Christian Schulz: Alto el fuego en Ormuz derrumba Brent un 15%, pero alerta geopolítica sigue vigente
Tras casi seis semanas de interrupciones, el Estrecho de Ormuz se encamina a una reapertura parcial después del anuncio de un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, mediado por Pakistán.
La primera reacción del mercado ha sido inmediata: el Brent ha llegado a caer alrededor de un 15%, con precios moviéndose en el entorno de los 95 dólares por barril, tras semanas de tensión y miedo a un shock de oferta.
Sin embargo, el alivio convive con una realidad incómoda: la navegación sigue lejos de la normalidad y la estabilidad del acuerdo está por demostrar.
Un respiro en energía… con tráfico aún atascado
Christian Schulz, economista jefe en AllianzGI, interpreta la caída del crudo como una señal de “descompresión” más que de vuelta a la normalidad. El anuncio reduce el riesgo inmediato de desabastecimiento, pero no elimina la incertidumbre: el paso depende de garantías operativas y de seguridad que todavía no están consolidadas.
De hecho, pese al titular del alto el fuego, el flujo marítimo continúa limitado. Datos de seguimiento citados por la prensa financiera apuntan a que, en las primeras horas, la actividad fue mínima y más de 400 petroleros seguían esperando para transitar, reflejo de la cautela de navieras y aseguradoras.
Trump acelera el relato; Teherán pisa el freno
Washington intenta presentar el alto el fuego como antesala de un acuerdo más amplio. Donald Trump aseguró que “casi todos los puntos de desacuerdo” se han resuelto, mientras Irán se muestra más prudente y remite a marcos de negociación distintos, con el levantamiento de sanciones como epicentro.
La arquitectura de propuestas también refleja esa brecha. En paralelo a referencias a un posible plan estadounidense amplio, Teherán ha divulgado su plan de 10 puntos, con exigencias de coordinación militar para el tránsito, alivio de sanciones y compensaciones vinculadas al estrecho.
Pakistán aparece como anfitrión de la siguiente ronda, con la ambición de convertir una tregua táctica en negociación efectiva.
La prima de riesgo no se va: bancos centrales ganan tiempo
Schulz subraya que el episodio justifica que persista —e incluso se refuerce— una prima de riesgo geopolítico en energía. El mercado ha corregido la parte más extrema del miedo, pero el conflicto sigue abierto en sus puntos críticos: el programa nuclear iraní, las garantías de seguridad exigidas por EEUU y el equilibrio regional.
En clave macro, el alto el fuego tiene un efecto colateral: concede margen a los bancos centrales para evaluar el impacto de un shock de oferta que, de haberse consolidado, habría reavivado el dilema inflación-tipos. Por ahora, el mensaje del precio es de alivio; el de la geopolítica, de fragilidad.
El desplome del Brent tras el alto el fuego —hasta el entorno de 92-95 dólares y con una caída intradía superior al 15%, la mayor en porcentaje desde 2020— refleja que el mercado ha deshecho parte del “precio del pánico”, pero no ha borrado la prima de riesgo. En paralelo, la estructura del mercado sigue enviando señales de tensión: episodios de backwardation (el crudo al contado más caro que los futuros) y anomalías como ver WTI por encima de Brent en plena escalada previa apuntaron a escasez inmediata de barriles disponibles y a una normalización solo gradual cuando la logística vuelva a funcionar. Eso encaja con la lectura de Christian Schulz (AllianzGI): el alivio es real, pero el equilibrio sigue colgando de la estabilidad política y del tráfico marítimo.
En el mercado físico, de hecho, el “cuello de botella” continúa. Aunque el anuncio calmó a los inversores, el tránsito por Ormuz ha sido mínimo y centenares de petroleros siguen a la espera, mientras aseguradoras y navieras mantienen cautela. Las señales de estrés se ven también en los costes de transporte: el Baltic Dirty Tanker Index llegó a marcar máximos históricos a finales de marzo y, aunque se moderó algo, sigue en niveles excepcionalmente altos, lo que encarece cada barril entregado. En ese contexto, el aumento de cuotas de OPEP+ de 206.000 barriles/día desde mayo es más un mensaje de “red de seguridad” que una solución inmediata si la ruta crítica no recupera normalidad.