Los datos de producción, consumo e inflación en Japón no logran despejar las dudas sobre el giro del Banco de Japón ni sobre la salud del ciclo asiático

Asia cae pese al repunte del 4% en las ventas japonesas

La sesión asiática de este viernes ha vuelto a recordar a los inversores que los datos macro no siempre mandan. Pese a que la producción industrial japonesa creció un 2,3% interanual en enero y las ventas minoristas avanzaron un sólido 4,1%, la mayoría de bolsas de Asia-Pacífico ha terminado en rojo. Tokio registró además una inflación del 1,6% en febrero, con un índice excluyendo alimentos frescos en el 1,8%, por debajo del objetivo del 2% del Banco de Japón (BoJ). Japón debería estar celebrando cierta normalización, pero el mercado lee otra cosa: crecimiento frágil, inflación insuficiente para cerrar el experimento monetario más agresivo del mundo y un yen que, en torno a los 155,9 por dólar, sigue lanzando señales de estrés financiero.

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI

Asia cae pese al repunte del 4% en las ventas japonesas
EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI Asia cae pese al repunte del 4% en las ventas japonesas

Los números en frío parecen positivos. La industria japonesa deja atrás meses de debilidad con un crecimiento del 2,3% en enero, mientras el consumo interno —a través de las ventas minoristas— avanza un 4,1% interanual, un ritmo que en cualquier economía avanzada se consideraría robusto. Sin embargo, el Nikkei 225 retrocede un 0,42%, el Kospi surcoreano cae un 1,56%, el Shanghai Composite permanece prácticamente plano y el Shenzhen Composite cede un 0,12%. La única nota algo más positiva llega de Hong Kong, donde el Hang Seng suma un discreto 0,15%, y de Australia, donde el S&P/ASX 200 pierde apenas un 0,06%.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

Este contraste es el verdadero mensaje del día. El mercado está diciendo que el rebote de enero puede ser más coyuntural que estructural. La combinación de un consumo que tira, una producción que mejora y una inflación que no despega deja a los inversores en una zona incómoda: demasiado calor para seguir confiando ciegamente en la liquidez del BoJ, pero demasiado frío para apostar por un ciclo alcista sostenido de beneficios empresariales. El resultado es un tono de toma de beneficios y prudencia que se extiende por toda la región.

 

Índice Hang Seng
Índice Korea Composite Stock Price

Producción industrial al alza, pero con señales de fatiga

El detalle de la producción industrial refuerza esa sensación de fragilidad. El Ministerio de Economía japonés ha descrito la evolución reciente de la industria como un movimiento que “fluctúa de forma indecisa”, con un repunte en enero pero previsiones de descensos en los meses siguientes. En otras palabras: el dato del 2,3% es bueno, pero no garantiza tendencia.

Buena parte del impulso procede del sector del automóvil, de los plásticos y de algunos segmentos químicos, mientras que la maquinaria de producción y la industria papelera siguen lastrando el conjunto. Es la radiografía de una economía que aún depende en exceso de la demanda externa y que sufre cuando el entorno global se endurece. Y la foto de 2026 es precisamente esa: comercio mundial ralentizado, tensiones geopolíticas y nuevas barreras comerciales que penalizan a los exportadores asiáticos.

Además, las previsiones oficiales apuntan a caídas de la producción en febrero y marzo, lo que podría borrar parte del avance de enero y devolver la narrativa a un patrón de estancamiento industrial. Para el inversor, este vaivén implica más volatilidad en los sectores cíclicos japoneses —industriales, autos, materiales— y dificulta construir una tesis clara de medio plazo sobre el país.

Consumo resistente: el 4,1% que sostiene el PIB

Si la industria lanza señales mixtas, el consumo se ha convertido en el ancla de la economía nipona. Un crecimiento del 4,1% en las ventas minoristas indica que los hogares siguen gastando, pese al encarecimiento del coste de la vida y la erosión del poder adquisitivo acumulada tras varios años de inflación algo más alta de lo habitual para Japón.

Detrás de esa resistencia está el mercado laboral: el paro se mueve en torno al 2,5%-3%, niveles de pleno empleo, y las grandes negociaciones salariales de los últimos dos años han generado subidas nominales de en torno al 5% en muchas grandes empresas. Aunque parte de ese avance se lo ha comido la inflación, el resultado final es una mejora, aunque modesta, de la renta disponible.

