EEUU acelera el empleo con 10.250 nuevos puestos a la semana
La economía de Estados Unidos vuelve a enviar una señal de resistencia desde el mercado laboral. Según el nuevo indicador semanal de la firma de nóminas Automatic Data Processing (ADP), los empleadores privados añadieron de media 10.250 puestos de trabajo por semana en las cuatro semanas terminadas el 31 de enero de 2026. Es la tercera semana consecutiva de mejora y supone un salto relevante frente a los 7.750 empleos semanales estimados una semana antes. Se trata todavía de un ritmo modesto para la primera economía del mundo, pero que contrasta con el enfriamiento vivido en 2025, el año de menor creación de empleo desde la pandemia, tras las fuertes revisiones a la baja del dato oficial. Todo ello con una tasa de paro que ha bajado al 4,3% en enero, en niveles históricamente bajos, pero por encima del 4% de hace un año. La consecuencia es clara: el mercado laboral ya no está en ebullición, pero tampoco se ha roto, y obligará a la banca central a hilar muy fino en los próximos meses.
Un repunte moderado en plena desaceleración
El dato semanal de ADP implica que, en un mes típico de cuatro semanas, la economía privada estaría creando en torno a 40.000 nuevos empleos, muy por debajo de los años de recuperación pospandemia, pero claramente por encima de los temores de estancamiento que dominaron el cierre de 2025. El contraste con el informe oficial de enero es llamativo: la Oficina de Estadísticas Laborales informó de 130.000 nuevos puestos de trabajo no agrícolas, un dato que superó con holgura las previsiones de mercado. La divergencia entre ambos indicadores no es nueva, pero sí reveladora: mientras las encuestas oficiales captan un rebote puntual tras un año muy flojo, el indicador de nóminas privadas sugiere que la dinámica de fondo sigue siendo la de crecimiento débil pero positivo.
Este hecho revela un mercado laboral que se está ajustando a un nuevo equilibrio: menos creación de empleo masivo, más rotación sectorial y un protagonismo creciente de los servicios de alto valor añadido. La lectura que se abre paso entre los economistas es clara: la economía estadounidense sigue creando trabajo, pero ya no a la velocidad de 2021-2022. Y eso condiciona tanto el consumo interno como la trayectoria futura de salarios e inflación.
El termómetro privado del empleo: qué mide ADP
El dato conocido ahora procede del NER Pulse, una actualización semanal del tradicional ADP National Employment Report, construido a partir de millones de nóminas procesadas por la compañía. El indicador se elabora como una media móvil de cuatro semanas, con un retraso de dos semanas para depurar mejor la estacionalidad y el ruido estadístico. Su objetivo es ofrecer una fotografía casi en tiempo real de la contratación privada, antes de que se publique el informe oficial del Gobierno.
Frente a la encuesta de empresas que utiliza la Administración, ADP trabaja con datos transaccionales de empresas clientes, lo que le permite detectar giros en la tendencia con cierta anticipación. Sin embargo, su cobertura no es universal y su metodología difiere de la oficial, de ahí las frecuentes diferencias en niveles absolutos. En enero, por ejemplo, el propio informe mensual de ADP estimó que el sector privado solo añadió 22.000 empleos, con la sanidad como gran motor (+74.000) y retrocesos persistentes en manufacturas. La lectura es inequívoca: el empleo se sostiene, pero con una economía que reubica trabajadores más que crear oportunidades masivas desde cero.
Para los mercados, el NER Pulse se ha convertido en un indicador adelantado que ayuda a afinar previsiones de beneficios empresariales y de consumo. Para los bancos centrales, es una pieza más del puzle en un contexto en el que el margen de error es mínimo.
Tres semanas al alza: ¿rebote técnico o cambio de tendencia?
El elemento más llamativo del último dato no es tanto el nivel —10.250 empleos por semana— como la secuencia de tres incrementos semanales consecutivos desde los mínimos de finales de 2025. La propia ADP destaca que los avances se han ido acelerando desde alrededor de 5.000 empleos por semana a mediados de diciembre hasta los 7.750 y, ahora, los 10.250. Es un patrón típico de rebote tras varios meses de frenazo, pero todavía insuficiente para hablar de un nuevo ciclo expansivo.
La gran cuestión es si este movimiento responde a factores puntuales —contrataciones ligadas a rebajas, inventarios o proyectos retrasados por la incertidumbre política— o a una mejora estructural de la demanda de trabajo. La revisión masiva del historial de 2025, con 862.000 empleos menos de los estimados inicialmente, ha demostrado hasta qué punto el mercado laboral puede dar sorpresas a la baja cuando se confronta con datos administrativos más sólidos. En este contexto, muchos analistas recomiendan prudencia: un puñado de semanas de buenos datos no borra de un plumazo un año entero de debilidad.
Sin embargo, lo que sí sugiere la serie reciente de ADP es que el ajuste más duro podría haber quedado atrás. El empleo no se desploma, los despidos masivos siguen siendo contenidos y la economía parece adaptarse gradualmente al impacto de la automatización y del nuevo ciclo de tipos de interés.
