Jueves de remontada: S&P 500 sumó 41 puntos hasta 6.823,94, el Nasdaq avanzó 0,81% y el Dow Jones ganó 273 puntos

El S&P 500 sube un 0,61% y vuelve a situarse por encima de sus medias de 100 y 200 sesiones. El crudo repunta un 3,66% sin romper los 100 dólares, mientras el VIX cae a mínimos desde el inicio de la guerra.
Wall Street Foto de Bumgeun Nick Suh en Unsplash
Wall Street Foto de Bumgeun Nick Suh en Unsplash

Wall Street cerró al alza este jueves con una idea dominando el parqué: la tregua entre Estados Unidos e Irán puede ser frágil, pero el mercado prefiere el alivio a la incertidumbre.
Los índices rebotaron tras un amago de caída, impulsados por las negociaciones para encauzar el conflicto de seis semanas y por la expectativa de contactos entre Israel y Líbano.
El S&P 500 sumó 41 puntos hasta 6.823,94, el Nasdaq avanzó 0,81% y el Dow Jones ganó 273 puntos.
El petróleo osciló toda la sesión y la Reserva Federal asomó de nuevo en el radar con el aviso implícito: si la guerra se alarga, la inflación puede volver a mandar.

Dow jones DJI_2026-04-09_22-12-45
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La paz como activo financiero

El mercado no cotiza la paz: cotiza la probabilidad de que el peor escenario no se materialice. Y hoy bastó con eso. El avance de los tres grandes índices respondió menos a un optimismo pleno y más a la sensación de que Washington busca cerrar un frente que ya está dejando huella en la energía, el transporte y las expectativas de precios. El síntoma más claro fue el retroceso del VIX, el llamado “índice del miedo”, que cayó un 7,03% hasta su nivel más bajo desde el inicio del conflicto. Esa caída suele indicar una cosa: el inversor vuelve a comprar tiempo.

Pero el alivio llega con letra pequeña. Las conversaciones avanzan mientras la tregua se describe como temporal y sujeta a sobresaltos. En ese terreno, cada declaración cuenta. La consecuencia es clara: el mercado premia cualquier señal de desescalada, aunque sea parcial, porque reduce la prima de riesgo geopolítico que se había colado en casi todos los activos.

Ormuz: el cuello de botella que decide el precio del día

Si había un termómetro encendido en la sesión era el crudo. Los futuros del WTI de primer vencimiento terminaron con un +3,66%, aunque por debajo de 100 dólares. Esa dualidad —sube con fuerza, pero no rompe nivel psicológico— refleja exactamente lo que preocupa: la reapertura efectiva del Estrecho de Ormuz. Por ese corredor se envía aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, y el mercado sigue sin una confirmación operativa de normalidad, más allá del marco diplomático.

La volatilidad del barril se ha convertido en una especie de referéndum continuo sobre la credibilidad del alto el fuego. Si Ormuz se atasca, el shock se traslada a la gasolina, a los fletes y, en última instancia, a la inflación. Si fluye, se relaja la presión sobre precios y sobre bancos centrales. Por eso el petróleo “manda” incluso cuando las acciones suben: marca el coste real de esta guerra y la velocidad a la que puede contaminar el ciclo económico.

El S&P recupera las medias: señal técnica y mensaje político

En apenas dos sesiones, el S&P 500 ha vuelto a colocarse por encima de sus medias de 100 y 200 días, dos referencias técnicas que muchos gestores interpretan como frontera entre corrección y reconstrucción de tendencia. No es magia: es posicionamiento. Cuando el índice recupera esos niveles, suele atraer compras sistemáticas —fondos cuantitativos, estrategias de tendencia— y obliga a recomponer coberturas a quien se quedó corto.

Pero hay un matiz relevante: este rebote no nace de un dato de productividad ni de un salto de beneficios agregados, sino de una reducción del riesgo extremo. Dicho de otro modo, el mercado está diciendo que puede convivir con titulares si el coste energético no se desborda. El contraste con otras semanas resulta demoledor: bastaba un titular sobre Ormuz para activar ventas; hoy bastó una expectativa de conversaciones para reabrir el grifo comprador.

Inflación “en línea”, crecimiento flojo: el equilibrio incómodo

Los datos de PIB y PCE publicados por el Departamento de Comercio dibujaron el patrón clásico de los últimos trimestres: inflación que no cae lo suficiente y crecimiento que no acelera lo necesario. La economía avanzó en el cuarto trimestre a un ritmo más débil de lo esperado, mientras los precios al consumidor se mantuvieron elevados, según la lectura del mercado. Es el tipo de combinación que no permite relajarse: si la actividad se enfría, el margen para endurecer política monetaria se estrecha; si la inflación se resiste, el margen para recortar también.

A esto se sumó un recordatorio en las actas de la Fed: los responsables monetarios empiezan a contemplar subidas de tipos si el conflicto prolonga el impacto inflacionario. El diagnóstico es inequívoco: una guerra larga funciona como impuesto energético. Y ese impuesto complica la narrativa de “aterrizaje suave” en un momento en el que el crecimiento ya muestra fatiga.

Amazon y la IA: el relato que sostiene el consumo discrecional

El día tuvo un ganador claro en el plano corporativo: Amazon. Sus acciones subieron con fuerza después de que su consejero delegado, Andy Jassy, revelara que los servicios de inteligencia artificial en la nube están generando más de 15.000 millones de dólares de ingresos anualizados. En una sesión dominada por geopolítica y macro, ese dato funcionó como recordatorio de que el mercado sigue dispuesto a pagar por crecimiento “visible”.

La frase que mejor captura el estado de ánimo la puso Oliver Pursche, de Wealthspire Advisors, con un tono tan cínico como realista: “Hay un reconocimiento creciente de que esta administración ladra más de lo que muerde… Desde el punto de vista del inversor, decides si ignorarlo todo o cobrar y sentarte los próximos dos años”. En versión bursátil: si la inflación no se dispara y la IA sigue monetizando, el mercado puede mirar a otro lado… hasta el próximo susto.

Rotación sectorial: chips al frente, software rezagado

Más allá del titular, la sesión dejó un patrón de rotación interesante. El software fue el claro rezagado, mientras retail y chips lideraron. Ese movimiento suele aparecer cuando el mercado busca exposición a crecimiento “tangible” o a cadenas de valor con demanda estructural, pero se vuelve selectivo con los múltiplos más exigentes. La lectura es menos complaciente de lo que parece: no es un “todo vale”, es un “elige bien”.

También hubo historias dispares: Constellation Brands subió tras presentar una caída de ventas trimestrales menor de la prevista, mientras Applied Digital cedió terreno por el deterioro de su pérdida neta. Es decir, el mercado vuelve a discriminar con bisturí: premia sorpresa positiva y castiga debilidad en márgenes o en ejecución. El efecto dominó que viene no dependerá solo de las negociaciones de paz, sino de si el crudo logra estabilizarse y de si la Fed evita que el miedo a la inflación se convierta en política.

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