El metal vive su mayor rally en décadas y desata la fiebre especulativa mientras el oro marca nuevos máximos y el resto de metales preciosos se contagian

La plata se dispara un 136% en seis meses y rompe los 91 dólares

La plata ha superado este miércoles los 91 dólares por onza, con un salto intradía superior al 4% y un avance acumulado del 136% en apenas seis meses, pese a haber corregido un 11% en el último mes. El movimiento consolida al metal como protagonista absoluto del mercado de materias primas en 2026, en paralelo a un oro por encima de los 5.100 dólares, también en zona de máximos históricos. Al cierre de las 3:54 horas ET, la plata se negociaba en 91,01 dólares por onza, frente a un oro en 5.187,79 dólares, un platino disparado un 5,67% hasta 2.288,59 dólares y un paladio al alza un 2,09%, en 1.801,28 dólares. La consecuencia es clara: la combinación de tensión geopolítica, guerra comercial y dudas sobre el ciclo económico ha encendido de nuevo la “fiebre de los metales refugio”, con la plata en el centro del huracán.

Plata UNSPLASH/SCOTTSDALE MINT
Plata UNSPLASH/SCOTTSDALE MINT

Un rally histórico en solo seis meses

La escalada de la plata no es un repunte puntual, sino la culminación de un rally de libro. Desde niveles en torno a los 38-40 dólares por onza a finales de verano, el metal ha llegado a moverse por encima de los 100 dólares en enero y vuelve ahora a situarse por encima de los 90 dólares tras varias semanas de corrección.

En términos porcentuales, el avance del 136% en medio año coloca a la plata entre los activos financieros más rentables del periodo, muy por delante de los principales índices bursátiles y de la mayoría de materias primas energéticas o agrícolas. Lo más llamativo es que esta escalada se produce tras un 2025 ya excepcional, en el que el metal encadenó máximos históricos impulsado por un fuerte déficit de oferta y una demanda industrial en récord.

El diagnóstico es inequívoco: la plata se ha convertido en un termómetro extremo del momento económico. Cuando el mercado apuesta por crecimiento tecnológico y electrificación, la plata sube; cuando el miedo a una crisis financiera o a una guerra comercial domina los titulares, también sube. Esa doble condición —industrial y refugio— está detrás de la violencia de los movimientos actuales.

El papel de los metales refugio en la tormenta arancelaria

La nueva fase del rally se entiende mal sin la tormenta arancelaria desatada por Estados Unidos. La decisión del Tribunal Supremo norteamericano de tumbar buena parte de los aranceles anteriores y la rápida respuesta política, con el anuncio de nuevos gravámenes globales del 10% primero y del 15% después, ha devuelto al mercado a un escenario de guerra comercial abierta.

Cada vez que crece el riesgo de represalias, ruptura de cadenas de suministro y desaceleración del comercio mundial, los inversores se refugian en activos tradicionalmente percibidos como seguros. El oro es el primer beneficiado, pero la plata amplifica estos movimientos por su menor tamaño de mercado y su fuerte componente especulativo.

Lo más grave, desde el punto de vista de estabilidad financiera, es que este giro se produce tras años de tipos de interés reales muy bajos y de exceso de liquidez, que han alimentado posiciones apalancadas en derivados sobre metales preciosos. Un cambio brusco en las expectativas sobre inflación, tipos o crecimiento puede provocar liquidaciones forzadas igual de violentas en sentido contrario. El contraste con otros activos de riesgo resulta demoledor: mientras algunos índices bursátiles corrigen por el miedo a las nuevas tarifas, la plata encadena sesiones de subidas explosivas.ç

Déficit de oferta y fiebre industrial: la otra cara de la plata

Más allá del componente financiero, hay una realidad física que explica buena parte de este movimiento: falta plata. La producción minera lleva años creciendo por debajo de la demanda total y el mercado arrastra un déficit estructural alimentado por tres grandes vectores: la fotovoltaica, la electrificación del transporte y la expansión de la infraestructura digital asociada a la inteligencia artificial.