Un mercado laboral aún tenso con paro en el 4,3%
Pese a la moderación en el ritmo de creación de empleo, la fotografía agregada sigue siendo la de un mercado laboral tenso. La tasa de paro se situó en el 4,3% en enero, apenas una décima por debajo del 4,4% de diciembre, pero todavía por encima del 4% de hace un año. La propia Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU (BLS) subraya que el número de desempleados se mantiene en torno a los 7,4 millones de personas, con un cuarto de ellos en paro de larga duración.
En comparación internacional, el contraste resulta demoledor: mientras EEUU opera con una tasa de desempleo ligeramente por encima del 4%, la eurozona se sitúa en el 6,2% y España acaba de bajar por primera vez en casi dos décadas del 10%, hasta el 9,93% en el cuarto trimestre de 2025. La economía estadounidense, incluso en un año débil de creación de empleo, sigue exhibiendo una capacidad de absorción de mano de obra que Europa solo ha logrado en episodios muy puntuales.
Este diferencial tiene implicaciones claras para la competitividad relativa y para los flujos de inversión. Para una empresa española que se plantea dónde crecer, la probabilidad de encontrar mano de obra cualificada y un mercado laboral flexible sigue siendo sensiblemente mayor al otro lado del Atlántico.
La mirada de Reserva Federal de Estados Unidos sobre los datos
El mercado laboral es el termómetro decisivo para la política monetaria. Tras tres recortes de tipos en 2025, el banco central ha dejado el precio del dinero en un rango objetivo de 3,5%-3,75%, el más bajo desde 2022 pero aún claramente por encima de los niveles previos a la pandemia. Varios miembros del Comité Federal de Mercado Abierto han deslizado en las últimas semanas que, si la inflación sigue convergiendo hacia el 2% y el empleo se enfría sin colapsar, podrían producirse “varios” recortes adicionales a lo largo del año.
Los datos de ADP llegan precisamente en este punto de máxima sensibilidad. Si el empleo se recupera demasiado deprisa y los salarios vuelven a acelerar, la Fed tendrá menos margen para relajar la política monetaria sin reavivar las presiones inflacionistas. Si, por el contrario, la creación de puestos se mantiene en el entorno de 40.000-70.000 empleos netos al mes en el sector privado, el banco central podría interpretar que la economía avanza hacia un “aterrizaje suave”: crecimiento moderado, inflación contenida y paro todavía bajo.
En cualquier caso, el diagnóstico es inequívoco: la Fed ya no mira solo el número de empleos, sino la calidad del ajuste. Importan tanto las horas trabajadas, la brecha entre sectores y la evolución de la participación laboral como el titular de turno sobre cuántos puestos se han creado en un mes.
Impacto sectorial: servicios resisten, industria se enfría
Detrás de las cifras globales se esconde una recomposición profunda del mercado de trabajo estadounidense. Los datos más recientes muestran que la sanidad y los servicios sociales concentran una parte desproporcionada de la nueva contratación: solo en enero, el sector salud habría sumado alrededor de 80.000 puestos entre hospitales, consultas y residencias, mientras construcción añadía en torno a 30.000 empleos. Por el contrario, la industria manufacturera lleva encadenando pérdidas de empleo casi todos los meses desde primavera de 2024, según ADP.
Este desplazamiento del empleo hacia servicios esenciales y actividades menos expuestas al ciclo industrial tiene varias consecuencias. Por un lado, amortigua el impacto de la desaceleración global en la tasa de paro: la demanda de enfermeros, cuidadores o técnicos sanitarios depende menos del PIB trimestral y más de tendencias demográficas. Por otro, alimenta una brecha salarial creciente entre sectores dinámicos y segmentos que destruyen puestos o los sustituyen por automatización.
Para los inversores, el mensaje es claro: las empresas orientadas a servicios intensivos en mano de obra —sanidad, cuidados, ciertos nichos de construcción y tecnologías de la información— seguirán encontrando demanda, pero también enfrentarán mayores tensiones de costes laborales. La industria pesada, en cambio, combina menor creación de empleo con una presión constante para ganar productividad.
Riesgos a la vista: consumo, salarios e inflación
Aunque el paro siga en niveles históricamente bajos, el enfriamiento del empleo no es inocuo. El hecho de que 2025 se haya saldado con solo 181.000 empleos netos, frente a los más de dos millones creados en 2024, supone un frenazo que ya se nota en la confianza de los hogares y en la disposición de las empresas a invertir. El riesgo no es tanto un desplome inmediato del consumo como una erosión gradual de la capacidad de gasto, especialmente en los segmentos más endeudados.
En paralelo, el crecimiento de los salarios se ha moderado hacia tasas en torno al 3,7% interanual, niveles compatibles con el objetivo de inflación del 2%-2,5% si la productividad acompaña. Sin embargo, la historia reciente muestra que los desajustes pueden aparecer con rapidez si la política monetaria afloja demasiado pronto o si las tensiones geopolíticas vuelven a presionar la energía y las materias primas.
La consecuencia es un escenario de equilibrio inestable: un mercado laboral que ya no impulsa la inflación, pero que tampoco ofrece margen ilimitado para recortar tipos sin riesgos. Cualquier tropiezo —una corrección bursátil intensa, una nueva oleada de despidos tecnológicos o un repunte inesperado de precios— podría acelerar la transición de “aterrizaje suave” a una desaceleración más severa.
