Bancos centrales en crisis de confianza: Europa duda mientras el Dow Jones digiere el ‘shock’ Maduro
El IBEX 35 coquetea con máximos, el oro se dispara y los inversores miran a la Fed, al BCE y al impacto de la operación en Venezuela sobre el petróleo y Wall Street
El arranque de 2026 deja una paradoja incómoda en los mercados. Las Bolsas europeas, con el IBEX 35 intentando de nuevo batir sus máximos históricos, parecen celebrar la continuidad del ciclo alcista. Sin embargo, bajo la superficie crece un diagnóstico inquietante: los bancos centrales atraviesan una crisis de credibilidad que condiciona tanto la renta variable como las decisiones de ahorro e inversión de millones de ciudadanos.
El profesor Alexis Ortega, de EAE Business School, resume el momento con crudeza: la Reserva Federal y el Banco Central Europeo siguen siendo el eje del sistema, pero su capacidad para anclar expectativas de inflación y guiar a los mercados “está seriamente dañada”. A esta fragilidad se superpone el último episodio de riesgo geopolítico: la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, un golpe con impacto directo en el petróleo y que Wall Street ha recibido con una mezcla de cautela y frialdad.
Mientras el S&P 500 cede alrededor de un 1% en la última semana pero aún suma un 15% en los últimos doce meses, el Dow Jones Industrial Average resiste mejor gracias al tirón de industriales, energía y financieras. Europa, por su parte, se mueve entre la inercia alcista y unos datos macro que sugieren más fragilidad de la que descuentan los índices.
IBEX 35 cerca de récords con PMI en zona de contracción
El pulso de las Bolsas europeas invita a pensar que 2026 arranca como una prolongación de 2025. El IBEX 35 acumula subidas cercanas al 20% interanual, el EuroStoxx 50 se mantiene a poca distancia de sus máximos y los grandes valores financieros han aprovechado unos tipos altos para recomponer márgenes.
Sin embargo, Ortega advierte que el entusiasmo bursátil convive con señales más preocupantes. Los PMI manufactureros de la zona euro han vuelto a situarse por debajo de 50 puntos, el umbral que separa expansión de contracción. Alemania y Francia registran lecturas que apuntan a debilidad industrial, mientras Italia y España resisten algo mejor gracias al turismo y a los servicios.
La clave, según el analista, está en el sector servicios: si los próximos datos reflejan un enfriamiento similar al de la industria, el escenario de “simple desaceleración” podría virar hacia algo más serio. Por ahora, los índices como el IBEX se benefician de flujos de inversión que buscan dividendo alto y valoración razonable, pero el margen para ignorar la macro se estrecha.
Europa en pausa: una economía que espera confirmación
La sensación predominante en el viejo continente es la de una economía en pausa. El crecimiento de la zona euro apenas supera el 1% anual, el crédito nuevo a empresas se ha ralentizado y la inversión en bienes de equipo empieza a acusar el coste de financiación.
En este contexto, los mercados se mueven en un equilibrio delicado:
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Descuento de recortes de tipos en la segunda mitad de 2026, siempre que la inflación siga cediendo.
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Miedo a que un giro brusco del ciclo obligue a los bancos centrales a mantener los tipos altos más tiempo del previsto, golpeando al sector inmobiliario y al consumo.
Ortega subraya que la confianza empresarial es extremadamente sensible a los mensajes de bancos centrales que, en su opinión, han pasado en pocos años de subestimar la inflación a sobreactuar con un endurecimiento agresivo. Esa volatilidad comunicativa explica parte de la desconfianza actual.
Oro y plata: el refugio frente a la desconfianza monetaria
Mientras las dudas crecen en renta variable y renta fija, los metales preciosos viven su propio ciclo. El oro acumula una subida cercana al 63% en los últimos doce meses, y la plata se ha revalorizado más de un 40%, impulsados por tres factores que, de momento, siguen presentes:
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Una política monetaria que, pese al tono restrictivo, mantiene tipos reales relativamente bajos.
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Una inflación que se resiste a caer al objetivo del 2% de forma rápida y limpia.
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Un aumento histórico de las compras de oro por parte de bancos centrales, especialmente de economías emergentes que buscan diversificar sus reservas.
Para Ortega, este último punto es clave: “El oro está recuperando un papel cuasi-monetario. Cuando ves a bancos centrales elevar sus reservas de forma sostenida, lo que te dicen implícitamente es que confían menos en la arquitectura actual del sistema basado en el dólar”.
La conjunción de esa demanda institucional con el interés de particulares que buscan refugio frente a la erosión del poder adquisitivo dibuja un escenario donde los metales actúan como termómetro de desconfianza hacia la gestión de la inflación.
Bancos centrales bajo sospecha: Powell, Lagarde y el desgaste
La crisis de credibilidad de los bancos centrales ocupa el centro del análisis. Ortega considera que la Reserva Federal y el BCE han cometido errores de diagnóstico que han dejado cicatriz. Primero, minimizando la inflación bajo la etiqueta de “transitoria”; después, aplicando subidas de tipos históricas que han tensionado hipotecas, crédito empresarial y deuda pública.
