El oro roza máximos: sube un 1% y la plata un 4%
La tensión geopolítica vuelve a dictar el pulso de los mercados. Mientras Washington y Teherán se preparan para una nueva cita en Ginebra el 26 de febrero, los inversores han optado por la salida clásica en tiempos de incertidumbre: refugiarse en los metales preciosos. El oro se ha apreciado un 1,01%, hasta los 5.215,34 dólares por onza, consolidando una zona de máximos históricos tras varias semanas de repunte. La plata ha dado un salto aún mayor, con un avance cercano al 4% y precios en torno a 90,77 dólares por onza. El movimiento no se limita a estos dos activos: el platino se dispara más de un 7% y el paladio supera el 2% de subida intradía. La consecuencia es clara: el mercado está volviendo a poner precio al riesgo de una confrontación abierta entre Estados Unidos e Irán y a un nuevo episodio de volatilidad global.
Un rally que consolida nuevos máximos históricos
El comportamiento del oro en la sesión de este miércoles no es un chispazo aislado, sino la continuación de un rally que ha llevado al metal a superar de forma sostenida la barrera psicológica de los 5.000 dólares por onza en febrero. En apenas tres semanas, el avance acumulado roza el 6%-7%, después de un arranque de año ya marcado por la volatilidad geopolítica y el giro de las expectativas sobre tipos de interés en Estados Unidos.
Lo más relevante no es sólo el nivel absoluto de precios, sino la forma en que el oro está descorrelacionándose de otros activos. En un contexto en el que los principales índices bursátiles internacionales encadenan jornadas mixtas y la renta fija sufre bandazos al compás de los datos de inflación y de crecimiento, el metal amarillo está funcionando como un ancla de estabilidad relativa en las carteras institucionales. Según datos de mercado, los volúmenes negociados en contratos de futuros y en grandes ETF respaldados por oro físico han aumentado entre un 15% y un 20% respecto a la media de los últimos seis meses, indicio de que no se trata únicamente de compras minoristas.
Este hecho revela que el oro se está consolidando como el gran beneficiado de un escenario que combina tres vectores: prima de riesgo geopolítica, dudas sobre la senda de los tipos de interés y desconfianza soterrada en la sostenibilidad de la deuda pública de las grandes economías.
El factor Irán: riesgo militar y negociación en Ginebra
La chispa inmediata de este movimiento vuelve a estar en Oriente Medio. Estados Unidos ha reforzado en las últimas semanas su presencia militar en la región, con un despliegue adicional de aeronaves y activos navales tras varios incidentes con drones y milicias aliadas de Irán. Al mismo tiempo, Washington y Teherán se ven las caras de nuevo en Ginebra en una ronda de negociaciones cuyo resultado es, por ahora, totalmente incierto.
Lo más grave, desde la óptica del mercado, es la sensación de que ambas partes negocian bajo la sombra explícita de una posible acción militar. Estados Unidos ha dejado claro que “todas las opciones siguen sobre la mesa” si Teherán no cede en su programa nuclear, mientras Irán utiliza su peso en el estrecho de Ormuz y su capacidad de desestabilización regional como palanca de presión. El contraste entre la retórica diplomática y los movimientos sobre el terreno resulta demoledor para la confianza de los inversores.
En este contexto, los metales preciosos no sólo descuentan el riesgo de un conflicto localizado, sino también el impacto que tendría sobre el precio del petróleo, la inflación importada y la actividad económica global. La memoria reciente de otras crisis en la región —desde las guerras del Golfo hasta los ataques a instalaciones petroleras saudíes— pesa en la valoración de los gestores. Cualquier titular que apunte a un fracaso en Ginebra puede añadir varios escalones más a la prima de riesgo geopolítica ya incorporada a los activos.
El refugio perfecto frente a la nueva prima de riesgo geopolítica
El comportamiento de los metales encaja con el patrón clásico de huida hacia activos refugio cada vez que se percibe la posibilidad de una ruptura del statu quo geopolítico. Sin embargo, esta vez el movimiento llega sobre una base de precios ya extraordinariamente elevada. El oro no parte de los 1.500-1.800 dólares de otras crisis anteriores, sino de niveles superiores a los 5.000 dólares, tras años de escalada vinculada a la expansión monetaria y a la erosión de la confianza en las divisas fiduciarias.
Los gestores consultados por el mercado describen un fenómeno de “doble colchón”: por un lado, el oro como cobertura frente a un posible shock de petróleo e inflación; por otro, como seguro frente a cualquier vuelco en la gobernanza fiscal de Estados Unidos y Europa. El aumento del endeudamiento público, la incertidumbre sobre el anclaje presupuestario y las tensiones políticas internas en las grandes economías refuerzan el atractivo de un activo que no depende de la solvencia de ningún Estado.
