Kospi, Nikkei y Shanghái

Kospi, Nikkei y Shanghái se disparan tras el avance militar de EEUU

El golpe de Washington reordena el tablero geopolítico mientras la industria militar asiática lidera las subidas y el petróleo contiene los daños

Gráfico de la bolsa asiática con cifras ascendentes y barras que resaltan al alza, simbolizando el impacto positivo tras la intervención en Venezuela<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Kospi, Nikkei y Shanghái se disparan tras el avance militar de EEUU

El inesperado avance militar de Estados Unidos en Venezuela ha encendido todas las alarmas en el terreno político, pero la primera reacción de los mercados dista mucho del pánico. Las bolsas asiáticas han arrancado el año con un tono claramente alcista, lideradas por el empuje de la industria de defensa, mientras el petróleo apenas corrige y los metales preciosos vuelven a ejercer como refugio clásico. El movimiento, adelantado al arranque de 2026, abre un ciclo de incógnitas sobre la futura relación de Washington con América Latina y sobre la respuesta de China y Rusia. De momento, sin embargo, el mensaje que emite el parqué es otro: más que caos inmediato, los inversores descuentan una reconfiguración del mapa de poder que podría beneficiar a determinados sectores y regiones. La pregunta es cuánto durará esta aparente calma y quién acabará pagando la factura de la operación en Caracas.

Un inicio de año con Venezuela en el centro del mapa

El calendario bursátil de 2026 se abre con un protagonista inesperado: Venezuela vuelve al foco tras años de crisis económica y aislamiento financiero, esta vez por el avance militar de Estados Unidos y el cambio abrupto en el equilibrio interno de poder. La operación, que muchos analistas situaban en el terreno de las hipótesis, se ha materializado antes de lo previsto y ha actuado como detonante para una nueva lectura del riesgo geopolítico.

Lo relevante no es solo el hecho militar, sino su momento y su contexto. Llega tras un 2025 marcado por conflictos latentes en Europa del Este, tensiones en Oriente Medio y una progresiva fatiga de los inversores ante la sucesión de crisis. En ese entorno, cabía esperar una corrección brusca y generalizada. Sin embargo, el mercado ha optado por una respuesta quirúrgica: castigo selectivo a determinados activos energéticos, premio a la industria de defensa y refugio en metales preciosos.

Este hecho revela que los inversores no están leyendo el episodio venezolano como un shock descontrolado, sino como un movimiento más en una estrategia amplia de Washington para reafirmar su influencia en el hemisferio occidental. La consecuencia es clara: el mapa de ganadores y perdedores se está dibujando más por sectores que por geografías.

Kospi en récord: Corea se blinda en el parqué

Una de las sorpresas más llamativas de la jornada llega desde Seúl. El Kospi surcoreano escala más de un 2% y marca un nuevo récord histórico en torno a los 4.445 puntos, consolidando a Corea del Sur como uno de los grandes ganadores del nuevo ciclo. El mensaje es nítido: en un mundo más inestable, los países con industria tecnológica y militar avanzada se convierten en activos estratégicos.

Las acciones vinculadas a la defensa se sitúan al frente del pelotón. Hanwha Aerospace se dispara más de un 4%, reflejando la expectativa de mayores contratos de equipamiento y sistemas de defensa, tanto a nivel nacional como en mercados emergentes que miran a Corea como proveedor alternativo a Estados Unidos. Otros valores del sector avanzan entre un 3% y un 5%, en una rotación clara desde sectores cíclicos hacia compañías que se benefician de un gasto militar en ascenso.

Este rally no es un fenómeno aislado. Corea lleva años reforzando su industria de defensa con exportaciones crecientes hacia Europa del Este, Oriente Medio y el Sudeste Asiático. El avance militar en Venezuela actúa como confirmación de una tendencia de fondo: el gasto global en seguridad no se reduce, solo cambia de coordenadas. El mercado lo sabe y lo descuenta.

El Nikkei se acerca a los 52.000 puntos con la defensa al mando

Si Corea brilla, Japón no se queda atrás. El Nikkei avanza un 3,3% y roza el umbral psicológico de los 52.000 puntos, un nivel que consolida a la bolsa japonesa como uno de los grandes referentes del momento. La subida no se explica únicamente por la tecnología o el efecto divisa; el tirón procede, sobre todo, del complejo industrial-militar nipón.

