Fin de 2025: bolsas europeas en récord; DAX e Ibex dan la sorpresa
Las bolsas europeas cierran 2025 con máximos históricos, impulsadas por fuertes subidas en el Ibex 35 y el DAX alemán. Mientras, los metales preciosos, oro y plata, registran revalorizaciones récord pero con alta volatilidad, marcando un cierre de año único en los mercados globales.
El año 2025 se despide con un paisaje financiero tan brillante como inquietante. Los grandes índices europeos han encadenado un rally histórico, con el Ibex 35 rondando avances cercanos al 50 % y el DAX alemán superando el 25 %, cifras que hace doce meses parecían ciencia ficción. Al mismo tiempo, los metales preciosos —tradicional refugio en tiempos de miedo— se han transformado en un laboratorio de volatilidad extrema: el oro firma su mejor ejercicio desde 1979 y la plata ha más que duplicado su precio en un año. La pregunta es inevitable: ¿estamos ante un cambio de paradigma o ante la fase final de una burbuja clásica de manual? El contraste con la calma relativa de Wall Street añade una capa más de complejidad a un cierre de año que obliga a mirar 2026 con menos complacencia y más cálculo frío.
Un cierre de año que nadie anticipaba
Lo que hace apenas un año se consideraba un escenario optimista —subidas moderadas, volatilidad contenida y cierta normalización tras el shock inflacionista— ha quedado ampliamente superado. Las bolsas europeas han cerrado 2025 con revalorizaciones de doble dígito que desafían las previsiones más prudentes, en un contexto marcado todavía por guerras, tensiones comerciales y dudas sobre el crecimiento global.
La narrativa oficial habla de desinflación controlada, tipos de interés que han dejado atrás los niveles más restrictivos y una economía que, aunque desacelera, esquiva la recesión técnica en la mayoría de los países del euro. Pero este relato solo explica una parte. La otra tiene que ver con un exceso de liquidez que sigue filtrándose hacia los activos de riesgo, la búsqueda desesperada de rentabilidad en un entorno de tipos reales todavía bajos y el empuje de estrategias cuantitativas y pasivas que amplifican las tendencias.
El resultado es un final de año que combina máximos históricos con una sensación subterránea de fragilidad, especialmente visible en activos donde la especulación se ha impuesto a cualquier análisis fundamental mínimamente riguroso.
Europa en máximos: del DAX al Ibex 35
Los datos son contundentes. El DAX alemán, termómetro industrial y tecnológico del continente, se anota una subida superior al 25 % en 2025, consolidándose como un escaparate de la resiliencia exportadora germana pese a los problemas energéticos y al frenazo de China. El EuroStoxx 50 avanza en torno al 22 %, con varios de sus componentes marcando récords de capitalización. El CAC 40 francés se mueve en alzas cercanas al 18 %, apoyado en lujo, industria y energía.
Sin embargo, la verdadera sorpresa llega desde el sur. El Ibex 35 cierra el ejercicio con una ganancia cercana al 50 %, batiendo por amplio margen a sus homólogos europeos y situándose, en términos de rentabilidad anual, a la altura de los grandes rallies históricos de mercados emergentes. Este comportamiento obliga a revisar viejos prejuicios: España, tradicionalmente vista como mercado rezagado, ha pasado a encabezar la tabla de rendimientos en un año marcado por el re-rating de sectores que llevaban una década olvidados.
Este hecho revela que Europa no ha vivido un rally homogéneo, sino una reordenación de expectativas en la que los índices con mayor peso financiero y valores infravalorados han actuado como palanca principal.
El giro del mercado ibérico: de rezagado crónico a estrella del año
El caso del Ibex 35 merece capítulo propio. Durante años fue el índice de las oportunidades perdidas: peso excesivo de la banca, exposición a economías emergentes volátiles, bajo componente tecnológico y un escepticismo instalado entre los inversores internacionales. En 2025 ese guion se ha invertido de forma abrupta.
