El hito bursátil llega tras un rally histórico impulsado por los semiconductores

Kospi supera los 5.000 puntos y Lee redobla la apuesta

La Bolsa de Seúl ha cruzado este jueves por primera vez la barrera simbólica de los 5.000 puntos en el índice Kospi, tras un rally cercano al 20% solo en enero y una revalorización de más del 90% en los últimos doce meses, que convierte al mercado coreano en el mejor del mundo en este periodo. La escalada, impulsada por gigantes de los semiconductores como Samsung Electronics y SK Hynix, llega apenas siete meses después de la llegada a la presidencia de Lee Jae-myung, que hizo de este nivel bursátil una de sus promesas electorales. El Gobierno reivindica ahora sus reformas de gobierno corporativo y su ofensiva para acabar con el histórico “Korea discount”, el descuento al que han cotizado tradicionalmente las compañías del país frente a sus comparables internacionales.

EPA/YONHAP
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Un rally histórico en apenas doce meses

El Kospi no solo ha superado los 5.000 puntos, sino que lo ha hecho a una velocidad que pocos analistas se atrevían a pronosticar hace un año. El índice se ha revalorizado más de un 95% en los últimos doce meses y casi un 20% en lo que va de enero, con un máximo intradía por encima de los 5.019 puntos. La combinación de fiebre inversora por la inteligencia artificial, resultados récord del sector de memoria y un agresivo programa de reformas de mercado ha actuado como combustible perfecto.

El contraste con la trayectoria reciente del propio país es llamativo. En 2020, en plena pandemia, el Kospi llegó a caer hasta los 1.500 puntos, para después rebotar a la zona de 3.000 en 2021 y estancarse durante años lastrado por la volatilidad global y la desconfianza hacia la gobernanza de los grandes chaeboles. Hoy, ese escollo parece momentáneamente olvidado.

Lo más relevante para los inversores internacionales es que buena parte de la subida se ha producido sin que desaparezca totalmente el descuento estructural del mercado coreano frente a otros índices desarrollados. Es decir, una parte del movimiento responde a un simple proceso de normalización tras una década de infravaloración. La consecuencia es clara: si las reformas se consolidan, una parte del rally podría resultar más sostenible de lo que sugiere la magnitud de las cifras.

Samsung y SK Hynix, los motores del récord

Detrás del nuevo récord hay dos nombres propios: Samsung Electronics y SK Hynix. Entre ambas compañías suman más de un tercio de la capitalización del Kospi, y su comportamiento explica gran parte de la escalada. Sus acciones han llegado a triplicarse y cuadruplicarse en el último año, respectivamente, impulsadas por la explosión de demanda de memoria para centros de datos de inteligencia artificial.

La narrativa es conocida: Corea del Sur se ha convertido en proveedor esencial de componentes críticos para la nueva infraestructura digital global. Cada anuncio de inversión masiva en IA por parte de gigantes tecnológicos occidentales se traduce en nuevas órdenes para los fabricantes coreanos. Un comentario del consejero delegado de Nvidia apuntando a la necesidad de invertir “billones de dólares” en infraestructura de IA ha actuado recientemente como catalizador adicional para la bolsa de Seúl.

Sin embargo, este hecho revela también una debilidad: la enorme concentración sectorial del índice. Una parte relevante del mercado apenas se mueve frente al vértigo de los semiconductores, y muchos valores industriales, financieros o de consumo siguen lejos de sus máximos históricos. El diagnóstico es inequívoco: Corea se juega mucho más que un número redondo en el Kospi; se juega si su mercado de capitales es capaz de diversificarse más allá de un puñado de campeones tecnológicos.

De promesa electoral a objetivo de Estado

El nivel de 5.000 puntos no es solo un hito financiero; es también una promesa política cumplida. Durante la campaña presidencial de 2025, Lee Jae-myung prometió impulsar el Kospi hasta esa cota mediante una batería de reformas para mejorar los derechos de los minoritarios, forzar mejores políticas de dividendo y atacar las prácticas opacas de los conglomerados familiares.

Nada más llegar a la Casa Azul, el nuevo presidente situó la eliminación del “Korea discount” en el centro de su programa económico. Su Gobierno ha impulsado la revisión de la Ley de Sociedades para reforzar el deber fiduciario de los consejeros hacia todos los accionistas, ha puesto sobre la mesa incentivos fiscales para las compañías que eleven de forma sostenida sus payouts y ha lanzado un plan de “value up” para meter presión a las empresas que siguen cotizando por debajo de su valor contable.

En ese contexto, el mensaje oficial tras el hito de hoy es claro. “Desde el inicio de la nueva Administración hemos trabajado para revitalizar, normalizar y modernizar el mercado de valores, y seguiremos haciéndolo con más intensidad este año”, ha señalado un alto cargo del Ministerio de Economía y Finanzas, que ha reiterado el objetivo de avanzar hacia una auténtica “prima Corea”. El Gobierno se juega buena parte de su credibilidad en que el Kospi no sea solo un termómetro de euforia, sino la prueba de que la arquitectura institucional del mercado está cambiando de verdad.

El origen del “descuento Corea” y la ansiada prima

El llamado “Korea discount” no es un eslogan mediático, sino una realidad que se puede medir. Durante la última década, el mercado coreano ha cotizado con un descuento medio de entre el 20% y el 30% en ratios como PER y precio-valor contable frente a índices de referencia como MSCI World, Japón o Taiwán, pese a albergar algunas de las empresas más competitivas del mundo en tecnología y materiales.

Las causas son múltiples: estructuras accionariales dominadas por familias, escasa protección histórica al minoritario, operaciones vinculadas poco transparentes, baja cultura de dividendo y una prima de riesgo geopolítico derivada tanto del conflicto latente con Corea del Norte como de la rivalidad creciente entre EE. UU. y China. A ello se suma una regulación percibida como errática y una memoria reciente marcada por escándalos de manipulación de cotizaciones.

Lo más grave, a ojos del nuevo Ejecutivo, es que este descuento ha expulsado capital doméstico hacia el exterior: fondos de pensiones y pequeños ahorradores han preferido durante años invertir en índices estadounidenses o globales antes que en su propia bolsa. De ahí que Lee hable insistentemente de pasar del descuento a la prima Corea. Si las reformas logran reducir el gap de valoración, la consecuencia es evidente: llegar a 5.000 no sería el final del camino, sino el inicio de una recomposición profunda del mapa inversor en Asia.

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