Los índices reaccionan al pulso geopolítico por Groenlandia y a una inflación británica del 3,4%

Europa abre en rojo con el FTSE cayendo un 0,7%

La renta variable europea ha arrancado la sesión del miércoles con retrocesos moderados pero generalizados, en un clima en el que la economía se mezcla con la geopolítica. El FTSE 100 pierde un 0,73% en la apertura, mientras que el DAX alemán cae en torno a un 0,3% y el CAC 40 francés se deja un 0,6%. Todo ello con los inversores mirando más a Suiza que a sus propias pantallas: Donald Trump interviene hoy en el Foro de Davos, con la incógnita de qué dirá sobre el futuro de Groenlandia y el orden internacional. En paralelo, el dato de inflación de Reino Unido, que ha escalado hasta el 3,4% en diciembre, añade presión sobre la libra y sobre un Banco de Inglaterra que ve alejarse el objetivo del 2%. La sesión nace, por tanto, con una Europa en rojo y un mercado en modo espera tensa.

EPA/GIAN EHRENZELLER
EPA/GIAN EHRENZELLER

Davos, Trump y el nuevo foco de tensión

El telón de fondo de la jornada no es estrictamente económico, sino político. El Foro Económico Mundial de Davos se ha convertido de nuevo en el escenario en el que Estados Unidos marca el tono del debate global. La presencia de Donald Trump, que retoma su viaje tras un contratiempo técnico en su avión —un “problema eléctrico menor” según la Casa Blanca—, llega acompañada de un elemento adicional de fricción: las tensiones en torno a Groenlandia y las especulaciones sobre su futuro estatus estratégico.

Para el mercado, el riesgo no es tanto una decisión inmediata como el mensaje. Un discurso más agresivo hacia Europa o hacia la OTAN, o nuevas referencias a la compra de la isla, reforzarían la percepción de una Casa Blanca dispuesta a reordenar alianzas sin demasiados miramientos. La consecuencia inmediata sería un repunte de la aversión al riesgo, con impacto en sectores más sensibles a la geopolítica, como defensa, energía o grandes exportadoras industriales.

Sin embargo, si Trump opta por un tono más conciliador —centrado en crecimiento, rebajas fiscales o desregulación—, el efecto podría ser el contrario: alivio en las bolsas europeas y cierto apoyo a los activos de riesgo, al menos a corto plazo. Davos, una vez más, funciona como termómetro del clima político que acompaña a los mercados.

UK 100

Un arranque de sesión en rojo, pero contenido

Los datos de la apertura confirman la debilidad vista ya en el premarket. A las 8:00 horas CET, el DAX se dejaba un 0,15% y el Euro Stoxx 50 caía un 0,14%. Una hora más tarde, con la campana sonando ya en las principales plazas, las pérdidas se ampliaban: el DAX pasa a –0,33%, el CAC 40 a –0,61% y el Euro Stoxx 50 ronda –0,18%, mientras el FTSE 100 lidera los descensos con ese –0,73% inicial.

DAX
CAC 40

 

Detrás de las cifras hay nombres propios. En Londres, Admiral Group retrocede cerca de un 1,7% y se sitúa entre los peores valores del índice. En el selectivo alemán, Bayer cae en torno al 1,4%, lastrado por el eterno ruido judicial en torno a sus litigios. En París, Danone se desploma alrededor de un 4,4%, convirtiéndose en el principal lastre tanto para el CAC 40 como para el Euro Stoxx 50.

Este patrón —correcciones moderadas, lideradas por algunos blue chips con problemas específicos— encaja más con un ajuste técnico en un contexto de cautela que con una venta masiva. El volumen no muestra pánico, pero sí un sesgo claro hacia la reducción de riesgo antes de conocer el mensaje que llegue desde Davos.

La inflación británica rompe las previsiones

Si Suiza marca el tono político, Reino Unido pone el dato macro del día. La inflación británica escala al 3,4% en diciembre, por encima de las previsiones de los analistas, que se movían en torno al 3,1%. El dato supone un salto de varias décimas respecto al mes anterior y consolida la idea de que las presiones de precios siguen lejos de estar controladas.

