potente, pero no la temperatura del conjunto del enfermo.
La brecha con las cifras oficiales
La mayor anomalía del momento no está en el pulso de ADP, sino en su desacople respecto al informe oficial de empleo. Mientras el indicador privado habla de creación neta, la Oficina de Estadísticas Laborales ha certificado que en febrero la economía destruyó 92.000 puestos, con un desplome concentrado en el sector público y en ramas afectadas por huelgas y paros temporales.
No es la primera vez que ambas series divergen, pero sí una de las más notables. En enero, ADP infravaloró la creación de empleo —estimó 11.000 puestos frente a los 130.000 que finalmente registró el Gobierno— y ahora ocurre lo contrario: el termómetro privado sugiere estabilización mientras el dato oficial apunta a un frenazo brusco.
Hay varias claves técnicas. La primera, que ADP solo cubre al sector privado, mientras la estadística oficial agrega también empleo público, donde se han producido recortes y finales de contratos temporales. La segunda, que las huelgas masivas en sanidad y algunos servicios públicos cuentan como pérdida de empleo en el dato gubernamental si coinciden con la semana de referencia, pero apenas se reflejan en las nóminas privadas. La tercera, que ambos indicadores se revisan con el tiempo y podrían converger parcialmente en los próximos meses.
Por ahora, el diagnóstico más prudente es que el empleo privado resiste mejor de lo que sugiere el dato oficial, pero también que el mercado laboral se ha enfriado de forma visible respecto a los años de rebote post-covid.
Los sectores que tiran… y los que se frenan
Los datos sectoriales de ADP y de su informe mensual dibujan un mercado laboral a dos velocidades. En febrero, la creación de empleo se concentró en construcción y en educación y servicios sanitarios, mientras que la industria manufacturera, parte del comercio minorista y segmentos vinculados a tecnología y medios siguen mostrando cifras muy débiles o prácticamente planas.
La explicación es doble. Por un lado, los servicios de proximidad (sanidad, cuidados, educación) mantienen una demanda estructural alta incluso en entornos de tipos elevados y guerra en Oriente Medio; por otro, sectores como la industria o la tecnología viven un ajuste silencioso tras los excesos de contratación de 2021-2022, con congelaciones de vacantes y salidas no sustituidas.
El propio análisis de ADP subraya que el crecimiento del empleo se apoya en empresas pequeñas, de menos de veinte trabajadores, responsables de la mayor parte de las nuevas contrataciones, mientras que las grandes corporaciones se muestran mucho más cautas. Este hecho revela un mercado laboral donde el dinamismo se concentra en nichos, pero la gran empresa ya ha bajado una marcha, anticipando un entorno de menor crecimiento y más incertidumbre regulatoria y geopolítica.
Qué mira realmente la Reserva Federal
Para la Reserva Federal, la sucesión de cifras contradictorias complica un ejercicio que ya era delicado. El banco central lleva meses evaluando cuándo puede empezar a recortar unos tipos de interés que permanecen en máximos desde comienzos de los 2000, mientras la inflación repunta por culpa del petróleo y la guerra en Irán.
Si se toma al pie de la letra el dato oficial de 92.000 empleos destruidos, el argumento para empezar a bajar tipos en primavera gana fuerza: el mercado laboral estaría enviando una señal clara de enfriamiento y el riesgo pasaría a ser una recesión, no un nuevo brote inflacionista. Si, en cambio, se da más peso al pulso de ADP y a sus cinco semanas consecutivas de mejora, el relato es distinto: crecimiento débil, pero no colapso, con espacio para que la Fed espere algo más antes de tocar el precio del dinero.
La realidad probablemente se sitúe en un punto intermedio. Los indicadores privados apuntan a un mercado laboral que pierde fuelle, pero sigue creando puestos, sobre todo en servicios; el dato oficial incluye distorsiones puntuales, como huelgas y ajustes públicos, que magnificarían el bache de febrero. En ese contexto, todo apunta a una Fed que mantendrá tipos en marzo, pero que podría abrir la puerta a un primer recorte en primavera si los próximos informes no desmienten el frenazo.
