Santander y BNP lideran las caídas en Europa por el arancel del 10% de Trump
La sesión europea ha arrancado en rojo, pero el movimiento de los índices solo cuenta una parte de la historia. El verdadero giro está en Washington: la Casa Blanca ha activado un arancel universal del 10% a todas las importaciones, una escalada proteccionista que los mercados temían que llegara al 15%, pero que aun así introduce un shock de incertidumbre en el comercio mundial. A la vez, Ucrania marca el cuarto aniversario de la campaña militar rusa, un recordatorio de que el riesgo geopolítico sigue incrustado en los precios de la energía, la inflación y el crecimiento. El resultado es un arranque de jornada dominado por la cautela: los grandes índices europeos ceden en torno a un 0,2%-0,3%, pero los analistas advierten de que el ajuste puede ser mucho más profundo si el arancel se consolida o escala en las próximas semanas.
Un arranque en rojo pese al alivio parcial
El primer dato del día es aparentemente modesto: el DAX alemán retrocede un 0,20%, el FTSE 100 cae un 0,21%, el CAC 40 se deja un 0,33% y el Euro Stoxx 50 baja un 0,21% en los primeros compases de la sesión. Sobre el papel, son recortes menores después de semanas de volatilidad contenida. Sin embargo, detrás de esas cifras se esconde un cambio de régimen que los operadores llevan meses descontando: Estados Unidos ha pasado de las amenazas a los hechos con un arancel del 10% aplicable a todos sus socios comerciales.
El elemento paradójico es que el mercado había llegado a barajar un escenario aún más agresivo, con una tasa del 15%, que finalmente no se ha formalizado. Ese “alivio parcial” explica que las ventas iniciales no se hayan convertido en un desplome. Pero el mensaje de fondo es inequívoco: empieza una nueva fase de la guerra comercial con un alcance mucho más amplio que los episodios sectoriales de los últimos años.
Como resumen un gestor europeo, “el problema no es el número exacto del arancel hoy, sino la puerta que acaba de abrirse para futuras subidas y represalias”. La consecuencia inmediata es una rotación hacia activos defensivos, más liquidez en cartera y menos exposición a compañías cíclicas y claramente dependientes del comercio internacional.
El nuevo arancel universal del 10%: qué cambia
Hasta ahora, los episodios proteccionistas se habían concentrado en segmentos concretos —acero, aluminio, tecnología, automoción— y con listas de países objetivo más o menos acotadas. El movimiento actual es cualitativamente distinto: un 10% adicional sobre todas las importaciones, independientemente de su origen, introduce un impuesto global sobre las cadenas de valor que se han construido durante las últimas tres décadas.
Según cálculos de bancos de inversión, una tasa de este calibre aplicada de forma generalizada puede restar entre 0,3 y 0,5 puntos de PIB mundial en un horizonte de dos años si se mantiene sin cambios. Para las empresas, el impacto es doble: aumento directo de costes de aprovisionamiento y riesgo de represalias simétricas sobre sus ventas al exterior. En un entorno en el que los márgenes ya se han estrechado por el encarecimiento de la financiación y de la energía desde 2022, el margen de absorción es limitado.
Este hecho revela un giro de fondo en la política económica estadounidense: la lógica electoral y la presión para “reindustrializar” el país se imponen sobre la ortodoxia del libre comercio. “La consecuencia es clara: el coste del capital sube justo cuando el comercio mundial se enfría”, advierten fuentes del mercado. El foco se desplaza ahora a Bruselas y Pekín, que deberán decidir si optan por la negociación, la respuesta proporcional… o la confrontación abierta.
Exportadores europeos, en el punto de mira
Los detalles de apertura muestran dónde se concentra la presión vendedora. En el DAX, Fresenius Medical Care se desploma casi un 10% (-9,7%) a primera hora, reflejando el temor a que los recortes en márgenes sanitarios y la subida de costes de importación de material médico erosionen aún más sus cuentas. En Londres, Rentokil Initial cae en torno al 2,2%, mientras los inversores revisan a la baja las expectativas de crecimiento en sus negocios internacionales.
En París, BNP Paribas retrocede un 1,6%, víctima colateral de un escenario en el que las entidades financieras deberán provisionar más riesgo macro y asumir un frenazo potencial en el crédito corporativo. Y en el sector bancario español, Banco Santander sufre una caída cercana al 2% en el Euro Stoxx, penalizado por su exposición a economías emergentes que dependen en gran medida del acceso al mercado estadounidense.
La consecuencia es un patrón conocido: los sectores más cíclicos y ligados al comercio —industria, autos, consumo discrecional— se llevan la peor parte, mientras que utilities, alimentación y salud defensiva aguantan mejor el golpe. La volatilidad implícita en el índice VStoxx repunta alrededor de un 8%-10% en la apertura, una señal de que los inversores empiezan a pagar más por cobertura ante movimientos bruscos en las próximas sesiones.
Ucrania, cuatro años de guerra y un riesgo latente
Al ruido comercial se superpone un recordatorio incómodo: se cumplen cuatro años desde el inicio de la ofensiva militar rusa en Ucrania. Lo que en 2022 se interpretó como un shock energético puntual se ha convertido en un factor estructural de presión sobre las cuentas públicas europeas, el gasto en defensa y la autonomía estratégica de la Unión.
En términos de mercado, la guerra ha dejado tres legados claros. Primero, una prima de riesgo energética que, pese a la caída de los precios del gas frente a los máximos de 2022, sigue por encima de los niveles de la década anterior. Segundo, un aumento sostenido del gasto militar —con varios países acercándose o superando el 2% del PIB en defensa— que tensiona presupuestos ya castigados por la pandemia y la inflación. Y tercero, una reconfiguración acelerada de cadenas de suministro para reducir dependencias críticas de Rusia y, por extensión, de otros actores percibidos como poco fiables.
