Wall Street, criptos y bonos tiemblan por Irán y el desplome tecnológico
La escalada de tensión entre Occidente e Irán ha golpeado de lleno a los mercados globales. Wall Street ha registrado fuertes caídas, las criptomonedas se han desplomado y los inversores se han refugiado en la deuda pública estadounidense, en una sesión marcada por el miedo geopolítico y por el impacto de unos resultados empresariales decepcionantes, liderados por Microsoft. Las amenazas cruzadas entre Washington y Teherán, las maniobras militares iraníes en el estrecho de Ormuz y la decisión de la Unión Europea de declarar terrorista a la Guardia Revolucionaria han actuado como catalizadores de una jornada claramente dominada por la aversión al riesgo.
Wall Street gira a rojo por el shock geopolítico
Los principales índices de Nueva York pasaron de un arranque moderadamente positivo a caídas abruptas a medida que se acumulaban las noticias procedentes de Oriente Próximo. El Nasdaq 100 se hundió un 2%, arrastrado por el castigo a los grandes valores tecnológicos, mientras que el S&P 500 cayó más del 1,2% y el Dow Jones perdió cerca de 300 puntos, reflejando un deterioro generalizado del sentimiento inversor.
que se acumulaban las noticias procedentes de Oriente Próximo.
El detonante inmediato fue el aumento de la tensión con Irán, después de que el presidente estadounidense Donald Trump advirtiera de consecuencias “mucho peores” ante cualquier provocación futura, a lo que Teherán respondió asegurando que “se defenderá como nunca antes”. A este cruce de amenazas se sumaron dos factores clave: la confirmación de que la Unión Europea ha incluido a la Guardia Revolucionaria iraní en su lista de organizaciones terroristas y el anuncio de maniobras navales iraníes con fuego real en el estrecho de Ormuz, una arteria crítica para el comercio energético mundial.
El golpe tecnológico amplifica las pérdidas
El nerviosismo geopolítico se vio amplificado por un severo castigo al sector tecnológico. Microsoft se desplomó más de un 11%, tras presentar unas cuentas que evidenciaron una desaceleración en el crecimiento de su negocio en la nube. El retroceso del gigante tecnológico actuó como un lastre adicional para el Nasdaq y contagió al conjunto del sector, en un momento en el que los mercados ya mostraban una elevada sensibilidad a cualquier señal de debilidad empresarial.
Otros valores también sufrieron caídas abruptas. Compañías como First Solar y Las Vegas Sands llegaron a perder más del 13%, reflejando una huida indiscriminada de activos considerados de mayor riesgo. El mensaje fue claro: en un entorno de incertidumbre extrema, los inversores optaron por reducir exposición tanto a crecimiento como a sectores cíclicos.
Las criptomonedas no escapan al pánico
El impacto de la jornada no se limitó a la renta variable. El mercado de criptomonedas sufrió un desplome sincronizado, arrastrado por el mismo cóctel de tensiones geopolíticas y deterioro del apetito por el riesgo. Bitcoin cayó más de un 5%, situándose en torno a los 84.500 dólares, mientras que Ethereum llegó a perder cerca del 7%, profundizando la corrección iniciada en sesiones previas.
La debilidad de las criptos refleja su creciente correlación con los mercados financieros tradicionales en momentos de estrés. Lejos de actuar como refugio, los activos digitales se comportaron como instrumentos de riesgo puro, castigados por la retirada de liquidez y por la necesidad de los inversores de cubrir pérdidas en otros segmentos del mercado.
Ormuz y el riesgo sistémico global
El foco de la inquietud sigue estando en el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. El anuncio de maniobras militares iraníes en esta zona estratégica ha reavivado el temor a interrupciones en el suministro energético, un escenario que tendría consecuencias inmediatas sobre inflación, crecimiento y estabilidad financiera global.
A este riesgo se suma la información de que Estados Unidos estaría desplegando un segundo buque de guerra en la región, una señal clara de que Washington se prepara para un posible deterioro adicional de la situación. Para los mercados, el peligro no es solo un conflicto abierto, sino la acumulación de pequeños episodios que eleven la prima de riesgo global y deterioren las expectativas económicas.
Huida hacia la seguridad: caen los rendimientos de los bonos
En este contexto de tensión, los inversores optaron por refugiarse en la deuda pública estadounidense. Los rendimientos de los bonos del Tesoro retrocedieron, reflejando una mayor demanda de activos considerados seguros. El interés del bono a 10 años bajó hasta el 4,24%, mientras que el rendimiento del 2 años cayó al entorno del 3,55%, una señal clara de búsqueda de protección frente a la volatilidad de los mercados de riesgo.
La caída de los rendimientos se produjo poco después de la apertura de Wall Street, amplificando un movimiento defensivo que ya se estaba gestando tras el mal desempeño del sector tecnológico. Incluso los títulos de deuda a corto plazo, como los de uno y seis meses, registraron descensos, confirmando un cambio generalizado en el posicionamiento de los inversores.
Un cóctel peligroso para el mercado
La sesión dejó al descubierto un cóctel especialmente tóxico para los mercados: tensión geopolítica creciente, resultados empresariales decepcionantes y elevada sensibilidad a cualquier shock externo. La combinación de estos factores ha provocado una corrección simultánea en acciones, criptomonedas y materias primas, mientras el capital se refugia en los activos más conservadores.
ha provocado una corrección simultánea en acciones, criptomonedas y materias primas, mientras el capital se refugia en los activos más conservadores.
El diagnóstico es claro: los mercados se enfrentan a un entorno de incertidumbre estructural, en el que cualquier escalada en Oriente Próximo o sorpresa negativa en los resultados empresariales puede desencadenar movimientos bruscos. La volatilidad, lejos de ser un episodio puntual, amenaza con convertirse en una constante en las próximas semanas.
Mirando al corto plazo
Los inversores estarán ahora pendientes de dos frentes clave: la evolución de la crisis con Irán y la reacción de las grandes potencias, y la temporada de resultados empresariales, especialmente en el sector tecnológico. Cualquier señal de contención diplomática podría aliviar la presión, pero un paso en falso en el Golfo Pérsico o nuevas decepciones corporativas podrían profundizar las caídas.
Por ahora, el mensaje del mercado es inequívoco: el riesgo ha vuelto al centro del escenario, y la combinación de geopolítica y debilidad empresarial está poniendo a prueba la resistencia de los activos financieros globales.
