Las tensiones entre Estados Unidos e Irán y la nueva ofensiva arancelaria de Trump disparan la búsqueda de refugios en los metales preciosos

La plata se dispara un 4% y arrastra al oro

La combinación de riesgo de ataques de Estados Unidos contra Irán y una nueva ronda de aranceles globales impulsada por Donald Trump ha encendido todas las alarmas en los mercados de materias primas. La reacción ha sido inmediata en los metales preciosos: la plata se ha disparado un 4,02%, hasta 87,51 dólares por onza, mientras el oro escala otro 1,47% y supera los 5.167 dólares, en un movimiento que muchos analistas ya califican de huida masiva hacia activos refugio. En paralelo, el platino y el paladio se suman al rally, con subidas más moderadas pero significativas. 

Plata UNSPLASH/SCOTTSDALE MINT
Plata UNSPLASH/SCOTTSDALE MINT

La reacción inmediata del mercado de metales

Según datos de baha news, la sesión ha estado marcada por fuertes movimientos desde la apertura americana. La plata saltó un 4,02% hasta 87,51 dólares por onza a las 21:31 horas (ET), mientras el oro avanzó un 1,47% hasta 5.167,62 dólares apenas cinco minutos después. En la misma ventana temporal, el platino sumó un 0,50% hasta 2.172,35 dólares y el paladio un 0,27%, hasta 1.738,30 dólares por onza.

Más allá de las cifras, el mensaje de mercado es inequívoco: los inversores están rotando capital desde activos de riesgo —especialmente renta variable cíclica y deuda de alto rendimiento— hacia refugios clásicos. Las órdenes de compra se han concentrado en ETFs respaldados por oro y plata física, con volúmenes que, según varias mesas de negociación, duplican la media de las últimas cuatro semanas.

“El mercado ya no está negociando solo cifras de inflación, sino riesgos de misiles y represalias arancelarias a escala global”, resume un gestor de materias primas de una gran entidad europea. Lo más grave, apuntan las mismas fuentes, es que esta reacción se produce en un contexto de volatilidad ya elevada en los bonos soberanos y con unos tipos de interés que siguen en niveles exigentes.

Un refugio clásico ante el riesgo de guerra

El detonante geopolítico es claro: el aumento del riesgo de ataques de Estados Unidos sobre objetivos en Irán tras nuevos incidentes en la región. Cada vez que el mercado percibe una posible escalada militar en Oriente Medio, el patrón se repite: subida del petróleo, presión sobre las divisas emergentes y flujo inmediato hacia oro y plata.

La diferencia ahora es el nivel de partida. Con el oro ya muy por encima de los 5.000 dólares y la plata rozando máximos que no se veían desde las grandes burbujas de materias primas, cualquier nueva escalada tiene un efecto amplificado. Para muchos fondos macro, la prima de riesgo geopolítica se ha convertido en una variable tan importante como los datos de inflación o las expectativas sobre la Reserva Federal.

En este contexto, la plata juega un doble papel: activo refugio y materia prima industrial clave en sectores como la electrónica o la energía solar. Ese carácter híbrido hace que, a diferencia del oro, los movimientos de la plata incorporen también el temor a interrupciones de la actividad industrial si el conflicto se prolonga. El diagnóstico es inequívoco: cuanto más se hable de misiles y sanciones, más presión alcista soportarán los metales.

La nueva ofensiva arancelaria de Trump

A la tensión militar se suma un segundo factor desestabilizador: la decisión de Donald Trump de elevar al 15% su nuevo arancel global, tras arrancar en el 10%. El objetivo declarado por la Casa Blanca es sustituir las tasas anteriores que fueron declaradas ilegales por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, pero el efecto económico va mucho más allá de un ajuste técnico.

Este giro supone, de facto, reabrir la puerta a una guerra comercial de segunda generación, con un arancel plano que afectaría a un amplio abanico de productos y socios comerciales. Para las cadenas de suministro globales, ya tensionadas tras años de disrupciones, el mensaje es inquietante: más incertidumbre regulatoria, más costes de cumplimiento y, en último término, más presión inflacionista.

Los mercados reaccionan con un patrón conocido: ventas en sectores exportadores, repunte en defensivos y entrada en activos refugio como el oro y la plata. La consecuencia es clara: el arancel no solo encarece el comercio; también se convierte en un catalizador de volatilidad financiera que complica el trabajo de bancos centrales y gobiernos.

Impacto en la inflación y en las materias primas industriales

El repunte de los metales preciosos llega en un momento delicado para la lucha contra la inflación. Tras varios trimestres de desaceleración de los precios, un nuevo shock en materias primas puede reactivar las tensiones inflacionistas por varias vías. Primero, a través del encarecimiento de insumos industriales: la plata es esencial en la fabricación de paneles solares, componentes electrónicos y equipamiento médico. Un precio sostenido por encima de los 80-90 dólares impacta directamente en los costes de producción.

Segundo, el nuevo arancel del 15% funciona como un impuesto indirecto sobre el comercio internacional. Una parte relevante de ese sobrecoste termina trasladándose a los precios finales, especialmente en economías con menor margen fiscal para compensar vía ayudas o rebajas tributarias.

Por último, la subida del oro por encima de los 5.000 dólares revaloriza las reservas de los bancos centrales, pero también encarece las coberturas que muchas empresas utilizan para protegerse de movimientos bruscos en divisas y tipos. El resultado es un entorno en el que las empresas más endeudadas y con márgenes estrechos pueden sufrir un doble golpe: costes más altos y financiación más cara.

Europa, atrapada entre Washington y Teherán

El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras Washington marca el ritmo de la escalada arancelaria y militar, Europa aparece de nuevo como espectadora vulnerable. La economía europea sigue siendo altamente dependiente de las importaciones energéticas y de una demanda externa basada en reglas de juego estables.

Un conflicto abierto entre Estados Unidos e Irán, acompañado de una nueva ronda de aranceles globales, coloca a la industria europea en una posición incómoda: más costes energéticos, más incertidumbre regulatoria y menor acceso a mercados clave. En este escenario, el repunte de la plata y el oro actúa como termómetro del miedo, pero también como indicador de desconfianza hacia la capacidad de la UE para marcar una agenda propia.

Varios analistas consultados subrayan que la fortaleza o debilidad del euro frente al dólar será clave. Si la moneda común se debilita en exceso, el encarecimiento de las materias primas cotizadas en dólares se multiplicará, añadiendo una capa adicional de presión a la inflación europea justo cuando muchos gobiernos apuestan por relajar el tono de la política monetaria.

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