Donald Trump considera respaldar a Gianni Infantino como Secretario General de la ONU
Donald Trump pretende trasladar su alianza con Gianni Infantino desde los estadios hasta la sede de Naciones Unidas.
Según The New York Post, el presidente estadounidense estudia apoyar al máximo responsable de la FIFA como sucesor de António Guterres.
La propuesta no se ha convertido todavía en una candidatura oficial, pero ya tensiona un proceso dominado por figuras latinoamericanas y antiguos jefes de Estado.
Infantino administra una organización con 211 asociaciones, aunque dirigir la ONU exige superar el filtro de las cinco potencias con derecho de veto.
El fútbol puede abrirle muchas puertas; ninguna garantiza su entrada en el despacho más político del mundo.
La relación entre Trump e Infantino se intensificó durante la organización del Mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. Ambos compartieron actos institucionales, recepciones y la ceremonia final del campeonato, hasta proyectar una cercanía que trascendió la cooperación deportiva.
En una recepción celebrada en la Trump Tower, Infantino agradeció públicamente al presidente estadounidense su contribución al torneo. La FIFA cifró la asistencia acumulada en 6,66 millones de espectadores, con una ocupación de los estadios del 99,7%. Para Trump, ese éxito constituye la principal carta de presentación del dirigente suizo.
La Casa Blanca no ve únicamente a un ejecutivo del fútbol, sino a un gestor capaz de relacionarse con gobiernos, patrocinadores y federaciones enfrentadas.
La ONU no funciona como la FIFA
Infantino dirige desde 2016 una institución cuyos 211 miembros tienen formalmente el mismo voto. Esa red supera incluso a los 193 Estados miembros de Naciones Unidas y le ha permitido construir relaciones en prácticamente todas las regiones.
Sin embargo, la comparación tiene límites. En la FIFA, el presidente distribuye recursos, organiza competiciones y negocia derechos comerciales. En la ONU tendría que mediar en guerras, coordinar respuestas humanitarias y defender la Carta incluso frente a las potencias que posibilitasen su elección.
Naciones Unidas exige experiencia internacional, capacidad diplomática, competencia administrativa e independencia. Gestionar intereses nacionales dentro del fútbol puede servir como entrenamiento; administrar sus conflictos armados representa otra categoría de poder.
Cinco vetos bloquean el camino
Trump no puede nombrar unilateralmente al secretario general. La Asamblea General realiza la designación después de recibir una recomendación del Consejo de Seguridad, formado por 15 países.
Infantino tendría que evitar el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido. El respaldo estadounidense resolvería una parte del problema, pero podría crear otras. Moscú o Pekín podrían interpretarlo como un candidato excesivamente vinculado a Washington.
El nuevo responsable asumirá el cargo en enero de 2027 por un mandato de cinco años, renovable una vez según la práctica habitual. La elección no premia al aspirante más popular, sino al que resulte aceptable para rivales geopolíticos que rara vez coinciden.
Latinoamérica pierde su oportunidad
La posible irrupción de Infantino alteraría una carrera marcada por candidatos latinoamericanos. Entre los aspirantes presentados formalmente figuran la expresidenta chilena Michelle Bachelet, el argentino Rafael Grossi y la costarricense Rebeca Grynspan, además del exmandatario senegalés Macky Sall y la argentina Virginia Gamba.
La región no ocupa la Secretaría General desde el peruano Javier Pérez de Cuéllar, cuyo mandato terminó en 1991. Aunque la rotación geográfica no constituye una norma automática, existe una expectativa política favorable a América Latina y el Caribe.
Trump introduciría un candidato europeo en una competición que buena parte de la diplomacia regional considera históricamente pendiente. La resistencia no tardaría en organizarse.
El problema de la independencia
La cercanía con Trump puede impulsar a Infantino y, al mismo tiempo, comprometerlo. El secretario general debe conservar capacidad para criticar a todos los gobiernos, incluido el que promovió su candidatura.
La ONU atraviesa tensiones por las guerras, el bloqueo del Consejo de Seguridad, la financiación humanitaria y la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. Un responsable percibido como aliado personal de la Casa Blanca comenzaría su mandato bajo sospecha.
La autoridad del secretario general no procede de un ejército ni de una mayoría parlamentaria, sino de su credibilidad para hablar en nombre de una institución dividida.
Infantino tendría que demostrar que puede pasar de la proximidad política a la autonomía diplomática.
La FIFA sigue siendo su prioridad
El propio Infantino ha anunciado que concurrirá a la reelección como presidente de la FIFA en 2027. Tras una década al frente del organismo, controla una estructura consolidada, dispone del respaldo de numerosas federaciones y preside una industria que acaba de completar el Mundial más grande de la historia.
Abandonar esa posición supondría renunciar a un proyecto conocido para entrar en una negociación incierta, expuesta a vetos y concesiones entre potencias.
La operación de Trump es audaz porque convierte a un dirigente deportivo en aspirante al principal cargo diplomático mundial. También es improbable porque Infantino todavía no ha expresado públicamente su voluntad de competir. Antes de convencer a la ONU, la Casa Blanca deberá convencer al propio candidato.