Las bolsas acusan las tensiones en Oriente Medio y la amenaza de Washington de recortar el comercio si Madrid mantiene el veto a sus bases aéreas

DAX y EuroStoxx caen mientras se agrava el pulso EEUU-España

La renta variable europea ha estrenado la sesión de este jueves en negativo, con caídas generalizadas y un telón de fondo cada vez más enrarecido. A la incertidumbre por los ataques a buques mercantes en rutas clave de Oriente Medio se suma ahora un choque diplomático entre España y Estados Unidos, después de que Washington haya deslizado la posibilidad de recortar relaciones comerciales si La Moncloa mantiene el veto al uso de sus bases aéreas. A las 9.00 horas, el DAX alemán cedía un 0,34%, el EuroStoxx 50 retrocedía un 0,41% y el CAC 40 francés se dejaba un 0,42%, mientras el FTSE 100 británico bajaba un 0,10%. Las ventas llegaban acompañadas de un movimiento clásico de refugio: el euro caía un 0,29%, hasta niveles en torno a 1,1606 dólares, y la libra perdía un 0,26%, hasta 1,3340 dólares.

EPA/RONALD WITTEK
EPA/RONALD WITTEK

El arranque de la sesión ha sido claramente bajista, pero sin alcanzar todavía los niveles de tensión vistos en otras crisis geopolíticas recientes. La caída del 0,34% del DAX y del 0,41% del EuroStoxx 50 refleja un movimiento de corrección más que un desplome desordenado, en un mercado que ya venía de varios días de toma de beneficios.

Índice DAX

Los valores más expuestos al ciclo y a la financiación han liderado los retrocesos. Commerzbank, uno de los bancos más sensibles al riesgo país europeo, recortaba en torno a un 1,03%, mientras los grandes nombres del lujo, termómetro habitual del apetito por riesgo, también flojeaban: LVMH perdía cerca de un 1,66% en los primeros compases de la sesión.

Índice Euro Stoxx 50

El diagnóstico de los operadores es matizado. “No estamos ante un shock comparable a 2020 o a la invasión de Ucrania, pero sí ante una suma de focos de riesgo que el mercado llevaba meses ignorando”, resume el director de renta variable de una gran gestora europea. La consecuencia es clara: cualquier titular negativo actúa ahora como catalizador de ventas en un mercado que había recuperado valoraciones exigentes.

Las rutas marítimas, nuevo frente de riesgo

La tensión en Oriente Medio lleva semanas trasladándose a los fletes y a los seguros marítimos, pero en los últimos días el foco ha pasado de ser un riesgo localizado a convertirse en un factor sistémico para Europa. Los nuevos ataques contra buques mercantes en rutas estratégicas han provocado desvíos de trayectos y retrasos en la cadena de suministros que ya empiezan a notarse en sectores como automoción, química o textil.

Según estimaciones de casas de análisis citadas por los operadores, hasta un 15% del comercio marítimo europeo podría estar viéndose impactado directa o indirectamente por los incidentes en la región. Este hecho revela un punto débil: la excesiva dependencia de la industria europea de unas pocas rutas críticas y de unos plazos logísticos muy ajustados tras años de optimización de costes.

Los expertos recuerdan lo ocurrido durante la crisis del canal de Suez en 2021. Entonces, un bloqueo de apenas seis días bastó para alterar durante meses los flujos comerciales y encarecer el transporte en más de un 300% en algunas rutas. Aunque la situación actual es distinta, el precedente pesa. “Cualquier interrupción sostenida se traducirá en presión adicional sobre precios y márgenes empresariales en un momento en que la demanda ya es frágil”, advierten desde una firma de análisis alemana.

Pulso inédito entre Washington y Madrid

Lo más llamativo para los inversores no es sólo la tensión en Oriente Medio, sino el salto cualitativo que supone el choque diplomático entre Estados Unidos y España. Según fuentes citadas en los mercados, Washington habría amenazado con recortar el comercio bilateral si el Gobierno de Pedro Sánchez mantiene las restricciones al uso de las bases aéreas conjuntas en territorio español, clave para la logística militar en la región.

