El Nasdaq 100 se dispara un 2,35% y rompe récord con 671,25 puntos

Wall Street firma nuevos máximos pese al empleo fuerte y la tensión geopolítica, con la IA y la memoria como motor de un rally cada vez más estrecho.

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El Nasdaq volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando el mundo se complica: subir.

El Nasdaq 100 cerró con un salto del 2,35% y marcó un máximo histórico en 29.234,99 puntos.

Mientras el empleo sorprendía al alza en EE UU, el mercado reescribía el guion de los tipos.

Y, de fondo, una geopolítica que amenaza con colarse por la puerta grande.

El dinero se refugia donde aún ve crecimiento “seguro”. Y hoy ese refugio vuelve a tener nombre propio: IA, semiconductores y nube.

Récord con respiración artificial

El cierre del viernes deja una foto nítida: récords con liderazgo concentrado. El S&P 500 avanzó alrededor de un 0,8% hasta 7.398,93, también en máximos, mientras el Nasdaq Composite subió hasta 26.247,08. En paralelo, el Dow apenas se movió —un síntoma que el mercado no disimula—: la subida no es “de todo”, sino de lo que pesa y convence.

Lo más grave no es la euforia, sino su mecánica: un puñado de valores explica una parte desproporcionada del movimiento. En la sesión destacaron saltos como Akamai (+~27%) o Sandisk (+16,6%), junto a avances abultados en nombres ligados al ciclo de chips. El contraste con otras industrias resulta demoledor: el mercado paga crecimiento inmediato en infraestructura digital y castiga cualquier negocio que huela a desaceleración o a márgenes bajo presión.

Empleo fuerte, tipos más pegajosos

El dato laboral fue, en teoría, munición para el “riesgo”: Estados Unidos añadió 115.000 empleos frente a una expectativa de 65.000. En condiciones normales, una sorpresa así enfría la narrativa de recortes de tipos. Sin embargo, el mercado decidió mirar más allá del titular: interpreta que la economía resiste sin recalentarse de forma descontrolada, y que el crecimiento corporativo —sobre todo en tecnología— aún no ha agotado su ciclo.

Ese equilibrio es frágil. Un mercado laboral que no se rompe reduce el “seguro” de la Fed, pero también sostiene consumo y beneficios. La lectura implícita es casi cínica: mientras no aparezca un repunte claro de inflación o un shock de beneficios, el capital seguirá persiguiendo lo que funciona. Y lo que funciona, ahora, es la inversión en capacidad: centros de datos, redes, almacenamiento, seguridad.

Memoria y semiconductores: el cuello de botella

El rally no se explica sin una palabra que parecía olvidada: escasez. La demanda asociada a la IA está tensionando el suministro de memoria y acelerando un ciclo que recuerda —con otras magnitudes— a episodios anteriores de “superciclo” tecnológico. Los últimos movimientos en valores ligados a memoria reflejan una carrera por componentes críticos.

En Sandisk, el movimiento empieza a tener soporte en cifras. La compañía comunicó ingresos trimestrales de 5.950 millones y un salto secuencial del 97%, con un beneficio neto GAAP de 3.615 millones. Es un tipo de crecimiento que, cuando aparece, reorganiza carteras: no se compra “tecnología” en abstracto, se compran eslabones concretos de una cadena productiva que el mercado considera imprescindible. La consecuencia es un Nasdaq más dependiente de pocos ganadores… y más vulnerable a cualquier grieta en ese relato.

Akamai y el negocio invisible de la nube

Si hubo un símbolo del día fue Akamai: su acción voló tras anunciar un compromiso de 1.800 millones de dólares a siete años ligado a su infraestructura cloud, atribuido a un gran actor de modelos “frontier”. No es solo un contrato; es una señal. La IA ya no compite solo en chips, también en alquiler de capacidad, seguridad, latencia y distribución de contenidos. Y ahí, compañías tradicionalmente “defensivas” dentro del sector encuentran una nueva narrativa.

El diagnóstico es inequívoco: la nube se está convirtiendo en el “peaje” del auge de la IA. Por eso el mercado tolera valoraciones exigentes y reacciona con violencia ante cualquier confirmación de demanda. “Una tregua de tres días puede ser el ‘principio del fin’… pero en bolsa manda el flujo: contratos largos, ingresos recurrentes y capacidad asegurada.” En esa frase —más que en un indicador técnico— se entiende el apetito actual por tecnológicas con caja y visibilidad.

Geopolítica: treguas cortas, prima larga

El telón de fondo, sin embargo, no es cómodo. En Oriente Próximo, Washington esperaba una respuesta de Irán a una propuesta de alto el fuego, una incertidumbre que añade prima de riesgo a energía y a la confianza global. Y en Europa del Este, Rusia y Ucrania confirmaron una tregua de tres días desde el 9 de mayo, con intercambio de prisioneros, en un movimiento que Trump llegó a presentar como “beginning of the end”.

Lo relevante para el mercado no es el titular, sino la credibilidad. El historial de altos el fuego vulnerados obliga a cotizar el riesgo como algo estructural: incluso cuando llegan pausas, se descuentan como temporales. Ese es el motivo por el que el dinero se agarra a sectores capaces de crecer “a pesar” del mundo, no “gracias” al mundo. Y ahí la tecnología —otra vez— actúa como refugio imperfecto: protege, pero concentra.

Euro fuerte y el espejo europeo

En divisas, el euro se mantuvo firme, moviéndose en el entorno de 1,18 dólares, una apreciación que encaja con una idea que gana fuerza en 2026: parte del capital global busca diversificar la exposición a EE UU en plena volatilidad política y geopolítica. El euro fuerte, sin embargo, es arma de doble filo: mejora la percepción de estabilidad, pero amenaza competitividad exportadora y beneficios de multinacionales europeas con ingresos fuera del bloque.

La paradoja es que un dólar menos dominante puede terminar alimentando aún más el rally estadounidense… si el mercado concluye que la innovación sigue concentrada en Wall Street. Por ahora, la sesión deja un mensaje incómodo: récords sí, pero con pocos nombres. Y cuando el mercado se acostumbra a depender de un puñado de motores, cualquier fallo —en resultados, en chips o en geopolítica— deja de ser un susto y pasa a ser un evento.

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