Hegseth pide dinero para la guerra y acaba defendiendo test de testosterona

La muerte de tres militares estadounidenses acelera los ataques contra Irán mientras el Pentágono reclama 87.600 millones de dólares e impone controles hormonales anuales a las tropas mayores de 30 años.
Pete Hegseth
Pete Hegseth

Donald Trump ha ordenado al Pentágono responder con una fuerza multiplicada cada vez que Irán provoque la muerte de un militar estadounidense. La directriz llega después de un fin de semana especialmente grave: dos soldados murieron en un ataque iraní contra una base en Jordania y un tercero perdió la vida en Irak durante la detonación controlada de un dron derribado. El conflicto ya deja 17 militares norteamericanos muertos, más de un centenar de heridos y una factura reconocida de 37.500 millones de dólares. Mientras la guerra consume recursos, Pete Hegseth afronta otra polémica: los análisis obligatorios de testosterona para miles de efectivos.

Una orden para multiplicar el castigo

Trump trasladó una instrucción directa a Hegseth, al jefe del Estado Mayor Conjunto, Daniel Caine, y al resto de la cúpula militar: Teherán deberá pagar «muchas veces» por cada baja estadounidense. La formulación no fija objetivos, límites temporales ni criterios de proporcionalidad.

«Cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense, pagará muchas veces por esa muerte», escribió el presidente.

La declaración convierte la represalia en una política permanente y eleva el riesgo de una espiral automática. Cada ataque iraní podría desencadenar una respuesta mayor, seguida de nuevas operaciones contra bases, buques o aliados de Estados Unidos.

Tres muertes con circunstancias diferentes

Dos militares estadounidenses fallecieron cuando misiles y drones iraníes alcanzaron instalaciones en Jordania. La tercera muerte se produjo en la base de Erbil, en Irak, durante la destrucción controlada de un aparato iraní previamente derribado. No fue, por tanto, una baja provocada directamente por un impacto enemigo en aquel momento, aunque sí estuvo vinculada operacionalmente a la ofensiva de Teherán.

El sargento Michael Emmanuel Swinton, de 30 años, murió durante esa intervención y otro efectivo sufrió heridas leves. Con estos casos, el balance de militares estadounidenses fallecidos desde el inicio de la guerra asciende a 17.

Una guerra de 37.500 millones

Hegseth compareció ante el Senado con una cifra difícil de soslayar: las operaciones contra Irán ya han costado aproximadamente 37.500 millones de dólares. El Pentágono solicita ahora un paquete extraordinario de 87.600 millones, de los cuales unos 67.000 millones serían considerados urgentes.

Cerca de 46.000 millones se destinarían a reponer municiones y ampliar la capacidad industrial, mientras otros 21.000 millones cubrirían combustible, salarios y equipamiento. Sin esos recursos, Defensa advierte de posibles recortes en entrenamiento y de tensiones sobre los pagos al personal. La capacidad de represalia proclamada por Trump depende, en última instancia, de una votación presupuestaria.

El desgaste que no aparece en los discursos

El coste financiero es solo una parte del problema. Los ataques continuados exigen misiles interceptores, bombas guiadas, sistemas antiaéreos y piezas cuya reposición puede tardar meses o años. El consumo acelerado obliga, además, a trasladar defensas desde otras regiones y reduce el margen disponible para responder a una crisis simultánea en Europa o Asia.

Este hecho revela la contradicción central de Washington: la Casa Blanca promete una presión creciente sobre Irán mientras el Pentágono reconoce carencias de munición y reclama financiación inmediata. La superioridad militar estadounidense continúa siendo indiscutible, pero sus arsenales no son ilimitados.

Testosterona obligatoria desde los 30 años

En medio de esa emergencia, Hegseth ha ordenado que todos los integrantes en activo y reservistas de 30 años o más sean examinados anualmente para detectar posibles deficiencias de testosterona. La prueba se incorporará a la evaluación médica periódica; los militares más jóvenes podrán solicitarla voluntariamente.

El tratamiento hormonal no será obligatorio. Según el memorando del Pentágono, el objetivo es mejorar la salud, el rendimiento y la preparación operativa. Sin embargo, la directriz no detalla todavía el coste total, el número de pruebas adicionales, los criterios diagnósticos comunes ni el protocolo para evitar tratamientos innecesarios.

Ciencia, privacidad y desigualdad

Varios especialistas recuerdan que el nivel de testosterona puede variar por falta de sueño, estrés, alimentación, entrenamiento intensivo o enfermedad. Un resultado aislado no basta para diagnosticar una deficiencia clínica. La terapia sustitutiva puede resultar útil en casos acreditados, pero también conlleva riesgos relacionados con la fertilidad, la formación de coágulos y la dependencia hormonal.

Senadores demócratas han pedido explicaciones sobre la aplicación de la medida, su impacto en las mujeres y la posibilidad de que fomente la automedicación con suplementos. También cuestionan por qué se prioriza un marcador hormonal masculino sin anunciar un programa equivalente para problemas frecuentes entre las militares.

Hegseth debe justificar al mismo tiempo una guerra cada vez más costosa y una transformación sanitaria de alcance incierto. La primera consume miles de millones, municiones y capital político. La segunda abre interrogantes médicos, logísticos y éticos dentro de unas Fuerzas Armadas sometidas ya a una elevada presión operativa. Estados Unidos está endureciendo su respuesta exterior mientras introduce controles más intrusivos en el interior del Ejército. Trump exige multiplicar el castigo contra Irán, pero será el Congreso quien determine cuánto tiempo puede financiarse esa estrategia y con qué coste para el resto de las prioridades militares.

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