Según diferentes informes sectoriales, más del 50% de la demanda mundial de plata ya procede de usos industriales, con la energía solar como uno de los principales motores. Cada nuevo gigavatio de capacidad fotovoltaica instala gramos adicionales de plata que no vuelven al mercado en décadas. Al mismo tiempo, el uso del metal en componentes electrónicos, baterías y sistemas avanzados de comunicación ha dejado de ser marginal.

Este hecho revela una paradoja: la plata sube a la vez como seguro frente a la incertidumbre y como materia prima esencial de la transición energética. Los bancos de inversión empiezan a incorporar escenarios en los que, si la oferta no reacciona con nuevas minas y proyectos de refinado, el déficit anual se mantenga durante varios años, manteniendo el precio en niveles históricamente elevados incluso con una corrección de la burbuja financiera.

Un mercado cada vez más volátil y apalancado

La otra cara del rally es una volatilidad extrema. En cuestión de pocas semanas, la plata ha pasado de marcar máximos históricos por encima de los 100 dólares a perder casi la mitad de su valor en algunos mercados locales, para después rebotar más de un 18% desde los mínimos anuales.

Este patrón —subidas parabólicas seguidas de desplomes igual de violentos— recuerda inevitablemente a episodios como el intento de los hermanos Hunt de acaparar el mercado a finales de los años 70, cuando el precio llegó a multiplicarse por siete en pocos meses antes de colapsar.

Hoy, sin embargo, la palanca ya no es solo física sino sobre todo financiera. Fondos cuantitativos, ETF apalancados y plataformas de derivados permiten multiplicar las apuestas al alza y a la baja con un coste reducido. Cualquier noticia sobre aranceles, tipos de interés o tensiones geopolíticas se traduce en movimientos intradía de varios puntos porcentuales. El resultado es un mercado menos apto para el inversor minorista que no pueda soportar oscilaciones del 10%-15% en cuestión de días.

El contagio al oro, al platino y al paladio

El movimiento de hoy confirma que la fiebre de los metales preciosos va más allá de la plata. El oro avanza un 0,46% hasta 5.187,79 dólares por onza, manteniéndose muy cerca de sus récords recientes y consolidando una revalorización de dos dígitos en el último año.

Más llamativo aún es el comportamiento del platino, que se dispara un 5,67% hasta 2.288,59 dólares, y del paladio, que suma un 2,09% hasta 1.801,28 dólares. Ambos metales, con un fuerte componente industrial ligado a la automoción y a catalizadores, se benefician de la expectativa de restricciones de oferta en países productores clave y de la búsqueda de alternativas al oro y la plata para diversificar carteras.

El contraste con otras clases de activos es significativo: mientras las bolsas reaccionan con nerviosismo a las noticias sobre la política comercial estadounidense y los bonos recogen mensajes contradictorios sobre el futuro de los tipos, el complejo de metales preciosos se ha convertido en uno de los pocos segmentos con una tendencia claramente alcista a medio plazo. Sin embargo, esa fortaleza tiene un precio: el riesgo de burbuja especulativa aumenta cada semana que los fundamentales quedan a la zaga de las cotizaciones.

Riesgos regulatorios y de política monetaria

En este contexto, los bancos centrales y los reguladores de mercados tienen un papel nada menor. Las decisiones de la Reserva Federal sobre el ritmo de recortes o subidas de tipos, así como los mensajes sobre inflación, condicionan directamente el atractivo del oro y la plata como activos sin rendimiento. Si los tipos reales vuelven a terreno claramente positivo, parte del capital que hoy fluye hacia los metales podría girarse hacia la deuda pública.

Además, los supervisores observan con creciente inquietud el aumento del apalancamiento en derivados sobre materias primas. Una corrección brusca, forzada por cambios regulatorios o por un giro inesperado en la política monetaria, podría desencadenar ventas en cascada y tensiones de liquidez en algunas entidades muy expuestas. El precedente de episodios anteriores de “short squeeze” en metales y otros activos cotizados no invita a la complacencia.

Para los gobiernos, la escalada tiene una derivada adicional: encarece proyectos de infraestructuras, renovables y electrificación que dependen de la plata y de otros metales críticos. El coste de la transición energética no es ajeno al precio que hoy marca la onza en los mercados de futuros.

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