Wall Street gira al alza: el Dow sube un 0,38% y el S&P 500 se mantiene en positivo
Los índices borran las caídas de la apertura gracias al tirón de defensa mientras el Nasdaq sigue rezagado por la debilidad tecnológica
Los principales índices de Wall Street han dado la vuelta a la sesión. Tras una apertura claramente bajista, el Dow Jones Industrial Average se sitúa ahora en 49.183,55 puntos, con una subida de 187,47 puntos (+0,38%), mientras el S&P 500 avanza hasta los 6.921,60 puntos, prácticamente plano pero ya en terreno positivo, con un +0,01%. La foto intradía es nítida: el mercado corrige desde máximos, pero por ahora resiste sobre los niveles récord marcados en días previos. El Nasdaq Composite, más expuesto a las grandes tecnológicas, continúa algo por detrás, con descensos en torno al 0,3%, penalizado por la corrección de varios gigantes del sector. En paralelo, los valores de defensa encadenan subidas de entre el 3% y el 13% impulsados por la propuesta de un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares para 2027, mientras los datos de empleo mantienen la narrativa de un mercado laboral resistente que condiciona las expectativas sobre la Reserva Federal.
Los índices borran las pérdidas y vuelven a terreno positivo
Al inicio de la sesión, el tono era claramente negativo. El S&P 500 llegó a caer alrededor de un 0,1%, y el Dow Jones se dejaba más de 100 puntos, siguiendo la estela de la jornada anterior, en la que ambos índices habían retrocedido tras marcar máximos históricos intradía. El Nasdaq, por su parte, abría con descensos próximos al 0,15%-0,30%, prolongando un comportamiento relativo más débil.
Con el paso de las horas, la dinámica se ha ido modulando. El Dow ha pasado de pérdidas a ganancias hasta situarse en +0,38%, lo que supone un rebote de más de 280 puntos desde los mínimos intradía, mientras el S&P 500 ha logrado girar a positivo, aunque con un avance muy tenue del 0,01%. El Nasdaq, en cambio, sigue anclado en números rojos, reflejo de la presión sobre las grandes compañías de crecimiento.
Este patrón intradía encaja con un escenario de “consolidación en zona de máximos”: no hay ventas masivas ni señales de pánico, pero sí una mayor selectividad y cierta fatiga tras el fuerte tramo alcista que llevó a los índices a sus últimos récords. La clave, a corto plazo, es si el S&P 500 es capaz de mantenerse de forma sostenida por encima de estos niveles o si se abre una fase lateral de varias semanas.
Un mercado que corrige desde máximos, pero sin ruptura de tendencia
La secuencia de las últimas dos sesiones es significativa. El miércoles, el S&P 500 y el Dow Jones tocaron nuevos máximos históricos intradía antes de girarse a la baja y cerrar en negativo. El jueves, tras una nueva apertura en rojo, ambos han conseguido estabilizarse y volver a terreno positivo, al menos de forma provisional.
Desde el punto de vista técnico, el movimiento puede interpretarse como una toma de beneficios lógica tras las subidas acumuladas, más que como el inicio de una corrección profunda. Los descensos registrados —del orden del 0,1%-0,3%— se sitúan dentro de lo que los gestores consideran “ruido normal” en un mercado que se mueve cerca de sus techos históricos.
Lo relevante es que, pese a la corrección de algunos sectores, no se ha producido una ampliación masiva de los diferenciales de crédito ni una venta coordinada en todos los activos de riesgo. La liquidez sigue siendo abundante, los beneficios empresariales no muestran por ahora un deterioro generalizado y los datos macro apuntan a un crecimiento moderado, factores que, en conjunto, sostienen la estructura alcista de fondo de los índices.
Tecnología pierde tracción mientras la defensa toma el relevo
La jornada mantiene el mismo patrón sectorial que se ha visto en las últimas sesiones. Tecnología actúa como freno, mientras defensa se consolida como motor alcista. Acciones como Meta Platforms, Apple o Netflix registran descensos moderados —en torno al 1% en algunos casos— que, sin ser dramáticos en términos absolutos, pesan de forma desproporcionada en el comportamiento del Nasdaq y del propio S&P 500, dada su elevada capitalización.