Al mismo tiempo, los precios de producción se mantienen prácticamente congelados (0%) en el mismo periodo, una combinación que sugiere márgenes en estrechamiento para buena parte del tejido empresarial. Si los costes no bajan, pero la inflación al consumo sigue alta, el espacio para subir precios sin destruir demanda se reduce.

Para el Banco de Inglaterra, el mensaje es incómodo: el objetivo del 2% de inflación parece cada vez más lejanos, mientras la economía da señales de fatiga. El mercado empieza a descontar que el margen para recortes de tipos agresivos en 2024 será más limitado de lo que se esperaba hace apenas unos meses. El FTSE, muy expuesto a sectores regulados, bancos y grandes compañías de consumo, acusa el golpe. La consecuencia es clara: más incertidumbre sobre el ciclo monetario y menos apetito por la renta variable británica.

Divisas inmóviles, dudas crecientes

Curiosamente, mientras las bolsas se mueven, el mercado de divisas permanece casi inmóvil. A las 7:59 horas CET, el euro cotiza en torno a 1,1723 dólares y la libra en 1,3436, prácticamente planos frente a la sesión anterior. A las 9:01, los cambios apenas se han alterado: 1,1716 dólares por euro y 1,3443 por libra.

Esta estabilidad relativa refleja que, de momento, los grandes flujos globales no han decidido cambiar de bando. Ni hay una huida clara hacia el dólar como refugio, ni un movimiento de vuelta hacia las divisas europeas. Los inversores esperan a ver si el discurso de Trump introduce elementos nuevos en materia de aranceles, acuerdos comerciales o tipo de cambio.

Lo más llamativo es que, con una inflación británica por encima del 3% y una zona euro que avanza a un ritmo de crecimiento muy modesto —en torno al 1% anual, según las últimas previsiones—, el mercado de divisas se permite el lujo de la calma. Este hecho revela una sensación compartida: falta de visibilidad, pero también de alternativas claras. Ante la duda, los traders prefieren no mover ficha.

Lo que teme el mercado del discurso de Trump

Más allá de Groenlandia, el verdadero miedo de los inversores reside en que Trump utilice Davos para endurecer el tono frente a Europa y China. Una referencia a nuevos aranceles sobre la industria automovilística europea, o un ataque frontal a las instituciones multilaterales, podría traducirse en ventas adicionales en sectores clave como el automóvil alemán, el lujo francés o la banca italiana.

“El mercado no está en modo pánico, pero sí en un modo de vigilancia absoluta. Cualquier frase sobre comercio o defensa puede desencadenar movimientos bruscos en cuestión de minutos”, resume un gestor europeo citado por varias casas de análisis.

Otro elemento a vigilar es el mensaje sobre transición energética y clima. Si Washington insiste en un discurso abiertamente escéptico sobre los compromisos ambientales, el contraste con la agenda verde europea puede provocar desajustes en la competitividad regulatoria y en las expectativas de inversión a largo plazo. La reacción de las utilities, petroleras y compañías de renovables a las palabras de Trump será un termómetro clave.

Lecciones de otros Davos: volatilidad corta, efectos largos

No es la primera vez que Davos se convierte en un catalizador de movimientos en los mercados. En ediciones anteriores, declaraciones inesperadas sobre la guerra comercial, sobre el Brexit o sobre los tipos de interés han provocado repuntes de volatilidad intradía de más del 20% en el VIX europeo, seguidos de una rápida normalización en pocos días.

La experiencia indica que, a menudo, el impacto bursátil directo se diluye, pero el discurso deja un rastro: fija marcos, prioridades y líneas rojas. Lo relevante no es solo lo que diga Trump hoy, sino cómo lo interpreten posteriormente bancos centrales, gobiernos y grandes corporaciones. Un guiño a mayores rebajas fiscales en Estados Unidos, por ejemplo, refuerza la percepción de que la brecha de crecimiento con Europa puede volver a ampliarse, algo que ya se vio tras la reforma fiscal de 2017, cuando Wall Street llegó a avanzar más de un 20% anual mientras los principales índices europeos apenas superaban el 10%.

El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Asia se centra en crecimiento e innovación y Estados Unidos en estímulos y desregulación selectiva, Europa llega a Davos con debate interno, crecimiento débil y una política fiscal fragmentada.

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