“El mercado ya no compra el relato de una guerra corta y controlada ni de una negociación rápida y limpia”, resume el responsable de materias primas de una gran gestora europea. “Cuando el oro cotiza por encima de 5.200 dólares no sólo está descontando el conflicto de hoy, sino la percepción de que hemos entrado en una década estructuralmente más inestable”. La consecuencia es evidente: cada nuevo episodio de tensión añade una capa más de demanda estructural, no meramente especulativa.
Plata, platino y paladio: la cara industrial del miedo
La subida de la plata, del platino y del paladio introduce un matiz relevante. A diferencia del oro, estos metales tienen un componente industrial mucho más acusado. El hecho de que la plata se dispare casi un 4%, hasta rozar los 91 dólares por onza, y que el platino avance un 7,31% y el paladio un 2,22%, apunta a que el mercado no está valorando sólo el riesgo geopolítico, sino también posibles distorsiones en las cadenas de suministro y en sectores clave como el automóvil, la electrónica o la energía solar.
La plata es esencial en componentes electrónicos y paneles fotovoltaicos; el platino y el paladio, en catalizadores para motores de combustión y en determinadas tecnologías del hidrógeno. Una escalada en Oriente Medio que tensione los costes energéticos y añada incertidumbre regulatoria puede acelerar decisiones de acopio preventivo por parte de grandes fabricantes, elevando la demanda física a corto plazo.
Este comportamiento mixto —refugio financiero más demanda industrial defensiva— convierte a estos metales en un termómetro particularmente sensible de la percepción de riesgo global. Si las negociaciones en Ginebra fracasaran y se produjera algún episodio de interrupción de suministros, no sería descabellado ver nuevos repuntes de doble dígito en un horizonte de pocas semanas. En el escenario contrario, un avance significativo hacia un acuerdo podría desembocar en un clásico movimiento de “sell the news”, con correcciones rápidas en los precios, especialmente de plata y platino.
Impacto sobre bancos centrales, divisas y deuda pública
El repunte de los metales llega en un momento delicado para los bancos centrales. Muchas autoridades monetarias emergentes han incrementado sus reservas de oro en los últimos años, hasta niveles que en algunos casos superan ya el 20%-25% del total de activos en balance. Con un oro instalado por encima de 5.000 dólares, estas posiciones generan plusvalías latentes considerables y refuerzan la capacidad de defensa frente a eventuales salidas de capitales.
Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: cuanto más alto cotiza el oro, más cuestionada queda la credibilidad de las principales divisas, empezando por el dólar. El mensaje implícito es que una parte creciente del ahorro global busca protección fuera del circuito tradicional de deuda soberana. Para países con ratios de deuda sobre PIB superiores al 100%-120%, esto implica tipos de financiación más volátiles y una mayor sensibilidad a cualquier cambio de humor del mercado.
En paralelo, la subida del oro complica la tarea de bancos centrales que intentan dar por cerrados los ciclos de subidas de tipos sin alimentar la percepción de relajación frente a la inflación. Si el mercado interpreta que el rally del metal refleja temor a un rebrote inflacionista asociado al petróleo y a la fragmentación del comercio mundial, el margen para aplicar recortes agresivos de tipos se estrecha. La consecuencia es una mayor probabilidad de escenarios de estanflación suave, con crecimiento débil y precios de materias primas persistentemente elevados.
Qué están haciendo los grandes inversores
Los movimientos registrados en los últimos días apuntan a un reposicionamiento táctico, pero también a cambios estratégicos en las carteras. Los grandes fondos de pensiones y aseguradoras están aprovechando la liquidez de los ETF de oro y plata para incrementar su exposición de forma gradual, elevando el peso conjunto de metales preciosos desde niveles tradicionales del 2%-3% hasta rangos cercanos al 5%-7% en algunos mandatos de largo plazo.
“En un entorno en el que la renta fija ya no garantiza rentabilidades reales positivas y la renta variable está muy expuesta a shocks geopolíticos, el oro funciona como un seguro relativamente barato pese a su precio nominal”, explican fuentes del sector. Este enfoque contrasta con el de los fondos más tácticos y los hedge funds, que están utilizando futuros y opciones para aprovechar la elevada volatilidad intradía.
El contraste con otras regiones resulta especialmente llamativo: mientras parte de los inversores asiáticos apuesta por mineras auríferas y productoras de metales como jugada de apalancamiento al precio del oro, en Europa la preferencia se inclina hacia vehículos más líquidos y diversificados. La posibilidad de un giro brusco si las conversaciones de Ginebra sorprenden positivamente pesa en la ecuación: nadie quiere quedar atrapado en posiciones ilíquidas en un mercado capaz de corregir un 10% en cuestión de sesiones.