España es uno de los socios históricos de EEUU en el flanco sur de la OTAN y alberga instalaciones estratégicas como las de Rota o Morón, por lo que la escalada verbal se interpreta como un signo de deterioro inusual. Sánchez, sin embargo, habría decidido mantener el pulso, en un contexto interno en el que cualquier cesión visible ante Washington tendría un elevado coste político.

Lo más grave, a ojos de los mercados, es la aparición de declaraciones cruzadas entre altos cargos de ambas administraciones, que se contradicen en público sobre el alcance de las medidas y los plazos de negociación. “Cuando la diplomacia se ventila en ruedas de prensa en lugar de en despachos discretos, el riesgo para los inversores se multiplica”, apunta un gestor de una gestora internacional con fuerte exposición a España.

El impacto potencial en la economía española

Más allá del ruido político, la amenaza de Washington tiene una derivada económica nada menor. El comercio de bienes y servicios entre Estados Unidos y España se sitúa en el entorno de los 40.000 millones de euros anuales, según datos recientes manejados por analistas, con sectores como aerospacial, automoción, tecnología y turismo corporativo como pilares clave.

Un recorte significativo de ese flujo —aunque fuese selectivo o temporal— podría erosionar entre 0,2 y 0,4 puntos de PIB en un horizonte de uno o dos años, dependiendo de la intensidad de las medidas. Además, el contraste con otras economías europeas resulta demoledor: mientras países como Alemania o Francia han reforzado sus lazos comerciales y de defensa con EEUU tras la invasión de Ucrania, España aparece ahora como un socio menos previsible.

La consecuencia es clara: aumenta el riesgo de que parte de la inversión estadounidense en España —que supera los 30.000 millones de stock acumulado— se reoriente hacia otros destinos europeos percibidos como más estables. Para un país que sigue teniendo una tasa de paro cercana al 11%-12% y una deuda pública por encima del 105% del PIB, un deterioro de la confianza inversora sería especialmente costoso.

Los datos macro que pueden cambiar el tono

En paralelo al ruido geopolítico, la sesión está marcada por la publicación de ventas minoristas e industria en la eurozona. El consenso del mercado apunta a un crecimiento de las ventas en torno al 0,8% interanual, impulsado por la moderación de la inflación y por algunas campañas promocionales agresivas en el comercio minorista. Sin embargo, la producción industrial seguiría mostrando debilidad, con caídas cercanas al 0,5% en términos interanuales.

Si los datos decepcionan, el mercado podría interpretar que Europa entra en una fase de crecimiento prácticamente estancado justo cuando la geopolítica mete presión por el lado de los costes. “Un cóctel de crecimiento anémico y tensiones externas es el peor escenario para las bolsas europeas”, resumen en una firma de inversión francesa.

En cambio, unas cifras algo mejores de lo esperado darían aire a los índices en la segunda parte de la sesión, al reforzar la narrativa de una desinflación ordenada que permita a los bancos centrales empezar a relajar su política monetaria en los próximos meses. El margen de maniobra, sin embargo, es limitado: el BCE sigue muy atento a cualquier brote de inflación importada vía energía o transporte.

Divisas en modo refugio y presión sobre el euro

El movimiento de las divisas ha sido coherente con un entorno de mayor aversión al riesgo. El euro cede un 0,29%, hasta la zona de 1,1606 dólares, mientras la libra esterlina pierde un 0,26%, hasta alrededor de 1,3340 dólares. No son movimientos extremos, pero sí suficientes para recordar que el dólar sigue actuando como activo refugio cuando se complica el tablero geopolítico.

Para las empresas europeas, un euro algo más débil tiene efectos mixtos. Por un lado, mejora la competitividad de las exportaciones fuera de la zona euro; por otro, encarece las importaciones de materias primas y energía, precisamente en un momento en que las rutas de suministro vuelven a tensionarse. “Para el BCE, un tipo de cambio demasiado volátil añade una capa de complejidad adicional a su hoja de ruta”, señalan analistas de renta fija.

En los mercados de deuda, aunque el texto de referencia no detalla cifras, los operadores apuntan a ligeros movimientos de compresión en las primas de riesgo core y a cierta estabilidad en la deuda periférica, señal de que por ahora el episodio se percibe como un shock geopolítico y no como una crisis de confianza sobre la sostenibilidad fiscal de los Estados miembros.

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