El rally de chips sostiene a las bolsas pese al miedo a la IA, Dow Jones aguanta en 51.926 puntos
Micron subió un 16% y bastó ese dato para cambiar el tono de una sesión marcada por la prudencia. Las bolsas mundiales avanzaron este jueves al calor de unos resultados sólidos en semiconductores, aunque el mercado volvió a exhibir una paradoja incómoda: cuanto más crece la promesa de la inteligencia artificial, mayor es el temor a que sus valoraciones hayan corrido demasiado. El dólar, por su parte, se mantuvo cerca de máximos de un año, el yen volvió a rozar niveles críticos y el petróleo regresó a precios previos a la escalada bélica en Oriente Medio. El diagnóstico es claro: el mercado sube, pero lo hace con los nervios a flor de piel.
El impulso de los chips
La jornada tuvo un protagonista evidente: el sector de los semiconductores. Micron avanzó cerca de un 16% después de presentar unas previsiones que reforzaron la tesis de que la demanda vinculada a la IA sigue lejos de agotarse. Qualcomm también aportó combustible al rally, con una subida próxima al 4,7% tras anticipar 15.000 millones de dólares anuales en ventas de su negocio de centros de datos para 2029.
Este hecho revela que el mercado continúa premiando cualquier empresa capaz de demostrar exposición directa al ciclo de inteligencia artificial. Sin embargo, la reacción no fue homogénea. El Nasdaq cayó un 0,54%, arrastrado por la volatilidad de las grandes tecnológicas, mientras Apple cedió más de un 5%. La euforia existe, pero ya no compra todo indiscriminadamente.
Lo más grave para los inversores no es que las tecnológicas suban, sino la distancia que han abierto frente al resto del mercado. Marc Dizard, responsable de inversiones de Huntington Bank, advirtió de que el sector tecnológico frente al S&P 500 sin tecnología se sitúa ya en torno a 2,8 desviaciones estándar sobre su media histórica.
La lectura es inequívoca: el mercado no está necesariamente rechazando la IA, pero sí empieza a cuestionar el precio que está dispuesto a pagar por ella. Tras varios años de subidas, una parte del capital busca beneficios y reduce exposición. La consecuencia es clara: más volatilidad, sesiones irregulares y un rally cada vez más dependiente de resultados extraordinarios.
Wall Street avanza a dos velocidades
El comportamiento de Wall Street fue desigual. El Dow Jones subió un 0,2%, apoyado en industriales, salud y materiales. El S&P 500 quedó prácticamente plano, con una caída marginal del 0,03%, mientras el Nasdaq retrocedió por la presión sobre las megacapitalizadas.
El contraste resulta relevante. Las bolsas ya no se mueven como un bloque único. Los inversores buscan empresas con beneficios visibles y castigan aquellas donde el crecimiento futuro exige demasiada fe. En Europa, el Stoxx 600 avanzó un 0,80%, mientras el índice global MSCI ganó cerca de un 0,94%. La subida fue amplia, pero no exenta de dudas.
La Fed vuelve a pesar
El otro gran condicionante sigue siendo el precio del dinero. Los mercados descuentan tipos más altos durante más tiempo por parte de la Reserva Federal y otros bancos centrales. Y eso afecta de forma directa a las empresas tecnológicas, consideradas activos de larga duración porque gran parte de su valor depende de beneficios futuros.
La inflación estadounidense volvió a superar el 4% anual por primera vez en tres años, impulsada por la energía y la tensión en Oriente Medio. Sin embargo, la lectura mensual quedó algo por debajo de lo previsto, lo que permitió cierto alivio en la deuda. El bono estadounidense a diez años bajó hasta el 4,394%, mientras el de dos años cedió al 4,123%.
El petróleo enfría la tensión
El petróleo repuntó, pero siguió cerca de niveles previos a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El Brent cerró con una subida del 2%, hasta 75,26 dólares por barril. La clave está en el estrecho de Ormuz: el paso de petroleros sin interrupciones graves redujo el miedo a un shock inmediato de suministro.
Sin embargo, el equilibrio es frágil. Un barril estabilizado en torno a los 75 dólares ayuda a moderar expectativas inflacionistas, pero cualquier alteración logística en Oriente Medio puede devolver presión a precios, bancos centrales y bolsas. El mercado respira, aunque no descarta nuevos sobresaltos.
En divisas, el dólar cedió un 0,16%, hasta los 101,44 puntos en su índice de referencia, pero siguió cerca de máximos de un año. El euro cotizó en torno a 1,1371 dólares, apenas por encima de su mínimo de trece meses. El yen, en cambio, volvió a situarse en una zona crítica: 161,79 unidades por dólar, cerca de mínimos de cuatro décadas.
La debilidad de la moneda japonesa aumenta el riesgo de intervención por parte de Tokio. El problema es que las actuaciones anteriores no lograron frenar la tendencia. Para los mercados globales, un yen tan débil no es un dato aislado: encarece importaciones, presiona a hogares japoneses y puede forzar movimientos abruptos en carteras internacionales.
El oro recupera atractivo
El oro subió un 0,95%, hasta 4.038,29 dólares la onza, beneficiado por la ligera caída del dólar y por la búsqueda de cobertura ante un entorno de inflación persistente, tensiones geopolíticas y dudas sobre las valoraciones bursátiles. No es una señal menor.
Cuando acciones, deuda, divisas y materias primas se mueven a la vez por miedo a los tipos y a la geopolítica, el oro recupera su papel clásico. La jornada dejó una imagen precisa del mercado actual: apetito por riesgo en la IA, prudencia ante sus excesos y refugio creciente ante cualquier grieta del relato dominante.