Guerra, petróleo y salarios: los riesgos externos
El empleo ya no se mueve en el vacío. La ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán ha disparado la prima de riesgo geopolítico, encarecido los seguros marítimos y empujado al alza el precio del crudo. El Brent ha llegado a superar los 90 dólares por barril en las últimas sesiones, encadenando la mayor subida semanal en cuatro años ante la práctica paralización del estrecho de Ormuz.
Para la economía estadounidense, eso significa gasolina más cara, costes de transporte al alza y nueva presión sobre la inflación, justo cuando los precios habían empezado a moderarse tras el shock energético de 2022. Si los salarios —que ADP sitúa creciendo aún alrededor del 4 % interanual en muchos sectores— se mantienen firmes, la combinación de energía cara y sueldos al alza puede complicar la tarea de llevar la inflación al entorno del 2 %.
En ese escenario, un mercado laboral que crea 15.550 empleos semanales no es necesariamente una buena noticia para los rendimientos de los bonos: cuanto más aguante el empleo, más difícil será justificar una bajada rápida de tipos si la inflación vuelve a calentarse. La paradoja es conocida: “buenas noticias” para los trabajadores pueden ser “malas noticias” para los inversores que sueñan con un dinero más barato.
El ángulo europeo… y lo que se juega España
Desde Europa, las cifras de ADP se siguen con la vista puesta en dos frentes. Primero, en la demanda externa: si la economía estadounidense mantiene un ritmo de creación de empleo aunque sea modesto, el consumo aguantará y el impacto sobre las exportaciones europeas —incluidas las españolas— será acotado. Si, por el contrario, se impone la lectura del dato oficial y el mercado laboral entra en una fase de destrucción neta de puestos, la segunda mitad de 2026 podría traer un frenazo visible en las ventas de bienes de equipo, automóviles, cerámica o servicios empresariales hacia Estados Unidos.
Segundo, en el precio del dinero. Lo que haga la Fed condiciona de forma indirecta las decisiones del BCE: una bajada temprana de tipos al otro lado del Atlántico podría relajar las condiciones financieras globales y facilitar que Fráncfort empiece también a recortar. Para España, que afronta todavía un abultado volumen de deuda pública y un parque empresarial muy dependiente del crédito bancario, cada décima de tipo de interés ahorrada se traduce en margen fiscal y en inversión menos cara.
En este tablero, un empleo estadounidense que ni se desploma ni se recalienta, como sugiere el pulso de ADP, sería el mejor escenario para la economía europea: suficiente dinamismo como para evitar una recesión global, pero suficiente enfriamiento como para que los bancos centrales se atrevan por fin a girar el timón.
Tres escenarios para el empleo en EEUU
A partir de los datos conocidos, se abren tres grandes escenarios. El primero, y más benigno, es el del aterrizaje suave: los próximos informes oficiales corrigen parte del bache de febrero, el NER Pulse se mantiene en torno a los 10.000-20.000 empleos semanales y el paro se estabiliza ligeramente por encima del 4 %. En ese mundo, la Fed podría empezar a recortar tipos de forma gradual, sin que el mercado laboral sea un freno.
El segundo es el de una desaceleración prolongada. Aquí, el pulso de ADP seguiría positivo, pero en niveles insuficientes para absorber el crecimiento de la población activa, mientras la estadística oficial encadena varios meses de creación simbólica o incluso de ligeras pérdidas de empleo. El paro subiría hacia el 4,7-5 %, el consumo se resentiría y la Fed se vería forzada a recortar tipos más deprisa, pero desde un punto de partida menos benigno.
El tercero, más inquietante, es el del ajuste desordenado: nuevos shocks externos, un petróleo instalado bien por encima de los 90 dólares y una política monetaria que llegue tarde provocarían un par de trimestres de destrucción neta de empleo tanto en ADP como en el dato oficial. En ese punto, el NER Pulse dejaría de ser un indicador de matiz para convertirse en la alarma temprana de una recesión abierta.
Por ahora, los 15.550 empleos semanales que muestra ADP compran tiempo. Pero la propia firma recuerda que sus cifras son preliminares y revisables. Y en un entorno en el que la guerra, la energía y los bancos centrales mueven el tablero cada semana, el margen entre un aterrizaje suave y un giro brusco del mercado laboral sigue siendo incómodamente estrecho.