En Estados Unidos, Jerome Powell afronta crecientes críticas desde sectores que le reprochan haber apretado tarde y demasiado, mientras otros le acusan de estar ya demasiado dispuesto a recortar y arriesgar un nuevo brote inflacionista. En Europa, Christine Lagarde ha visto cómo las discrepancias dentro del Consejo de Gobierno del BCE se filtraban de forma habitual, proyectando la imagen de una institución dividida.
El resultado es un panorama en el que las guías de ambos bancos se interpretan con escepticismo. Cada rueda de prensa se traduce en movimientos bruscos de bonos y divisas, signo de que el mercado no confía plenamente en la hoja de ruta oficial. Y esa desconfianza, recuerda Ortega, “tiende a alargar los periodos de tipos altos, porque cualquier señal de relajación se percibe como potencialmente prematura”.
Del despacho al bolsillo: tipos altos, hipotecas y crédito
La pérdida de credibilidad no es un debate abstracto. Tiene consecuencias directas sobre el ciudadano medio. Con tipos oficiales todavía elevados, las hipotecas a tipo variable en Europa acumulan subidas de cuota superiores al 30% respecto a 2021, y el coste de nuevos préstamos al consumo supera en muchos casos el 8-9% TAE.
Para empresas intensivas en inversión, el contexto tampoco es benigno. El endurecimiento de condiciones y los criterios más estrictos de riesgo bancario han frenado proyectos de expansión, especialmente en sectores intensivos en capital como la industria pesada o las infraestructuras.
Según Ortega, 2026 será un año bisagra: si los bancos centrales no logran transmitir un mensaje claro y consistente sobre el final del ciclo restrictivo, la economía real podría entrar en una fase de crecimiento anémico donde ni la inflación se reduce rápidamente ni el crédito vuelve a fluir con normalidad.
La captura de Maduro: geopolítica y mercados en modo evaluación
Sobre este escenario de desconfianza monetaria se ha superpuesto el último shock geopolítico: la operación militar estadounidense para capturar a Nicolás Maduro, presentada desde Washington como un “éxito total” y ejecutada durante el fin de semana.
El movimiento, que las casas de apuestas apenas recogían —la plataforma Kalshi otorgaba sólo un 13% de probabilidad a su salida antes de febrero—, ha elevado de inmediato las preguntas sobre el impacto en el petróleo, los tipos de interés y los grandes índices, desde el S&P 500 hasta el Dow Jones.
La reacción inicial se ha concentrado en el mercado energético: los contratos de WTI y Brent llegan al episodio tras caer en torno a un 22% interanual, y los analistas barajan descensos adicionales cercanos al 4% si se consolida la expectativa de mayor oferta futura desde una Venezuela reabierta al capital internacional.
En contraste, activos refugio como el oro y los bonos del Tesoro estadounidense apenas han registrado movimientos extremos, señal de que los inversores ven en la operación un evento relevante pero acotado, no el inicio de una guerra regional prolongada.
Petróleo, Dow Jones y S&P 500 ante el nuevo tablero venezolano
Para los grandes índices, el impacto es más matizado. El S&P 500 combina un retroceso semanal del 1% con una ganancia del 15% en doce meses, mientras el Dow Jones muestra un comportamiento algo más defensivo, apoyado en industriales, utilidades y financieras.
El canal de transmisión es claro:
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Si el mercado cree que Venezuela puede aumentar su producción hasta alrededor de 2 millones de barriles diarios en uno o dos años, los precios del crudo podrían mantenerse contenidos.
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Menos presión energética implica menos tensión inflacionista, lo que favorece la narrativa de recortes de tipos prudentes tanto en la Fed como en otros bancos centrales.
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En ese escenario, índices como el Dow Jones, con fuerte peso de sectores sensibles al ciclo —industria, consumo discrecional—, se benefician de un contexto de energía más barata y tipos a la baja.
Sin embargo, el mercado sabe que reconstruir la capacidad petrolera venezolana requiere estabilidad política, seguridad jurídica e inversiones de miles de millones. La experiencia de otros productores demuestra que estas transiciones rara vez son lineales. Por eso, los movimientos en el Dow y en el S&P 500 han sido hasta ahora moderados, con los operadores pendientes de cómo se articule la transición en Caracas y del mensaje de la Fed sobre el posible impacto en la inflación.
Un 2026 decidido por la confianza
El denominador común de todos estos vectores —datos macro europeos, oro, bancos centrales, operación en Venezuela, Dow Jones— es la confianza. Confianza en que los bancos centrales saben lo que hacen; en que los episodios geopolíticos no se descontrolan; en que la inflación se encamina al 2% sin destrozar el empleo.
Para Alexis Ortega, la conclusión es inequívoca: “2026 no será el año de los grandes titulares de tipos, sino el año en que descubriremos si las instituciones que mandan sobre el dinero siguen siendo creíbles. Si el mercado decide que no lo son, el ajuste llegará vía bonos, divisas e índices, empezando por los más expuestos al ciclo como el Dow Jones”.
Europa, con el IBEX 35 rozando máximos, y Estados Unidos, con el S&P 500 y el Dow aún en zona de confort, afrontan así un mismo examen: demostrar que el rally de los últimos años no se ha construido sobre una confianza que ya no existe.