Este hecho revela una vulnerabilidad estructural de los índices: una parte muy relevante de la revalorización acumulada en el último año se concentra en un puñado de valores de mega-capitalización. Cuando estos nombres pierden impulso, el conjunto del mercado lo refleja de inmediato, aunque muchos valores de menor tamaño estén mostrando un comportamiento más estable.
En paralelo, el sector defensa registra las mayores subidas del día. Northrop Grumman avanza más de un 8%, Lockheed Martin sube alrededor de un 6%, RTX suma más de un 3% y Kratos Defence se dispara en torno a un 13%. La rotación es clara: parte del capital que sale de tecnología se dirige hacia compañías que el mercado percibe como beneficiarias directas de un ciclo prolongado de aumento del gasto militar.
El factor geopolítico: petróleo, Venezuela y el giro hacia el gasto militar
El comportamiento de los índices no puede entenderse al margen del contexto geopolítico. La corrección de la jornada anterior se vio impulsada por la caída del crudo, después de que el presidente Donald Trump indicara que las autoridades interinas de Venezuela entregarían hasta 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos. Esa cifra, aunque manejable dentro del mercado global, fue interpretada como un potencial incremento puntual de la oferta, lo que presionó a la baja los precios del petróleo.
La reacción de la renta variable fue ambivalente. Por un lado, un crudo más barato tiende a aliviar los costes para muchas empresas, especialmente en transporte e industria. Por otro, en un contexto de dudas sobre el crecimiento mundial, movimientos bruscos a la baja en el precio del petróleo pueden leerse como señal de menor fortaleza de la demanda.
En este marco, el anuncio de un presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares para 2027, frente a los 901.000 millones de 2026, ha reforzado la idea de que el gasto militar y la seguridad seguirán ocupando un lugar central en la agenda política y económica. La consecuencia inmediata en bolsa es una fuerte apreciación de los valores de defensa y, de forma más difusa, una percepción de que algunos sectores —como energía, aeroespacial o ciberseguridad— pueden disfrutar de flujos de inversión más estables a medio plazo.
El empleo resiste: las peticiones de paro como ancla del ciclo
Mientras los índices se mueven entre máximos y correcciones puntuales, los datos de empleo siguen funcionando como ancla fundamental del ciclo. En la primera semana de 2026, las peticiones iniciales de subsidio por desempleo se situaron en 208.000, frente a las 200.000 de la semana anterior y por debajo de las aproximadamente 210.000 que manejaba el consenso de los economistas.
Aunque la serie ha mostrado cierta volatilidad en las últimas semanas debido a los ajustes estacionales típicos de las fiestas, el nivel actual se mantiene en la parte baja del rango observado en el último año. Esto sugiere que los despidos siguen siendo contenidos y que las empresas optan por mantener sus plantillas pese a la incertidumbre macroeconómica.
Para los índices, la lectura es doble. Por un lado, un mercado laboral resistente respalda los beneficios empresariales y reduce la probabilidad de una recesión brusca, algo que la renta variable suele valorar de forma positiva. Por otro, esa misma fortaleza limita el margen para que la Reserva Federal justifique recortes agresivos de tipos en el corto plazo, lo que introduce un elemento de cautela en las valoraciones, especialmente en segmentos más sensibles a los tipos de interés, como tecnología y crecimiento.
Fed, nóminas y tipos de interés
La sesión de hoy se desarrolla, además, en la antesala de un dato clave: el informe de empleo no agrícola (nonfarm payrolls) que se publicará este viernes. Los gestores ajustan sus posiciones en los índices ante la posibilidad de sorpresas significativas en la creación de empleo, en la tasa de paro o en la evolución de los salarios, que podrían alterar las expectativas sobre la hoja de ruta de la Reserva Federal.
En los últimos meses, el mercado ha alternado entre descontar varios recortes de tipos a lo largo de 2026 y un escenario de “tipos altos por más tiempo” si la inflación se muestra más persistente de lo previsto. Cada dato relevante de empleo o precios se interpreta, por tanto, como un test directo a la narrativa dominante.
En este contexto, “los índices pueden oscilar con fuerza en rangos relativamente estrechos, pero muy sensibles a cualquier matiz macroeconómico”. Un dato de empleo claramente por encima de lo esperado podría elevar las rentabilidades de la deuda pública y presionar a la baja a los índices, especialmente al Nasdaq, mientras que una lectura algo más moderada —sin señalar recesión— podría apoyar la idea de una Fed más flexible y dar oxígeno adicional al S&P 500 y al Dow.