China va a disparar contra un asteroide y no, no es una película
China prepara una misión espacial concebida para golpear deliberadamente un asteroide y comprobar si la humanidad puede modificar su trayectoria antes de que represente una amenaza. El plan contempla el envío de dos naves: una observará la roca y la otra actuará como un proyectil cinético, estrellándose a una velocidad cercana a los 10 kilómetros por segundo.
El asteroide inicialmente seleccionado, 2015 XF261, tiene un diámetro estimado de entre 16 y 30 metros y sigue una órbita próxima a la terrestre. No supone una amenaza conocida, pero sus características lo convierten en un laboratorio idóneo para una operación en la que el margen de error será mínimo.
🚨 China va a DISPARAR contra un asteroide. Y no es una película.
— Jose Vizner (@Josevizner) July 21, 2026
🛰️ Dos naves rumbo a la roca 2015 XF261, a 7 millones de km
💥 Una hace de proyectil y se estrella a velocidad hipersónica
📡 La Tierra NO podrá darle instrucciones: irá sola, a ciegas
🎯 Objetivo: mover su… pic.twitter.com/ehuC0VoLd2
Dos naves y un solo objetivo
La arquitectura de la misión distingue claramente entre observación e impacto. Una primera sonda se aproximará al asteroide para estudiar su tamaño, composición, rotación y estructura interna. La segunda ejecutará la colisión y transferirá parte de su energía a la roca.
El observador deberá medir después cuánto ha cambiado la órbita. No se busca destruir el objeto, sino modificar ligeramente su velocidad. Una variación de apenas unos milímetros por segundo, aplicada con suficiente antelación, podría bastar para evitar una futura colisión con la Tierra.
Un proyectil hipersónico
El impacto previsto se produciría a una velocidad aproximada de 10 kilómetros por segundo, equivalente a unos 36.000 kilómetros por hora. A ese ritmo, incluso una nave relativamente pequeña puede liberar una energía considerable.
La dificultad no reside únicamente en alcanzar el asteroide. La nave deberá identificarlo, calcular su posición y corregir su rumbo de manera autónoma durante la fase final. Las comunicaciones con la Tierra no son instantáneas, por lo que los controladores no podrían dirigir manualmente cada maniobra en tiempo real. El proyectil tendrá que tomar sus últimas decisiones por sí solo.
El riesgo de desviarlo mal
El objetivo de una defensa planetaria no consiste simplemente en empujar una roca, sino en hacerlo hacia una trayectoria segura. Una variación mal calculada podría alterar sus futuros encuentros con la Tierra y aumentar, en lugar de reducir, el riesgo.
Por ello, los científicos deben conocer con precisión la masa, la porosidad y la rotación del asteroide. Una roca compacta no reacciona igual que un conglomerado de fragmentos unidos débilmente por la gravedad. El material expulsado durante el impacto también puede multiplicar el impulso recibido y complicar las previsiones.
La NASA abrió el camino
China pretende seguir la senda de la misión DART, con la que la NASA impactó en 2022 contra Dimorphos, la pequeña luna del asteroide Didymos. La nave chocó cuando el sistema se encontraba a unos 11 millones de kilómetros de la Tierra.
El resultado superó las expectativas. DART redujo en aproximadamente 32 minutos el tiempo que Dimorphos tardaba en completar una órbita alrededor de Didymos. Fue la primera demostración real de que un impacto cinético podía alterar de forma medible el movimiento de un cuerpo celeste.
Un objetivo todavía cambiante
2015 XF261 ha figurado durante años como candidato principal para el ensayo chino. Sin embargo, informaciones más recientes señalan que Pekín también habría estudiado sustituirlo por 2016 WP8, con un lanzamiento previsto desde finales de 2027.
Este hecho revela la complejidad de la selección. El asteroide debe ser alcanzable con el combustible disponible, pasar suficientemente cerca de la Tierra para poder observarlo y permitir que cualquier desviación permanezca dentro de márgenes seguros. No vale cualquier roca ni cualquier ventana orbital.
Defensa y poder espacial
La misión tiene una dimensión científica evidente, pero también estratégica. Dominar la navegación autónoma, el seguimiento de objetos pequeños y los impactos de alta precisión ofrece aplicaciones que van más allá de la protección planetaria.
China aspira a convertirse en el segundo país capaz de demostrar esta tecnología. El contraste con décadas anteriores resulta contundente: la defensa frente a asteroides ha pasado de ser un argumento cinematográfico a convertirse en un programa espacial con presupuestos, calendarios y objetivos operativos.
La prueba no salvará inmediatamente al planeta de ninguna amenaza concreta. Pero permitirá responder a una pregunta decisiva: si algún día aparece un asteroide peligroso, ¿podremos moverlo antes de que sea demasiado tarde?