Gigantes como Kawasaki Heavy Industries y Mitsubishi Heavy Industries registran ganancias en torno al 6%, apoyadas en la expectativa de mayor inversión en defensa por parte de Tokio y de sus aliados. El país ha ido dejando atrás, paso a paso, décadas de restricciones autoimpuestas en materia militar, y el mercado asume que el nuevo escenario geopolítico acelerará ese proceso.

Además, el Nikkei se beneficia de otro factor: la percepción de Japón como refugio institucional en Asia. En un entorno en el que las relaciones entre China y Estados Unidos siguen marcadas por la desconfianza, muchos fondos internacionales optan por reforzar su exposición a un país que combina estabilidad política, músculo industrial y proximidad a las cadenas de valor tecnológicas. El resultado es un índice que sube por la vía doble de la narrativa defensiva y la narrativa de crecimiento.

Hong Kong y China continental: euforia contenida y apuestas quirúrgicas

Frente al entusiasmo coreano y japonés, el tono en Hong Kong y la China continental es más mesurado. El Hang Seng avanza con subidas moderadas, lejos de los extremos, mientras el índice de Shanghái suma alrededor de un 1,1%, en un movimiento que refleja más prudencia selectiva que euforia generalizada.

En el caso chino, los inversores se muestran especialmente atentos a los sectores más expuestos a la crisis venezolana y a la respuesta de Washington. La selectividad se impone: tecnología, consumo interno y nuevas energías reciben flujos, mientras que segmentos ligados a materias primas o a infraestructuras exteriores se enfrentan a mayores dudas. No es solo una cuestión de resultados empresariales, sino de riesgo regulatorio y geopolítico.

En Hong Kong, el sentimiento continúa lastrado por el lastre estructural de la vivienda y la salida paulatina de ciertos inversores internacionales. El avance militar estadounidense añade una capa más de incertidumbre sobre el papel de la plaza como puente financiero con China. De momento, sin embargo, no se observa un pánico vendedor: la lectura mayoritaria es que la partida venezolana se juega, sobre todo, entre Washington y Pekín en otros tableros.

El petróleo aguanta: calma tensa en el mercado energético

Donde cabría esperar un terremoto y, de momento, solo hay temblores controlados es en el mercado del petróleo. El barril de Brent cae alrededor de un 0,8% y se mantiene en la zona de los 60 dólares, mientras el West Texas Intermediate (WTI) cede en torno a un 0,7%. En términos históricos, se trata de un ajuste muy moderado para una intervención militar de este calibre.

La explicación reside en la lectura que hace el mercado sobre la capacidad de Estados Unidos para garantizar el suministro y, llegado el caso, compensar interrupciones desde Venezuela mediante producción propia y liberación de reservas estratégicas. La lógica es sencilla: si la primera potencia energética del mundo es quien mueve ficha, el riesgo de shock descontrolado se percibe como menor.

No obstante, el impacto no es homogéneo. En China, las grandes petroleras sufren un castigo abierto: China National Offshore Oil Company registra caídas superiores al 5%, arrastrando al resto del sector. Las declaraciones recientes de Donald Trump, cuestionando de forma implícita el papel de Pekín en el tablero energético y elevando el tono sobre varios socios regionales, han dejado un sabor amargo entre los inversores, que temen nuevas rondas de sanciones, restricciones o cambios en las rutas de suministro.

Oro y plata: los refugios que vuelven a brillar

Mientras el petróleo intenta mantener el equilibrio, los metales preciosos pisan el acelerador. El oro arranca 2026 con una subida cercana al 2% y supera de nuevo los 4.400 dólares por onza, consolidando niveles que en otras épocas habrían sido calificados de extraordinarios. La plata, por su parte, prolonga un 2025 ya espectacular y se dispara cerca de un 4% hasta los 75,4 dólares por onza.

Estos movimientos apuntan a algo más profundo que un simple ajuste táctico: los inversores están revalorizando el papel de los activos tangibles en carteras saturadas de riesgo tecnológico y financiero. El oro vuelve a ser el seguro clásico frente a episodios de ruptura o desorden, mientras la plata combina su condición de refugio con su uso intensivo en sectores como la electrónica o las energías renovables.