A esto se suma el efecto de las políticas públicas: ayudas a los hogares más vulnerables, descuentos energéticos y, sobre todo, un entorno de tipos ultrabajos que evita un encarecimiento agresivo de las hipotecas. El mensaje de fondo es claro: mientras el empleo aguante, el consumo seguirá siendo el principal dique de contención frente a la debilidad industrial. Pero también hay un riesgo evidente: si el BoJ se ve obligado a normalizar más deprisa los tipos en los próximos trimestres, el golpe podría llegar precisamente por el lado del consumo.

Una inflación por debajo del objetivo complica al Banco de Japón

La otra gran pieza del puzzle de hoy es la inflación de Tokio, considerada un termómetro adelantado de la evolución de los precios en el conjunto del país. El índice general ha subido del 1,5% al 1,6%, mientras que la medida excluyendo alimentos frescos se sitúa en el 1,8%, por debajo del objetivo del 2% que el Banco de Japón repite desde hace una década.

Lo paradójico es que, según los propios análisis internos y de organismos independientes, dos de las tres medidas de inflación subyacente que vigila el BoJ siguen por debajo del 2%, lo que sugiere que el repunte de precios no está plenamente asentado. Es decir, la institución se encuentra atrapada entre un mercado que le exige abandonar los tipos negativos y un cuadro de precios que aún no justifica un giro drástico.

Este hecho revela por qué cualquier dato de inflación, aunque se mueva apenas una décima, se traduce hoy en movimientos amplificados en bolsa, bonos y divisas. Una inflación persistentemente por debajo del objetivo obligaría al BoJ a mantener durante más tiempo su política de tipos reales muy negativos, alimentando burbujas de activos y debilitando aún más al yen. Pero una sorpresa al alza, en cambio, precipitaría un endurecimiento monetario que el tejido empresarial japonés no ha tenido que enfrentar en casi 30 años.

El mensaje de los índices: Nikkei, Kospi y Hang Seng

La reacción de los mercados de renta variable sintetiza todas estas tensiones. El Nikkei 225, que venía de meses de subidas apoyadas en el carry trade y la debilidad del yen, corrige un 0,42%. El movimiento no es dramático, pero sí significativo: llega justo después de un dato macro mejor de lo esperado, lo que sugiere más un ajuste de expectativas que un simple ruido intradía.

Más preocupante es la caída del 1,56% del Kospi surcoreano, muy expuesto a la industria de semiconductores y a la demanda global de tecnología. Allí, las dudas sobre el ciclo manufacturero mundial se sienten con especial fuerza. El contraste con Hong Kong, donde el Hang Seng suma un 0,15%, y con las bolsas chinas, prácticamente planas, apunta a un mercado que distingue entre países con bancos centrales aún ultraexpansivos —como Japón— y economías donde ya se ha avanzado más en la normalización monetaria.

En conjunto, el mapa de la sesión —rojo en Tokio y Seúl, gris en Shanghái, ligero verde en Hong Kong y apenas cambios en Sídney— transmite una idea sencilla: los inversores descuentan un Asia a varias velocidades, con Japón en el centro de todas las incógnitas monetarias.

El yen se mueve: 155 por dólar y la sombra de la intervención

En divisas, el mensaje es igual de delicado. El dólar cae un 0,17% frente al yen y se cambia en torno a los 155,8645 yenes, un movimiento diario modesto pero desde niveles históricamente muy depreciados para la moneda japonesa. En términos prácticos, el yen sigue siendo una de las principales divisas de financiación del mundo, y ese papel no cambiará mientras el diferencial de tipos con Estados Unidos y la eurozona siga siendo tan abultado.

Sin embargo, la zona de 150-160 yenes por dólar es también la franja donde el Ministerio de Finanzas japonés ha demostrado que está dispuesto a intervenir, como ya hizo en episodios recientes con ventas masivas de dólares. Cada décima de inflación que se acerque —o se aleje— del 2% altera la probabilidad de que el BoJ acompañe a esas intervenciones con movimientos de tipos o ajustes en el control de la curva de tipos.

Para los mercados globales, esto no es un detalle técnico: un giro del BoJ afectaría al coste del dinero en yenes para bancos, fondos y empresas de todo el mundo, desarmando parte de las estrategias de carry trade que han irrigado de liquidez a otros mercados, incluida la deuda corporativa europea.

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