La banca española ha sido el motor visible, aprovechando márgenes de intermediación todavía elevados, costes contenidos y una percepción de riesgo país más controlada. Algunos grandes bancos han sumado revalorizaciones superiores al 40 %, apoyados en dividendos generosos y programas de recompra. Pero no ha sido el único vector: utilities, energéticas e incluso valores históricamente rezagados han protagonizado giros de hasta el 60 % desde sus mínimos de 2022-2023, atrapando a quienes esperaban una corrección que nunca terminaba de llegar.
Lo más relevante es que este rally se ha producido en un contexto donde la economía real española mantiene problemas estructurales: paro elevado, productividad estancada y ejecución irregular de inversiones públicas clave. La consecuencia es clara: el mercado está premiando una historia financiera, no una transformación profunda del modelo productivo, lo que aumenta la vulnerabilidad ante eventuales shocks de confianza.
Wall Street levanta el pie del acelerador
Mientras Europa celebra sus máximos, el final de año en Nueva York transmite un mensaje mucho más sobrio. Los futuros sobre el Dow Jones, el Nasdaq 100 y el S&P 500 apuntan a caídas leves y jornadas discretas, en un cuadro que podría definirse como de pausa calculada más que de miedo.
La ausencia de datos macroeconómicos de impacto en los últimos compases de 2025 ha contribuido a esa sensación de calma tensa. Las grandes tecnológicas, que en otros momentos han actuado como locomotora, muestran ahora un comportamiento más selectivo, con rotaciones internas entre subsectores y menos entusiasmo por las valoraciones extremas. La volatilidad implícita se mantiene en rangos relativamente bajos, sin repuntes abruptos que anticipen un giro inmediato de tendencia.
La cuestión de fondo es si esta moderación en Wall Street prefigura un cambio de ciclo para 2026 o simplemente una fase de digestión tras años de ganancias acumuladas. De momento, el contraste con la euforia europea es evidente: mientras el Viejo Continente exprime el tramo final del rally, Estados Unidos parece optar por una gestión más prudente del riesgo.
El oro: refugio clásico convertido en activo estrella
En paralelo al baile de los índices, los metales preciosos han protagonizado una de las historias más llamativas del año. La onza de oro ha registrado su mejor ejercicio desde 1979, con un incremento cercano al 70 % tras un periodo en el que muchos analistas cuestionaban su papel como refugio en la era de las criptomonedas y los activos digitales.
El metal dorado ha llegado a superar los 4.500 dólares por onza en algunos momentos del año, para cerrar todavía fuerte en torno a los 4.310 dólares, niveles que no se veían desde hace décadas en términos reales ajustados por inflación. El volumen en productos financieros ligados al oro —ETFs, futuros, opciones— ha crecido con fuerza, reforzado por bancos centrales que han mantenido un ritmo elevado de compras para diversificar reservas frente al dólar.
“El oro ha recuperado su narrativa de seguro último ante un sistema financiero percibido como cada vez más frágil”, admite un gestor de patrimonios. Lo inquietante es que, con este comportamiento, el refugio clásico ha empezado a moverse con una intensidad más propia de un activo de riesgo, una señal de que el miedo y la especulación conviven en dosis difíciles de separar.
La plata, la montaña rusa definitiva de 2025
Si el oro impresiona, la plata directamente desconcierta. El metal ha protagonizado un rally aún más agresivo, con ganancias acumuladas superiores al 120 % en tan solo un año, duplicando holgadamente su precio desde los mínimos del ciclo anterior. A diferencia del oro, su narrativa combina tres factores explosivos: refugio parcial ante la inflación, demanda industrial vinculada a tecnologías verdes y un componente especulativo mucho más marcado.
Las cifras de volatilidad hablan por sí solas. En las últimas semanas del año, la plata ha encadenado desplomes cercanos al 8 % en una sola sesión y correcciones del 6 % en cuestión de días, borrando en horas lo ganado en semanas. Este comportamiento ha convertido al metal en una suerte de montaña rusa para inversores minoristas y traders apalancados que se han lanzado al mercado atraídos por subidas casi verticales.
“No estamos ante un activo refugio, sino ante un activo de alto riesgo disfrazado de refugio”, señalan fuentes del sector. La consecuencia es clara: interpretar la señal de precio de la plata se ha vuelto extremadamente complejo, porque el componente especulativo ha contaminado cualquier lectura puramente fundamental.