El mensaje de fondo es nítido: aunque los índices bursátiles aparenten tranquilidad, una parte relevante del capital global ya ha cambiado de posición. “Cuando el oro marca máximos y la plata le sigue, el mercado nos está diciendo que el relato oficial de calma no es del todo creíble”, señalan desde una casa de análisis europea. El gráfico de la sesión lo resume bien: una bolsa asiática en verde, barras ascendentes destacando defensa y tecnología, y, en primer plano, el oro y el dólar reforzando su trono.

China en el centro de la nueva ecuación energética

La corrección en las petroleras chinas refleja una preocupación más amplia: el papel de Pekín en la nueva ecuación energética que se abre tras el movimiento de Washington en Venezuela. China, gran importador de crudo y socio clave de múltiples productores emergentes, se enfrenta a un escenario más incómodo si Estados Unidos decide reordenar el mapa de flujos desde América Latina.

Durante los últimos años, Pekín ha invertido miles de millones en infraestructuras, créditos y acuerdos de suministro con países de la región. La intervención en Caracas puede obligar a renegociar contratos, reorientar rutas o, en el peor de los casos, asumir pérdidas en activos estratégicos. De ahí que las caídas superiores al 5% en compañías como China National Offshore Oil Company no sean solo un reflejo de la sesión, sino un aviso de que el riesgo político se está revalorizando en los modelos de precios.

Al mismo tiempo, la crisis venezolana puede acelerar la apuesta china por diversificar su dependencia, reforzando relaciones con otros productores y redoblando la inversión en renovables y almacenamiento. Para el mercado, esto se traduce en una pregunta simple pero determinante: ¿cuánto vale hoy una petrolera con exposición significativa a países donde Estados Unidos está dispuesto a intervenir?

Lo que miran ahora los bancos centrales y los grandes fondos

Con Asia en verde, el petróleo relativamente estable y los metales preciosos en máximos, los bancos centrales y los grandes fondos de inversión han pasado a una fase de vigilancia intensa. No se trata solo de seguir la evolución de los precios, sino de calibrar cuánto de este movimiento responde a flujos puntuales y cuánto a un cambio estructural en la percepción del riesgo geopolítico.

Algunos bancos centrales emergentes podrían aprovechar la coyuntura para incrementar entre 2 y 3 puntos porcentuales el peso del oro en sus reservas, a costa de reducir exposición a deuda soberana de países considerados más vulnerables a la nueva etapa de confrontación. Por su parte, los fondos globales ajustan su mapa: más defensa y tecnología en Asia, más metales preciosos, menos exposición a petroleras con alto riesgo político y una revisión a fondo de posiciones en deuda latinoamericana.

El diagnóstico es claro: la intervención en Venezuela no ha provocado, de momento, un shock financiero global, pero ha elevado un peldaño la prima de riesgo estructural. Y en un mundo de crecimiento moderado, alta deuda y tipos todavía en fase de ajuste, cada peldaño cuenta.

En el más benigno, la operación militar en Venezuela queda contenida, el relevo político se gestiona sin sobresaltos y los mercados consolidan el patrón actual: bolsas asiáticas fuertes, petróleo bajo control, oro en niveles elevados pero estables. En ese mundo, el ruido geopolítico se gestiona como un coste asumible a cambio de mantener el crecimiento.

En un escenario intermedio, más probable según varios analistas, la crisis venezolana se prolonga, se endurece la retórica entre Washington y Pekín y se multiplican las fricciones comerciales y energéticas. El resultado sería más volatilidad en materias primas, repuntes intermitentes en el oro y episodios de corrección en los índices cuando la tensión se acerque a otros países clave.

El peor escenario implicaría un contagio directo a otros productores, sanciones cruzadas masivas y un choque abierto entre grandes potencias. De momento, el mercado apuesta porque no se llegará tan lejos. Pero la combinación de bolsas en máximos, metales refugio disparados y petroleras chinas en retroceso sugiere que, por debajo de la superficie, los inversores se están preparando para un 2026 en el que la geopolítica volverá a mandar más de lo que muchos querrían.

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