La plata salta un 4% y roza los 76 dólares
La plata vuelve a encargarse de recordar a los mercados que la fase de normalidad quedó atrás. El metal llegó a dispararse cerca de un 4% este miércoles, superando los 76 dólares por onza, en un nuevo latigazo de volatilidad que se produce justo antes de que se publiquen las actas de la última reunión de la Reserva Federal. Mientras, el oro avanza en torno a un 0,9% hasta los 4.921 dólares, y metales como el platino y el paladio también se apuntan subidas moderadas. El movimiento llega después de semanas de correcciones violentas tras marcar máximos históricos por encima de los 100 dólares.
Un rebote del 4% tras un mes de vértigo
El movimiento de este miércoles no es un simple ajuste técnico. La plata llegó a subir hasta un 4% intradía, y a las 5:16 horas (ET) se negociaba todavía un 3,77% al alza, en los 76,10 dólares por onza, según los datos del mercado. El rebote se produce apenas días después de caídas de doble dígito que han borrado buena parte de las ganancias acumuladas desde comienzos de año.
En paralelo, el resto del complejo de metales preciosos acompaña, pero con menor intensidad. El oro avanza un 0,87%, hasta 4.921 dólares por onza, consolidando el nivel de los 4.900 tras las turbulencias de las últimas sesiones. El platino suma un 0,82%, hasta 2.038,27 dólares, mientras que el paladio repunta un 1,91%, hasta 1.702,11 dólares por onza.
Este comportamiento dispar confirma una pauta: la plata amplifica los movimientos del oro, tanto al alza como a la baja, en un contexto dominado por algoritmos, apalancamiento y flujos especulativos de muy corto plazo. Lo más grave, desde el punto de vista de la estabilidad financiera, es que estos vaivenes se producen con un volumen creciente de pequeños inversores entrando tarde, empujados por la narrativa del “nuevo ciclo de metales”.
La sombra de la Reserva Federal de Estados Unidos sobre los metales
El catalizador inmediato de este rebote está en Washington. El mercado espera las actas de la reunión de enero de la Fed, que deben aclarar si el banco central está dispuesto a iniciar recortes de tipos en la segunda mitad de 2026 o si, por el contrario, mantendrá una política restrictiva durante más tiempo.
En las últimas semanas, los futuros sobre tipos estadounidenses han llegado a descontar entre 50 y 75 puntos básicos de recortes para este año, tras varios datos de inflación algo más suaves de lo previsto. Cada vez que el mercado refuerza la expectativa de tipos más bajos, los metales preciosos —activos sin rendimiento— recuperan brillo frente a la renta fija y ciertos segmentos de la renta variable.
Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: la Fed sigue priorizando la credibilidad antiinflacionista. Un mensaje menos dovish en las actas podría pinchar de nuevo el rebote de la plata y devolver el foco a la fortaleza del dólar y a la rentabilidad de los bonos reales. La consecuencia es clara: los metales se han convertido en un referéndum casi diario sobre la política monetaria estadounidense, con movimientos desproporcionados ante cualquier matiz en el lenguaje de la institución.
De los 120 dólares al desplome: la burbuja de la plata
El contexto ayuda a entender por qué un simple +4% no es un dato aislado, sino un nuevo capítulo de una historia de exuberancia. En 2025 la plata se revalorizó más de un 130%, impulsada por una combinación explosiva de demanda industrial y compras especulativas, según los análisis de grandes bancos internacionales. A comienzos de 2026, el metal llegó a superar los 120 dólares por onza en algunos mercados de futuros, un nivel sin precedentes en términos nominales.
Después llegó la cara B. En apenas unas sesiones, la plata llegó a caer más de un 30% desde máximos, con jornadas de desplomes intradía superiores al 10-15% y fuertes incrementos de garantías en los mercados de derivados. Lo que muchos inversores minoristas habían comprado como “nuevo oro digital” se reveló como un activo extremadamente procíclico y vulnerable a cualquier giro de sentimiento.
El contraste con otros episodios históricos resulta demoledor: en la famosa burbuja de 1979-1980, el rally estuvo concentrado en un periodo más corto y vinculado a un intento de acaparamiento físico del metal por parte de grandes familias inversoras. Hoy, por el contrario, la palanca son los derivados, el trading algorítmico y la capacidad de amplificación de las redes sociales. El riesgo es que la próxima fase de tensión en los mercados obligue a liquidar posiciones forzadas justo cuando la volatilidad vuelva a dispararse.
Demanda industrial récord y déficit estructural de oferta
Más allá del ruido de corto plazo, existen fundamentos que ayudan a explicar por qué la plata se ha colocado en el centro del tablero. Informes recientes del Silver Institute apuntan a que la demanda industrial de plata marcó máximos históricos en 2024, con un uso superior a los 680 millones de onzas en sectores como la fotovoltaica, la electrónica de potencia y la automoción eléctrica.
Este tirón coincide con lo que varias casas de análisis describen como un “déficit estructural de oferta”: la minería no consigue responder con la suficiente rapidez, las leyes de mineral bajan y nuevos proyectos enfrentan costes regulatorios y ambientales crecientes. El resultado es un mercado donde cualquier shock financiero se amplifica porque se superpone a una tensión de fondo entre oferta y demanda.
Sin embargo, este argumento de largo plazo se está utilizando también como coartada para justificar valoraciones difíciles de sostener cuando el ciclo financiero se gire. “La historia de la plata como metal industrial es sólida; el problema es el precio que se paga por ella”, resume un gestor consultado por este diario. Mientras tanto, los pequeños ahorradores se enfrentan a la dificultad de separar el ruido de corto plazo de una tesis de inversión que, incluso siendo correcta en diez años, puede atravesar caídas del 40-50% en cuestión de semanas.
Oro, platino y paladio: el resto del tablero
Aunque la plata acapara titulares, el resto de los metales preciosos dibuja un panorama igualmente revelador. El oro, tradicional valor refugio, ha oscilado en las últimas semanas entre correcciones del 2-3% y rebotes superiores al 1% diario, en función de cada dato de inflación o de empleo en Estados Unidos.
Platino y paladio, por su parte, se mueven en un rango más discreto, pero relevante: subidas de entre el 0,8% y el 2% en la sesión, con precios que rondan los 2.000 y 1.700 dólares por onza, respectivamente. Su dinámica está mucho más ligada a la industria del automóvil y a la transición tecnológica de los catalizadores convencionales hacia nuevas soluciones menos intensivas en estos metales.
Lo llamativo es que, pese a estos movimientos, las bolsas siguen relativamente serenas y las primas de riesgo de la deuda corporativa apenas se han tensionado. El contraste con otras crisis de materias primas resulta llamativo: por ahora, la volatilidad se concentra en los metales y en determinados segmentos de materias primas energéticas, mientras los grandes índices tratan de mirar más allá del ruido diario. Pero si la plata vuelve a acercarse a los tres dígitos por onza, el contagio al resto de activos podría ser cuestión de tiempo.
