¿Rumbo a 10.000 dólares?

Dow Jones o el oro y la plata: una nueva era dorada en los metales preciosos

La plata se dispara un 111% en 2025 y los expertos avisan: el rally solo acaba de empezar

UNSPLASH/JINGMING PAN
UNSPLASH/JINGMING PAN

En un año marcado por la incertidumbre económica y la búsqueda de refugios alternativos, los metales preciosos han vuelto al centro del escenario. La plata, que acumula una revalorización superior al 111% en 2025, se ha convertido en el activo estrella para muchos inversores. Lejos de verlo como un pico puntual, Javier López Milán, CEO de SilverGold Patrimonio, interpreta este movimiento como el arranque de un ciclo alcista “explosivo”. A su juicio, la plata seguiría “barata” y el oro podría aspirar a niveles de hasta 10.000 dólares la onza en los próximos años.

La revancha de la plata

Durante años, la plata ha convivido a la sombra del oro, tanto en narrativa como en flujos de inversión. Sin embargo, López Milán sostiene que esa infravaloración histórica es precisamente el combustible del actual rally:

Según explica, la plata “ha ido por detrás del oro y solo por ponerse al día podría duplicar o incluso triplicar su valor”. El argumento no se apoya únicamente en gráficos, sino en una combinación de factores estructurales:

  • Revalorización acumulada superior al 111% en 2025.

  • Aumento del interés inversor, tanto minorista como institucional.

  • Percepción de que, pese a la subida, el metal sigue lejos de su “precio justo” en términos históricos y de relación con el oro.

En este contexto, López Milán proyecta un escenario agresivo pero definido: la plata podría situarse en el entorno de 100-110 dólares la onza para 2026 y escalar hacia los 275-300 dólares en 2028, si se mantiene el actual desequilibrio entre oferta y demanda.

Cuellos de botella en la oferta y demanda desbordada

La narrativa se refuerza con lo que está ocurriendo en el lado físico del mercado. El CEO de SilverGold Patrimonio pone el foco en tres elementos que están tensionando los precios:

  • Refinerías saturadas, con plazos de entrega cada vez más largos.

  • Minas con costes elevados que, pese a ello, se reactivan para intentar absorber la demanda.

  • Un mercado minorista que empieza a ver la plata no solo como refugio, sino como activo de alto potencial.

La consecuencia es un entorno de oferta limitada y demanda creciente, clásico caldo de cultivo para movimientos alcistas prolongados. Y, a diferencia de otros ciclos, esta vez la plata está ganando peso tanto en carteras conservadoras como en perfiles más arriesgados que buscan multiplicar rentabilidad en un horizonte de varios años.

El oro: de fase lateral a objetivo 10.000 dólares

El otro gran protagonista del tablero es, inevitablemente, el oro. Tras un ejercicio con subidas relevantes, el metal amarillo se mueve ahora en una fase que López Milán define como “lateral”, pero no agotada.

En el corto plazo, su escenario contempla un posible intento hacia la zona de los 4.400 dólares por onza, pero el verdadero foco está en el medio y largo plazo:

  • Rango objetivo 2026-2027: entre 6.000 y 7.000 dólares la onza.

  • Proyección extrema para 2028: hasta los 10.000 dólares la onza.

Esta visión, tan ambiciosa como polémica, se apoya en varios vectores:

  • Persistencia de presiones inflacionarias.

  • Búsqueda global de activos refugio ante la inestabilidad política y financiera.

  • Interés sostenido de bancos centrales y grandes patrimonios por incrementar reservas en oro físico.

En palabras de López Milán, el oro seguiría siendo el “pilar estructural” de muchas estrategias patrimoniales, incluso si la plata acapara ahora los titulares más espectaculares.

Cómo recomponer la cartera: oro, plata y metales industriales

Con este panorama, la pregunta evidente es: ¿cómo deberían reaccionar los inversores que ya tienen metales en cartera o que se plantean incorporarlos?

López Milán propone una estructura orientativa para un horizonte de medio plazo:

  • 40% en oro, como base de estabilidad y reserva de valor.

  • 40% en plata, buscando aprovechar el potencial de revalorización adicional.

  • 20% en metales industriales (paladio, platino, rodio), con un perfil más especulativo.

Eso sí, advierte de la elevada volatilidad de estos últimos y de la necesidad de gestionarlos con una mirada menos impulsiva y más estratégica. Por ello, recomienda:

  • Tomar plusvalías donde ya haya fuertes revalorizaciones.

  • Reequilibrar posiciones hacia la distribución objetivo deseada.

  • Comprar de forma fraccionada, evitando apostar todo en un único momento de mercado.

El análisis se extiende también a los llamados metales industriales, que juegan un papel clave en sectores como el automotriz, la tecnología o la transición energética.

Metales como el paladio, platino o rodio:

  • Están expuestos a cadenas de valor ligadas a baterías, catalizadores, hidrógeno o electrónica avanzada.

  • Tienen mercados más estrechos y volátiles, donde los movimientos bruscos son frecuentes.

  • Pueden ofrecer importantes retornos, pero solo para perfiles dispuestos a soportar un alto grado de riesgo y oscilaciones.

Para López Milán, estos activos funcionan mejor como “satélites” dentro de la cartera: complementan al oro y la plata, pero no deben sustituirlos como núcleo del patrimonio.

Un ciclo alcista que puede marcar época

El mensaje de fondo es claro: el fuerte repunte de la plata en 2025 no sería un episodio aislado, sino la primera fase de un ciclo alcista de largo recorrido en metales preciosos, apoyado en:

  • Un entorno macroeconómico inestable y endeudado.

  • Bancos centrales atrapados entre inflación y crecimiento.

  • Una demanda física y de inversión que no deja de ampliarse.

En este contexto, la combinación de oro, plata y una selección prudente de metales industriales se presenta, según López Milán, como una de las estrategias más interesantes para quienes quieran blindar parte de su patrimonio y, al mismo tiempo, capturar potencial de revalorización en los próximos años.

La clave, insiste, no está en adivinar el máximo exacto del ciclo, sino en entrar con criterio, diversificar y tener paciencia. En un mercado donde la volatilidad es la norma, los metales preciosos vuelven a recordar por qué llevan siglos siendo sinónimo de valor.

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