En este contexto, el aniversario del conflicto no es solo una fecha simbólica. “El contraste con otras regiones resulta demoledor: Europa sigue destinando recursos a gestionar un conflicto en su frontera mientras Estados Unidos abre un frente comercial global”, señalan analistas consultados. Para los inversores, esto se traduce en un descuento de valoración persistente sobre los activos europeos frente a los estadounidenses, a pesar de que las empresas del Viejo Continente han mejorado balances y reducido deuda en los últimos años.
Divisas en pausa: un respiro engañoso para el euro y la libra
En el mercado de divisas, la primera reacción es sorprendentemente contenida. El euro se mantiene prácticamente plano en torno a 1,178 dólares, mientras que la libra esterlina cede apenas un 0,13%, hasta la zona de 1,35 dólares. En apariencia, el dólar no reacciona con la fuerza que cabría esperar ante un movimiento que, en teoría, debería reforzar el atractivo de los activos estadounidenses a corto plazo.
Pero los operadores de FX advierten de que se trata, en buena medida, de un “respiro engañoso”. El impacto de un arancel universal del 10% es complejo: por un lado, puede reforzar al dólar al atraer capital hacia Estados Unidos; por otro, puede deteriorar las perspectivas de crecimiento global y forzar a la Reserva Federal a mantener una política monetaria menos agresiva de lo previsto. En ese equilibrio, los cruces principales se mueven hoy dentro de un rango estrecho, a la espera de más detalles sobre la implementación efectiva de la medida.
Este hecho revela otro elemento clave: los bancos centrales se encuentran atrapados entre la necesidad de contener la inflación y el riesgo de sofocar una economía global que vuelve a enfrentar vientos en contra. Un endurecimiento excesivo de las condiciones financieras, sumado a una guerra comercial abierta, podría restar más de un punto de crecimiento al PIB de la eurozona en un escenario adverso, según estimaciones de varias casas de análisis.
Reacción de los inversores: de la complacencia al modo defensivo
En los parqués, el cambio de tono es perceptible. Fondos que en los últimos meses habían recuperado exposición a renta variable europea —aprovechando las valoraciones más bajas frente a Wall Street— comienzan a rotar hacia posiciones más defensivas. Aumentan la liquidez, se refuerza la exposición a bonos soberanos de alta calidad y crece el interés por activos reales capaces de proteger frente a shocks inflacionarios.
“El diagnóstico es inequívoco: el mercado estaba en modo complacencia y vuelve al modo gestión de riesgos”, resume un gestor de renta variable. El volumen negociado en los futuros sobre índices europeos repunta más de un 20% frente a la media de las últimas semanas, señal de que muchos inversores están ajustando sus coberturas a gran velocidad.
Lo más grave, según fuentes financieras, es la sensación de falta de visibilidad regulatoria. La posibilidad de que el arancel del 10% sea solo el primer escalón de una escalada hasta el 15% o el 20% introduce un horizonte de decisión extremadamente corto para las empresas: los planes de inversión, relocalización de fábricas y rediseño de cadenas de suministro no se improvisan en meses, pero la nueva incertidumbre obliga a replantearlos desde ya.
Qué puede pasar ahora: escenarios de choque comercial
A partir de hoy, el debate ya no es si habrá respuesta, sino qué intensidad tendrá. En el escenario más benigno, la UE y otros grandes socios optan por una estrategia de negociación: mantendrían las represalias en un nivel limitado, centrado en sectores simbólicos, a la espera de que Washington matice o limite el alcance del arancel. En este caso, el impacto sobre los beneficios empresariales sería relevante pero manejable, con una rebaja estimada de entre un 5% y un 7% en el beneficio por acción medio de las grandes cotizadas europeas.
En un escenario intermedio, la Unión Europea respondería con aranceles espejo sobre productos estadounidenses clave —agroalimentario, automoción, bienes de consumo— elevando el riesgo de espiral. El peor escenario es una guerra comercial abierta, con restricciones específicas sobre tecnología, vehículos eléctricos y productos estratégicos, que podría llevar el coste total de la disputa a más de 500.000 millones de dólares en comercio afectado en pocos años.
La consecuencia es clara: las decisiones de inversión de hoy incorporan ya una prima de riesgo comercial. Las empresas que puedan anunciar planes creíbles de diversificación de mercados, reducción de costes y relocalización parcial de producción serán las que mejor resistan un entorno de barreras crecientes. El resto se enfrentará a una erosión paulatina de su competitividad global.
El impacto para España y sus grandes cotizadas
Para España, el mensaje que llega de los mercados europeos es inequívoco. Aunque el Ibex 35 no figura entre los índices mencionados en la apertura, sus grandes valores —banca, energía, infraestructuras y consumo— están expuestos de forma directa o indirecta al nuevo entorno. Banco Santander, señalado ya en el Euro Stoxx con caídas cercanas al 2%, concentra buena parte del riesgo en la pata financiera, pero no es el único.
Grupos con fuerte presencia en Estados Unidos y Latinoamérica, así como grandes exportadores de bienes de consumo y moda, tendrán que recalibrar sus estrategias comerciales si los aranceles se consolidan. Un incremento del 10% en el coste final de sus productos puede obligar a recortar márgenes, renegociar contratos o incluso replantear la fabricación en terceros países para esquivar parcialmente el impacto.
